46 AÑOS DEL ASESINATO DEL REY FAISAL DE ARABIA SAUDITA

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-Faisal Ibn Musaed Ibn Abdul Aziz fue asesinado el 25 de marzo de 1975.

El príncipe Faisal Ibn Musaed Ibn Abdul Aziz, se acercó a presentar sus respetos al rey Faisal e inesperadamente sacó una pistola de entre su ropa y le disparó mortalmente. Según el comunicado emitido por la radio estatal saudí, el príncipe Faisal se hallaba perturbado mentalmente, por lo que el asesinato no obedeció a ningún tipo de conspiración política. Una vez confirmada la muerte del rey Faisal, su hermano Jaled fue inmediatamente designado como su sucesor, acto que se interpretó internacionalmente como un indicio de continuidad con el régimen anterior. El príncipe Faisal sería finalmente juzgado y decapitado por asesinato.

En Riyadh, capital de Arabia Saudita, el 25 de marzo de 1975 se celebraba el Día del Profeta Mohammad y el rey Faisal, monarca absoluto de Arabia Saudita, convertido ya en el gran líder del mundo árabe y en el más valioso y peligroso aliado de Estados Unidos en Medio Oriente en la lucha contra el comunismo, ofrecía una recepción en el palacio real.

En la fila para presentarle los respetos, la salutación, el hijo del hermano paterno del rey, Faisal Bin Musaid, charlaba con miembros de la delegación kuwaití. Cuando el monarca lo vio y se acercó a saludarlo, su sobrino sacó una pistola y le disparó tres veces a quemarropa antes de ser reducido por los guardias. Una de las balas se perdió, las otras dos impactaron en la cabeza de su tío. El rey falleció poco después en el hospital.

Así, a tiros, acababan el 25 de marzo de 1975, hoy hace 46 años, el reinado y la vida de una figura capital no solo en la historia del reino saudita, que él convirtió en un Estado con apariencia de moderno e incluso sofisticado, pese a preservar incólumes tanto sus ancestrales modos tiránicos como su ferviente islamismo de raíz extremista.

Faisal fue también el gobernante que por primera vez descubrió al mundo la magnitud de la fuerza del petróleo como arma política. Lo hizo por las malas, cerrando el grifo del oro negro como castigo por el apoyo estadounidense y europeo a Israel en la guerra árabe-israelí de 1973. Y ni por esas dejó de considerar a Estados Unidos un socio de primer orden en Medio Oriente. No en vano, el rey combatió con ferocidad el comunismo en plena guerra fría. A su estrategia de lucha contra la amenaza roja, de hecho, le debemos la parte más inquietante de su legado. Fue durante su mandato cuando Arabia Saudita empezó a exportar masivamente, además de crudo, el otro gran fluido que siempre ha corrido por sus venas: el wahabismo, la corriente más obstinada, belicosa y extremista del Islam, el caldo de cultivo en el que se fraguarían a fuego lento los talibanes, Al Qaeda y el Isis.

Faisal fue el segundo, por orden de supervivencia, de los 45 hijos varones, y de los 36 que llegaron a adultos, que tuvo Abdulaziz bin Saud, que, tras unificar a las tribus y conquistar La Meca y Medina, fundó en 1932 el moderno Estado saudita.

También tuvo hijas de sus dos docenas de esposas, pero como las mujeres carecían de derechos sucesorios, al parecer nadie llevó la cuenta de las féminas. Con esa prole, normal que, desde que el padre de la patria le dio a esta su apellido, allí todo, también el magnicidio de Faisal, haya sido un asunto de familia. Hoy, la dinastía cuenta con miles de miembros, multimillonarios la gran mayoría.

Faisal Ibn Musaed Ibn Abdul Aziz, primero creó un Estado y luego encontró en sus entrañas un tesoro incalculable, el elixir para convertir aquel desierto en uno de los rincones más ricos de la Tierra. Tras el hallazgo del oro negro, en 1938, llegaría la diplomacia. En 1945, el monarca cerró con Roosevelt el famoso pacto por el que los sauditas suministrarían petróleo a los Estados Unidos y estos, a cambio, les proporcionarían seguridad. Un acuerdo que se ha mantenido hasta hoy contra viento, marea y auge del integrismo financiado desde Riyadh.

Nacido en 1906, Faisal Ibn Musaed Ibn Abdul Aziz, soldado desde los 13 años, se convirtió pronto en hombre de confianza de su padre. A los 19 años ya era gobernador, a los 26, con la creación del nuevo Estado, ministro de Exteriores. A la muerte de Abdulaziz, en 1953, le sucedió su hijo mayor, Saud. Pero el devoto, astuto y paciente príncipe Faisal fue ganando desde entonces apoyos y terreno mientras su titubeante hermano los perdía, hasta que en 1964 le derrocó y se alzó con el poder.

El nuevo rey, más austero que a diferencia de su padre, siempre fue monógamo y solo tuvo cuatro esposas, conforme a la tradición islámica, inició el proceso de nacionalización del petróleo y empezó a cosechar los frutos de la prosperidad económica: erradicó formalmente la esclavitud, creó un sistema de seguridad social, disparó la inversión en educación, abrió las primeras escuelas femeninas, por iniciativa de su cuarta mujer, y modernizó las infraestructuras y la imagen del país.

Durante su reinado, “un desierto salpicado de tiendas beduinas y rebaños de camellos se convirtió en una postal de edificios futuristas y autopistas de coches último modelo”, escribe la periodista Ángeles Espinosa en El reino del desierto. Arabia Saudita frente a sus contradicciones (Aguilar; 2006). Bajo la postal glamourosa, eso sí, el régimen siguió siendo el tiránico cortijo de la familia real, con un único contrapoder a tener en cuenta, el de los líderes religiosos.

El golpe sobre la mesa con el que Faisal hizo temblar a Occidente llegó en el otoño de 1973, con la guerra del Yom Kippur. En La casa de Saud (Los libros de la catarata; 2013), Javier Martín, experto como Espinosa en Medio Oriente, se recuerda que ya había habido un primer conato de embargo petrolero por parte de la OPEP en la primavera de 1967, en los preliminares de la Guerra de los Seis Días, para frenar las ambiciones israelitas, pero finalmente no se aplicó porque los sauditas no dieron su visto bueno.

La experiencia sirvió para que, seis años después, en una situación similar, sí se optara por cortar el suministro a sus clientes occidentales a modo de castigo, “lo que no solo le reportó al rey Faisal ese título de héroe de los árabes que había quedado huérfano” tras la caída en desgracia de su enemigo Abdel Nasser, relata Martín, “sino que rebosó las arcas nacionales y disparó la influencia política de Arabia Saudita”.

1975 Rey Faisal de Arabia Saudi muere asesinado – Faisal bin Abdelaziz

https://www.youtube.com/watch?v=gwMSWzo39pA

King Faisal (1967) – https://www.youtube.com/watch?v=pxn7Ucu4aHs

King Faisal Arrives to a Royal Welcome by Queen Elizabeth II (1967) 

https://www.youtube.com/watch?v=qnqjQqFQZJ0

وثائقي عن الملك فيصل بن عبدالعزيز King Faisal of Saudi Arabia https://www.youtube.com/watch?v=70ROSKdlykc

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La Voz del Árabe (LVÁ) – ESPECIALES – Cd. de México, marzo 26 del 2021

 

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