BIDEN TAMPOCO PUEDE LIBERAR EEUU DEL SERVILISMO A ISRAEL

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-Parece que Biden tampoco puede liberar EEUU del servilismo que lo somete a Israel

Daniel Kupervaser

En estos días se cumplen los primeros 6 meses desde que Biden desalojó a Trump de la Casa Blanca y asumió el mandato como presidente de USA. Para muchos políticos y analistas vinculados a la problemática del conflicto palestino-israelí, este devenir pronosticaba un drástico cambio a la realidad de ese rincón del mundo que se configuró extremadamente en favor de Israel en los 4 años que precedieron a este acontecimiento. Se trataba nada menos que el fin de la función de Trump como marioneta manipulada por el expansionismo de Netanyahu, para dar lugar a una visión equilibrada en donde la Cancillería estadounidense pretendería liderar un proceso en donde el conflicto debería resolverse en base a la fórmula de dos estados garantizando un trato equilibrado a las partes involucradas. Las proclamas en la campaña electoral del candidato Biden fueron lo suficientemente precisas como para respaldar este pronóstico.

Las declaraciones oficiales, el posicionamiento de diversos sectores de la sociedad estadounidense y las primeras medidas de la nueva administración en este medio año transcurrido nos permiten evaluar esta nueva realidad. El objetivo es registrar la medida en que el gobierno de Biden supo ponerse firme en sus planes y testimoniar si la dinámica en el terreno responde al propósito de liberarse del servilismo hacia Israel que tradicionalmente somete a las administraciones estadounidenses para promover esa visión ecuánime.

Paralelamente a la toma de mando de Biden, distintos sectores de la sociedad estadounidense, entre ellos una parte importante de parlamentarios del partido demócrata de Biden, manifestaron públicamente su descontento por la conducta política de Israel y expresaron la necesidad de cambiar el rumbo del liderazgo de ese país. Una descripción se puede leer en mi nota “Se deshilacha la soga que sujeta el liderazgo estadounidense a Israel”, 1-6-21. Un significativo aporte a ese trasfondo creado con la asunción de Biden fue la fulminante nota de un distinguido miembro de la Universidad de Harvard. Para el profesor Stephen Walt, “Llegó el momento de poner fin a las relaciones especiales entre EEUU e Israel” ( https://foreignpolicy.com/2021/05/27/its-time-to-end-the-special-relationship-with-israel/).

El inicio de la cadencia de Biden fue muy prometedor. A pocos días de la toma de mando, su embajador en ONU detalló la visión del gobierno estadounidense ante el conflicto palestino-israelí. El diplomático acentuó que el nuevo gobierno apoyará toda solución de dos estados que sea aceptada por las dos partes. En contraposición con la administración de Trump, el gobierno de Biden se basará en consultas a las dos partes. “No se puede imponer la paz unilateralmente”, afirmó el embajador cuando reconoció que la situación es muy complicada. Biden se propone estimular a Israel y palestinos de manera que se pueda evitar la toma de decisiones unilaterales que dificultan la solución de dos estados como lo son la anexión, construcción en colonias y destrucción de viviendas palestinas. Posteriormente agrego: EEUU reabrirá las representaciones diplomáticas que se cerraron durante el gobierno de Trump, tales como las oficinas de la OLP en Washington y el Consulado Estadounidense en Jerusalén (“Biden administration lays out its policies on Israel-Palestine at the UN”, Axios, 26-1-2021).

El transcurso de este medio año parece ser suficiente tiempo como para impresionarse que, al mejor estilo levantino, las promesas de Biden fueron escritas sobre el hielo. Con el resplandeciente sol de Medio Oriente en muy corto tiempo desaparecen. Salvo un inesperado e insólito cambio de 180 grados en la dirección, Biden se desentiende de ese amplio trasfondo que demanda un drástico cambio respecto de Israel, para continuar en la senda que trazaron sus predecesores sometidos a intereses israelíes.

El caso de la colonia Eviatar demuestra que Israel continúa apropiándose y coloniza tierras palestinas bajo la presión de colonos extremistas y con el ejército a su servicio. Se trata de la vieja treta de usar al ejército para expropiar tierras palestinas “bajo el pretexto de seguridad” (la vieja mentira de las posiciones de avanzada de años atrás, Eajzuiot en hebreo), para posteriormente ser trasferidas a colonos judíos. No es más que retornar a los festejos de Pesaj de 1970 con la confabulación de la creación de Kiriat Arba ese año. Entonces, como hoy respecto de Eviatar, la administración estadounidense, y hoy con Biden a la cabeza, se tragan la lengua.

El mundo fue testigo de un destino muy similar a la exigencia estadounidense de no demoler viviendas palestinas en Cisjordania. Esta temática estuvo en foco en estos mismos días con la demolición de la vivienda de Muntasir Shalabi, que supuestamente llevó a cabo un ataque a tiros que mató a un adolescente israelí en mayo. Israel hizo caso omiso a la demanda del gobierno de Biden y demolió esa vivienda (“Estados Unidos presiona a Israel para que deje de demoler las casas de terroristas”, Israel Noticias, 8-7-2021). En Washington no abrieron la boca.

Cuando Biden afirmó que se propone reabrir el Consulado Estadounidense en Jerusalén, previamente cerrado por Trump, aparentemente imaginó que no habría problemas en obtener la necesaria autorización de Israel. No entendió quién tiene la sartén por el mango. El problema principal es su significado. Este consulado está destinado a funcionar, en la práctica, como embajada estadounidense ante la Autoridad Palestina. Por el momento, Israel no lo autoriza y Biden no tuvo otra alternativa más que agachar la cabeza cuando Bennet le “solicitó” que la apertura se postergue, por lo menos, por otros 3 meses (“Bennet solicita, Biden acepta”, Walla, 21-7-2021). También la reapertura de la oficina de la delegación palestina en Washington sorpresivamente no tiene fecha.

Las advertencias de Biden de no desalojar población palestina de sus viviendas en Cisjordania le entró al liderazgo de Israel por un oído y le salió por el otro. Las aplanadoras no se detienen. Días atrás el diario Haaretz tituló una nota “La administración civil del ejército de Israel desalojó decenas de familias de la aldea Humsa Al-Bqai’a del valle del Jordan” (Haaretz, 7-7-2021) y Washington ni chistó.

Nada sorprende de esta conducta sumisa a intereses israelíes por parte del presidente de turno de Estados Unidos de Norte América, pese a ser la primera potencia del mundo con un descomunal poder de influencia. Si bien, solo transcurrió medio año de su primera cadencia de 4, con seguridad no escapa de sus planes que en los próximos meses comienzan los preparativos de las criticas elecciones legislativas de mitad de cadencia. Ante esta situación, la conducta de Biden insinúa que también él no podrá liberarse de esa ecuación que demuestra sólida estabilidad durante las últimas décadas en todo liderazgo estadounidense, tanto demócrata como republicano: masiva financiación de bolsillos judíos a campañas electorales, paralelamente a un apoyo incondicional a intereses israelíes por parte de la administración triunfante.

Parece que Biden tampoco puede liberar a Estados Unidos de América de ese servilismo que lo somete a Israel. Ojalá me equivoque…

Daniel Kupervaser – Herzlya – Israel 28-7-2021 – http://daniel.kupervaser.com/ – kupervaser.daniel@gmail.com  @KupervaserD

 

Información: PalestinaSoberana / Imagen: LVÁ

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, julio 29 del 2021

 

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