LA CASA DE LOS AZULEJOS EN LA CdMx

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– En 1917 el palacio es rentado por los hermanos Walter y Frank Sanborn para establecer una de las cafeterías más concurridas de la ciudad en ese entonces…

La Ciudad de México es conocida como la Ciudad de los Palacios, su grandeza y espectacularidad cuando se mira de frente cada uno de ellos casonas, edificios, construcciones que ocupan su lugar exacto cada uno en cada calle y avenida de la gran ciudad, hermosa metrópoli que fue construida hace varios siglos, su historia es larga, con sus aciertos y errores ha sido vivida por millones de habitantes, oriundos y extranjeros la han visitado, de México y del mundo, todos quedan admirados ante tales construcciones, los palacios erguidos apuntando al cielo nos miran cuando pasamos a su lado, viven las piedras que forman muros y bardas que hablan, la historia que han vivido y ha pasado por ellos, a su lado y sobre ellos son los más fieles testigos de que México es grande y siempre lo ha sido…

La Casa de los Azulejos es un palacio, hoy una cafetería, cuando vengas a la ciudad de México, la capital, es forzosa la visita a este lugar, se vive y respira historia cuando te encuentras dentro, la mente empieza a imaginar a los primeros dueños, condes y condesas, virreyes de la época visitando el palacio, más tarde lo revolucionarios tomando café y comiendo un pan dulce, pero hoy es un restaurante de la cadena Sanborns que siempre te sugiere un café y un pan, un buen desayuno o cualquier cosa, tan solo entrar para ver uno de los primeros elevadores de la ciudad, quizá del país, ahí está, quieto esperando a una persona que no pueda subir caminando las escaleras, y así el palacio hoy almacén es digno anfitrión netamente mexicano que te hará pasar un rato de placer y quizá relajamiento, visítalo cuando estés aquí…        

La casa de los Azulejos o palacio de los condes del Valle de Orizaba, como también se le conoce, es un palacio ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México, más precisamente entre las actuales calles de Madero y Cinco de Mayo. El inmueble fue construido durante la época virreinal, se le conoce comúnmente por este nombre, más que por el título nobiliario de quienes le habitaron, debido a su cubierta de azulejos de talavera poblana que recubren la fachada exterior del edificio y hacen de esta obra una de las joyas de la arquitectura civil del barroco novohispano.

En el siglo XVIII se conocía con el nombre del Palacio Azul. Durante el periodo virreinal fue la residencia principal de los Condes del Valle de Orizaba, uno de sus descendientes ordenó revestirle todo su exterior de azulejos en el siglo XVIII, con los trabajos en cantera de los balcones y molduras, que es como llegó el edificio a nuestros días.​ Fue habitado por los descendientes de la familia condal hasta recién consumada la Independencia de México, a comienzos del siglo XIX, cuando la propiedad fue adquirida por varios personajes destacados del país, hasta cambiarle el uso residencial, que es cuando el inmueble llegó a convertirse en la sede del conocido Jockey Club de México (1881),  posteriormente, por un breve periodo en la Casa del Obrero Mundial. También fue residencia de los Yturbe Idaroff. ​ Desde principios del siglo XX es la casa matriz de una conocida cadena de cafés, restaurantes y tiendas departamentales de México, Sanborns. El edificio constituye uno de los principales símbolos de la ciudad, así mismo uno de los principales puntos turísticos de referencia de sus habitantes.

Se sabe que la construcción original fue levantada en el siglo XVI, en realidad se encuentra conformada por la unión de dos casonas señoriales de las cuales, la que se ubicaba en un principio hacia el lado sur, era la que pertenecía, junto a la llamada Plazuela de Guardiola al señor Damián Martínez. Dichas propiedades, aunque separadas por un callejón, se ubicaban frente a la transitada y comercial Calle de Plateros, frente al Convento de San Francisco el Grande de la CdMx hereda una de sus propiedades que se encontraba anexa a la casa a su hijo que era la casa Norte, por lo que Don Luis fue el primero de la familia en habitar las casas, las cuales ordenó unir,​ las mandó reparar, aunque no le dio el aspecto que actualmente posee el inmueble.

El aspecto actual del palacio no se le debe a Don Luis, se le debe entonces uno de sus descendientes, Doña Graciana Suárez de Peredo, quien para ese tiempo ya ostentaba el título de la Quinta Condesa del Valle de Orizaba, ella vivió en la ciudad de Puebla desde su casamiento hasta la muerte de su esposo, en el año de 1708, que es cuando en ese año toma la decisión de regresar a la capital del Virreinato de la Nueva España y decide hacer uso del inmueble. Entonces, para el año de 1737, viendo la condesa el estado de deterioro que tenía el palacio y otras propiedades que poseía en la ciudad, se ve en la necesidad de solicitar la reparación de todas, especialmente en la que fija su residencia frente a la entonces Calle de Plateros, a la cual desea embellecer no solo con el trabajo de la cantería, sino que ordena al arquitecto que la fachada del edificio sea totalmente recubierta con azulejos poblanos, cuya tarea fue encomendada al maestro Diego Durán Berruecos. Este no solamente lleva a cabo la labor solicitada, sino que realiza también los trabajos realizados en cantera labrada de los arcos, columnas, rodapiés y cornisas de puertas y ventanas, así como de las balaustradas, resaltando aún más la belleza de los azulejos en el edificio.

Recién consumada la Independencia de México, el 27 de septiembre del año de 1821, en la entrada triunfal a la Ciudad de México en la aun llamada Calle de San Francisco por parte del Ejército Trigarante al mando de Agustín de Iturbide, es levantado un arco del triunfo engalanado con flores, guirnaldas y alegorías pintadas en los soportes de dicho arco que representaban al nuevo gobierno, cuya hechura y detalles fueron elaborados por artesanos de la ciudad. En ese momento se le hizo la entrega de las llaves doradas de la ciudad a Iturbide por parte del Ayuntamiento. El suceso fue plasmado en la acuarela titulada como la Entrada del ejército Trigarante a México, de autor anónimo. A la derecha de la obra, aparece la Casa de los Azulejos, cuyos balcones lucen engalanados por terciopelos de color carmesí. ​

Poco tiempo después, con la abdicación de Iturbide, los títulos condales así como demás títulos nobiliarios que fueron otorgados por el Rey de España fueron suprimidos, por lo cual los escudos nobiliarios de las fachadas fueron borrados de los palacios y las casonas señoriales de México, en el caso de la Casa de los Azulejos no fue la excepción.

Uno de los sucesos que acontecieron en esta casa y marcó una tragedia en sus habitantes, fue el asesinato del ex-conde Andrés Diego Suárez de Peredo, descendiente de Don Rodrigo de Vivero a manos del oficial Manuel Palacios, ocurrido al bajar las escaleras del patio del palacio. Tal crimen sucedió durante el Motín de la Acordada, cuando se desató el saqueo en la ciudad. Los hechos refieren a una venganza por parte de Manuel Palacios en contra del ex-conde, quien se oponía a que Palacios tuviera una relación formal con una joven de la familia. El oficial, una vez encontrado culpable del crimen fue sentenciado a garrote vil, ​ ejecutado frente a la llamada Plaza de Guardiola.

La casa continuó en manos de los descendientes del conde hasta el año de 1871, que fue habitada por la última descendiente del título del condado del Valle de orizaba, también en ese año se decide ponerla en venta, siendo adquirida por un abogado de apellido Martínez de la Torre, fue el dueño de la propiedad tan solo por seis años debido a su muerte, por lo que es puesto en venta de nuevo pasando a manos de la familia Yturbe Idaroff, quienes fueron los últimos habitantes en darle uso residencial al palacio.

Don Felipe de Yturbe y del Villar, deja la propiedad a su primogénito Don Francisco-Sergio de Yturbe e Idaroff, este le encomienda al arquitecto Guillermo de Heredia la realización de los trabajos de readaptación del inmueble durante la apertura de la Calle Cinco de Mayo, por lo cual la parte norte del edificio se reduce en unos veinte metros, en el trabajo de sus respectivas fachadas se ordena cubrir con azulejos y labrado de cantera en las molduras de las ventanas, imitando el diseño original de la calle Francisco I. Madero.

El palacio perteneció a la familia Yturbe desde el año de 1878, pero todavía lo habitó hasta el año 1881, cuando la ofrecieron en renta, siendo la sede del Jockey Club de México, uno de los varios centros de reunión más exclusivos de la élite porfiriana, quien decidió ocupar tan imponente palacio en una de las avenidas más afrancesadas de la capital, que comenzaba a transformarse. Este centro de reunión, y los famosos salones dentro del inmueble, fueron inmortalizados en la obra de Manuel Gutiérrez Nájera, en uno de sus más conocidos poemas, titulado La duquesa Job, del cual se refiere uno de los fragmentos: «…Desde las puertas de la Sorpresa. Hasta la esquina del Jockey Club, No hay española, yanqui o francesa. Ni más bonita, ni más traviesa. Que la Duquesa del Duque Job…»

Durante la Revolución mexicana, en el año de 1915 se destina uno de los pisos del inmueble como la sede de la Casa del Obrero Mundial, uso que se le dio por poco tiempo ya que Francisco Yturbe recuperó la propiedad para que no fuera dañada al darle dicho uso. ​

En 1917 el palacio es rentado por los hermanos Walter y Frank Sanborn para establecer una de las cafeterías más concurridas de la ciudad en ese entonces, que se instaló originalmente en la calle de Filomeno Mata con un concepto innovador en la ciudad, el de una fuente de sodas y una farmacia, con el nombre de Sanborns American Pharmacy.​ Se hace una readecuación de casi 2 años para adaptarlo al concepto que introdujeron a México los hermanos Sanborn, le agregan aparte un restaurante, tienda de regalos y revistas, así como tabaquería, haciendo que desde su inauguración en  1919, fuera todo un éxito, hasta finales del siglo XX fue uno de los restaurantes cafetería más concurridos de la ciudad.

Entre las obras de arte que alberga el palacio en su interior, destaca el mural titulado Omnisciencia del pintor José Clemente Orozco, que abarca la pared norte de las escaleras principales de acceso al segundo nivel, el mural fue solicitado por orden de su amigo y mecenas, Don Francisco-Sergio de Yturbe e Idaroff, quién fue uno de los grandes impulsores del muralismo mexicano de su época. Dicho mural muestra a una sacerdotisa arrodillada, junto a ella se encuentran hombres alegóricos de la Voluntad y la Virtud.

Otro mural que sobresale es el que se pintó en las paredes del primer nivel, corresponde al patio principal, lleva el título de Pavorreales, fue realizado por el artista húngaro Pacologue, que se encontraba ex-profeso en Nueva York cuando se le informó del encargo solicitado, por parte de los hermanos Sanborn.

El 9 de febrero de 1931 el edificio es declarado monumento nacional de México.​ Asegurando preservar el inmueble como una hermosa muestra del patrimonio de México. Finalmente, en los años setenta el edificio fue adquirido por la cadena Sanborn’s a la entonces dueña, la señora Corina de Yturbe.​ por lo que se decide que el palacio recibiera una reestructuración, ya que el inmueble había sido dañado por los sismos y por el asentamiento de los edificios circundantes. En años pasados se logró restaurar en el segundo nivel el salón original del Jockey Club, rescatando sus colores originales.

El interior a pesar de haber sufrido varias modificaciones para adaptarlo a variados usos, no es motivo menos digno de admirarse. Destaca principalmente el gran patio central, de influencia mudéjar​ que, como ya se hizo mención, fue adaptado para su uso como patio del restaurante, destacando sus esbeltas y grandes columnas estriadas intercalando un saliente de follaje trabajo en la cantera. Dichas columnas sostienen las vigas de madera de los corredores y columnas del segundo piso. Los corredores todavía conservan la reja original, de hierro forjado, que se dice procede de China.

Otro de los elementos que destaca es la escalera, de la cual los guardapolvos, tableros y lambrines se encuentran también recubiertos de azulejos, así como el techo de la misma, en la que destacan los azulejos entre las pesadas viguerías. No menos dignos de atención, son los salones ubicados en el primer nivel, uno de ellos, el que corresponde al salón principal del Jockey Club, el cual fue restaurado, recobrando los trabajos de las molduras y yeserías tanto de las paredes como del techo. Así también, destaca el elevador, uno de los primeros en la ciudad.

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Información: MxEnciclpedia / Imagen: Agencia        

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, julio 24 del 2020

 

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