PIEDRA DEL SOL AZTECA

-El 17 diciembre 1790 se encuentra la Piedra del Sol Azteca, bajo el zócalo de la ciudad de México enterrada esta joya del período azteca. En 1479 los aztecas comenzaron a esculpir la Piedra del Sol. 

La Piedra del Sol, también llamada el Calendario Azteca, es un disco monolítico de basalto de olivino con inscripciones alusivas a la cosmogonía mexica y los cultos solares. La razón de su otro nombre es debido a que cuenta de los días, las eras y aspectos calendáricos. Mide 3.60 m de diámetro por 122 cm de grosor y pesa más de veinticuatro toneladas.

Las interpretaciones sobre la función y el significado de este monolito son diversas entre especialistas desde su redescubrimiento en el siglo xviii. ​ Probablemente fue una plataforma de combate gladiatorio,​ involucrado en la festividad mexica Tlacaxipehualiztli.

Sobre este monolito están descritos los movimientos de los astros y algunos ciclos en donde los meses duran veinte días, los años dieciocho meses y los siglos cincuenta y dos años.7

La escultura tiene un estado de conservación estable, sin embargo, su coloración original se fue perdiendo por los siglos de exposición a la intemperie. Además, por la parte central, presenta daños por múltiples impactos de bala los cuales han desfigurado el rostro central.

Se dispone de algunos datos para rastrear tentativamente su historia desde el momento de su construcción. A principios del siglo xvi, Hernando Alvarado Tezozomoc, nieto del emperador Moctezuma II y bisnieto de Axayácatl, contó en Crónica Mexicatotl cómo su bisabuelo mandó esculpir en aquella piedra «las figuras de los meses y años, días y semanas con tanta curiosidad que era cosa de ver». Ocurrió en 1479, cuatro décadas antes del desembarco de Hernán Cortés en Veracruz. Alvarado Tezozomoc explica que, en aquel año, cincuenta mil indios de diversos pueblos cercanos a Tenochtitlan extrajeron el gigantesco bloque «de una gran peña de la falda de la sierra grande de Cuyacan», la movieron «con sogas gruesas y carretoncillos» y la tallaron con pedernales «recios y agudos» a las órdenes de un artista, cuyo nombre, al parecer, era Técpal.

El monolito fue tallado en el Período Posclásico mesoamericano, entre los años 1250 y 1521 d.C. No existen indicios claros sobre el año exacto de la talla y la autoría, aunque existen ciertas referencias a la construcción de un enorme bloque de piedra por los mexicas en su última etapa de esplendor. Según Diego Durán el huey tlatoani Axayácatl: «también estaba ocupado en labrar la piedra famosa y grande, muy labrada donde estaban esculpidas las figuras de los meses y años, días 21 y semanas».​ Por su parte Juan de Torquemada​ describió en su Monarquía Indiana, cómo Moctezuma Xocoyotzin ordenó que trajeran una gran roca desde Tenanitla, hoy San Ángel, hasta Tenochtitlan, pero en el camino cayó en el puente del barrio de Xoloco.

La roca madre de la que fue extraído proviene del volcán Xitle, y pudo ser obtenida de San Ángel o Xochimilco. El geólogo Ezequiel Ordóñez en 1893 determinó tal origen y la dictaminó como basalto de olivino. Probablemente fue embarcada desde 22 kilómetros hasta el centro de México-Tenochtitlan.

Tras la conquista, fue trasladado hacia el exterior del Templo Mayor, hasta el oeste del entonces Palacio Virreinal y la Acequia Real, en donde permaneció descubierto, con el relieve hacia arriba durante muchos años. Según el mismo Durán, fue durante el cargo de Alonso de Montúfar como arzobispo cuando él ordenó enterrar la Piedra del Sol para que «se perdiese la memoria del antiguo sacrificio que allí se hacía».

Hacia finales del siglo xviii, el virrey Juan Vicente de Güemes, II Conde de Revilla Gigedo, inició una serie de reformas urbanas en la capital de la Nueva España. Una de ellas fue la construcción de nuevas calles y la destrucción de ciertas áreas de la ciudad, mediante la destrucción de canales y chinampas. En el caso de la entonces llamada Plaza Mayor, se construyeron atarjeas, se niveló el piso y se remodelaron áreas. Fue José Damián Ortiz de Castro, destructor mayor de las obras urbanas ejecutadas, quien informó del hallazgo de la Piedra del Sol el 17 de diciembre de 1790. El monolito fue hallado a media vara del suelo (unos cuarenta centímetros) y a sesenta metros al poniente de la segunda puerta del palacio virreinal,​ y sacado de la tierra con un «aparejo real a doble polea».​ Al sitio de hallazgo acudió Antonio de León y Gama a observar y dictaminar el origen y significado del monumento hallado. Según Chavero,​ fue este último quien le dio el nombre de Calendario Azteca, creyéndolo como un objeto de consulta público. León y Gama lo narró de esta forma: […] Con ocasión del nuevo empedrado, estándose rebajado el piso de la Plaza, el día 17 de diciembre del mismo año, 1790, se descubrió a sola media vara de profundidad, y en distancia de 80 al Poniente de la misma Segunda puerta del Real Palacio, y 37 al norte del Portal de las Flores, la segunda Piedra, por la superficie posterior de ella, &. León y Gama, citado por Chavero.​

El propio Gama intercedió ante el canónigo de la Catedral, José Uribe, con el fin de que el monolito hallado no volviera a ser enterrado por su presunto origen pagano, por el cual casi dos siglos antes había sido sepultado. Gama argumentó que en países como Italia era mucho lo que se invertía en rescatar y mostrar públicamente monumentos del pasado. ​ Es de destacar que, por el espíritu de la época, se hicieran esfuerzos por exhibir en un sitio público el monolito y además se promoviera su estudio. Gama defendería en sus escritos el valor artístico de la piedra del sol, ante argumentos de autores como George-Louis Buffón, quienes no daban relevancia a los nacidos en el continente americano, incluido su talento artístico.

El monolito fue colocado a un costado de la torre poniente de la catedral Metropolitana el 2 de julio de 1791. Ahí la observaron, entre otros, Alexander von Humboldt, quien realizó diversos estudios sobre su iconografía. Durante la Invasión estadounidense en México los soldados del Ejército de los Estados Unidos que ocuparon la plaza usaron la Piedra del Sol para tiro al blanco.

En agosto de 1885 fue trasladada a la Galería de Monolitos del Museo Nacional (Antigua Casa de Moneda) de la calle Moneda, por iniciativa del doctor Jesús Sánchez, director del mismo. Por documentos de la época se sabe de la animadversión popular que causó el «encierro» de un referente público de la ciudad.

En 1964 fue trasladada al Museo Nacional de Antropología e Historia, donde preside la Sala Mexica de dicho museo y está inscrita en diversas monedas mexicanas.

Antes del descubrimiento del monolito de Tlaltecuhtli, dios-diosa de la tierra, con sus 4 por 3,57 metros de altura, la Piedra del Sol se consideraba el más grande monolito mexica conocido.

La piedra tallada posee una disposición circular asemejando al sol. En el centro del monumento se encuentra el rostro del dios solar Tonatiuh. Su lengua tiene forma de cuchillo, como símbolo del sacrificio que debía ofrecerse al dios solar para alimentarla y que renaciesen cada día por el oriente (amanecer), luego de su viaje hacia el inframundo (anochecer).

El primer anillo – En el primer anillo se encuentran talladas 20 figuras, que simbolizan los 20 días del calendario mexica. Estos son, por orden:

  1. El caimán (Cipactli)
  2. El viento (Ehécalt)
  3. La casa (Calli)
  4. El lagarto (Cuetzpalin)
  5. La serpiente (Cóatl)
  6. El cráneo (Miquiztli)
  7. El venado (Mázatl)
  8. El conejo (Tóchtli)
  9. El agua (Atl)
  10. El perro (Izcuintli)
  11. El mono (Ozomatli)
  12. La hierba (Malinalli)
  13. La caña (Acatl)
  14. El jaguar (Ocelotl)
  15. El águila (Cuauhtli)
  16. El zopilote (Cozcacuauhtli)
  17. El temblor (Ollin)
  18. El pedernal (Tecpatl)
  19. La lluvia (Quiahuitl)
  20. La flor (Xóchitl)

El segundo anillo – En este anillo se encuentran una serie de secciones cuadradas que contienen cinco puntos en representación de los días. Los ocho ángulos que dividen el monumento en ocho partes, es posible que puedan representar los rayos del sol colocados en dirección a los puntos cardinales.

El tercer anillo – En el tercer anillo se encuentran las fauces de dos serpientes de fuego (Xiuhcóatl), que rodean la piedra y se encuentran en la parte inferior, una frente a otra.

Cada sección de ellas simboliza las llamas de fuego y 52 ciclos anuales en los que se distribuiría el siglo mexica. Cada cierre de ciclo se celebraba con la ceremonia de Fuego Nuevo.

El cuarto anillo – En el cuarto anillo se encuentran talladas las estrellas del cielo nocturno. Contiene 58 pequeños círculos que finalizan en bandas de papel ámatl o amate, típicamente usado durante el periodo prehispánico. 

Significado del Calendario Azteca – Los aztecas consideraban al dios Sol como una de sus principales deidades. Ellos creían ser el pueblo elegido por el imponente astro para su subsistencia. Por ello, los aztecas debían encargarse de que el sol cumpliera su proceso de salir al alba y ocultarse en el ocaso, ofreciendo sacrificios cumplidos a través de rituales.

Igualmente, la guerra y las cosechas, debían realizarse en determinadas épocas del año. De esta forma, la Piedra del Sol, para la cultura azteca, aseguraba que el cumplimiento del devenir siguiera un orden constante y estable.

Función del Calendario Azteca – Son varias las interpretaciones acerca de la función del calendario. A pesar de estar relacionado con la distribución del tiempo, también se cree que la piedra poseía otros usos adicionales, como, por ejemplo, el de haber sido una plataforma de combate para los guerreros.

También se cree que la función principal del calendario era la de ayudar a precisar las épocas de las cosechas y los rituales con los que se honraban a todos los dioses de la cultura. De esta forma, el calendario estaba dispuesto para cumplir dos ciclos anuales:

El calendario solar: Xíhuitl – Que consistía en 365 días de ciclo solar. Esta disposición tenía un total de 18 meses con 20 días de duración, lo que correspondía a un total de 360 días, los otros cinco días restantes eran usados para recibir el año nuevo, hacer penitencias por arrepentimiento y oraciones.

El calendario ritual: Tonalpohualli – Que consistían en 20 meses de 13 días: sumados resultaban en un total de 260 días al año. Este calendario distribuía de manera armónica y equitativa los días para que pudiesen ser ofrecidos a los dioses y celebrados con rituales.

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Información: Agencia / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, enero 13 del 2023

 

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