AMIGAS DEL PASADO
-“Nunca más nadie del pasado, la lección fue espantosa…”
Luis Miguel Cobo
Hacía tiempo que no la veía, ella estaba entretenida escogiendo un arbolito de Navidad natural, seguramente que se gastaría una buena cantidad, entre árbol y esferas, pero ella siempre tuvo dinero…
De ojos claros y mirada tierna, cabello corto y lacio de color castaño, igual de delgada que siempre, a sus veintiséis años era poseedora de un hermoso cuerpo, Yolanda, ahí, de pie y negociando, como siempre tratando de que todo resultara a su favor.
De pronto no sabía si acercarme a ella o dejarla y solamente observarla, o llegarle como cuando estábamos en la escuela estudiando administración. Pensé que seguramente ya estaría casada, ella se tituló hacía dos años, antes que yo porque me retrasé con la tesis, sólo por desorganizado y la fiesta con los amigos, el desmadre me encantaba en aquella época y ahora me arrepentía, no tanto por la experiencia adquirida, pero sólo por el tiempo supuestamente perdido…
No podía dejar de admirarla, realmente no había cambiado ni tantito, de hecho, la miraba más hermosa y con mejor cuerpo, había algo que reflejaba en ella mucha seguridad, pero demostraba ser algo acelerada, era lo único que le noté después de varios minutos de estar mirándola.
Aquello fue increíble, ¿pero por qué me la tuve que encontrar así, cuando era lo que menos necesitaba? Todo el pasado regresó a mi mente en un segundo, la miré a ella y a Norma, mis dos amores universitarios y por las que tuve muchas broncas, y por las que no me había casado aún. Aunque la relación más fuerte fue con Norma, con ella logré vivir dos años mientras estudiábamos, recuerdo que Yolanda se moría de celos, varias veces me suplicó llorando que dejara a Norma y que me fuera con ella, pero mi necedad y lo que me estaba dando Norma no me permitía pensar en la hermosa Yolanda, era la más fresa del salón, la más discreta y mejor educada, pero la más valiente y con más personalidad entre todas las chavas…
De todas maneras, al final terminé la relación con Norma, aunque era una mujer muy guapa y adinerada, al principio de nuestra relación fue muy fogosa y le encantaba los fines de semana estar durante todo un día metida en la cama junto conmigo, a veces me hartaba, pero aguantaba porque hacía el amor como nadie, sabía su juego y lo desempeñaba muy bien…
Cierto día, cuando me descubrió besando a Yolanda me mandó al carajo y la relación terminó estrepitosamente, no supe ni qué sucedió, lo bueno fue que a las dos semanas ya salía con Yolanda y la relación iba muy en serio. Ella se sentía la mujer más afortunada del mundo, sólo porque era su novio, el más mujeriego del salón en la universidad. Y sí, me sentía el más galán, y cuando por fin tuve en mis manos a Yolanda, la más hermosa de aquel grupo, la chava de los ojos más claros y bonitos, fue mía, hacíamos el amor incansablemente en cualquier oportunidad que tuviéramos, igual en el automóvil que en un cine o un baño en la discoteca, hasta lo hicimos dentro de un elevador, era grandioso y muy temerario todo lo que hacíamos, cambió por completo de cómo era por sólo andar conmigo, ambos gozamos aquellos momentos como nadie, los compañeros de la universidad nos decían que estábamos locos, que un día íbamos a terminar en la cárcel por andar teniendo sexo en todas partes, aunque nunca nos cacharon tenían razón, pero estábamos tan enamorados que nos valía madres lo que dijeran todos, al final ella fue mía y yo de ella, los dos cumplimos nuestro capricho a costa de nosotros mismos…
Y sucedió, no pude haber sido diferente porque también me cortó por andar con otra, la engañé pese a mi negativa y ganas de no hacerlo, y lo peor fue que Yolanda sufrió mucho y muchos amigos me lo dijeron y me importó un carajo, continué siendo como sentía que tenía que ser, como lo sentía en esa época, llegué a sentir que eso era nato en mí, muy natural, no podía luchar contra el ser así, infiel a más no poder…
Ahora sin dejar de mirarla y de repente, en caliente, no lo pensé más, corrí hacia ella, sentía una sensación extraña en la garganta y el pecho, ella aún estaba ahí mirando los pinitos y cajas de esferas, si no le llegaba ahí mismo no tendría otra oportunidad…
—¿Cómo estás Yola…? —Le pregunté y ella me miró, extrañada, muy asombrada, no sabía qué decir, quedó muda todavía sosteniendo la rama del pino navideño, le dije, —sí Yolanda, soy yo, ¿como estás? Mírame bien… —hablé pausadamente, sin dejar de mirarla asombrado. Ella tenía la boca medio abierta, parecía como si estuviera congelada, no habló, miré que su mano le temblaba por el movimiento de la ramita del árbol. Ella por fin dijo, primero quedito y lento, abrió los ojos y luego gritó,
—¡Ho… hola! ¿Có… cómo estás…? Eres… es que… ¡sí… guau…! —Gritó y se acercó rápidamente para abrazarme soltando el pino que cayó al piso, la gente volteaba para vernos por lo que sucedía. No me soltaba, yo gozaba el abrazo porque la sentí como antaño.
—Oye nena, —le dije, —¿pues qué onda, por qué tan efusiva? Solamente quería verte y saludarte… —quedó en silencio sin decir nada, sin soltarme y pegado cuerpo contra cuerpo, abrazándome y escuchando en mi oído cómo suspiraba, me dijo,
—Eres un canalla, ¿por qué no regresaste? Maldito, dame un beso… —y me besó en la boca, nos besamos… trató de meter su lengua en mi boca y la recibí, pero no toda, luego yo también la abracé y a los pocos segundos la separé de mí. Continuó diciendo, —bebé, pero ¿qué te has hecho? Estás más guapo que bárbaro, me encantas… tenemos que hablar, y mucho mi amor…
—Sí, sí, quizá otro día, chance y un chupesito, ¿cómo la ves? —Le respondí mirándola fijamente,
—Estás equivocado, muy mal… —respondió acariciándome la mejilla, aún quería todo conmigo, estaba muy claro, continuó, —¡no te me vas chiquito! —Dijo gritando sin soltarme, —ora sí que te atrapé, te he buscado desgraciado, nada más pago el arbolito y nos vamos, ven… —me dijo y no me quedó otra nada más que seguirla. Yolanda realmente aún estaba demasiado hermosa, no lo podía negar ni creer, tenía un cuerpo hermoso y tentador, seductor a primera vista, y su cara muy hermosa, siempre me daba la sensación que era una de esas muñequitas que se ven en los aparadores o las vitrinas de las casas.
Más tarde, antes de comer estábamos tomando una copa en un bar cercano a su casa, me platicaba su vida y no dejaba de ponerle atención, toda a lo que decía, —pues fíjate que me divorcié hace un año, ya no aguantaba a ese cabrón, era un verdadero hijo de la chingada, nada más quería utilizarme como su puta esclava y que no trabajara… ¿pero tú no eres así, ¿no verdad?
—No, claro que no… —respondí, —soy diferente, creo… o sea que la mujer debe hacer lo que quiera, y el hombre también…
—¡Sí, claro, tienes razón…! —Respondió de inmediato, —cada quien hace su vida, profesional y personal, pero siempre juntos y amándose, eso es vivir bien y como se debe… pero y tú ¿qué has hecho?
—Trabajar Yola, —respondí de inmediato, —recordar todos aquellos malditos días de escuela… pero tú, ¿qué, te casaste de nuevo o qué?
—No, para nada, —dijo sin pensar, —todavía no estoy de nuevo tan loca, nada más estaba esperándote, algún día tenía que encontrarte cabrón… —sonreí sin decir nada, continuó, —en serio bebé, créeme, y te lo digo así, créeme que todavía estoy enamorada de ti… —sentí un calosfrío en la espalada y que las piernas me temblaban, que no podía estar más tiempo ahí, pero también había algo en ella que me forzaba a permanecer sentado en la silla y continuar escuchándola hasta que quisiera, había algo y trataba de imaginar en esos momentos.
Cuando menos lo sentimos y sin pensarlo ya estábamos en la sala de su departamento, muy sencillo y bonito, pero se notaba el lujo en cualquier rincón, ella siempre había tenido dinero porque fue de familia adinerada, había libros por todas partes, pero muy ordenados, además de adornos y objetos muy personales de valor que se notaba enseguida, aunque también siempre había sido muy sencilla, lo mejor que noté a primera vista es que era una profesional activa y eso me gustaba.
De pronto me sirvió un ron y ella otro, platicamos y nos mirábamos, sentía algo real y exquisito dentro de mí, llegó el momento en el que no pude controlarme más, tuve que hacerlo y me acerqué a ella, tan cerca que la besé y ella me respondió también apasionadamente, más que yo… Mordía mis labios y metía su lengua en mi boca hasta donde le alcanzaba, mi cuerpo empezaba a aflojarse sintiendo el suyo. De pronto su blusa salió volando junto con la mía, sus pantalones cortos de mezclilla también, en menos tiempo que lo pensamos estábamos desnudos, me tocaba y acariciaba cuanto podía, ambos sobre el sillón grande de la sala, de tela muy suave, la abrazaba con fuerza y sentía su aliento en mi cara, escuchaba sus jadeos y gritos reprimidos en mi mente, empezábamos a sentirlo todo, no podía separarla porque estaba arriba de mí, en cuanto pude di vuelta y ella quedó abajo, ahora sí yo dominaba la situación, tremenda guerra que estaba sucediendo sobre aquel sillón, era el testigo que tenía y que sabía que solamente lo hacía por hacerlo y no por amor, como Yolanda que había confesado estar enamorada aún de mí…

No dejaba de besarme, por todo el cuerpo, deseaba comérselo todo… Empezaba a sentir su cuerpo, si piel candente, lisa y tersa, divina, su mente se apoderaba de la mía, su aliento y saliva me hacía recordarla como antaño, aquellos años que hicimos todo y de todo en todos lugares, así, sin miedo ni pena alguna…de pronto y por lo que estaba sucediendo en esos instantes deseaba estar dentro de su cuerpo… no hallaba el camino hasta que ella misma me dijo cómo y ayudándome pude entrar en el pozo sintiendo sus dos piernas sobre mi espalda, era hermoso e increíble sentirla así, la sentía más experimentada eso me gustaba y excitaba más, el matrimonio de alguna manera enseña y da experiencia a cualquiera…
No aguantaba más, la excitación me nublaba la mente y sólo sentía, cerraba los ojos y la recordaba como en aquella época, tan fogosa y caliente conmigo, la sentía en esos momentos tan ardiente que inclusive imaginé en segundos lo fascinante que sería mi futuro con ella viviendo y teniendo sexo así a diario…
Y llegó el momento de entregarme, de entregarle y vaciarme en ella… uno, dos y tres movimientos lentos y exquisitos bastaron para hacerla gritar y entregarse completamente a mí… Aliento, sudor y mieles derramadas nos unieron aún más después de tanto tiempo, acción extrañada y vuelta a vivir, parecía olvidada y no fue así, en tan sólo minutos el pasado regresó para ambos que sentíamos y vivíamos el momento excelso del sentimiento y amor conjugados tan sólo por la atracción física y los recuerdos del sexo en la juventud. El acto consumado fue y pude llegar al centro de su alma entrando por el oscuro túnel del deseo hasta llegar al fondo, y cuando el sentimiento estalló al mismo tiempo parecía que una bomba explotaba.
Sólo diez minutos de placer pagaron tantos años de ausencia…
Descansó, aún húmeda y respirando aceleradamente me dijo, sonriendo delicada y tiernamente, como si no fuera ella, como si fuera una joven de apenas 15 años, —eres un canalla, manejas tus armas como siempre, pero y ahora ¿qué tal yo?
—Muy hermosa, increíble… —respondí suspirando por el cansancio, —creo o no sé, quizás sí, que sigo amándote… —luego de golpe sentí algo muy negativo, una energía desconocida por mí en esos momentos, su mirada se transformó, la desconocí, su rostro se afiló, se levantó y alejó un metro de mí aún desnuda, mirándome de frente la escuché y su forma de hablar era otra,
—Maldito, ¡fuera de mi casa… ya tuviste demasiado, te odio…! —Gritaba enojada y con mucho coraje, —¡tantos años de abandono y hoy llegas como si aún furas el joven estudiante mujeriego de antaño ¡mentiroso hijo de puta! —La notaba demasiado enojada conmigo, no supe qué decir, me extrañó y asombró su actitud, pero aún con eso tenía ganas de seguir ahí con ella.
—Mi amor… —le dije, —yo te quiero, créeme… anda ya y dame un beso… —me respondió con una bofetada. Desnuda como estaba de pronto y muy rápido se vistió. Su plan había funcionado, me enamoró de nuevo en cinco minutos, me dio una probada que duró diez, minutos y con eso me hizo pagarle esos años, apenas cuatro.
La verdad es que me quedé con las ganas, traté de hablar con ella al salir de su casa, pero no me dejó decir nada, como siempre resultó a su favor…
Nuevamente solo, ya no la volví a ver más, pero esa experiencia después de tanto tiempo me hizo recapacitar, nunca más amigas del pasado…
Semanas después me encontraba en un almacén comprando mi despensa para la semana, empujaba el carrito por el pasillo de los pañuelos faciales y papel sanitario, tomaba un paquete de 18 rollos y con algún trabajo lo acomodaba en el carrito, de repente miré hacia el frente y ahí estaba ella, tan hermosa como siempre, elegante como la última vez que la pude ver antes de que me mandara muy lejos, ¡ah las mujeres, tan divinas y hermosas…!
No lo podía creer, ahí estaba ella, escogiendo papel de baño, a escasos tres metros de mí y no me había visto…
Lo pensé, sin dejar de mirarla y de repente, en caliente, no lo pensé más, corrí hacia ella, le dije,
—Hola nena hermosa, ¿cómo estás Norma…?
FiN
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NOTA MUY IMPORTANTE: Todas las historias contenidas en esta sección son creación del autor, de su imaginación, por lo que cualquier semejanza con la realidad es responsabilidad única y directa de la imaginación del lector, que conste…
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Imagen: LVÁ – Lm.CoBo.FoTo
La Voz del Árabe (LVÁ) – LM.COBO – Cd. de México, septiembre 5 del 2026
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