ANTE LA EMERGENCIA CLIMÁTICA DEBEMOS ACTUAR ANTE EL FRACASO POSIBLE DE LOS LÍDERES MUNDIALES

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– Resulta entonces que en esta hora crítica del mundo todos los habitantes de la tierra debemos actuar con la máxima urgencia, más allá del éxito o fracaso de las negociaciones diplomáticas y más acá de los liderazgos políticos

Emb. Jorge Álvarez Fuentes*

La COP26, la crucial reunión cumbre en Glasgow, ha iniciado con pocas expectativas de que las delegaciones de las naciones miembros de la ONU puedan alcanzar, en las próximas dos semanas, acuerdos de fondo sobre los ambiciosos objetivos necesarios para enfrentar la emergencia climática. Los informes previos de la Organización Meteorológica Mundial, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, no dejan ninguna duda sobre la urgencia y gravedad de la crisis que enfrenta la humanidad. Han transcurridos seis años desde el Acuerdo de París, y aun cuando el mundo entero reconoce ahora que estamos ante una última y decisiva oportunidad para salvar a la tierra, que sólo disponemos de una década para reducir de manera drástica las emisiones de dióxido de carbono, la imparable liberación y concentración de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, para detener el aumento constante de la temperatura en el planeta y evitar el incremento en los niveles y la acidificación de los mares, existe en la actual coyuntura geopolítica mundial una creciente desconfianza entre los líderes políticos y prevalecen profundas divergencias entre las naciones poderosas y aquellas en vías de desarrollo. Todo ello podría frustrar los enormes esfuerzos que son necesarios e impostergables para modificar la trayectoria en el cumplimiento de la principal agenda internacional destinada a enfrentar el mayor desafío existencial. La tierra es el único planeta que tenemos y del que dependemos; y la humanidad no tiene un plan B.

Resulta entonces que en esta hora crítica del mundo todos los habitantes de la tierra debemos actuar con la máxima urgencia, más allá del éxito o fracaso de las negociaciones diplomáticas y más acá de los liderazgos políticos cuyo desempeño está demostrando no estar a la altura de las responsabilidades, de los conocimientos científicos al alcance y de las necesidades presentes, incluidas las enormes posibilidades tecnológicas del desarrollo futuro de la sociedad global. El reclamo desesperado de la juventud y de los pueblos originarios es un imperativo moral que debemos atender, no sólo escuchar. Estamos frente a una colosal responsabilidad individual y colectiva, que debemos hacer nuestra, sin perder un sólo día, que exige la actuación concertada, si bien diferenciada, de todos, porque no se trata de una crisis sistémica, ajena a las formas y condiciones de vida de cada uno de quienes habitamos la tierra, que dependa sólo de las decisiones, capacidades e intereses de quienes, como mandatarios, tienen la responsabilidad de gobernar hoy.

En Glasgow debemos exigir que se mantenga a toda costa el objetivo de reducir a 1.5 grados el aumento de la temperatura del planeta, para impedir que siga aumentando, como está ocurriendo este año, hasta 2.7 grados. Que se acuerden nuevas contribuciones nacionales determinadas, mucho más ambiciosas, que puedan ser cumplidas de manera más rápida y en forma verificable. De esta conferencia de las partes sobre cambio climático debe salir una hoja de ruta claramente trazable, conocida y accesible para todos los habitantes de la tierra, que permita terminar con una normalidad que en los hechos está acabando con la vida; para que en 2030 cese el uso aceptable y generalizado de los combustibles fósiles. Necesitamos que los gobiernos y las empresas multinacionales, los bancos y las empresas financieras se comprometan efectivamente a descarbonizar la economía mundial, imprimiéndole a sus acciones la mayor urgencia y transparencia. Pero para conseguirlo, son los individuos, las empresas, las ciudades, los industriales y agricultores, las personas que vivimos en zonas urbanas y rurales, en las costas y en las tierras altas los que debemos apropiarnos del compromiso fundamental para reducir, de manera obligatoria, nuestra huella de carbono, respecto del uso, gestión y consumo del agua, de la protección y aprovechamiento de la biodiversidad y sobre todo del uso eficiente de la energía, en nuestras casas y en nuestros lugares de trabajo y convivencia. Ello implica cambios fundamentales en cómo y qué consumimos, en cómo operamos la circularidad de los sistemas alimentarios, cómo reducimos y disponemos de la basura y los desechos, en cómo nos transportamos, incluida la sustentabilidad de la transportación aérea y marítima, para obtener, rápidamente, energía de otras fuentes alternativas, como el hidrógeno y aquella de las mareas, además de la que provienen del sol y del viento.

Los gobernados debemos conseguir que los gobernantes, los consejos de administración y las empresas abandonen el curso de sus decisiones y acciones sobre programas e inversiones que se traducen en una deforestación constante y la destrucción de hábitats. Los individuos, las empresas, las organizaciones debemos hacernos cargo del impacto que nuestras decisiones, acciones u omisiones tienen sobre el medio ambiente, para entender que todos tenemos una muy importante contribución que hacer para reducir un 45% las emisiones de carbono en 8 años. Este no es sólo un asunto de los ministerios de medio ambiente, que competa a los ecologistas o bien otra preocupación de las 9 mil empresas que cotizan en las bolsas de valores en 50 países.

Hemos llegado a un punto de no retorno, en el que absolutamente todos debemos comprender que llegó la hora de actuar para cooperar y ejecutar las estrategias acordadas a fin de lograr la neutralidad climática en 2050. Por el bien y el futuro de la humanidad, basta de traiciones, urge reformatear el mundo. Los líderes somos nosotros.

 

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” – Colaborador en La Voz del Árabe@JAlvarezFuentes

Información: El Siglo de Torreón / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, noviembre 8 del 2021

 

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