EL INFRAMUNDO NAHUA Y EGIPCIO, UNA COMPARATIVA

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– En el presente artículo relacionaremos la visión nahua y egipcia sobre la muerte y nos aventuraremos a descubrir los vínculos entre lo retratado por ambas.

Alan Mac Donald*

Morir: La última estación del gran viaje de la vida para algunos y para otros la primera de muchas. La muerte no sólo es una fase natural por la que todo ser debe pasar; es un estado de apreciación de la vida misma. Preguntarse “¿Quién soy?” y “¿A dónde voy?” es iniciar un camino que, tarde o temprano nos lleva a la reflexión sobre la muerte.

No es de extrañarse que todas las culturas tengan una idea mitológica sobre el hombre luego de fallecer, pero ¿Se trata de diferentes visiones filosóficas y simbólicas sobre el hombre y su naturaleza o podría existir un nexo en común?

En el presente artículo relacionamos la visión nahua y egipcia sobre la muerte y nos aventuramos a descubrir los vínculos entre lo retratado por ambas. De referencias tomamos, para el Dwat egipcio, diferentes papiros e interpretaciones de diferentes historiadores y arqueólogos, enfocándonos en la visión del autor Jeremy Naidler y el Papiro de Ani. Mientras que para el Mictlán nos basamos en dos principales fuentes: El “Códice Vaticano A” y el “Códice Florentino”, no obstante, nos apoyamos de diversos artículos y documentos cuyas referencias aparecen citadas al final de este artículo.

Es necesario puntualizar que ambas culturas creían en la existencia de entidades anímicas intangibles que eran intrínsecas al ser humano, por lo que es necesario iniciar puntualizando estas ideas de cada cultura, iniciando con la cosmovisión nahua1:

  1. La teyolia: Concebida como la esencia del hombre, su vida, pensamiento y parentesco; se alojaba en el corazón y estaba relacionada a la Tierra. Al morir se dirigía a la región de los muertos para purificarse. 1
  2. El tonalli: Relacionado al calor del hombre y su destino personal. Está alojado en el corazón y al morir se dirige al Sol, pues se dice que el tonalli proviene de él. 1
  3. El ihiyotl: Traducido algunas veces como aliento, asociado a la respiración y la saliva también,2 alojado en el hígado y relacionado con el inframundo.3
  4. El ecahuil: Recibe su fuerza del tonalli, está unido al cuerpo por él y es concebido como una fuerza motriz, sin embargo, González (2006) lo considera concluyentemente como un sistema dual ligado al ihiyotl. Es concebido como una sombra. Al morir un individuo, ambas entidades (el ihiyotl y el ecahuil) salen de su cuerpo y deambulan un tiempo causando espanto. 1

Mientras que los egipcios concebían de igual manera cuatro entidades:

  1. Khat: Representaba únicamente el cuerpo físico y sus capacidades motrices.4
  2. Ka: Doble vital, concebido como la fuente de energía vital de la persona a la que tenían acceso sus ancestros, quienes podían decidir si el destino del hombre le favorece o no. Era una energía común de todo ente viviente y el único hombre que podía dominar conscientemente esta energía era el faraón.4
  3. Ba: Doble transfigurado de la consciencia, fuerza psíquica espiritualizada. Se alcanzaba a experimentar mediante los estados de consciencia modificados. Se representa en algunos jeroglíficos como el doble invisible del hombre que contempla su cuerpo fallecido. Es asociado a Osiris y es esta entidad la que realiza el viaje al Dwat.5
  4. Akh: Asociado a la inteligencia y representado en jeroglifos como un ibis coronado.6 Es alusivo también al brillo, resplandor y la iluminación, ligado a Ra y visto como el ba divinizado.5

Asociando estos ocho conceptos, existen algunos puntos convergentes entre ellos. En primer lugar el ka y el tonalli atribuyen el origen de su energía a algo externo; el tonalli al sol y el ka a la energía común de la vida. Y ambos concuerdan en que dotan de vitalidad al hombre.

El destino del hombre está también ligado al ka y al tonalli, el primero mediante el favor de los ancestros y el segundo mediante la cantidad de tonalli que posea la persona en cuestión, respectivamente. Referente a los antepasados, existe otra coincidencia, pues se dice que quien heredaba el nombre de un ancestro heredaba también su tonalli.1

Ambas son energías que, si bien pueden llegar a sonar deterministas, no lo son por completo, pues existe la voluntad personal, que puede malgastar o aprovechar el tonalli, en el caso del ka, pedir por favores a sus ancestros para que este le sea benéfico. Los dos son «dobles» que, si se desprenden de su portador causan enfermedad o muerte.

En seguida, el ba y la teyolia coinciden en ser alusivos a la personalidad del hombre, incluyendo a sus «sombras». Ambas son entidades que, al desprenderse del hombre, se transforman por medio del viaje al Dwat o al Mictlán. No obstante, la concepción del teyolia como una energía vital pudiese asemejar más al ka que el ba.

Ihiyotl y akh son elementos que más bien podrían sin un nexo posible, pues ihiyotl es entendido como una dualidad alusiva al aire, una especie de conductos de aire internos del cuerpo que se expresan en aliento y respiración.

Finalmente, khat y ecahuil pueden concordar únicamente en el punto de existir como fuerzas motrices que ayudan al cuerpo. Mientras el khat es concebido más como un cascarón que contiene los elementos anímicos del ka y el ba, este encuentra su fin cuando la persona muere, aunque se trata de preservar por siempre de forma inactiva mediante el proceso de momificación.

Por otro lado el ecahuil es más activo en su papel y una vez que el individuo muere, puede salir de este y continuar existiendo.

Ahora, sin más, procederemos a explicar el inframundo nahua y egipcio respectivamente, de forma literal y tratando de hacer algunos esbozos simbólicos, para finalmente poder realizar la comparativa de dichos lugares.

Como punto de partida, nos centraremos en la versión otorgada por el Códice Vaticano A. y el Libro Egipcio de los Muertos.

EL MICTLÁN (NAHUAS)

Los antiguos nahuas creían que la muerte del hombre significaba la dispersión de los componentes anímicos ya citados.7 Plasmaron cuatro lugares a los que iba el difunto dependiendo de las circunstancias de su muerte: Chichihualcuahco (al que iban los no natos), Tlalocan (paraíso terrenal o acuático – a él iban los fallecidos por causas acuáticas), Tonatiuh Ilhicatl (guerreros muertos en batalla, comerciantes en expediciones, sacrificados al sol y mujeres muertas en parto) y Mictlán (muerte común). 8

Mictlán proviene del náhuatl y significa “lugar de los muertos”, aunque existen otros nombres para denominar este lugar siempre haciendo alusión a la oscuridad (“casa de la noche”, “lugar sin orificio para el humo”), la destrucción (“el lugar común a donde iremos a destruirnos, a perdernos”, “lugar de los dañados”) y un hogar común para todo individuo (“Nuestra casa definitiva”, “el lugar al que todos vamos”).9

Los nahuas dividían el cosmos en cuatro rumbos y un centro, el Mictlán estaba ubicado al norte, 10 quizá debido a que migrar al norte significaba atravesar tierras áridas que podían suponer la muerte del viajero. Es también relacionado con la putrefacción, el frío y con animales como búhos, murciélagos, gusanos y ciempiés, quienes asistían a Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, reyes del Mictlán.

Se le identificó con el número nueve, pues es el número de niveles que lo conforman, según el Códice Vaticano, ya que, en el Florentino, Sahagún refiere ocho. En algunas representaciones iconográficas, el Mictlán se representa como una cueva con boca y una vagina dentada,8 ya que se creía que las cuevas iban a parar al inframundo. La representación del Mictlán como una vagina dentada nos remite a la cualidad femenina atribuida a la Tierra como una madre y la idea del hombre como una semilla que, al morir, era depositada nuevamente en la tierra, no obstante, la acotación de que se encuentra dentada nos remite al peligroso camino de regreso.

Primer Nivel: Luego de desencarnar, el ihiyotl del fallecido acudía a la entrada a la tierra por medio de una cueva.

Segundo Nivel: Luego de ingresar a esta cueva, el viajero debía cruzar el Río Chiconahuapan, asistido por un perro, alusivo a la leyenda de Quetzalcóatl en el Mictlán, donde Xólotl lo acompaña con su forma de perro.

Tercer Nivel: El viajero arribaba a un lugar en el que dos montañas se juntaban, con peligro de aplastarlo si no pasaba a tiempo entre ellas. Posible simbolismo de la dualidad que subyace en toda la mitología de forma reiterativa; vida y muerte, blanco y negro, masculino y femenino.
El hecho de las montañas se junte, puede entenderse como una reconciliación, la asimilación de la unidad por medio del discernimiento de la verdad, donde el viajero debía reconocer su propia muerte para poder seguir adelante en el trayecto.8

Cuarto Nivel: Referido como una “Montaña de obsidiana”. En este lugar se encontraba un cerro cubierto de filosísimos pedernales, que desgarraban los cadáveres de los muertos cuando estos tenían que escalarlos para seguir con su viaje.

Quinto Nivel: El “lugar del viento de obsidiana”, sitio desolado compuesto de hielo y obsidiana abrupta. En este escenario, el hombre poco a poco se desprendía de su carne por medio de las obsidianas que la cortaban. Este nivel era símbolo de que el fallecido debía desprenderse de sus instintos carnales y su propia materia.

Sexto Nivel: El lugar donde la gente vuela y se voltea como banderas”. Ubicado al pie del último collado, donde los muertos permanecían suspendidos a merced de los vientos, parecidos a banderas ondeando, hasta que finalmente la fuerza del viento era tanta que eran liberados para pasar al nivel siguiente. Este nivel puede interpretarse como el forzoso desprendimiento del antiguo pensamiento y forma de vida del fallecido.8

Séptimo Nivel: Traducido como “El lugar donde la gente es flechada”, se retrata como un sendero en el que se arrojaban flechas al viajero. Respecto a este punto, Luna (2017) nos explica que puede tratarse de una posible intromisión española para representar un purgatorio donde el hombre era castigado. No obstante, desde un punto de vista personal, puede tratarse de una nueva prueba de fuerza de voluntad y convicción del hombre para afinar su vehículo, pues desprovisto de cuerpo y su antigua personalidad, lo único que impulsa al hombre a continuar es el persistir en su firmeza.

Octavo Nivel: Lugar donde son comidos los corazones”. Los jaguares recibían al muerto abriéndole el pecho y comiéndose su corazón. Como ya vimos en anteriores artículos, el jaguar era importantísimo para estos pueblos, simbolizando la noche, lo femenino y, por lo tanto, la Tierra. Este nivel es un centro de refinamiento del vehículo de la emoción del hombre, purificando su corazón mismo.

Noveno Nivel

Aquí el muerto debía atravesar las nueve aguas de Chiconauhhapan y, una vez superado este último obstáculo, su alma sería liberada completamente de los padecimientos del cuerpo, por Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, esencia de la muerte masculina y femenina respectivamente.

EL DWAT (EGIPCIOS)

Al igual que los nahuas, los egipcios creían que los componentes que animaban al hombre durante su existencia viajaban al morir su cuerpo. Dwat quiere decir “Otro mundo” o “Lugar del crepúsculo matutino11, sin embargo, el inframundo también es referido con otros nombres, tales como: amentet o “El espacio que da y quita”, o neterkhert que significa “El lugar divino de abajo”.4

Al igual que en el Mictlán, en el Dwat se realiza un viaje de constantes pruebas. El Dwat se concibe como un destino que varía dependiendo de la vida y acciones de cada hombre, y se le considera como un proceso de purificación del ba, en el cual la diosa Maat, señora de la verdad y la justicia, es un referente importante y apoyo durante el proceso.

Primer estado: Región llamada “Restau”. Aquí se lleva a cabo la apertura de la puerta de la tumba, donde se libera el cuerpo, el alma o ambos. El viajero es recibido por un “trineo” tirado por el dios Sokar4 y arrastra al viajero hasta las puertas de Anubis, dios con cabeza de chacal y guía, también llamado Upawet o Wepwawet, su significado es “El que abre los caminos”.4

Segundo estado: En este lugar existe una oscuridad total, el viajero puede oír únicamente la voz de Atum.4 Todo en este lugar está al revés y el viajero debe llevar un mapa. El mapa de esta región varía dependiendo de la época del imperio, pero nos centraremos en el retratado por el Imperio Nuevo.

Tercer estado: En el papiro de Userhat se plasma un campo de juncos dividido en 15 montículos por serpientes, cuatro regiones se destacan de entre esas quince; la primera en forma de U, conocida como “Cuernos de fuego”, la segunda, debajo de esta, es nombrada como “Montaña, sumamente alta”, la tercera región, gobernada por el dios “Derrocador de peces” y finalmente, la cuarta región con forma de S denominada “Aguas impetuosas”.4

En esta parte del viaje los elementos aire, agua y fuego hacen presencia de formas peculiares y guardan simbolismos muy interesantes, mismos que citamos a continuación:

  • Aire: En el Dawt el aire no existe, el único aire que existe ahí es Maat, quien se dice que existe también aquí en nuestro mundo. El hombre que no es consciente de eso, se sofoca en el otro mundo. Respirando este aire se puede evitar el destino de quedar atrapado en la red roja de los tres babuinos, animales sagrados de Thoth, dios escriba y de la magia, que se reúnen antes de la salida y la puesta del sol..5
  • Agua: Alusivo al hogar de las criaturas “sethianas” o de la oscuridad y que tientan al viajero durante su trayecto: El pez, el cocodrilo, hipopótamo y serpiente de agua.12 Sin embargo, también puede significar la purificación, principalmente si este elemento se encuentra en combinación con el elemento f4

Debido a que todo el trayecto se realizaba en agua, los egipcios consideraban que viajar con la forma de pez era sumamente peligroso. Principalmente porque se relacionaba la figura del pez con un alma ignorante o atributos negativos dentro de su lenguaje jeroglífico.12

  • Fuego: Circundante a los babuinos, existe también un lago de fuego, dentro del cual se decía que si un difunto ingresaba con un alma impura sufría “un tormento similar al de ser cortado en pedazos”.4 Sin embargo, la convicción de atravesarlo pese al sufrimiento y al someterse al dolor, el viajero no experimenta más que la transformación interior y purificación por medio de dicho lago.5

Cuarto estado: Se encuentra una barca incompleta que navegará sobre el lomo de Apofis, la serpiente enemiga, esta simboliza el peligro, mientras que la barca representa la mejor cualidad espiritual del viajero y es guiada por un barquero y un cuidador de la barca. El barquero es llamado Mahaf y el cuidador Aqen. El viajero debe construir la barca con los elementos que le faltan, representando simbólicamente de destrucción y reconstrucción del hombre “desmembrado”. Posteriormente, Aqen interroga al viajero para ver que tanto ha podido transformar el poder negativo de Seth. 4

Durante el viaje, se podían presentar las propias energías negativas representadas como bestias, con quienes se tenía que combatir, pues tratarán de robar el corazón o matar al ba separándolo de Ra, no obstante, la prueba no se trataba de la destrucción de las bestias, sino de su dominio, mediante la asimilación de la energía, invertirla a favor del viajero.4

Quinto estado: Cruzando las aguas, el viajero encuentra un gigantesco templo, el cual posee una barrera exterior que consiste en dos pilones (muros), en cuyo centro hay una entrada pequeña y estrecha por la que el viajero ingresa, aludiendo al valor de la humildad.4

Sexto estado: Se llega a un patio abierto, santuario del corazón arquitectónico del recinto. Más allá hay nueve pilones con puertas cerradas, cada puerta tiene espíritus guardianes (o ella misma puede estar animada) y el viajero debe atravesarlas,  negociar o reconciliarse con los espíritus custodios para que sean abiertas.

  • Puerta 1: El viajero se enfrenta a la “Señora de los terrores y de la destrucción”.
  • Puerta 2: Su guardiana es la “Señora del mundo, que devora con fuego, Señora de los mortales, más grande que todos los seres humanos”.4 Su guardián se llama “El que da forma al final” el viajero corre peligro de ser devorado por el fuego.5
  • Puertas 3, 4 y 5: Se advierte que el viajero puede encontrarse con peligros de quemarse, ser cortado o situaciones alusivas al fuego.4
  • Puerta 6: El portero es llamado “El que ha sido reunido”. Este portal alude a la idea de ser curado y reconstruido. 5
  • Puerta 7: Su guardiana es una diosa, llamada “La que viste al débil, llorando por lo que ama y amortajando al cuerpo”. 5
  • Puerta 8: Esta es la puerta del sufrimiento, guardada por la Diosa “Fuego ardiente, llama inextinguible, cuyas llamas llegan lejos, que matan sin avisar, a quien nadie puede superar debido al dolor que causa”.5
  • Puerta 9: Se alza la “Forma divina”, el Débil (Osiris) es vestido.5 El guardián de esta última puerta tiene por nombre “El que se hace a sí mismo” que hace referencia al renacimiento del ba a imagen de lo divino.4

Séptimo estado: Al final de su travesía, el viajero arriba a un portal que se encuentra custodiado por Anubis. Para entrar, debe demostrar un conocimiento minuciosos de dicha puerta.5 Sin embargo, aunque el viajero nombre correctamente todos sus elementos, es interpelado por el suelo que pisa, por lo que sólo cuando logra nombrar “sus dos pies por sus nombres secretos y santos” puede ingresar a la Sala de Maat.5

Dentro de la sala, el papiro de Nebseni retrata a 42 dioses, cada uno representa las 42 regiones de Egipto. Se alude a la regencia metafísica de estas 42 entidades sobre las regiones del mundo físico.5 En esta escena los dioses están en silencio, de pie en el centro de la sala y todos cargan una pluma de avestruz en su cabeza, representando su armonía con Maat, quien sostiene el cetro de la verdad en su mano derecha y el ankh (cruz de la vida) en la izquierda.4

El viajero se dirige a cada dios y hace una declaración negativa y positiva respectivamente, siendo estas correspondientes a lo que cada dios simboliza. A consecuencia, el ba del viajero comienza a irradiar un brillo.5

Octavo estado: Por último, el viajero procede a ser sometido al “Pesaje del corazón”, donde Anubis coloca el corazón del viajero y el de Maat por su parte, en una balanza. La representación de este hecho, puede ir desde los dos platillos vacíos, hasta el corazón de Maat  representado por una olla o vasija pequeña,13 en otras ilustraciones es una pluma de avestruz o la diosa misma. El corazón es representativo de las acciones de la persona.  Si no se obtiene un equilibrio hacia la verdad de  Maat, entonces Ammit “El comedor del corazón” como consecuencia, se traga a la persona, de acuerdo con el Papiro de Hunefer.

Noveno estado:  Si pasa la anterior prueba, el viajero es llevado finalmente ante Osiris. Aquí el ba alcanza su divinización al unirse con la fuente de su existencia y se vuelve akh. Se une con la luz cósmica emanada por Ra.

Existen múltiples convergencias entre los relatos de estas dos culturas. En un principio, estos sitios poseen las cualidades de reflejarse como viajes que debe realizar el difunto para un fin último. Fin que puede confundirse con la propia purificación del alma, sin embargo, en ambas mitología esto es solo el medio para un fin mayor, que es fundirse con una fuerza de origen primigenio.

En ambas cosmovisiones un animal del género “canis” recibe al viajero para guiarlo durante una parte de su viaje al inframundo. En el caso del Dwat, el dios Anubis es guía del viajero en su primera estancia en el inframundo, pero también custodio de la balanza de la vida para determinar el destino del juzgado. Mientras que los mexicas consideraban al xoloitzcuintle como guía, para ayudar al difunto a cruzar el río Chiconahuapan al llegar a la primera región de los muertos.

Referente a las aguas turbias que deben navegar, también existe una convergencia, pues para ambas culturas, es un elemento de carácter predominante. Se coincide de igual forma con las penumbras y oscuridad con la que se retratan ambos lugares.

En ambos viajes se alude a la fragmentación del hombre y su destrucción, mediante la cual se forma una depuración de su ser físico para pasar a ser la esencia primigenia de su existencia. De nuevo, ambos procesos retratan un desprendimiento de la materia, aunque en el Dwat se pinta como un proceso de enfrentamiento dinámico y personal, y por su parte el Mictlán, parece un proceso más lineal y estandarizado, no obstante, recordemos la limitación que existe de parte de los archivos históricos de los pueblos nahuas.

La división del Dwat en estados fue realizada por el autor de este artículo, no obstante, de acuerdo con su criterio, se llegó al número nueve, mismo número de niveles del que el Mictlán se conforma (retratado en el Códice Vaticano). De igual forma son cuatro las entidades o energías que el hombre posee las que citan estas culturas.

No existe ningún tipo de evidencia de un nexo entre dos culturas alejadas 12,300 kilómetros y por muchos años, y este artículo tampoco intenta proponer que lo hubo alguna vez. Si existe algún vínculo entre estas dos culturas, sería más sencillo atribuirlo a nuestra condición humana.  Al ver las similitudes en torno al proceso y la esencia de lo que simboliza “el viaje de un difunto” para estas dos civilizaciones es imposible no pensar en la fascinante teoría del inconsciente colectivo, propuesta por el Dr. Carl Gustav Jung, quien postula que la estructura psicológica subconsciente no se limita a un individuo, sino que se amplía al colectivo de una especie y se expresa de manera simbólica (representada muchas veces mediante mitología). La búsqueda de la trascendencia del hombre para escapar de la idea de la inexistencia es un proceso necesario, por no decir inevitable.

No hemos citado a muchas otras visiones de inframundo míticas de otras culturas en este artículo, pues tal vez sean motivo de análisis para otros más. No obstante, esta idea del viaje hacia el otro mundo es retratada innumerables veces con puntos coincidentes entre un mito y otro. Un exponente idóneo de estas coincidencias lo tenemos en el Hades de la mitología griega, que se considera un sincretismo y comparte algunos elementos de herencia mítica egipcia, hecho que pudiera abrir espacio a una nueva posibilidad para explicar las coincidencias que existen entre el Mictlán y el Dwat: La introducción de elementos y creencias europeas que recién habían iniciado un Renacimiento en el que rescataron una gran parte de cultura romana y griega, en su afán de evangelizar y hacer una cultura “extraña” más similar a la europea implementaron una narrativa más afín también. No obstante, resuenan las contradicciones que esto suponía para los escritores de los códices, quienes pertenecían a instituciones eclesiásticas que por años trataron de oprimir o sincretizar la narrativa “pagana” de religiones tales como el “Sol Invictus” de los romanos.

La conclusión con la que el autor prefiere permanecer es que el trayecto es uno y el medio es un proceso que el hombre no debe aguardar para realizar, pues aquel viajero no es necesariamente un muerto para iniciar su proceso, pues pesa más la verdad y la justicia cuando se ejerce estando vivo, cuando se está muerto sólo podemos aspirar a un suplicio…

REFERENCIAS

De los Ríos, Pedro, “Códice Ríos”, reedición de Joseph Florimond, 1899.

Sahagún, Bernardino (1829), Historia general de las cosas de Nueva España, Carlos María de Bustamante, Tomo Primero: Libros I – XI. México: Impr. del ciudadano A. Valdés.

1 Martínez González, Roberto “El Ihiyotl, la sombra y las almas-aliento en Mesoamérica”, Cuicuilco vol. 13, Num. 38, 2006.

2 Siméon, Rémi “Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana”, México, Siglo xxi, 1999.

3 López Austin, Alfredo, “Cuerpo humano e Ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas”, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-UNAM. 1996.

4 Naydler, Jeremy, “El templo del cosmos”, Ediciones Siruela, España, 2003.

5 Wallis Budge, E. A. “The Egyptian Book of the Dead (The Papyrus of Ani): Egyptian Text, Transliterations an Translation”, 1898, Dover, 1967.

6 Lamy, Lucy, “Egyptian Mysteries”, Thames & Hudson, 1981.

7 López Luján, Leonardo y Vida Mercad o, “Las esculturas de Mictlantecuhtli de la Casa de las Águilas”, en Camino de Mictlán…, México, INAH, 1997, pp. 8-38.

8 Luna López, Mónica “El camino al Mictlán: ¿Ruta al tormento o al origen?”. Vita Brevis Año 6, Num. 11, 2017.

9 Garza Gálvez, Ignacio de la, “El Mictlán entre los mexicas”, tesis de licenciatura (s. p.), México, UNAM, 2015.

10 Matos Moctezuma, El rostro de la muerte en el México prehispánico, México, gv, 1987.

11 A. Gardiner, “Egyptian Grammar”, Oxford, 2007.

12 Plutarco, “De Iside et Osiride”, Marseille, 2015.

13 J. Terence DuQuesne, “A Coptic Initiatory Invocation”, Darengo, Thame, 1991. Papiros de Hunefer, Userhat, Nakht y Nebseni

MÍ AGRADECIMIENTO a Itzel Soto por su retroalimentación, paciencia y apoyo en esta investigación.

*Alan Mac Donald – Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, plantel FES Acatlán, donde tomó el cargo de presidente del Capítulo Estudiantil de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica y fue miembro directivo de dos organismos estudiantiles (CE-ACI y CECICM). Aficionado de la mitología e historia universales con especial entusiasmo por la cultura mexicana. Cofundador de la empresa mexicana MEKALI, donde funge como escritor y director creativo. Colaborador en La Voz del Árabe. – Contacto: alan.mac05@yahoo.es

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Imagen: LVÁ – Xjunajpù, CC BY-SA 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0  

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, mayo 21 del 2021

 

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