GEOPARQUES EN MÉXICO: QUÉ SON, DÓNDE ESTÁN Y POR QUÉ IMPORTAN
– En México existen territorios donde descubres historias de nuestro planeta…
México cuenta con dos de los 241 geoparques mundiales reconocidos por la UNESCO. Estos territorios conservan millones de años de historia geológica y ofrecen oportunidades para impulsar el turismo, la investigación científica y el desarrollo de las comunidades.
¿Te imaginas caminar por un lugar que hace millones de años estuvo cubierto por el mar? ¿O contemplar enormes columnas de roca que parecen haber sido construidas por el ser humano, pero que en realidad se formaron por el enfriamiento de la lava? En México existen territorios donde es posible descubrir estas y otras historias de nuestro planeta. Se conocen como geoparques y, aunque el término puede resultar desconocido, su importancia va mucho más allá de los paisajes que resguardan.
Son espacios donde la geología, la biodiversidad, la cultura y las actividades humanas se relacionan para conservar el patrimonio natural y generar oportunidades de desarrollo para las comunidades. Nuestro país cuenta con dos Geoparques Mundiales reconocidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO): Comarca Minera, en Hidalgo, y Mixteca Alta, en Oaxaca. Ambos recibieron esta distinción en 2017 y han contado con la participación científica de la Universidad Nacional Autónoma de México.
El tema adquiere relevancia en 2026, año en que la UNESCO incorporó 12 nuevos geoparques a su red internacional, que ahora reúne 241 territorios distribuidos en 51 países. Este crecimiento plantea preguntas sobre el valor de estos espacios, sus posibilidades de conservación y el papel que pueden desempeñar en el desarrollo de las comunidades. Pero ¿qué distingue a un geoparque de otros espacios naturales?, ¿qué podemos encontrar en los dos geoparques mexicanos? y ¿por qué es importante protegerlos?
¿Qué es un geoparque y para qué sirve? – Un geoparque es un territorio que posee sitios y paisajes de importancia geológica, cuya conservación se vincula con la educación y el desarrollo sostenible. Cuando ese patrimonio tiene relevancia internacional y cumple con determinados requisitos de gestión, puede recibir el reconocimiento de Geoparque Mundial de la UNESCO. Su principal característica es que no se limita a proteger rocas, montañas o fósiles, sino que también considera su relación con la biodiversidad, la historia, la cultura y las actividades económicas de las poblaciones.
Para comprenderlo, pensemos en una montaña. Su origen puede estar relacionado con movimientos de la corteza terrestre, procesos volcánicos o millones de años de erosión. Sin embargo, esa misma montaña también puede influir en la disponibilidad de agua, los tipos de vegetación, las actividades agrícolas y los asentamientos humanos. De esta manera, los geoparques permiten explicar cómo los procesos que han transformado la Tierra se relacionan con la vida cotidiana y con las formas en que las sociedades han aprovechado sus recursos naturales.
A diferencia de lo que podría suponerse por su nombre, un geoparque no es necesariamente un parque nacional ni constituye, por sí mismo, una categoría de área natural protegida. Su reconocimiento internacional tampoco significa que todas las actividades económicas estén prohibidas. La UNESCO establece que estos territorios deben contar con mecanismos adecuados para conservar su patrimonio geológico y promover su aprovechamiento responsable, conforme a la legislación de cada país.

Otro principio fundamental es la participación comunitaria. Los habitantes deben involucrarse en las decisiones y los proyectos desarrollados en sus territorios, de manera que la conservación del patrimonio también pueda contribuir a su bienestar. Así, un geoparque puede convertirse en un espacio para la investigación científica, el aprendizaje y el turismo, además de favorecer actividades económicas relacionadas con la identidad y los recursos locales.
Comarca Minera: volcanes, minerales e historia – En el centro-sur de Hidalgo se encuentra el Geoparque Mundial UNESCO Comarca Minera, un territorio de aproximadamente mil 848 kilómetros cuadrados cuya historia está estrechamente vinculada con la actividad volcánica y la explotación de minerales. Uno de sus sitios más conocidos son los prismas basálticos de Santa María Regla, enormes columnas rocosas de formas geométricas que se originaron mediante el enfriamiento y la contracción de la lava. Su apariencia resulta sorprendente porque parecen estructuras construidas deliberadamente, aunque son producto de procesos naturales ocurridos hace millones de años.

La riqueza geológica del territorio también está relacionada con la historia minera de Pachuca y Real del Monte, donde la extracción de plata y otros minerales dejó una profunda huella económica, arquitectónica y cultural. Durante el siglo XIX, la llegada de mineros procedentes de Cornualles, Reino Unido, contribuyó a transformar las técnicas de explotación minera y algunas costumbres locales. Un ejemplo de esta influencia es el paste, alimento que con el tiempo se convirtió en uno de los símbolos gastronómicos de Hidalgo.
El patrimonio de Comarca Minera, por tanto, no se reduce a sus formaciones rocosas. También incluye construcciones históricas, tradiciones y conocimientos asociados con las actividades desarrolladas durante generaciones. La UNAM, mediante el Instituto de Geofísica, ha participado en el respaldo científico del geoparque y en iniciativas relacionadas con la investigación, la conservación y la divulgación. Este trabajo ha contribuido a fortalecer el conocimiento del territorio y a vincular su riqueza geológica con proyectos educativos y comunitarios.
Nuevas oportunidades para las comunidades – En agosto de 2026, el Geoparque Comarca Minera recibió una visita de evaluación de especialistas de la UNESCO, quienes revisaron los avances en conservación, educación ambiental, geoturismo y participación comunitaria. Durante el encuentro se presentaron 36 geoproductos locales y se entregaron 17 reconocimientos a participantes vinculados con el geoparque: cinco geoguías, ocho geoproductores y cuatro cocineras tradicionales. Estas actividades forman parte de los esfuerzos para relacionar el patrimonio geológico con los conocimientos, las tradiciones y las actividades económicas de la población.
Los geoproductos son bienes vinculados con la identidad geológica y cultural de estos territorios, como alimentos, artesanías y otros artículos elaborados a partir de recursos o conocimientos locales. Durante la evaluación también se revisaron iniciativas de capacitación, gestión de residuos y nuevas rutas turísticas, entre ellas la denominada georruta de los Tinacales. Estas acciones muestran cómo la conservación del patrimonio puede relacionarse con actividades económicas y culturales, aunque para conocer sus beneficios a largo plazo resulta necesario medir aspectos como la generación de empleo, los ingresos de los productores y la distribución de oportunidades entre las comunidades.
La visita de 2026 formó parte del proceso internacional mediante el cual se verifica que el geoparque mantenga las condiciones necesarias para conservar su reconocimiento. Además de valorar los avances, estas evaluaciones permiten identificar áreas de mejora y fortalecer las estrategias de conservación, educación y participación social.
Mixteca Alta: un territorio que alguna vez estuvo bajo el mar – A cientos de kilómetros de Hidalgo, en Oaxaca, se encuentra el segundo Geoparque Mundial de México: Mixteca Alta. Con una superficie aproximada de 415 kilómetros cuadrados, distribuida en nueve municipios, este territorio destaca por sus paisajes erosionados, su diversidad geológica y la relación histórica de las comunidades con la tierra. Uno de sus aspectos más sorprendentes es que algunas de sus rocas conservan evidencias de antiguos ambientes marinos, a pesar de encontrarse actualmente en una región montañosa.
Las investigaciones paleontológicas realizadas en la zona han permitido identificar fósiles de organismos que habitaron un mar poco profundo durante el Cretácico temprano, hace entre 140 y 110 millones de años. Entre ellos se encuentran restos de moluscos y otros invertebrados marinos. Estos hallazgos permiten reconstruir una parte de la historia geológica de Oaxaca y comprender las grandes transformaciones que ha experimentado el territorio a lo largo de millones de años.
Uno de los espacios donde se estudia y divulga este patrimonio es el Geosendero Yutoto, en el que se han identificado fósiles que ayudan a explicar las condiciones ambientales del pasado. La participación de los habitantes ha sido fundamental para reconocer estos sitios, pues su conocimiento del territorio permite localizar formaciones geológicas, quebradas, cascadas y zonas de interés paleontológico. Esta colaboración muestra cómo la investigación científica puede enriquecerse mediante los conocimientos que las comunidades han desarrollado durante generaciones.
La relación entre ciencia y conocimiento tradicional también se manifiesta en las estrategias utilizadas para enfrentar la erosión del suelo. Durante generaciones, las comunidades de la Mixteca Alta han desarrollado técnicas para retener sedimentos y aprovechar mejor el agua. Entre ellas destacan los lamabordos, estructuras que permiten acumular materiales y generar superficies aptas para el cultivo. Esta práctica tiene antecedentes de más de tres mil años y constituye un ejemplo de adaptación humana a las condiciones ambientales y geológicas de la región.
La riqueza también está en las plantas y los alimentos – La importancia del geoparque no termina en sus rocas y fósiles. También puede reconocerse en las plantas que aprovechan sus habitantes y en los conocimientos transmitidos entre generaciones. En una investigación del Instituto de Geografía de la UNAM se identificaron 42 especies de plantas silvestres alimenticias utilizadas por comunidades de la Mixteca Alta para el autoconsumo. Entre ellas se encuentran quelites blancos y cenizos, quintoniles, alaches, guajes y coyules, que forman parte de una tradición alimentaria relacionada con las características del suelo, el clima y la vegetación regional.
El aprovechamiento de estas especies responde tanto a la disponibilidad de alimentos como a las preferencias gastronómicas y prácticas culturales de la población. Su estudio permite comprender cómo la biodiversidad se relaciona con los conocimientos tradicionales y con las condiciones ambientales del territorio. También ayuda a reconocer el valor de los recursos naturales que forman parte de la alimentación cotidiana y que, en muchos casos, han sido utilizados durante generaciones.
La relación entre geología y biodiversidad ha dado origen a nuevos proyectos educativos. En 2025, el Instituto de Geografía de la UNAM dio a conocer una iniciativa para construir un Jardín Geobotánico en Santo Domingo Yanhuitlán, dentro del geoparque. El proyecto contempla un espacio de más de dos mil metros cuadrados para mostrar cómo las características de las rocas, los suelos y el relieve se relacionan con las plantas y los sistemas agrícolas tradicionales.
Entre las especies consideradas se encuentran magueyes, palmas, maíz, frijol y calabaza, además de otras plantas de importancia cultural y económica. La iniciativa busca integrar el conocimiento científico con los saberes de las comunidades y ofrecer nuevas herramientas para comprender la relación entre naturaleza y sociedad. De esta manera, la conservación del patrimonio geológico también puede contribuir a reconocer prácticas culturales y formas tradicionales de aprovechamiento de los recursos.
¿Cómo pueden los geoparques beneficiar a las comunidades? – Uno de los principales objetivos de los Geoparques Mundiales de la UNESCO es promover modelos de desarrollo sostenible que involucren directamente a las poblaciones locales. El geoturismo constituye una de sus herramientas, pues propone una forma de conocer los territorios que va más allá de admirar sus paisajes. Su propósito es que los visitantes comprendan el origen geológico de los lugares y su relación con la historia, la cultura y el medioambiente.
Un recorrido puede incluir explicaciones sobre la formación de montañas, observación de fósiles, visitas a comunidades, talleres artesanales y experiencias gastronómicas. Esta combinación abre oportunidades para guías locales, productores de alimentos, artesanos, establecimientos de hospedaje y otros prestadores de servicios. Al mismo tiempo, puede contribuir a que los habitantes fortalezcan el reconocimiento de su patrimonio y participen directamente en las actividades desarrolladas alrededor de él.
La gastronomía ocupa un lugar importante porque permite vincular la identidad cultural con el aprovechamiento de los recursos del territorio. En la Mixteca Alta, por ejemplo, se ha desarrollado una guía gastronómica que reúne recetas, utensilios, alimentos y recorridos relacionados con las comunidades del geoparque. Estas iniciativas permiten mostrar que el patrimonio de una región también se expresa en sus conocimientos culinarios y en las formas de producción y preparación de alimentos.
La participación de negocios y productores locales puede favorecer circuitos económicos en los que una parte de los recursos generados por los visitantes permanezca en las propias comunidades. Sin embargo, el turismo no garantiza por sí mismo el desarrollo sostenible. Un incremento de visitantes también puede generar presión sobre los recursos naturales, modificar las dinámicas comunitarias o concentrar los beneficios económicos en determinados sectores. Por ello, los geoparques necesitan mecanismos de gestión que permitan proteger sus recursos, respetar las decisiones comunitarias y distribuir las oportunidades de manera más equitativa.
El mundo tiene 241 geoparques: ¿por qué México solamente dos? – El reconocimiento de los geoparques ha adquirido una presencia creciente en distintas regiones del planeta. En abril de 2026, la UNESCO anunció la incorporación de 12 nuevos territorios a su Red Mundial de Geoparques, ubicados en China, Francia, Grecia, Irlanda, Japón, Malasia, Portugal, Rusia, Túnez y Uruguay. Con estas designaciones, la red alcanzó 241 geoparques en 51 países, distribuidos en una superficie conjunta superior a 882 mil kilómetros cuadrados. Para Túnez, el reconocimiento representó su incorporación por primera vez a esta red internacional.
El crecimiento del programa plantea una pregunta relevante: ¿por qué México, un país con una gran diversidad de volcanes, montañas, fósiles, minerales y paisajes geológicos, cuenta solamente con dos geoparques mundiales? La respuesta no depende exclusivamente de la riqueza natural de un territorio, pues obtener esta distinción requiere cumplir una serie de condiciones científicas, administrativas y sociales establecidas por la UNESCO.
Para recibir el reconocimiento internacional, un territorio debe demostrar que posee patrimonio geológico de importancia mundial y contar con un modelo de administración capaz de integrar conservación, educación y desarrollo sostenible. También necesita una estrategia de gestión, mecanismos de financiación, actividades educativas y participación de las comunidades. En otras palabras, no basta con tener un paisaje geológicamente extraordinario: es necesario desarrollar un proyecto territorial que permita conocerlo, protegerlo y aprovecharlo responsablemente.
En México se han impulsado iniciativas para promover nuevos geoparques en distintas entidades, entre ellas Aguascalientes y Querétaro. Estos proyectos muestran el interés por ampliar las experiencias de conservación y desarrollo local, aunque su existencia no significa que hayan obtenido el reconocimiento internacional. Hasta octubre de 2026, los únicos geoparques mexicanos inscritos en la lista oficial de la UNESCO continúan siendo Comarca Minera y Mixteca Alta.
Los desafíos para conservar el reconocimiento – Convertirse en Geoparque Mundial de la UNESCO no significa recibir una distinción permanente. Estos territorios deben someterse a un proceso de evaluación cada cuatro años para comprobar que mantienen las condiciones que justificaron su reconocimiento. Durante las revisiones, especialistas examinan aspectos como la conservación del patrimonio geológico, la gestión territorial, la educación ambiental y las iniciativas de desarrollo sostenible.
Cuando un geoparque cumple con los criterios establecidos, recibe una tarjeta verde que le permite conservar su reconocimiento durante otros cuatro años. Si se identifican deficiencias, puede recibir una tarjeta amarilla y un plazo de dos años para realizar las mejoras necesarias. Si los problemas persisten, corre el riesgo de perder la distinción. Este procedimiento busca garantizar que los territorios reconocidos mantengan sus compromisos y no se limiten a utilizar la denominación internacional como un atractivo turístico.
Los desafíos también existen a escala mundial. En agosto de 2026, la UNESCO presentó resultados de consultas realizadas entre 2024 y 2026 para conocer las principales necesidades de los geoparques integrantes de su red. En ellas participaron 137 territorios y el 79 % señaló la necesidad de fortalecer la colaboración con la UNESCO. Entre los asuntos prioritarios se identificaron la financiación, la gestión del patrimonio geológico, la investigación científica, los sistemas de monitoreo y la comunicación pública de la ciencia.
Estos resultados muestran que incluso los territorios reconocidos internacionalmente requieren recursos, conocimientos especializados y coordinación permanente para cumplir sus objetivos. En México, el desafío consiste en dar continuidad a los proyectos existentes, conocer sus resultados y generar las condiciones para que otros territorios con valor geológico puedan desarrollar iniciativas semejantes. La participación de la UNAM, mediante sus institutos de Geografía y de Geofísica, ha contribuido a fortalecer la investigación científica, la conservación del patrimonio y los proyectos de vinculación comunitaria.
En un contexto internacional donde los geoparques continúan multiplicándose, México tiene la oportunidad de ampliar el conocimiento sobre su patrimonio natural y las posibilidades de conservarlo. Porque las rocas, los fósiles y las montañas no solamente cuentan lo que ocurrió hace millones de años. También contienen información que puede ayudarnos a comprender nuestro presente y tomar mejores decisiones sobre el futuro de los territorios que habitamos.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, noviembre 6 del 2026
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