DÍA DE MUERTOS EN MÉXICO

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-En una ceremonia llevada a cabo en París, Francia, el 7 de noviembre de 2003, la UNESCO distinguió la festividad indígena del DÍA DE MUERTOS como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

En la época prehispánica el culto a la muerte era uno de los elementos básicos de la cultura, cuando alguien moría era enterrado envuelto en un petate y sus familiares organizaban una fiesta con el fin de guiarlo en su recorrido al Mictlán. De igual forma le colocaban comida que le agradaba en vida, con la creencia de que podría llegar a sentir hambre.

El Día de Muertos en la visión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en su honor.

Es una celebración tradicional mexicana que honra a los muertos. ​Tiene lugar los días 1 y 2 de noviembre y está vinculada a las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.

Es una festividad que se celebra principalmente en México, adoptada en varios países latinoamericanos como: Bolivia, Ecuador, Guatemala, en menor grado en países de América Central y la región andina en América del Sur, desde el noreste de Argentina hasta los Estados Unidos, en zonas donde existe una gran población indígena.​ En el 2008 la UNESCO declaró la festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de México. ​

Cada año muchas familias colocan ofrendas y altares decorados con flores de cempasúchil, papel picado, calaveritas de azúcar, pan de muerto, mole o algún platillo que le gustaba a sus familiares a quien va dedicada la ofrenda, y al igual que en tiempos prehispánicos, se coloca incienso para aromatizar el lugar.

La recurrente referencia a los orígenes precolombinos del día de muertos, la antropóloga Elsa Malvido ha cuestionado la explicación de ese origen prehispánico del día de muertos, destacando la implantación de tradiciones surgidas en la Europa medieval, en el ámbito americano, tras la llegada de los españoles.

En Teotihuacan – El pueblo teotihuacano acostumbraba a hacer ofrenda en honor a los fallecidos casi todo el tiempo, practicando intensos rituales con el propósito de que el difunto llegase con bien a uno de los cuatro paraísos según su forma de muerte, conteniendo comida, copal, vasijas, cuchillos, piedras de jade y semillas, utilizaban a los perros xoloescuintles para que les ayudasen a ser la luz en el paso por el inframundo y no se perdieran sin antes llegar al paraíso, sacrificándolos y enterrándolos junto con la persona fallecida.

Cuando los españoles llegaron a América en el siglo XVI trajeron sus propias celebraciones para conmemorar a los difuntos, donde se recordaba a los muertos en el Día de Todos los Santos. Al convertir a los nativos del Nuevo Mundo se dio lugar a un sincretismo que mezcló las tradiciones europeas y prehispánicas, haciendo coincidir las festividades católicas del Día de Todos los Santos y Todas las Almas con el festival similar mesoamericano, creando el actual Día de Muertos.

Otros elementos influirían en la evolución de las actuales costumbres del Día de Muertos, por ejemplo, en el centro del país, las epidemias que durante siglos azotaron a la Ciudad de México llevaron a la creación de cementerios fuera de la ciudad, fue hacia 1861 que el gobierno comenzó a hacerse cargo de los entierros. Asimismo, hacia 1859 se consolidó la costumbre de adornar las tumbas con flores y velas, visitar los panteones los días 1 y 2 de noviembre, la clase alta por las mañanas y los pobres por la tarde. La gente de clase alta aprovechaba esos días para poder estrenar sus ropas negras que preparaban desde antes para poder lucirlas en los panteones.

La antropóloga Elsa Malvido, fallecida en abril de 2011, criticó la explicación prehispánica y única del Día de Muertos. ​A través del análisis de prácticas asociadas con la muerte, entre los siglos XVIII y XIX, la también historiadora consideró que el nacionalismo posrevolucionario y las afirmaciones de Octavio Paz en El laberinto de la soledad erróneamente han impuesto la idea de que el Día de Muertos mexicano ha sido la resultante del sincretismo cimentado en las prácticas mortuorias mesoamericanas, pero entendidas como únicamente mexicas, con las católicas, esto con el fin de disminuir la influencia católica y unificar las prácticas culturales en México.

Para ella, lo asociado con el Día de Muertos ha sido la resultante de la historia de las prácticas mortuorias (administración de cementerios, entierros, cremación) desde el periodo virreinal hasta la primera mitad del siglo XX, como de la liturgia católica de Todos los Santos y de Fieles Difuntos, con sus respectivas variantes según las regiones de México y Centroamérica, las cuales reflejan influencias indígenas y modernas propias de cada región. Así, por ejemplo, las prácticas culinarias: pan de muertos, calaveritas de dulce, el pib yucateco y otros platillos y dulces típicos de la fecha, la puesta de un altar y demás decoración asociada serían simplemente versiones locales de prácticas católicas similares a las presentes en zonas rurales de Europa, principalmente en España e Italia.

En una ceremonia llevada a cabo en París, Francia, el 7 de noviembre de 2003, la Unesco distinguió a la festividad indígena de Día de Muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. La distinción por considerar la Unesco que esta festividad es: Una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país.

Además, en el documento de declaratoria se destaca: Ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad… aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial. La celebración del Día de Muertos tiene raíces prehispánicas y festeja la memoria de los difuntos con visitas a cementerios y coloridas ofrendas.

Calaveras: Se les llama así tanto a las rimas, versos satíricos como a los grabados que ilustran calaveras disfrazadas o bien de dulce, Calavera de alfeñique, descritas a continuación:

Rimas: También llamadas «calaveras literarias», son en realidad epitafios humorísticos de personas aún vivas que constan de versos donde la muerte (personificada) bromea con personajes de la vida real, haciendo alusión sobre alguna característica peculiar de la persona en cuestión. Finalizan con frases donde se expone que se lo llevará a la tumba. Es muy común dedicar las «calaveritas» a personajes públicos, en especial a políticos en el poder. En muchos casos la rima habla del aludido como si estuviera ya muerto.

Grabados: Litografías, generalmente de José Guadalupe Posada, que, aunque no dibujó específicamente para Día de Muertos, sino eran caricaturas con que colaboraba en diferentes publicaciones de principios del siglo XX en México, que se usan en estas fechas por sus alusiones a la muerte festiva.

Calaveritas de azúcar: Son dulces en forma de cráneo, generalmente realizadas de dulce de azúcar, chocolate, amaranto, gomita, entre otros. Generalmente son vendidas en los tradicionales mercados denominados «Todos Santos» además de tiendas comerciales, tianguis, etc.

OFRENDAS DE MUERTOS – Los materiales comúnmente utilizados para hacer una ofrenda para el Día de los Muertos tienen un significado, y son entre otros los siguientes:

Las calaveras de dulce tienen escrito en la frente el nombre del difunto, o en algunos casos de personas vivas, en forma de broma modesta que no ofende en particular al aludido, y las consumen parientes y amigos.

El pan de muerto es un tipo de pan dulce que se hornea en diferentes figuras, desde simples formas redondas hasta cráneos, adornado con formas de huesos hechas con el mismo pan, se le espolvorea azúcar y se elabora con anís. Similar a los huesitos de santo tradicionales en España.

Las flores, durante el período del 1 al 2 de noviembre las familias suelen limpiar y decorar las tumbas con coloridas coronas de flores de rosas y girasoles, entre otras, pero principalmente de cempaxúchitl, las cuales se cree atraen y guían las almas de los muertos.

La ofrenda y la visita de las almas, se cree que las almas de los niños regresan de visita el día primero de noviembre, y las almas de los adultos regresan el día 2. En el caso de que no se pueda visitar la tumba, ya sea porque ya no existe la tumba del difunto o porque la familia está muy lejos para ir a visitarla, también se elaboran detallados altares en las casas, donde se ponen las ofrendas, que pueden ser platillos de comida, el pan de muerto, vasos de agua, mezcal, tequila, pulque o atole, cigarros e incluso juguetes para las almas de los niños. Todo esto se coloca junto al retrato de los difuntos, rodeados de veladoras.

Cempaxúchitl, flor tradicional usada para ornato.

Retrato de la persona recordada, el retrato del difunto sugiere el alma que los visitará la noche del 2 de noviembre. Dicha imagen honra la parte más alta del altar. Se coloca de espaldas y frente a ella se coloca un espejo para que el difunto solo pueda ver el reflejo de sus deudos y estos vean a su vez únicamente al difunto.

Pintura o cromo de las Ánimas del Purgatorio, la imagen de las ánimas del purgatorio sirve para pedir la salida del purgatorio del alma del difunto por si acaso se encontrara ahí.

Doce cirios, aunque pueden ser menos, tienen que ser en pares, y preferiblemente de color morado, con coronas y flores de cera. Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo. Los cuatro cirios en cruz representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa.

Cruz, utilizada en la mayoría de los altares, es un símbolo introducido por los evangelizadores españoles, con el fin de incorporar el catecismo a una tradición tan arraigada entre los indígenas, como la veneración de los muertos. Para recordarle su fe, ya que el Miércoles de Ceniza se le dice la frase: «Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás», con lo que se le recuerda que regresa a la tierra de la que salió. La cruz va en la parte superior del altar a un costado de la imagen del difunto y esta puede ser de sal, ceniza, tierra o cal.

Calabaza en tacha, ocupa un lugar privilegiado tanto en la cocina tradicional prehispánica como en la actual. Es parte de la tetralogía alimenticia del país, al lado del maíz, el frijol y el chile, con los que se cultiva en la misma milpa. De ella se aprovecha todo: tallos, guías, flores, frutos y semillas. En el altar se prepara como dulce, llamado -calabaza en tacha- porque el recipiente usado en la fabricación del azúcar se le llama “tacho”, la calabaza se confitaba en las calderas en que se fabricaba el azúcar: cocida con azúcar, canela, tejocotes, trozos de caña de azúcar o con otros ingredientes, según el gusto de quien cocine.

La preparación de la calabaza en tacha consiste en introducir dicho fruto en un cesto de palma que se confita en las calderas donde se fabrica el azúcar. Esta es la forma tradicional, pues en las antiguas máquinas de los ingenios se hacía la concentración del guarano o jugo de caña en dos calderas cónicas, colocadas sobre un solo horno (la mancuerna), una de las calderas era la malera, la otra la tacha. En la actualidad se prepara cocida en miel de piloncillo o panela, antiguamente llamada también tacha para bendecir las casas. El dulce cristalizado se llama calabazate.

Papel picado, se suelen adornar las ofrendas con papel picado que es una artesanía mexicana que se elabora con papel de china recortado con figuras de esqueletos y calaveritas, este es considerado como una representación de la alegría festiva del Día de Muertos y del viento.

Vara de tejocote, con esa se abrirá paso el alma que regresa a visitar a sus parientes, por eso no se le deben de quitar las espinas.

Arco de caña y flores, en algunos lugares de México se acostumbra a realizar este arco, el cual simboliza el paso a una vida de purificación y el abandono del cuerpo terrenal

Copal en incienso, es un elemento prehispánico que limpia y purifica las energías de un lugar, santificando el ambiente.

Agua, tiene gran importancia ya que, entre otros significados, refleja la pureza del alma, el cielo continuo de regeneración de la vida y de las siembras y en la ofrenda se representa con un vaso lleno de agua que sirve para que el espíritu mitigue su sed después del viaje desde el mundo de los muertos.

Comida, se coloca el alimento tradicional o el que era del agrado de los fallecidos para que el alma lo disfrute.

Bebidas alcohólicas, bebidas que fueron del gusto del difunto denominadas “trago”, generalmente son “caballitos” de tequila, pulque, cerveza y mezcal.

Las fotografías que verás a continuación fueron realizadas por el fotógrafo Lm.CoBo.FoTo en Mixquic*, Tláhuac, en la CdMx. Registradas en ©-México-2010

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*Desde hace más de 400 años, en el pueblo de Mixquic, ubicado en la delegación Tláhuac, se festeja a los muertos difuntos a partir del 31 de Octubre. Dicho festejo lo realizan a través del montaje de ofrendas para los difuntos, adornadas con flores, comida y otros elementos; así como obras de teatro, música, exposiciones, danza y pinturas de arena de color en el piso. Es uno de los lugares más visitados de la región.

Imagen: LVÁ        

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, octubre 30 del 2020

 

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