CIUDAD DE MÉXICO, LA MÁS COSMOPOLITA DEL PLANETA
-La Ciudad de México, la más cosmopolita del planeta a principios del siglo XVII
Leonardo Huerta Mendoza
En años recientes, la Ciudad de México ha recibido visitantes de muchos países, lo que la convierte en una metrópoli multicultural. En las calles de algunos barrios se escucha hablar diversos idiomas de personas que se suman a las numerosas formas de hablar de mexicanos de todos los estados del país que han convertido esta urbe en su lugar de residencia.
A los europeos se suman ciudadanos de Colombia, Venezuela, Argentina, Cuba y Haití, así como de algunos países africanos y asiáticos.
Pero su condición de ciudad cosmopolita no es nueva. Desde antes de la época virreinal, México-Tenochtitlan era una ciudad en la que habitaban numerosas personas de diversos grupos étnicos.
“La idea de un país multicultural, que ahora se está rescatando mucho, nos llega precisamente del periodo virreinal, pero incluso desde antes”, señala Antonio Rubial García, doctor en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL). “Tenemos este concepto, generalizante y deformante, de los indígenas como una unidad, pero las civilizaciones que encontraron los españoles a su llegada eran muy diversas. Desde la época prehispánica, la Ciudad de México fue un espacio en el que convivían muchas etnias”.
A la llegada de los españoles había culturas muy avanzadas, como la maya, la mexica, la totonaca, la huasteca, la zapoteca y la mixteca, pero también había grupos nómadas en el norte, como los apaches y, más tarde, los comanches; era una infinidad de etnias con diferentes lenguas.
El término indígena o indio, como se les llamaba en la época colonial, es un término que no define, de ninguna manera, una unidad porque había una pluriculturalidad prehispánica, enfatiza el investigador.
En el siglo XVI, la Ciudad de México era una ciudad donde la mayor parte de la población hablaba náhuatl. A principios del siglo XVII, el núcleo español era mínimo y, poco a poco, los barrios se fueron poblando con mestizos, y no sólo nahuas.
En la zona de La Lagunilla había una importante comunidad otomí que fue colocada ahí por los dominicos, junto a los mixtecos, alrededor del convento de Santo Domingo. Los dominicos, que tenían misiones en la Mixteca, e incluso algunos hablaban mixteco, crearon una parroquia de mixtecos en esa zona.
Pero incluso en España también había muchos grupos que no eran sólo castellanos, ni eran católicos todos. “El término español también es un término muy ambiguo porque España no existía como nación, sino que era un conglomerado de provincias, regiones, reinos”.
Entre los que llegaron había extremeños, andaluces, gallegos y vascos; precisamente numerosos colonizadores del norte de nuestro país eran de origen vasco. “Pero también venían de otras regiones del imperio. Por ejemplo, italianos, comenzando por Cristóbal Colón”.
Incluso países protestantes en los que había una minoría católica estuvieron presentes en este conglomerado pluriétnico europeo, como algunos irlandeses católicos que encontraron en España un lugar donde podían mandar a sus hijos a estudiar; y también católicos ingleses, que mandaban a sus hijos a estudiar a los colegios de Valladolid y con los jesuitas. Desde España, estos grupos cruzaron el Atlántico hasta Nueva España.
“Por supuesto, también llegaron flamencos, porque Flandes era parte del imperio, y también alemanes y austriacos. En los ejércitos de Cortés llegó gente del Mediterráneo de muy diversos orígenes, como algunos griegos”.
La presencia africana en Nueva España – “A partir de 1580, cuando Portugal pasó a formar parte del imperio español, hubo una llegada masiva de africanos porque Portugal tenía numerosas colonias en las costas africanas y eran los principales tratantes de esclavos africanos, pero también de la India y de China, donde también tenían colonias, que pasaron a ser parte del imperio español. Eso fue hasta 1640, en que se inició la guerra de independencia de Portugal de España”.
Durante la Conquista llegaron muchos africanos, primero como esclavos, aunque algunos fueron liberados y unos cuantos se convirtieron en encomenderos. Es muy conocido el caso de Juan Garrido, originario de África y nacido alrededor de 1480.
También venían de muy diferentes orígenes. Incluso, el término “negro” definía una realidad muy compleja, porque además de las personas que fueron traídas de Mozambique, Angola, el Congo y Guinea, a algunos marroquíes también se les consideraba “negros”.
“Aunque diversos grupos del norte de África eran musulmanes, pasaban como católicos, como el famoso Estebanillo, marroquí que participó en la expedición de Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Posiblemente era de origen musulmán”, señala el profesor Rubial García.

La comunidad asiática – Después están los emigrados asiáticos. A partir del descubrimiento del tornaviaje, la ruta de regreso desde Filipinas a Acapulco, por el agustino Andrés de Urdaneta en octubre de 1565, tenemos la presencia de asiáticos, filipinos mayoritariamente.
“A la comunidad asiática, creo que es importante señalarlo, les llamaban ‘los chinos’, porque llegaban en la nao de China, pero eran personas de muy diversos orígenes”, explica el investigador.
En la Ciudad de México había un grupo muy importante de filipinos en lo que hoy es Tepito, donde estaban los barrios orientales, que eran administrados por los agustinos, quienes tenían importantes misiones en Filipinas.
Muchos emigrados filipinos, libres y esclavos, llegaban a habitar esa zona de la ciudad, sobre todo en Atzacoalco, en el barrio de San Pablo.
Además de los filipinos, también llegaron esclavos chinos y del sureste de Asia, como algunos vietnamitas y camboyanos. “Tenemos el caso de la famosa China Poblana, que era de la India”.
Muchos cristianos japoneses que escaparon de ser asesinados durante las persecuciones religiosas en el sur de Japón se refugiaron en Filipinas y después llegaron a Nueva España. Incluso, había un japonés que tenía un temazcal en la Ciudad de México.
La ciudad más cosmopolita – Desde finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, la Ciudad de México era la ciudad más cosmopolita del planeta por la diversidad de su población; era una ciudad multicultural con orígenes en muchas partes del mundo. Normalmente eran minorías, en ocasiones eran dos o tres, pero eso muestra su diversidad.
“Muchos traían su religión, aunque llegaban como cristianos católicos porque nadie podía no ser católico, no había libertad de creencias. A los esclavos que capturaban en África los bautizaban porque aunque eran mercancía, también eran considerados seres humanos, así que los bautizaban y entraban como católicos; los que llegaban del mundo musulmán también entraban como católicos, porque no podía haber gente de otra religión”.
Incluso los judíos que llegaban lo hacían como conversos al catolicismo, aunque algunos conservaban oculta su religión. Este grupo también era muy importante, sobre todo entre los mercaderes, muchos de origen portugués.
Por testimonios de la Inquisición, se sabe que algunos judíos portugueses iban a hacer sus abluciones rituales antes del shabbat al temazcal que poseía un “japonés” en la Ciudad de México. Esta anécdota se puede encontrar en Del gachupín al criollo, libro de Solange Alberro, investigadora de El Colegio de México que estudió la Inquisición, entre otros temas.
El complejo tema del mestizaje – “Desde la época de José Vasconcelos, los autores del siglo XX han insistido en que el siglo XVI fue el siglo del mestizaje, pero creo que debemos matizarlo, porque sí hubo un mestizaje cultural, pero siempre bajo una tónica cristiana y occidental”, explica Antonio Rubial García.
Ciertamente, agrega, las poblaciones indígenas conservaron muchas de sus tradiciones, pero las tradiciones religiosas fueron perseguidas porque iban en contra de la fe católica.
La violencia que se ejerció en el siglo XVI fue principalmente contra los que idolatraban a sus dioses, y la destrucción de sus templos y de sus códices, así como la persecución de los sacerdotes indígenas, fue parte de una campaña de destrucción y desestructuración del mundo cultural prehispánico.
“Pero esta campaña no fue muy eficiente en el siglo XVI, porque los indígenas seguían siendo mayoría, eran el 99 por ciento de la población. A pesar de la llegada de numerosos españoles, africanos, asiáticos, europeos, éstos eran una minoría y en el siglo XVI no llegaban ni al uno por ciento”.
Mestizaje biológico – “Claro, el primer mestizaje, el biológico, fue notable, pero no tan extendido como se pretende”, señala el investigador. “Todavía en el siglo XVIII, 70 por ciento de la población seguía hablando las lenguas indígenas”.
Porcentaje que se mantuvo en la Independencia, lo que nos dice que el castellano, que era el idioma oficial, lo hablaba como lengua materna apenas un 30 por ciento de la población.
Aunque había muchos bilingües, la lengua materna de la mayor parte de la población era una lengua indígena, como el maya, el zapoteco, el mixteco y otras lenguas, además del náhuatl.
“Estamos hablando de una población indígena muy numerosa que todavía conservaba muchas tradiciones y que hablaba sus lenguas. Este mito de que el mestizaje se dio en la época colonial es una gran mentira”, señala el profesor Rubial García. “También es una gran mentira que en la época colonial se destruyeran las lenguas indígenas; al contrario, había un interés por preservarlas porque precisamente los frailes querían que los indígenas no se contaminaran con el español”.
En el siglo XIX, durante la Independencia, comenzó el mestizaje. “Los liberales, igual que los conservadores, querían integrar a las comunidades indígenas; era una política que venía desde el siglo XVIII, con los Borbones, pero que se consumó en el XIX”.
Para Rubial García, el verdadero mestizaje y la verdadera destrucción de las lenguas indígenas ocurrieron en el siglo XIX. Curiosamente, los defensores de los indios fueron los principales destructores de las identidades indígenas.
“En el siglo XX, el proceso se aceleró, no siempre voluntariamente, por supuesto, porque ahora con el fenómeno del mestizaje sólo el diez por ciento de la población del país era indígena, después de que fuera el cien por ciento. En estos cinco siglos, el intenso mestizaje se dio en los siglos XIX y XX”.
La presencia asiática que llegó con la nao de China – En la nao de China llegaron muchos asiáticos. Ese barco traía cada año unos 40 esclavos y algunos conseguían su libertad. Hubo tantos asiáticos “que en la Plaza Mayor había una zona que llamaban ‘la de los barberos chinos’, pero todos eran filipinos que cortaban el pelo y la barba y eran hombres libres”, finaliza el doctor Rubial García.
Información: GlobalUNAM / Imagen: Vista de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, obra de Cristóbal de Villalpando, 1695. Óleo sobre lienzo. La pintura muestra la intensa actividad comercial y social de la capital novohispana a finales del siglo XVII.
La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, septiembre 18 del 2026
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