miércoles, julio 22, 2026
LM COBO

LA SEÑO SYLVIA

– Imaginando que todo lo que uno quiere lo puede alcanzar, nomás soñando…

Luis Miguel Cobo

Cuando era más joven yo me encargaba de darle el alimento a los caballos de la gran familia, eran más de diez caballos de purasangre de fina monta pa’ lucirlos, pero había uno en especial, era el Canela, nadie lo podía mover ni alimentar si no era la señito Sylvia directamente.

La conocí exactamente cuando la seño tenía sólo diecisiete años, era muy hermosa y montaba a caballo como nadie lo hacía en toda la familia. Yo tendría unos veinte años cuando ella sólo se la pasaba mirando a su caballo, y yo la miraba a ella cómo se quedaba ahí, quietita y nomás mirando… 

El caballo, el Canela, bien sabía que era ella la que lo cuidaba, me acercaba a él por las noches cuando estaba nervioso como pa’ tratar de calmarlo y darle agua o comida, o cuando lo cepillaba se ponía calmado, pero pos también él quería que ella se lo hiciera, y la verdá que se ponía tovía más nervioso, era increíble aquel amor que tenían entre los dos.

La seño Syilvia bajaba a las caballerizas desde muy tempranito, antes de irse pa’ la escuela, le daba su alimento, le vaciaba la cubeta de agua y le quitaba la camisa y lo dejaba ahí solito, bueno también yo la ayudaba, pos ni modo que ella cargara cubeta y el alimento, él sabía que yo también le tenía querencia, pero antes de cuando se iba siempre me decía:

—¡Pepe, lo sacas al redondel para que camine y trote, por favor…! ¿Sí? —Pos claro que sí, ni modo que respondiera que aluego, pos no… Yo nomás corría pa’ donde estaba y nomás mirándola de frente, su carita limpia, el cabello güerito y todavía mojadito por su baño de tempranito, y aluego así vestidita como pa’ la escuela, su vestidito de cuadritos rojos y verdes y con rayitas azules, su camisita blanca y el suetercito rojo, se miraba rete hermosa, y aluego le decía,

—Sí seño, lo que usted me mande, más tardecito cuando se deje ver más el sol lo saco, pa’ que no tenga frío el Canela… —Pos ella nomás me sonreía moviendo la cabeza de arriba pa´ bajo y se iba corriendo hasta la puerta del rancho pa´ esperar a que pasara el camión de la escuela por ella.

No regresaba hasta eso de las tres de la tarde, después que comía el Canela ya sabía que estaba ahí y de nuevo se empezaba a poner nervioso. Y luego de las tres de la tarde lo mismo a cada diario, bajaba pa’ ver su caballito y luego se retiraba pa’ hacer sus labores de la escuela.

Cuando podía y a veces me buscaba, se despedía de mí regalándome una sonrisa, eso me hacía sentir hombre muy especial y sobre todo muy importante allí en el rancho entre tanto caballerango jijo… Y pos ellos me tenían rete harta muina y hasta envidia nomás por cómo me trataba la seño Sylvia, eso que ni qué…

A veces el capataz me mandaba a velar por todo el rancho, pos pa’ vigilar que no entraran fuereños o maleantes pa’ robarse fruta o hacer mal obras en cualquier lugar, así era la gente de por aquí, pero a donde me iba primero era pa’ la casa grande, en donde estaba la seño Sylvia, pos pa’ divisarla que estuviera bien.

Dejaba el rifle en el suelo, me quitaba el sombrero y el poncho que era pa’l frío y me trepaba al árbol con trabajos por las botas, desde allá arriba la podía divisar dentro de su recámara, hacía sus labores, luego ponía su música y bailaba rete bonito, como una princesa ella solita, luego brincaba y llegaba la señora grande y seguro que le decía que se estuviera sosiega pa’ que se durmiera porque ya era tarde, siempre…

Pero lo mejor era cuando se preparaba pa’ irse a la camita pa’ dormir, ya al último, a lueguito yo la miraba todita ella, la vigilaba claro y me ponía muy nervioso cuando se quitaba su ropita y quedaba en calzoncitos y el sostén, todo muy chiquito y tan finito como ella misma, y como era la única niña en la familia y la más chiquita pos porque los demás eran puros machos, tres eran ellos, y bien latosos, pero no se metían con ella casi, la dejaban sola y ella pos con el Canela se la pasaba acompañadita…

Pero pos bueno, cuando se desvestía yo pa’ qué más que la verdad, la gozaba mucho, hasta me sentía bien elétrico, como que todo se me hacía grande y sentía chispitas por todos lados, a veces hasta se me erizaba el cuero de la espalda, luego me ponía muy calientito de la cabeza y todo el cuerpo, nomás de verla así, toda encueradita se me caía la cabeza completa por estar pensando en ella misma, y ni se lo imaginaba, le miraba su pielecita como tostadita por el sol, su pechito chiquito y bien bonito, tentador, y lo demás, todo el cuerpecito estaba muy rico y bien bonito, hasta el lunar arriba del ombliguito le podía mirar, sí señor, y muchas veces la imaginaba nomás pa’ mí, por eso siempre que llegaba a las caballerizas nomás yo la atendía, los muchachos que eran unos jijos pos ya lo sabían, que la seño me traía siempre arrastrando el petate…   

Pasaron los meses y pos todos crecimos, hasta ella se hizo más mujer, más buenota y guapota, me gustaba más porque la verdad se miraba rete linda.

Un día nomás estaba yo, casi terminaba con mi chamba y estaba a punto de tomarme un trago de tequila o pulque, lo que estuviera a la mano, pa’ irme a dormir y quitarme el frío, como era fin de semana y no habría fiesta en la casa todos se fueron pal’ pueblo que pa’ cenar y qué sé yo, aluego ya más tardecito la seño Sylvia llegó llorando a platicar con el Canela, yo nomás la estaba oyendo detrás de una puerta escondido, y se quejaba de todo, como que no sabía dónde andaba ni tampoco pa’qué estaba allí, lo mejor que hice fue hacerme presente, y aluego no le dio pena y siguió hablando pero ahora conmigo y yo nomás la oía, quieto y mirando lo hermosa que seguía siendo tovía llorando y después de esos años, ya tendría ella como unos veintidós, yo nomás los veintisiete años, y me platicó que le dijeron que su papá quería vender al Canela, quesque porque ya estaba viejo y nomás estorbaba, y que le daría uno nuevecito más fino y tovía potrillo, y pos no era cierto, de lo que sí era cierto era que sí había lugar pa’ todos, segurito que nomás se lo habían dicho pa’ fregar…

Pero me dijo que esa era una venganza de su apá por no haber querido salir con un méndigo chavo hijo del socio de su apá, sepa de quién se trataba, pero pos no era justo que le hicieran eso a la señito Sylvia tan guapa.

Empezó a llorar más y se me juntó tovía más, y no sabía yo qué hacer, y el Canela bien nervioso, pero pos no más que yo… Y aluego no se quería ir pa’ su casa, quería tomar un trago de tequila o aguardiente o pulque lo que fuera y que tuviera yo, y que me jalo por la botella rápidamente y ahí estaba ella, sentadita y esperando a que llegara con el pomo, le dio uno, dos y hasta tres tragos directos al tequila, como que le costó trabajo, pero pos lo tragó bien y luego me devolvió la botella,

—Seño Sylvia, pos ya váyase pa’ su casa, ya es noche… —le dije y ella me respondió así nomás, casi borrachita y con los ojitos a medio caer, seguro que, por la lloriqueada y el tequila,  

—No Pepe, no me voy, tú conoces al Canela tanto como yo, y no es justo, ¿verdad que no? —Y pos yo le decía que no era así, pero que ya se fuera pa’ su casa, que ya pensaría yo cómo hacerle pa’ que no le quitaran a su Canela.

Empezaba a acariciarme la cara y yo sentía bien rico, luego ella a querer quitarse la blusa, pude verla, aunque ya la conocía y casi a diario la miraba sin ropa, ahí estaba más cerquita, y empezaba a hacerme grande todo y ella lo sabía y yo lo sentía, pero estaba tomada y no tenía chiste así, podía decir luego que abusé de ella y muchas de esas cosas… 

Pasaron las semanas, la seño Sylvia había estado frecuentando a diario, como siempre a su Canela, siempre se pudo convencer a su padre pa’ que no lo vendiera, pude hablar con el patrón y convencerlo, por su hija y por la paz de la casa, ella era la única mujer de sus hijos y no podía ser que por un caballo viejo se rompiera la tranquilidad y todo lo demás que trai nomás problemas y más cosas malas pa’ la familia. Todo eso y más le había dicho al viejo aquel día frente a la seño Sylvia.

Desde ese día y quién sabe por qué y cómo fue que pasó, la seño Sylvia me tomó harto cariño y hasta me empezó a querer rete harto, todos los viernes o cuando estaba de buenas llegaba a las caballerizas y se iba conmigo a tomar unos tragos de tequila, y pos aluego ya no tengo que subirme más a mi árbol de la vista a su recámara, ahora ella se mete a mi cuarto y ahí estamos siempre juntitos el más tiempo que podamos, y ya nos conocemos por demás hasta como respiramos caduno, tan cerca como siempre que podemos, y nos juntamos hasta sentir el sudor de caduno cuando hace calor, y la temblorina cuando hace frío,  y los cuerpos tan juntos sin ropa debajo de los zarapes de mi cama los sentimos bien bonitos, aluego nos besamos y podemos sentir todito eso que siempre soñé y lo miré tan lejos y tan desde arriba del árbol, ahora la tengo bien cerquita…

La seño Sylvia nunca se enteró de cómo sabía yo que tenía un lunar arriba de su ombliguito,

—Pero Pepe, ¿cómo es que lo sabías…? —Y pos yo nomás le dije, así de frente y abrazándola bien fuerte,

—Nomás seño, porque lo soñé un día… Imaginando que todo lo que uno quiere lo puede alcanzar, nomás soñando…

FiN…


© – ® 2026 – México – Todos los derechos reservados. Luis Miguel Cobo / La Voz del Árabe / La Voz del Arte – NOTA MUY IMPORTANTE: Todas las historias contenidas en esta sección son creación del autor, de su imaginación, por lo que cualquier semejanza con la realidad es responsabilidad única y directa de la imaginación del lector, que conste…

La Voz del Árabe / La Voz del Arte / Lm.CoBo: Autorizan la reproducción de este cuento a condición de que cite la fuente y que no sea modificado en ninguna de sus partes, ortográfica y redacción, no podrá ser utilizado con fines comerciales. Favor de informar dónde y cuándo se publica a:lavozdelarabe.int@gmail.com.

Imagen: LVÁ – Lm.CoBo.FoTo

La Voz del Árabe (LVÁ) – Lm.CoBo – Cd. de México, julio 22 del 2026

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Luis Miguel Cobo

Luis Miguel Cobo – Escritor y periodista desde hace más de 30 años, ha trabajado en medios informativos mexicanos y como gerente de Prensa & Relaciones Públicas en varias empresas trasnacionales. Fotógrafo profesional. Director General de La Voz del Árabe.

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