DEL PASADO AL PRESENTE…
-Siempre el todo es la nada…
Luis Miguel Cobo
Todas las mañanas acostumbraba a ejercitarme corriendo por el parque durante una hora, me gustaba ir por entre los altos y milenarios árboles que este gran monumento nacional tenía, cada vez miraba a más y más gente hacer ejercicio por ahí.
A veces corría tan de prisa que no miraba a nadie ni nada, la vista al frente como caballo de tiro, lo hacía hasta lograr el sudor necesario para expulsar todas las toxinas posibles.
Cierto día todo ocurrió más tarde de lo acostumbrado, no tenía que llegar a la oficina tan temprano como a diario, pudieron haber sido las diez u once de la mañana, no lo recuerdo, pero lo que sucedió después sí que lo recuerdo…
Cambié la ruta de costumbre, ahora tomé por el otro lado, por donde estaba la avenida y había varias casonas, unas modernas y otras antiguas, el camino era amplio y también lleno de árboles y eso sí, muy limpio todo por ahí, nunca había corrido por esa ruta que para mí era nueva, pero seguí adelante, a la misma velocidad de siempre; llevaba puestos los calentadores debajo de los shorts de color azul oscuro y la sudadera roja de siempre, se trataba de sudar y ejercitar el cuerpo…
Corría por la sección de las casas, ya de regreso a la mía, de repente y sin darme cuenta pisé mal un escalón de la banqueta y caí golpeándome la rodilla derecha, el dolor fue a tal grado que la vista se me nubló, sólo miraba círculos amorfos como si fueran arcoíris sin poder distinguir lo que había al frente, sentí que desmayaba pero no, pude sostenerme y dominar el dolor hasta que la vista regresó normal, permanecí en el piso aún adolorido cerca de cinco minutos cuando llegó ella, detrás de la verja de su jardín me llamaba,
—¿Estás bien, puedo ayudarte…? —Al principio no distinguí de dónde venía la voz tenue y sensual, empecé a buscar por medio del sonido, pero unos segundos después pude localizar a la joven mujer que me llamaba…
La miré, enfoqué bien y al ver su rostro solamente sonreí diciendo,
—Sí, gracias, al parecer estoy bien, un poco de dolor solamente. —Ella sonrió y me dijo, con el mismo tono de voz mirándome de manera muy especial,
—Ven, ¿quieres pasar a descansar? Te invito un refresco o un té, ¿quieres? —De inmediato le dije que sí, que sólo me levantaba y enseguida estaría con ella…
En esos momentos y al verla se me olvidaba mi familia, esposa e hijos, tenía dos, uno de cuatro y otro de cinco años, mi esposa joven aún muy guapa me tenía loco… pero esa mujer que acababa de conocer era increíble, demasiado hermosa para creer que estaba ahí llamándome, cualquier mujer joven de portada de revista se quedaba chica junto a ella.
Cojeando llegué hasta la entrada de la verja y ella abrió la puerta para que entrara, así lo hice y pasé cojeando un poco todavía, se adelantó y entré después siguiéndola. Cuando pude ver lo que había dentro de aquella casona me sorprendí, todo era muy antiguo y fino, perfectamente limpio y cada cosa en su lugar, parecía más que una casa me daba la impresión de ser un museo, una tienda de antigüedades o un pequeño castillo de principios de siglo, de todas maneras, aquello realmente era muy hermoso y verdadero, increíble cualquier cosa que mirara…
Era seguramente una casa de principios del siglo XX, muy bien conservada, parecía como si alguien se dedicara exclusivamente a darle mantenimiento, realmente continuaba sorprendido de ver todo aquello. Pero dentro de toda esa hermosa casa y lo que miraba había algo que no me cuadraba, un olor extraño, parecía jazmín, pero mirándola a ella no le ponía mucha atención porque parecía hipnotizarme con tan sólo mirarme de frente…
Me invitó a sentar en la sala y luego dijo que esperara, cuando llegó con un frasco antiguo con alcohol y algodón en la mano de inmediato me pidió que me quitara los pantalones… Hablaba un poco extraño, sentía como si hubiera un eco o bien yo tenía los oídos un poco dañados o tapados por el golpe que me di al caer.
Mirándola no me dolía nada, me bajé los pantalones y de volada ella empezó a limpiar con alcohol la rodilla que estaba roja e hinchada por el golpe y algo raspada, no me ardió, luego revisó la otra y lo mismo, me dolía el tobillo, se lo dije, lo frotó con sus manos llenas de alcohol o lo que fuere ese líquido verdoso, pero con olor a alcohol, cuando se acercaba percibía un olor diferente, como a flores, jazmines, lavanda o algo así, no sabía, pero era muy agradable.
Había en mí una extraña emoción, increíble al sentir sus manos suaves frotar y acariciar mi rodilla, el tobillo y de pronto subió al muslo y en segundos sus manos ya estaban debajo de los calzones…
Me acariciaba todo lo que cabía en sus manos, el miembro empezaba a trabajar rápidamente, de pronto me sentí demasiado excitado, como nunca en mi vida con nadie. Bajó los calzones y empezó a besarme todo lo que encontraba, al mismo tiempo trataba de tocarla y desnudarla, logré hacerlo y pude ver su cuerpo, acariciarlo y besarlo, era increíble sentirlo, parecía como de revista o película, lo hice sintiendo su piel en mis labios, no paraba hasta que en un momento ya estaba, sin darme cuenta, sobre ella haciendo el amor, una y otra vez hasta que gritó y yo junto a ella, el orgasmo se produjo y nuevamente empezó a besarme, agitados tratábamos de sentirnos aún, ahí estábamos tendidos sobre el sillón de la sala mirándonos el uno al otro, en silencio…
Así sucedió tres veces entre caricias y besos, sintiendo cuerpo contra cuerpo, labios y lenguas que se buscaban apasionadamente… Al final sucedió el tercer acto en el mismo lugar y sólo decía quererme, que le fascinaba y sentía algo muy hermoso por mí… Acabé agotado y como pude me retiré después de haber tomado el té que me ofreció.
Lo último que recuerdo que me dijo fue, —no lo olvides, amor mío, te espero mañana y siempre en la eternidad… —le dije que sí y me fui a paso lento hasta mi casa.
Al día siguiente apresuré el paso, aun me dolía la rodilla, pero no tanto como para dejar de correr, trataba de llegar lo antes posible. En mi casa no hablé con nadie, sólo algunas palabras con mi esposa, fue todo. Lo único que deseaba era llegar con esa mujer otra vez… Iba un poco lento al principio por la herida que no importaba, con trabajos corría porque mi único deseo era llegar a verla.
Poco a poco aceleré el paso, la temperatura era buena, ya casi llegaba a la casona de esa joven mujer quien seguramente me esperaba recargada en la verja, pero ahora no caería como la vez anterior.
Miré mi reloj y ya eran la diez de la mañana, creí que era una hora razonable y buena para llegar con ella y estar por lo menos hasta las doce del día, todo lo había preparado para eso.

Por fin llegué, pasé por el frente de la casa, dos y tres veces, sentí un fuerte dolor en el estómago, uno de esos vacíos que parece que las vísceras ya no estaban en mi cuerpo, ahí estaba la banqueta y el escalón del accidente, unos segundos después sentí que me daban ganas vomitar, no podía creer lo que estaba viendo en esos momentos, era indescriptible para mí, algo así como una jugada de algo o alguien que me querían hacer… miré la casa antigua, estaba muy maltratada y casi cubierta de maleza, cayéndose en partes y lo peor, con un gran letrero de “se vende…”.

Me quedé ahí de pie, inmóvil, congelado y esperando a que sucediera algo y que alguien me dijera que sólo había sido un sueño lo del día anterior, pero no era así, no sucedía nada ene se momento. De pronto se abrió la puerta, se asomó un anciano, me miró, luego levantó la cara y me dijo en voz baja,
—¿Se le ofrece algo, quiere ver la casa, le interesa…?
—Sí, —le dije reincorporándome rápidamente no creyendo aun lo que estaba pasando, —me gustaría verla, si me hace favor… —Cuando entré y miré hacia todos lados me sorprendí, caminé hacia la sala y de pronto miré al suelo, estaba la chimenea al fondo y algunos adornos además de la mesa de centro y con las dos tazas vacías sobre ella, los mismo de ayer pero muy desgastados, el polvo marcó las huellas de mis zapatos y los de ella, estaban claras, busqué todo lo que vi ayer ahí mismo y nada, ni sillones ni nada…

De pronto el mismo olor a jazmín llegó, me agradó y empecé a recordar todo aquel juego sexual con esa mujer, sus caricias, su cuerpo y su mirada, tan hermosa y penetrante…
No podía explicarme lo sucedido y lo que hubo el día anterior y que en esos momentos en los que me encontraba ahí ya no estaba, me sentí asustado, me temblaban las piernas, la cabeza empezaba a dolerme, era inexplicable lo que estaba viendo y viviendo…
—Pero y ¿qué pasó, por qué se vende la casa? —Pregunté asustado, la voz me temblaba,
—Usted verá, —el hombre viejo me decía lentamente muy serio, —hace muchos años aquí murió una hermosa joven, se llamaba Violeta, según cuentan fue hace ya casi un siglo o por ay, dicen los señores dueños quesque porque tomó por demás un líquido curativo muy poderoso, —recordaba lo que había sucedido ayer, me asustaba más, —yo no la conocí pues, pero cuentan que era muy rete bonita oiga…
—Pero y dígame, ayer ¿cómo…?, no estaba así, ¿verdad? —El hombre me miró de frente muy serio, respondió sin más explicación,
—Pos si quiere usted revisarlo todo, ande, pero ayer estaba todo esto igual, se lo aseguro, no me he movido de aquí, aquí estuve, seguro que sí… —No me podía explicar nada, daba vueltas en ese lugar como buscando algo que sabía no encontraría, trataba de mirarlo todo y nada, por ningún lado nada…
De pronto decidí subir a las habitaciones, las que no conocí ayer, corrí cojeando hasta las escaleras de madera y subí, había cinco habitaciones, las recorrí todas, al final quedó la principal, entré y vacía, alfombrada y con mucha luz, el baño estaba al fondo detrás de una puerta que daba al vestidor. Me adentré, miré muchos espejos, luego escuché un ruido, era agua, fui caminando muy despacio aun cojeando, llegué hasta el baño y el sonido era más fuerte, agua que alguien vertía y se escuchaba el chorro. Continué caminando despacio, aún no me asomaba cuando escuché la voz de Violeta,
—Ven amor, acércate, aquí estoy, ya no me busques más… —sentí que el corazón me saltaba, no me atreví a mirar, pero al mismo tiempo algo me jalaba hacia adentro, la puerta se abrió lentamente y caminé hacia el interior, trataba de cerrar los ojos al mismo tiempo que deseaba verlo todo.
Ya estaba dentro del baño, parecía vapor, pero también una bruma muy espesa, casi no podía ver, oía la voz, era ella,
—Ve mi amor, aquí estoy, te espero… —la escuchaba y sentía miedo, pero también continuaba mi curiosidad. Por fin la pude ver, ahí estaba, rubia y hermosa, dentro del agua, con la mirada me atraía y me excitaba…
Sin sentir el tiempo y saber cómo sucedió, cuando recapacité y miré ya estaba dentro de la tina junto con ella besándola, podía sentirla y estaba ahí, de pronto se subió sobre mi cuerpo y empezó como ayer a hacer el amor de manera apasionada…
Era algo hermoso, no escuchaba nada más que lo que sucedía en ese lugar, todo lo sentía perdido menos a ella, cuando la besé y le pregunté,
—Hermosa mía, Violeta, ¿qué sucede…? —Me respondió con su mirada fija y muy penetrante, dominándolo todo,
—Mi amor, por favor, recuerda bien, recuerda… ayer te lo dije, hoy te esperaba y siempre en la eternidad… Sólo nos quedamos juntos amarnos por siempre, siempre el todo es la nada, porque podrás ver y vivir solo lo que tú quieras…
FiN…
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Imagen: LVÁ – Lm.CoBo.FoTo
La Voz del Árabe (LVÁ) – Lm.CoBo – Cd. de México, agosto 5 del 2026
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