LOS RETOS DE LA PARTICIPACIÓN DE MÉXICO EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU

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-El ingreso por quinta ocasión al Consejo, tercero en este siglo, no puede ser visto como un fin en sí mismo, sino como un medio para alcanzar determinados objetivos de política exterior. Nuestro país estará ciertamente a favor de la resolución pacífica de las controversias y se pronunciará por la no intervención en los asuntos internos, promoviendo el diálogo y la cooperación internacional.

Emb. Jorge Álvarez Fuentes*

México será uno de los 10 miembros no permanentes del CSONU a partir de enero del próximo año, tras ser electo en representación de las naciones de América Latina y el Caribe. Para entonces, las convulsiones del mundo post Covid-19 y las repercusiones de la crisis global, hoy impredecibles, habrán cobrado plena fuerza. El que haya sido una aspiración transexenal, propuesta desde 2011, promovida y luego ratificada en 2019, al inicio del gobierno, haber realizado una buena campaña, aunado al prestigio ganado a lo largo de muchos años por el desempeño sobresaliente en la organización, explican el endoso regional y el respaldo conseguido, con 187 votos de 193. Puede darse por anticipado que el gobierno de México buscará proyectarse con su participación en el máximo foro mundial. Sin embargo, ello implica no sólo reiterar los principios de política exterior y refrendar su compromiso con el multilateralismo, sino promover y defender sus objetivos y procurar los intereses divergentes de la región. El objetivo declarado es ampliar nuestra capacidad de influencia en los asuntos mundiales, y, actuar con visión en favor de la paz en los inciertos escenarios geopolíticos internacionales y regionales. Ello exigirá participar constructivamente en los debates y en la adopción de las resoluciones sobre aquellas amenazas que pongan en riesgo la paz y la seguridad internacionales; y sobre temas que a los miembros permanentes les interese darles entrada. Si en las anteriores ocasiones no fueron misiones diplomáticas sencillas, mucho menos lo será en el bienio 2021 – 2022. Para asegurar una contribución positiva será indispensable una pronta y sólida labor de preparación para alcanzar una comprensión geopolítica amplia, detallada, oportuna y propia, respecto del conjunto de los asuntos de la agenda del Consejo y de aquellos escenarios de conflicto pronosticables, de Libia a Palestina y Venezuela. Ello va a requerir reforzar las capacidades de la Misión Permanente en Nueva York, contar con un equipo multidisciplinario sólido y ágil, con recursos, en la Cancillería y el diseño de un plan y una estrategia con objetivos y prioridades claros, los cuales deben contar con el respaldo e involucramiento del Jefe de Estado y conciten un amplio apoyo ciudadano. Se va a requerir, igualmente, la actuación coordinada y proactiva de los embajadores de México en el mundo. Serán múltiples los retos y las oportunidades para que esta nueva participación de México en el CSONU resulte relevante, que contribuya en los hechos a la aspiración nacional de una política exterior de estado, en una crisis del sistema internacional sin precedentes.

El ingreso por quinta ocasión al Consejo, tercero en este siglo, no puede ser visto como un fin en sí mismo, sino como un medio para alcanzar determinados objetivos de política exterior. Nuestro país estará ciertamente a favor de la resolución pacífica de las controversias y se pronunciará por la no intervención en los asuntos internos, promoviendo el diálogo y la cooperación internacional. No podrá ser de otro modo. Pero no será cuestión sólo de pronunciamientos, sino de decisiones y votaciones, sujeto a fuertes presiones del norte y del sur, de otros miembros permanentes e incluso en circunstancias derivadas de la inserción internacional conseguida a los últimos años, ante situaciones y coyunturas particularmente intrincadas y difíciles, en la medida en que se amplíe o no la temática en el Consejo y haya avances en las urgentes respuestas colectivas a la pandemia, al cambio climático o la ciberseguridad.

Muchas naciones tendrán la expectativa de que la actuación diplomática de México refrende su reconocida capacidad para promover y construir acuerdos entre los miembros del Consejo. Sus gobiernos observarán, con particular interés, incluidos los miembros permanentes, si nuestro país se conduce como antaño o si actúa de manera diferente; y si, se propone, pugna y logra mantener márgenes de independencia en su política internacional, respecto de las relaciones de poder entre las potencias, en particular con los Estados Unidos, el cual, para entonces, habrá resuelto la elección presidencial. Además, los complejos desafíos de la política interna respecto del discurso y ejecución de política externa pondrán a prueba al gobierno del presidente López Obrador, dados los múltiples dilemas que de facto se presentan respecto de la efectividad, coherencia y habilidad en la conducción de la política exterior y su ineludible articulación con la política interior. Estarán en juego las relaciones de colaboración con la propia organización mundial y la actuación en otros foros multilaterales. Ello ocurrirá cuando llegue el momento de tomar decisiones en cada caso, y, haya que votar a favor, en contra o en abstención, con los correspondientes costos, consecuencias y repercusiones.

Como escribiera con acierto el embajador Miguel Ruiz Cabañas en un documento del COMEXI: «México puede lograr una actuación digna y destacada en su próxima estancia en el Consejo de Seguridad, aún en el caso de que surjan graves conflictos bélicos, si mantiene una política exterior de estado y de amplio consenso nacional. Se requiere que lo que sea expresado por el Representante de México en el Consejo sea siempre respaldado por todos los niveles de la diplomacia mexicana. Para lograrlo, es indispensable que el Senado de la República sea debida y oportunamente informado de nuestras posiciones y actuación. Se requerirá también una política de información pública permanente, que despierte el interés y el apoyo de amplios sectores de opinión, especialmente de expertos, académicos y organizaciones de la sociedad civil.»

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” @JAlvarezFuentes

 

Información: El Siglo de Torreón / Imagen: LVÁ        

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, junio 29 del 2020

 

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