martes, julio 21, 2026
Editorial

LA GUERRA CONTRA IRÁN Y EL DESCONCIERTO INTERNACIONAL

 -El actual desarreglo es mayúsculo: prácticamente todas las organizaciones, convenciones, normas, tratados, acuerdos…

Jorge Álvarez Fuentes*

Jorge Álvarez Fuentes, del Grupo México en el Mundo, analiza la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el declive de la hegemonía estadounidense bajo Trump y el severo impacto económico global.

Muchos líderes y pensadores en el mundo están llegando a la preocupante conclusión de que la errática conducta internacional de los Estados Unidos, con Trump como comandante en jefe, está impulsando y acelerando el cambio de época; que lo que MAGA está haciendo en el ámbito externo es extender la impredecible incertidumbre respecto de un mundo posterior a la hegemonía estadounidense. Para algunos esto es más grave aún, porque las múltiples confrontaciones, crisis y tensiones simultáneas que requieren de la actuación responsable de la nación más poderosa del mundo están finalmente socavando el sistema internacional y destruyendo el orden global establecido después de la Segunda Guerra Mundial, en el que a pesar de la bipolaridad primaron los intereses estadounidenses y los de Occidente.

El actual desarreglo es mayúsculo: prácticamente todas las organizaciones, convenciones, normas, tratados, acuerdos, mecanismos y alianzas existentes están siendo abandonadas y cuestionadas de facto sin que se perfilen y surjan iniciativas innovadoras capaces de concebir y construir nuevas instituciones e instancias internacionales, o impulsar negociaciones verdaderas para poner fin a las múltiples guerras y conflictos que la humanidad está perdiendo de manera flagrante. La disrupción e incertidumbre económicas, la fragmentación y las profundas diferencias geopolíticas y geoeconómicas están precipitando la retracción y la reclamación aislacionista estadounidense frente a los países europeos, latinoamericanos y asiáticos, teniendo como trasfondo la impredecible confrontación estratégica con China.

Trump puede seguir pregonando a los cuatro vientos la victoria militar de Estados Unidos sobre Irán, cuando lo cierto es que el capital político con el que tendrá que pagar representa un precio exorbitante, porque se trata precisamente de una colosal derrota. Basta recordar que la guerra contra Irán, bajo la influencia y el convencimiento del gobierno de Netanyahu, le costó a los contribuyentes estadounidenses la friolera de 111 billones de dólares, exacerbó y desató la inflación en el mundo, desquició la cadena energética global y desarticuló la logística del comercio marítimo mundial. Evidenció las enormes dificultades de Estados Unidos para crecer, mandar, guerrear, reescribir las reglas de los intercambios comerciales e imponer finalmente su voluntad ejerciendo el poder por la fuerza bajo los términos depredadores de los negocios internacionales concebidos por Trump para beneficiarse él y otros cuantos oligarcas, no para guiar al mundo ni salvaguardar las normas del derecho internacional y la legalidad.

Trump y los halcones republicanos que exigían una ”rendición total” de Irán han debido conformarse con un arreglo provisional, con una pausa coercitiva, dejando intacta la amenaza del programa nuclear en manos del régimen teocrático a cambio de conseguir que este acepte “reabrir” el estrecho de Ormuz, debilitando la credibilidad e influencia de Estados Unidos en el Medio Oriente y en el mundo. El actual gobierno estadounidense bien podría claudicar y dejar los daños y descalabros provocados para que las ricas monarquías del Golfo paguen la cuenta y culpar del fiasco a Netanyahu. Por primera vez en más de siete décadas, las diferencias entre un presidente estadounidense transaccional y sin visión de política exterior como Trump y el belicoso primer ministro que más tiempo ha estado al frente del gobierno de Israel podrían tener numerosas repercusiones externas e internas sin precedente y cambiar —en parte— la trayectoria del conflicto hasta generar la quiebra en la alianza militar y estratégica ante los intereses y objetivos divergentes en medio de un colapso más amplio. Las nuevas rutas logísticas alternativas para tratar de sortear el bloqueo del estrecho de Ormuz se han vuelto una pesadilla, habiéndose multiplicado por seis los costos del transporte terrestre, habiendo muchos puertos saturados en el mar Rojo y en el Golfo al igual que tramos carreteros terrestres atestados en la península arábiga, sin una infraestructura ferroviaria alternativa para el manejo y traslado de una enorme carga de contenedores.

El recuento de los daños comienza con haber impulsado y aceptado una tregua inestable que lejos está de ser el preludio de un acuerdo regional de paz duradero. Tras la cumbre con el presidente Xi Jinping no se vislumbra que China vaya a ir más allá de su actual papel entre los bastidores diplomáticos. La era del control implícito e indiscutible de Estados Unidos sobre el Golfo Pérsico ha terminado. Lo que parece estar surgiendo en su lugar es un desequilibrio regional más frágil, complejo y fragmentado en el que seguirán las presiones sobre los precios mundiales del petróleo, del gas natural, de los plásticos, los fertilizantes y los alimentos, y en el que además de los numerosos países importadores, todos los países árabes tendrán que hacer nuevos cálculos y previsiones sobre su seguridad regional y sus proyectos nacionales de largo plazo. Con el aumento de los precios de las exportaciones petroleras y las sanciones estadounidenses contra la industria petrolera y gasera rusa en suspenso, el presidente Vladimir Putin dispondrá de recursos suficientes para seguir financiando la atroz guerra que libra con Ucrania. 

Desde abril, los inexpertos negociadores de Estados Unidos no han logrado convertir los intentos de alto al fuego en un proceso sólido que ponga fin de manera permanente al conflicto en los distintos frentes, debido, principalmente, a que el gobierno de Israel ha intensificado y ampliado su campaña militar en el Líbano contra Hezbolá, que sigue y seguirá teniendo el respaldo de Irán. Los ataques del ejército y la fuerza aérea israelí han causado ya la muerte de 3956 personas y lesionado a 11632 civiles en el sur del Líbano. Ante la crisis energética desatada, en los mercados internacionales se hacen proyecciones de que la producción mundial de petróleo alcanzará en promedio unos 99 millones de barriles diarios frente a la cifra récord de 106 millones de barriles en 2025, por lo que muchos países van a tener que extraer de sus reservas los barriles que necesitan. Si la guerra no termina pronto y prosiguen las perturbaciones, seguirán disparándose los precios de la energía en el mundo y las previsiones del Banco Mundial podrían cumplirse: el crecimiento económico global podría ser sólo 1.3 % en 2026, el más bajo desde la pandemia, con un aumento de la inflación global hasta por encima del 4 %, como ya está ocurriendo en Estados Unidos, lo que significa también mayores presiones sobre las economías en desarrollo respecto de los costos de su endeudamiento. 

Otra de las grandes interrogantes del anunciado memorándum de entendimiento radica en su carácter provisional, en que se trata de una nueva pausa coercitiva, donde podrían llevarse a cabo ataques en medio de negociaciones, y en el hecho de haber marginado a Israel. No será sino hasta cuando se hayan realizado y concluido las negociaciones en los próximos 60 días que pudiera haber alguna certeza. Si, en efecto, en los hechos, en el mismo teatro de la guerra se logra conseguir un verdadero entendimiento entre todas las partes. Menuda responsabilidad le ha encomendado Trump al vicepresidente J. D. Vance, que se juega su futuro político. Un asunto central, particularmente grave, es que después de los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel contra las instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, los más de 400 kilogramos de uranio enriquecido quedaron sepultados bajo tierra. Ahora se sabe, según fuentes de la propia inteligencia estadounidense, que la Guardia Revolucionaria iraní intensificó sus esfuerzos para aislar las reservas de dicho material nuclear mediante derrumbes controlados y la colocación de minas. Esto podría hacer aún más difícil e inviable la cándida propuesta de Trump para retirar y destruir el uranio apto para fabricar una bomba y desarrollar un arma nuclear. El régimen iraní ha visto reforzado su poder de negociación por la misma conducción de la guerra por parte de Trump. 

Los estadounidenses están cada vez más frustrados con el liderazgo de Trump por el manejo y el impacto económico del conflicto, por el incremento en los costos de la vida, preocupados también por las repercusiones negativas para el conjunto de la seguridad internacional. Trump y los republicanos que ganaron las elecciones presidenciales y congresionales en 2024 ante la preocupación de los votantes por la inflación, bien podrían verse perjudicados por la misma razón en las elecciones intermedias de noviembre. En los próximos meses seguirá habiendo escenarios muy inciertos: ¿se impondrá o no un sistema de peaje en el estrecho de Ormuz? Lejos de aceptar que se descongelen gradualmente, ¿Estados Unidos recurrirá acaso a los fondos iraníes incautados para pagar los enormes daños causados a los países árabes aliados en el Golfo? ¿Habrá condiciones para un levantamiento de sanciones como exige Irán?

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán se detuvo solo para demostrar que ha sido un verdadero fiasco global. EP

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado Director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento”. @JAlvarezFuentes

Información: EstePaís / Imagen: Oleksiy Yeshtokyn | pexels 

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, julio 21 del 2026

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