DEL FUTURO, TAMBIÉN, NOS TENEMOS QUE HACER CARGO

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-¿Ante tamaña encrucijada, estamos frente a lo que algunos vislumbran como un reinicio, un gran reacomodo?

Emb. Jorge Álvarez Fuentes*

El presente, nuestro presente, está como nunca plagado de incertidumbres; el aquí y ahora, lleno de interrogantes. Muchas son las preguntas, las dificultades, los temores, las dudas: ¿Cuándo y cómo saldremos de esta pandemia que tomó al mundo entero, a gobiernos, organizaciones, empresas e individuos muy mal preparados? ¿Seremos capaces, de manera colectiva, de darle un nuevo sentido de dirección al mundo, de resolver a tiempo y bien las múltiples crisis que el sistema mundo viene arrastrando, las emergencias sanitaria y climática, la vertiginosa degradación ambiental, el desplome económico y las amenazas a la seguridad colectiva? ¿Habrá la producción continua y suficiente de vacunas eficaces contra el coronavirus? ¿Con todo y los enormes intereses geopolíticos en juego, conseguirán los gobiernos, las organizaciones internacionales y las empresas farmacéuticas una distribución justa y rápida para hacer posible una inoculación masiva, planetaria, y obtener resultados en el menor tiempo posible, como para reducir drásticamente los cientos de miles de contagios, salvando la vida de millones de personas? ¿La conmoción global en la que estamos inmersos tendrá un desenlace devastador o transformador para la sociedad humana? ¿Podrán los jóvenes vislumbrar otro futuro alcanzable? ¿Lograremos cambiar nuestras ideas, formas de vivir y de pensar, de ejercer el poder, de trabajar, de crear e innovar, de interactuar con la naturaleza? ¿Será esta una pandemia con varias oleadas que se prolongue en el tiempo? ¿Se contarán en miles de millones los ciudadanos del mundo que sigan creyendo y defendiendo los valores de la democracia, o por el contrario, el malestar de nuestro tiempo allanará el terreno para múltiples formas de autoritarismo?

Como en otros momentos determinantes, de un profundo cambio de época, necesitamos concebir nuevos conceptos, establecer parámetros distintos, contar con otras herramientas y formas creativas de pensar, de comunicar y de actuar. En el fondo, requerimos apropiarnos de otras maneras del ser y el tiempo, de solventar la existencia de los seres humanos en el planeta tierra. Podemos quizás por ahora, albergar alguna certeza que no vamos a volver a un mundo como el de antes, el de aquella «normalidad», de la industrialización masiva, donde la mayoría de las mujeres permanecían al margen sin participar de las decisiones, donde podían imponerse o cambiarse de manera funcional las estructuras jerárquicas del poder, las relaciones de dominación racial y étnica, haciendo que persistieran las desigualdades, los desequilibrios entre naciones, regiones, sociedades e individuos, sin que tal estado de cosas no fuera cuestionado y subvertido, como si la sustentabilidad fuera una aspiración y pudiéramos seguir disponiendo a nuestro antojo de los recursos naturales, dejando para después, a las siguientes generaciones lidiar con las consecuencias fatales. El cambio climático, los cambiantes escenarios geopolíticos, el imparable ascenso de China, las transformaciones profundas en las maneras de trabajar, de enseñar y de aprender, de comerciar, de comunicarnos y transportarnos, de generar riqueza y valor, han hecho que los retos que enfrentamos ahora sean cualitativamente diferentes. De poco sirve obsesionarse con el mundo pasado. No nos queda de otra sino encararlos hoy, no mañana.

¿Ante tamaña encrucijada, estamos frente a lo que algunos vislumbran como un reinicio, un gran reacomodo? ¿Qué implica, siquiera pensar, que el mundo necesita reiniciarse, resetearse para cambiar de curso, para definir el futuro de manera conjunta? Se da por anticipado que en el mundo post- pandemia, el centro de las preocupaciones estará en el desarrollo humano, en la salud y en la prosperidad. Debemos prepararnos sin demora para lo que vendrá después de las restricciones sanitarias, del distanciamiento social, del confinamiento, de las malas decisiones y la recurrente miopía e incapacidad de gestión, sin olvidar el costo catastrófico de los liderazgos retrógrados, con una actitud de hacer todo lo que haga falta, a la brevedad, puesto que no bastará con la recuperación económica en 7 años. Muchos países emergentes y economías en desarrollo pasaran años luchando contra el COVID-19. Habrá una nueva década perdida para el desarrollo. La construcción de la paz, la cooperación y el comercio internacional jugarán un papel determinante para enfrentar con éxito los nuevos retos globales, si la humanidad ha de alcanzar un mundo más resiliente, cohesivo, incluyente y sustentable.

Desarrollos recientes permiten un moderado optimismo. Uno es la prolongación, hasta 2026, del tratado entre Rusia y EUA sobre la limitación de sus arsenales nucleares, y la recién entrada en vigor del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, luego que Honduras depositara su ratificación. Ambos instrumentos contribuirán a la estabilidad estratégica e influirán positivamente en la situación internacional, haciendo avanzar el proceso del desarme nuclear y al abrir la posibilidad de que las potencias dialoguen y entablen negociaciones sobre nuevas armas, incluidas las hipersónicas. Otro son las ratificaciones últimas, de Argentina y México, del Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y El Caribe, el denominado Acuerdo de Escazú, de importancia crucial para la protección de la naturaleza y los defensores del medio ambiente. La mera posibilidad de sincronizar un eventual regreso de EUA e Irán al acuerdo nuclear multilateral abre perspectivas favorables. La confrontación entre EUA y China se mantendrá, sin embargo, ambos parecen haber descartado el conflicto, al competir por la supremacía y el combate al cambio climático. EUA y sus aliados necesitarán trabajar juntos para reimpulsar sus economías y salvaguardar sus capacidades tecnológicas.

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” @JAlvarezFuentes

Información: El Siglo de Torreón / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, febrero 15 del 2021

 

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