EL FUEGO NUEVO, LA FIESTA DE «AÑO NUEVO» DE LOS NAHUAS

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– “Fuego Nuevo”, donde la vida en general habría de regalarse nuevamente a todo cuanto existe por medio de dos elementos renovadores y dadores de vida: el fuego y el sol.

Alan Mac Donald*

Siempre que se habla de los antiguos pobladores de México es imposible no mencionar la “Historia general de las cosas de Nueva España”, libro que contiene una recopilación de diferentes relatos de los conquistados en la Nueva España, realizado por  Fray Bernardino de Sahagún (Conoce la historia detrás de este fascinante libro).1 Una de las festividades más importantes del pueblo mexica y destacada dentro de este libro es la celebración del “Fuego Nuevo”, donde la vida en general habría de regalarse nuevamente a todo cuanto existe por medio de dos elementos renovadores y dadores de vida: el fuego y el sol. Para este artículo se tomó como principal fuente la traducción de algunos capítulos del libro ya mencionado y un artículo de uno de los más reconocidos arqueólogos e historiadores de pueblos del México antiguo; el Dr. López Austin, a quien se llevó el 2021 con pesar para todos cuantos disfrutamos sus maravillosas investigaciones.2

La fiesta del Fuego Nuevo está íntimamente ligada con los mitos de los Cuatro Soles y el Nacimiento de nuestro Quinto Sol, pues en ellos se relata que cada nuevo Sol se originó gracias a un gran sacrificio. Es por esto, que los grandes sacerdotes instauraron esta celebración, pudiendo continuar con dichos sacrificios y trayendo este Fuego Nuevo, para así, perdurar junto con toda nuestra especie, ya que cada Sol trajo consigo una raza y pereció de una forma específica.3

El Tonalpohuali, es un complejo calendario estructurado a base de signos y cuentas, viene del náhuatl y significa “cuenta de los días”. Aunque este era un instrumento que también poseía un uso adivinatorio con la cual el destino de cada hombre y mujer era augurado. 4 El calendario consta de cuatro principales signos para denominar diferentes años: tochtli (conejo), ácatl (caña), técpatl (pedernal) y calli (casa). La celebración del Fuego Nuevo se llevaba a cabo una vez cumplidos cincuenta y dos años, es decir, luego de que cada signo había transcurrido trece veces; este ciclo era llamado xiuhtlapohualli.

En “Historia general de las cosas de la Nueva España1 se describe que cuando ese día llegaba, iniciaba el ritual. Todo el fuego era apagado absolutamente en cada rincón de las ciudades y pueblos, incluso en los templos donde siempre debía estar presente. Luego del apagón general, una procesión sacerdotal ascendía al monte Huixachtlan donde ofrendaban al fuego. Así, llevaban consigo un prisionero, a quien sacrificaban extrayendo su corazón, el cual era arrojado a un nuevo fuego que habrían de hacer los sacerdotes previamente. Así, su corazón ardería junto con todo su cuerpo.

Posteriormente, se comenzaba una peregrinación por los sacerdotes ofrendadores, quienes partían de México vestidos de dioses y llegaban hasta el anochecher al monte Huixachtlan, donde el sacerdote de Copolco, taladraba un encendedor de barrena para iniciar aquel fuego nuevo.2

Cuando el fuego llegaba, todos salpicaban y ofrendaban su sangre al fuego nuevo y este era repartido por toda la ciudad por los hombres más valientes, fuertes y rápidos. Lo llevaban primero al templo de Huitzilopochtli, acompañado de una ofrenda de copal blanco, luego lo llevaban al Calmécac (centros de educación superior), los capulcos (lugares donde estaban los calpuli o clanes de nobleza) y depsués a los telpochcalli (donde se educaban a los guerreros). Finalmente, el fuego se pasaba de casa en casa por aquellos hombres, con actitudes solemnes, pero siempre aprisa.

Una vez establecido el fuego en cada morada, todas las prendas y muebles debían renovarse. Como ritual, sacrificaban codornices, encendían copal y lo ofrecían al fuego, ayunaban absteniéndose de todo alimento y agua hasta el mediodía. Todo niño nacido en esa fecha era llamado Se Atan; el que toma el año, y si era mujer tomaba un nombre alusivo a “vulva o falda del año”. Pero la celebración llegaba aún más lejos, pues llegado el mediodía, también se sacrificaban prisioneros y esclavos que ya estaban bañados para purificarse antes de su sacrificio: “los bañados”.

Esta fascinante ceremonia no consistía únicamente en atraer el nuevo fuego, sino que simbólicamente, los mexicas intentaban pedir permiso por otro siglo de vida a sus dioses (Conoce el mito del Sol y la Luna).

Era una ceremonia donde también se guardaba mucho temor, casi podemos imaginar a aquellos sacerdotes y guerreros guardando en la cima del monte Huixachtlan, como siluetas quietas en una tiniebla que escondía de su vista su propio destino y el de todo el universo. Expectantes a la esperanza de las chispas de aquel fuego, aquel sol venidero. El temor crea una tensión terrible, pues si el fuego no viene, llegarán las tzitzimime o seres femeninos parecidos a demonios que se alimentaban de los hombres.

Esta terrible incertidumbre no solo cubría el cerro, sino que también se extendía hacia los pueblos, donde la gente aguardaba en una noche silenciosa y terrible que parecía nunca terminar. Las mujeres preñadas temían que se convirtieran ellas mismas en tzitzimime y se alimentaran de todos los hombres, tal como estaba escrito. Los niños podían transformarse en escurridizos ratones, algunos sin saberlo, por lo que las preñadas se cubrían con hojas de maguey para evitarlo y los niños eran despertados constantemente por sus padres para que no se quedaran dormidos.  

Puestas estas imágenes en nuestra mente, es sencillo que nosotros mismos nos contagiemos de su propia dicha al ver, con este ojo imaginativo, aquel fuego correr y al sol salir una vez más, podemos ver los rostros agradecidos alzar sus manos y danzar felices de tener otra oportunidad, aunque algunas veces, tal vez una vez al año podemos gritar felizmente la llegada de un nuevo año, un nuevo ciclo y una nueva oportunidad para decir “¡Feliz Año Nuevo, estimados lectores, que el fuego se renueve y jamás se extinga!”

REFERENCIAS

1Sahagún, Bernardino “Códice Florentino”, Libro VII, El Sol.

2 Austin, A. López “La Fiesta del Fuego Nuevo según el Códice Florentino”, Anuario de Historia, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México, 1963.

3Tena, Rafael “Leyenda de los Soles”, 1992.

4Tena, Rafael (2008). El calendario mexica y la cronografía. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia.

 

*Alan Mac Donald – Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, plantel FES Acatlán, donde tomó el cargo de presidente del Capítulo Estudiantil de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica y fue miembro directivo de dos organismos estudiantiles (CE-ACI y CECICM). Aficionado de la mitología e historia universales con especial entusiasmo por la cultura mexicana. Cofundador de la empresa mexicana MEKALI, donde funge como escritor y director creativo. Colaborador en La Voz del Árabe. Contacto: alan.mac05@yahoo.es

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Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, enero 7 del 2022

 

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