VIVENCIAS DIPLOMÁTICAS EN EL CAIRO

-Hace 50 años el autor, diplomático mexicano, vivió una gran aventura en Egipto, una historia que nos enseña y cuenta lo que sucedió en aquella guerra entre egipcios e israelíes que vivió él en El Cairo, y mucho más que nos dirá que la vida en la diplomacia no es tan fácil como algunos creen…

Luis García y Erdmann*

Las vivencias de un diplomático amante del Mundo Árabe pueden ser interesantes, pero lo es más cuando el diplomático viajó y se apasionó tanto que esos lugares donde trabajó y vivió para el Servicio Exterior mexicano fueron su fuente de aprendizaje principal. Hoy Luis García y Erdmann, amigo y colaborador de La Voz del Árabe, nos presenta este montón de vivencias que, si bien él solamente sabe ya que son parte importante de su vida, para nosotros como lectores serán interesantes asegurando que por ellas aprenderemos mucho, como ha sucedido… 

EL PRINCIPIO – El día 29 de abril de 1973, llegué a El Cairo acompañado de mi esposa en mi primera adscripción en el Servicio Exterior Mexicano. Experimentamos una gran emoción que aumentó al ver que nos esperaban miembros de la Embajada y el personal local, a quienes había conocido tres años antes cuando siendo estudiante universitario viajé a esa capital para asistir a los funerales del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, líder nacionalista, del panarabismo, del panafricanismo y uno de los pilares del movimiento no alineado. Nos hospedamos en el Nil Hilton, en una espaciosa habitación con una terraza con vista al Nilo, fuente de la civilización y vida egipcias. Tan apacible río con su largo curso desde el Lago Victoria en Uganda (río Kagera) en donde nace el Nilo Blanco y del Lago Tana en Etiopía, en donde nace el Nilo Azul para unirse en las cercanías de Jartum, Sudán y recorrer 6,853 kilómetros hasta desaguar en el Mar Mediterráneo.

Inicié labores el día del trabajo, el primero de mayo. Se me asignaron funciones consulares, comerciales, culturales, así como contribuir en la elaboración de los informes políticos. Después de buscar intensamente en donde vivir, nos decidimos por un departamento de dos pisos en lo alto de un edificio en la calle de Ahmed Hismat 11 en la isla de Zamalek, bordeada por el Nilo.

El Cairo, “la Victoriosa”, fue fundada el año 969, por Gawhar as Saqali, la antigua Fustat, es una ciudad cosmopolita, si bien es muy oriental, en la que sobresalen los altos minaretes de sus mezquitas, sus viejas construcciones son de color ocre, cubiertas de arena, de la que se dice caen seis toneladas diariamente; se respiran varios aromas que en ocasiones se entremezclan: fritanga, perfumes, incienso y orines, se decía que si perdía esos aromas dejaría de ser El Cairo. Es un destino al que muchos diplomáticos y sus familias llegan llorando y se van de igual forma, al despedirse de esta maravillosa adscripción. Desde sus altos y antiguos minaretes, los muessins llaman cinco veces a la oración, con lo que sentimos la religiosidad musulmana con sus fieles postrados rezando. En la época del Ramadán, en que el horario habitual se transforma y la dinámica actividad cairota se aletarga hasta la puesta del sol, cuando los seguidores de Mahoma rompen el ayuno, comparten los alimentos con los familiares y con los pobres. Y ya en la noche los comercios, restaurantes y calles vuelven a la agitada normalidad.

En esa época en la azotea del edificio, es decir arriba de nuestro techo, vivían sus últimos días las ovejas con su balido, antes de ser sacrificadas para la festividad de Eid al-Fitr, fiesta de la ruptura del ayuno que marca el fin del Ramadán. La gente estrena ropa y otros artículos y se reúne con familiares y amigos a compartir comidas especiales y se dan regalos a los niños. Por las noches vendedores ambulantes ofrecen sus coronas de perfumados jazmines.

Tuvimos un excelente personal doméstico con Mohamed y luego Salama, el primero cocinaba sabrosos guisos árabes y occidentales, tanto es así que llegué de 47 kilos tras el desgaste de varias semanas por los exámenes de ingreso al Servicio Exterior y en un año salí con 75 kilos de peso. Nos tocó vivir el jamazin, es decir, las tormentas de arena provenientes del Sahara que nublan la visibilidad y dos días obligaron a suspender las actividades por la arena volátil que golpeaba el rostro, por lo que no hubo trabajo y nos mantuvimos en casa.

Los habitantes visten tanto a la occidental como su indumentaria tradicional: las mujeres con sus kaftanes y velos negros que las aíslan del calor y los hombres con sus galabillas y pijamas con las que andan por las calles. El tráfico es caótico, los autobuses viejos, con su lento rodar por el sobrepeso de muchos pasajeros de más que incluso bajan por las ventanillas, en varias ocasiones el cofre de mi coche les sirvió a pasajeros de escalón para llegar al piso. Los taxis con sus intrépidos choferes imprimen velocidad a los autos y los transeúntes deben correr y brincar para atravesar las calles y si chocan como nos pasó recién llegados, los choferes descendieron de los vehículos se gritaron como si se fueran a matar a golpes y luego la cordial despedida. Antes de encender el motor se toca el claxon y la mano raramente deja de pulsarlo y así se va abriendo paso entre carretas tiradas por bestias, el eventual cruzar de ovejas y en ocasiones de camellos.

La situación política del país era difícil, el presidente Anwar el Sadat quien había crecido a la sombra de Gamal Abdel Nasser, asumió la titularidad del poder tras la desaparición del Rais en septiembre de 1970. Sadat inició el proceso de desnasserisación que incluyó alejar a los colaboradores del extinto mandatario. Imperaba la situación de “no guerra, no paz” con Israel, mucho del presupuesto estaba destinado al rubro militar, y el socialismo árabe no daba respuesta a la población empobrecida. El presidente Muamar Kadhafi de Libia insistía en la unificación inmediata con Egipto, Sadat daba largas al asunto y mostraba signos de apertura hacia Washington y de desacuerdo con el dirigente soviético Leonid Brehznev, en el medio diplomático se vivía de rumores.

En cuanto a mi trabajo, seguía con suma atención los acontecimientos de la política interna y principalmente externa que era el tema de los informes que yo redactaba, la actividad diplomática era intensa, con las muy frecuentes visitas oficiales de los dignatarios árabes y africanos principalmente. Mi primer jefe fue Ricardo Calderón Villaverde quien fungía como Encargado de Negocios a.i. cuando llegué a El Cairo y posteriormente tuve dos embajadores Celso Humberto Delgado y Roberto de Rosenzweig Díaz.

En cuanto a las visitas importantes que atendió la embajada, estuvo la del ingeniero agrónomo estadounidense Norman Ernest Borlaug, padre de la Revolución Verde, de la agricultura moderna y Premio Nobel de la Paz 1970. También se le conoce como “el hombre que salvó 1000 millones de vidas humanas”[1]. La del Lic. Fernando Solana, director de Planeación y Finanzas de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO) con el objetivo de negociar el adeudo que el gobierno egipcio tenía por la venta de granos, y a quien también se le ofreció una comida. Posteriormente llegó el licenciado Antonio Carrillo Flores, ex secretario de Relaciones Exteriores quien venía de participar en la Conferencia Mundial de Población en Bucarest.

En El Cairo había más de cien embajadas, reflejo de la importancia internacional del país, así la vida diplomática era intensa y pronto empezamos a conocer a los colegas de todas partes del mundo, nuestros colegas más cercanos fueron de Venezuela, Colombia, Cuba, Panamá, Argelia, Checoslovaquia, Hungría y Japón. Tras la indispensable siesta se reiniciaba la actividad con las recepciones y cocteles en las embajadas, que no son reuniones sociales como unos piensan, sino de trabajo. En ocasiones, al finalizar estas, íbamos al Sahara City, el camino era interesante se veían las siluetas de las pirámides con el resplandor de la luna, se atraviesa una porción de desierto hasta llegar a la enorme carpa en el desierto que alberga el cabaret con variedad de danzas árabes y africanas.

En cuanto a nuestras actividades culturales y de esparcimiento, visitamos innumerables ocasiones el Museo Egipcio de Antigüedades, de estilo neoclásico, inaugurado en 1902, en las proximidades de la Plaza del Tahir. Al adentrarse en el museo da la sensación de ser un explorador al ingresar a una tumba, la iluminación es tenue y los costales de arena a los pies de las enormes estatuas como protección para posibles ataques aéreos israelíes. Como es lógico lo que más impresionante es el tesoro de joven faraón Tutankhamón (1342-c.-1325 a. C.), hijo de Akenatón. Destacan principalmente la máscara funeraria de oro, los sarcófagos, las cajas de los vasos canopes en donde se depositan las vísceras, el mobiliario con camas y sillas; dentro de las muchas piezas que descubrió Howard Carter en su tumba en el Valle de los Reyes en 1922.

Uno de los grandes paseos era ir a Gizah para visitar las pirámides, una de las siete maravillas del mundo, que datan de unos 4600 años y que corresponden a la IV dinastía. La pirámide de Keops (Kufu) cuya cúspide tiene la cubierta original y se dice contiene la relación de acontecimientos que restan para el fin del mundo. Ingresamos a la misma, subimos por una rampa de madera con peldaños por el pasillo angosto y semi obscuro. Al final un recinto sin ninguna decoración con un sarcófago abierto y en la cúspide unos respiraderos ¡otro momento memorable!, de privilegio, de dejar volar la imaginación para transportarse al pasado y luego descender en reversa por la misma rampa, pues no se podía dar la espalda, era como de homenaje a las divinidades, es toda una experiencia. A unos pasos está la Esfinge, monumental escultura con cuerpo de león, esculpida en el siglo XXVI a.C. También contemplamos las pirámides de Kefren (nombre griego) Jafra y la menor de Mikerinos (Micerinos)

En algunas ocasiones montamos a camello y a caballo en el desierto, incluso tomamos clases de equitación en el Club Deportivo Gezira. Cabalgar en el desierto es una experiencia única, se siente uno libre en las arenas sin fin, ante la inmensidad del desierto del Sahara. También nuestras visitas incluían recorridos por las numerosas mezquitas de las que sobresale la de Mohamed Ali, gobernador otomano que gobernó Egipto, entre los años 1830 y 1848 y separó el país del imperio otomano. Se encuentra en la cima de la colina de Mokattan que alberga la Ciudadela de Saladino, fortificación islámica construida por el gran gobernante del mundo musulmán en 1176. Mezquita que también se le conoce como mezquita de alabastro, recubierta de dicha piedra blanca, desde ahí se aprecia en la lejanía las pirámides de Gizah, se tiene una magnifica panorámica de El Cairo de la que sobresalen sus minaretes, principalmente las de las cercanas mezquitas de Hassan y el Rifai.

La mezquita de Hassan es impresionante por su gran tamaño, es una de las más grandes del mundo, tiene una longitud de 150 m y ocupa una superficie de 7906 m2. Sus muros tienen una altura de hasta 36 m y su minarete más alto es de 68 m.  se terminó de construir en 1363.

La mezquita Al-Rifa’i se edificó en dos fases entre 1869 y 1912, tiene una superficie de 1767 metros cuadrados y es el santuario funerario real, en donde reposan los restos de algunos de los miembros de la familia real, entre ellos el rey Faruk, pero también el Sha Mohamed Pahlevi de Irán, en donde también estuvieron los restos de su padre Reza Sha

En el recorrido por El Cairo Antiguo, es decir el copto o cristiano, se visita la iglesia de Abu Serga que data del sigo IV o V. y según la tradición está ​ edificada en el lugar en que vivió la sagrada familia durante su estancia en Egipto. La iglesia está dedicada a los

santos mártires Sergio y Baco, soldados romanos, cuyas reliquias se guardan en la iglesia y la iglesia colgante, o Al Muallaqa, su nombre se debe a que su nave principal se construyó sobre la fortaleza romana de Babilonia, se considera que data del siglo III d.C., la fachada actual es del siglo XIX.

El bazar de Khan el Khalili, es quizás el más famoso del mundo, conserva el exotismo de oriente, el sabor del pasado, sus orígenes se remontan a 1382, fecha en que lo mandó construir el emir Dyaharks el Jalili o Khalili como un caravanserai, es decir un alberge para los comerciantes con sus mercaderías y bestias. En sus angostas y sombreadas callejuelas se alinean las tiendas pequeñas que exhiben su variada artesanía que incluye joyería artículos de piel, muebles y cacharros de metal y algunos talleres, los cuales también se encuentran en sus inmediaciones, con el martilleo para el repujado sobre el metal, vemos muchachos pasar presurosos  con las charolas con los vasos de té para los clientes, indispensable para el regateo, para la competencia entre vendedor y comprador que es todo un arte, del cual siempre saldrá victorioso el comerciante. Como gozamos las idas al bazar y las adquisiciones que hicimos.

Cerca de Khan Khalili está la célebre universidad religiosa de Al Azhar de esplendida arquitectura, fundada en el año 975 de la rama chiita y posteriormente sunita. Es el centro escolar musulmán más prestigiosa del mundo, y tiene además de las materias religiosas, las facultades de medicina, ingeniería, agricultura y otras. Contiguo está la Ciudad de los Muertos, es un gran conjunto de impresionantes mausoleos y tumbas en donde viven los parientes de los difuntos, ya sea por estar cerca de ellos o por necesidad al no tener otro lugar donde habitar, tiene una población de cerca de trescientos cincuenta mil habitantes.

El 5 de octubre de 1973 fuimos a una cena en casa de Astrid Galindo, canciller de la embajada y de su marido egipcio Yusuf en Garden City, a la vuelta de la casa vimos muchos autobuses estacionados y muchas mujeres y niños reunidos para abordar los vehículos, no se necesitaba de mucha imaginación para saber que eran los familiares de los diplomáticos y técnicos del bloque socialista, lo cual me confirmó algunos rumores de que algo ocurriría en esa época. A la mañana siguiente, 6 de octubre, hubo desde temprano una nueva señal de que algo inusual acontecía, nos enteramos cuando nuestro amigo Bitar, ministro en la embajada de Uruguay en Beirut no pudo viajar a la capital libanesa pues el aeropuerto estaba cerrado.

Esa tarde llegó Mrs. Dickens mi maestra de inglés, quien trabajaba en la embajada británica y me daba clases para perfeccionar mi acento, por ella supimos que en el centro había ambulantes pintando los faros de los automóviles de azul, no hubo clase, sino una breve conversación sobre que procedía hacer. Cuando salíamos del edificio llegó Federico Borja, Encargado de Negocios a.i. de Venezuela con su chofer, abordamos el auto para ir al Hotel Sheraton a ver las noticias en el fax, pero ya no funcionaba, en el camino vimos las largas filas frente a las tiendas de comestibles, había mucho nerviosismo y los anaqueles se vaciaban a velocidad vertiginosa, por lo que preferimos ir al Free shop en donde compramos algunos de los pocos alimentos enlatados que quedaban, a la vez adquirimos papel azul obscuro para empapelar las ventanas de forma que no se filtrara la luz hacia afuera ante los posibles bombardeos, tal como indicaba el gobierno egipcio.

El 6 de octubre la guerra que se conocería como del Ramadán o del Yom Kipur para los judíos, en ambos casos festividades religiosas había estallado, el ejército egipcio cruzó el Canal de Suez, en un puente de barcazas, penetró en el Sinai, mientras que el ejército sirio apoyado por tropas de Jordania e Irak llegaba a los altos del Golán en Siria. Esa mañana empezaron a llegar a la embajada turistas mexicanos a quienes tranquilizamos, les expresé que era difícil que los israelíes se atreviesen a bombardear a una ciudad tan populosa como El Cairo. Por otra parte, estaba el rumor de que, en caso de desesperación, los judíos bombardearían la presa Nasser que arrasaría con todo. Los compatriotas viajaban independientes y no en excursión, en su mayoría mujeres, eran en total veinte con los cuales estuvimos en contacto permanente. Hicimos amistad con Sara Ochoa, y otros compatriotas con quienes convivimos unos días y luego lo haríamos en México. Tras largas gestiones con las autoridades y obtenidas las seguridades de plena seguridad y acompañados por funcionarios de la Embajada, se transportaron a los turistas mexicanos en un convoy con muchos otros turistas de varias nacionalidades a Alejandría, en donde los embarcaron rumbo al Pireo, Grecia. Diana, mi esposa se incorporó al grupo de damas diplomáticas atendiendo el llamado de la señora Sadat, esposa del presidente, para contribuir en la elaboración de sábanas y vendas para los heridos.

La radio tocaba marchas militares y difundía comunicados de guerra, nosotros sintonizábamos las estaciones europeas. El ejército egipcio al cruzar exitosamente el canal de Suez terminó con el mito de la línea Bar lev, supuesta barrera inexpugnable que incendiaría la orilla oriental del canal, el entusiasmo de los egipcios era indescriptible, al igual que los avances sirios en los Altos del Golán. Mientras otros países árabes enviaron sus contingentes en apoyo de la ofensiva egipcio-siria en esta guerra del Ramadán

Leía la prensa egipcia en sus ediciones en francés e inglés The Egyptian Gazette, le Journal Egyptian, y Le Progrés Egyptian y las traducciones de los diarios egipcios Al Ahram y al Gumhuriya que describían los avances egipcios en la Península del Sinaí, la diplomacia egipcia se mantenía muy activa, los Estados africanos día a día rompían sus relaciones con Israel, como muestra de la unidad panafricana y se iniciaron las conversaciones para establecer las bases para poner fin a las hostilidades.

En nuestro acontecer cotidiano, manteníamos en casa por la noche lo mínimo de luces encendidas, en el barrio donde vivíamos se concentraba la mayoría de las embajadas. Habían cavado zanjas en que estaban apostados soldados. Por las noches caminábamos en la obscuridad tres cuadras al departamento de mi colega venezolano para ver noticieros en la televisión e intercambiar noticias.

La vida cairota seguía su curso, con el nerviosismo de quienes tenían algún familiar en las líneas de fuego, el ulular de las sirenas anunciado posibles bombardeo israelís nos tomó por sorpresa en más de una ocasión en  los puentes para cruzar el Nilo, por lo que debimos abandonar el coche junto con los demás automovilistas y correr a la orilla; en otras ocasiones las sirenas nos despertaron junto con la algarabía de los vecinos, pero con tantos pisos que bajar nos quedábamos tranquilos, seguido se escuchaban a lo lejos las explosiones.

Había grandes letreros advirtiendo a la población de no recoger plumas y encendedores pues podrían ser bombas. Se desarrollaba una fluida actividad diplomática con emisarios de los Estados árabes y africanos mostrando su solidaridad y mediadores de varios países para concertar la paz. Estados Unidos mandaba equipo militar que entregaba casi en la misma zona de batallas a los israelíes, mientras que la Unión Soviética suministraba ayuda a los países árabes. Seguíamos con interés las noticias y luego vino el desencanto cuando frente a la euforia triunfal de los contingentes egipcios en su avance, los israelís los envolvieron.

De cualquier forma fue un triunfo para los egipcios que recuperaron la confianza, que no sólo luchaba contra la entidad sionista, sino con Estados Unidos pues su ayuda era más eficaz que la soviética. Además, fue un triunfo para el pueblo árabe y en general para todos los seres humanos defensores de la paz y de la justicia, conscientes de que, en la actualidad conforme al derecho internacional y la convivencia civilizada, los territorios ganados en conflictos deben ser devueltos. Finalmente, el acuerdo de alto el fuego entre Egipto e Israel se firmó el 11 de noviembre de 1973.

Dimos un coctel de despedida a la que asistieron numerosos amigos tanto egipcios como varios diplomáticos, reunión de la que guardamos excelentes recuerdos 

  Al dejar Egipto nos fuimos con la impresión de que su pueblo es uno de los más cordiales y hospitalarios del mundo y su comida es exquisita. México, diciembre de 1974.

*Lic. Luis García y Erdmann – Su primera adscripción en el Servicio Exterior Mexicano fue en la Embajada de México en Egipto. Es director para asuntos internacionales y colaborador en La Voz del Árabe. Escribe a Luis: garciayerdmann@hotmail.com

[1] Colaboró en el establecimiento del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo en México (CIMMYT). Sus investigaciones crearon las semillas hibridas de trigo y maíz, incrementaron la producción agrícola en la India, Pakistán, China, Turquía, China y Argentina.

Imagen: 1- El autor y su esposa / 2- El autor, Ricardo Calderón, la esposa del autor, el embajador Celso Delgado y tres funcionarias de embajadas latinoamericanas. / 3- Al saludar al Lic. Antonio Carrillo Flores, la señora María Eugenia Spriu de Delgado el embajador Delgado. / 4- La pirámide de Keops y la esfinge. / 5- La mezquita de Mohamed Alí / 6- Interior de la mezquita de Mohamed Alí. / 7- Las mezquitas de Rifai y Hassan. / 8- Mezquita de Hassan. / 9- Iglesia de Abu Serga. / 10- Iglesia Colgante o de Santa María la Virgen, copta. / 11- Luis García, su esposa y el señor Mohamed Hamdi Abuzeid quien fuera embajador de Egipto en México y a la sazón ministro de Aviación Civil / 12- El embajador de México Roberto de Rosenzwei, su esposa Margarita Olloqui de Rosezweig, el autor y su esposa.

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La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, enero 9 del 2023

 

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