ENTRE EL EGO Y LA HUMILDAD “SUBYACE EL SENTIDO COMÚN”

En síntesis, para quien no quiere permanecer con ojos y oídos tapados, la única defensa de un ser racional es razonar. La mejor aliada del ser humano es actuar con humanidad.

Mauricio Saraya Ley*

Mal entender la humildad es interpretarla como padecer de cierta bajeza de nacimiento, o como ser sumiso; sin embargo, mucho más allá de esos conceptos (incluidos en el diccionario), la connotación que tiene en el presente escrito es fundamentalmente la virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades, y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

A partir de esta virtud, en pugna casi irreconciliable con el ego, reconocer que nuestros conocimientos en infinidad de temas son sumamente limitados debiera ser la norma, no la excepción.

La física de Newton ahora resulta obsoleta cuando la comparamos con la física cuántica, y, aun así, profesionales de todas las carreras, particularmente científicos y médicos, nos aferramos a la primera. ¿Dónde quedó el sentido común? No hay peor ciego que el que no quiere ver, y esto se practica de manera cotidiana porque abrir los ojos nos confronta ante nuestros actos o ante la falta de ellos.

En el campo de la salud, lo que creíamos que determinaba ineludiblemente nuestro destino resulta ser erróneo, pues nuevos descubrimientos nos revelan que los genes no se activan o desactivan por sí solos, sino a través de lo que pensamos, nos movemos, sentimos, comemos y descansamos. La ciencia de la epigenética, cuando le ponemos atención, nos orienta y nos guía en el qué y el cómo se determina el comportamiento de nuestros genes.

Al estar por demás distraídos, instalados en una zona de confort que a menudo nos cobra un precio demasiado alto, así como por falta de curiosidad, decidimos creer en la mayoría de los medios de comunicación (donde la desinformación, la manipulación y la censura están a la orden del día). Tener fe ciega en lo que alguien más, de dudosa moral nos dice, como lo son dichos medios, patrocinados por las grandes farmacéuticas y de bebidas y productos ultra-procesados, en realidad nos va condicionando a una narrativa que empieza por causarnos ceguera y termina por enfermarnos.

Este artículo no es apto para narcisistas, quienes piensan que diversas perspectivas que difieran de la propia son erróneas, pero da la bienvenida a los escépticos, a los incrédulos y a todo aquel que está dispuesto a incomodarse, a salirse de su zona de confort y a pagar el precio por descubrir lo que una narrativa oficial aceptada pretende mantener oculto. Vallamos por partes.

Como tenemos la imperiosa necesidad de sentirnos protegidos ante nuestros miedos, particularmente los que implican enfermedad y muerte, hemos entregado nuestro poder de co-crear salud a través de estilos de vida saludable, a una comunidad médica cuya consciencia se encuentra cada vez más secuestrada.

Ahora bien, empecemos por aclarar que no estamos minimizando, ni mucho menos menospreciando, el esfuerzo que involucra la labor de médicos y personal dedicado a promover la salud, pero “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones” y si no ponemos las cartas sobre la mesa, seguiremos viviendo en un mundo donde el tuerto es rey, en lugar de apostarle a tener visión de águila.

Durante muchos años anhelé ser médico, porque al igual que muchos doctores, junto con los docentes de corazón, esas dos profesiones tan llenas de entrega y lucha por el bienestar común, se antojan a través del servicio como la mayor fuente de realización que un Ser Humano puede desempeñar. ¿Quién no jugó o soñó en su momento con curar los males ajenos? En mi niñez, y en la de muchos, los médicos eran nuestros héroes y sabían el estado de salud de todos los miembros de nuestra familia. Les éramos fieles porque nos conocían y atendían una, y otra y otra vez. Muy diferente a lo que nos brinda el totalmente deshumanizado sistema de hospitales moderno. En los privados somos un número que se valora de acuerdo a lo que cubre nuestra póliza asegurada. En los gubernamentales, nos cambian de médico casi cada visita, y apenas nos dedican escasos minutos a los pacientes, a quienes tratarán con una superficialidad cada vez más mecánica, menos comprometida, y más alejada de aquello que nos distingue como seres humanos.

La medicina occidental brilló como muy pocas actividades cuando fue incluyente. Los médicos le dedicaban tiempo de calidad al paciente, y trataban a cada uno atacando las causas de sus males, dando consejos, no simplemente paliando con sus síntomas. Solían escuchar e indagaban lo que cada uno comía, cómo vivía, de qué habían padecido padres y abuelos, se sabían de memoria cómo estaban los diferentes miembros de la familia, y al diagnosticar a alguien le trataban de forma individualizada, no como parte de un mero protocolo (con montones de conflictos de interés impulsado por aseguradoras, hospitales y farmacéuticas) donde ignorando todo lo que el paciente puede aportar cuando es realmente escuchado, con demasiada frecuencia se pretende que un mismo tratamiento le sirva a todos por igual.

Las farmacias no se encontraban una en cada esquina, porque tampoco se precisaban, ni vendían en una vitrina medicamentos contra síntomas, mientras irónicamente, en la vitrina de junto, se ofrecen los productos chatarra que crean precisamente esos mismos síntomas.

“Pásele de este lado para venderle su Coca-Cola y sus Doritos con chile, al cabo que en el siguiente mostrador le vendemos la metformina, la insulina, y aproveche la caja de antiácidos que tenemos en promoción”.

Muchos dicen que ahora vivimos más años, pero si bien es cuestionable (porque mis abuelos fueron más longevos que mis padres) ¿merece la pena vivir más tiempo cuando la calidad de vida es cada día menor? Las generaciones pasadas llegaban a viejos con mayor salud que en la actualidad, y países que se autodenominan de “Primer Mundo” como el caso de los Estados Unidos de Norteamérica, dejan claro que la población está cada día más enferma, y que no está en sus planes curarla desde la raíz, porque sería como matar a la gallina de los huevos de oro que ha corrompido hasta la médula a todas las agencias reguladoras gubernamentales (FDA, CDC, EPA, INH, OMS), y a quienes en dichos gobiernos hacen legal este envenenamiento sistemático de las grandes masas.

La que fuera un día considerada la primera potencia, cuya población asciende al 4.7% de la población mundial, consume el 40% de todos los fármacos fabricados de manera global, y gasta más de tres veces y media en el sector salud que el siguiente país que más gasta. También es el país con más pacientes en diálisis, porque sus protocolos y tratamientos desencadenan en falla hepática y de riñones. Cuentan con la cartilla de vacunación obligatoria más excesiva en el mundo, y coincidentemente, conforme han ido aumentando las dosis obligatorias, en paralelo han ido aumentando los casos de autismo, Alzheimer, enfermedades autoinmunes, cáncer y males coronarios, por sólo mencionar algunos. Como no hay ningún incentivo para que las vacunas sean más seguras (porque los fabricantes no pueden ser demandados por mandato presidencial desde Reagan, ya que las vacunas son, según se testificó ante la suprema corte “ineludiblemente inseguras”) el panorama no sólo no va a cambiar, sino que se va a encrudecer.

Estados Unidos es indiscutiblemente el primer lugar en muchas cosas: decesos por Covid (aunque en noviembre pasado los CDC, centros para el control de enfermedades por sus siglas en inglés) declaró que el 94% de esas víctimas padecían en promedio de 3.2 comorbilidades, por lo que sólo un 6% podría considerarse víctima real exclusiva de la enfermedad. También es primer lugar en inflación de números (sobornando a hospitales y médicos para que declararan que la causa de muerte de un atropellado o un accidentado en motocicleta era por covid). Sin lugar a dudas, es primer lugar en defraudar y engañar a su ciudadanía y en experimentar con ella desde hace décadas. Como bien lo señaló en 2016 la Universidad Johns Hopkins, el sistema médico que se utiliza en ese país es la tercera causa de muerte poblacional, y al parecer no es un mero accidente.

La medicina alópata basada en fármacos es como es, hoy en día, en gran medida como consecuencia del informe Flexner, un controvertido e inquietante documento que reglamentó taxativamente la forma en cómo debía educarse a los médicos y cómo estos debían practicar la medicina. Hoy es más que evidente la manera en que estuvieron involucrados los desproporcionados intereses económicos.

Uno de los efectos trascendentales del informe Flexner fue el hecho de que desde las modificaciones a las que dio lugar, la medicina en su conjunto se tornó exclusivamente farmacológica, centrada en los síntomas del cuerpo y orientada casi en su totalidad, al tratamiento basado en fármacos. La AMA (American Medical Association) y los AAMC (Association of American Medical Colleges) tras aceptar enormes cantidades de dinero disfrazado de donaciones altruistas, pero que sin tapujos podemos calificar simplemente como sobornos, hicieron cambios radicales en la enseñanza y la práctica de la medicina, entre 1910 y 1925.

Las facultades de medicina y los hospitales debían adoptar todas las recomendaciones consignadas en el informe Flexner, cambio que llevó a que el número de escuelas de medicina pasara de 650 a 50. Los alumnos se redujeron de 7.500 a 2.500. Dentro de las “vanguardistas recomendaciones” estaban, por ejemplo, la eliminación de las mujeres del servicio médico, así como de personas de color. Ya decidirá el amable lector qué clase de criterio se precisa tener para elaborar tales propuestas.

¿Y qué pasó con la medicina preventiva? ¿Qué fue de ahondar en el escrutinio de la nutrición, la base elemental en la construcción de un sistema inmunitario con mayores alcances que todas las vacunas históricamente creadas, juntas? Según PubMed, los médicos del país vecino reciben 19.6 horas de entrenamiento en nutrición durante toda su formación, aunque sea evidente que en ello radica la construcción de la homeostasis, es decir, del equilibrio de un cuerpo saludable. 

En un sistema médico orientado a la depredación, no tiene cabida nada que no sea patentable, nada que mantenga a la población predominantemente saludable, nada que no signifique una fuente de ingresos constante, que, bajo la promesa de sanar al enfermo, lo mantiene en esa situación hasta aniquilarle. La promoción de medicina preventiva obviamente se ha vuelto para los depredadores desdeñable.

Lo que hoy llamamos “medicina alternativa” hace un siglo era muy común. Existen tantos tipos de medicina como culturas y pueblos, porque milenariamente cada grupo étnico ha desarrollado su propia forma de curarse. Naturista, herbolaria, homeopática, China, Ayurvédica, acupuntura, energética, todas en mayor o menor grado funcionan, tanto o más que la que hoy se califica como tradicional, cuando la medicina alopática no es más que otra simple alternativa, haya o no estudios publicados al respecto. Por su parte, la medicina integrativa, abierta a utilizar lo mejor de cada medicina, debería ser la norma, pero la avaricia pretende asfixiarla. Al menos la mitad de los médicos empleaban terapias no farmacológicas antes de que se comenzara la caza de brujas y se les prohibiera ejercer a los médicos verdadera medicina so pena de perder la licencia para ejercerla.

 Desde Hipócrates, considerado el padre de la medicina, ya se nos decía que, si no usábamos nuestro alimento como medicina, acabaríamos por utilizar medicinas como alimento. Pero ojo, la salud individual no es responsabilidad exclusiva del médico (quien en el mejor de los casos sólo debería ser un apoyo), sino de todos y cada uno de nosotros, que nos hacemos tantas veces de la vista gorda y queremos ser fuertes, saludables y hermosos sin pagar precio alguno para lograrlo.

Nuestra ignorancia acerca de los estilos de vida saludables no es imputable a la ignorancia de otros sobre el mismo tema, sin importar si esos otros son nuestros padres, nuestros cocineros e incluso nuestros médicos. Así como ignorar las leyes que dañan a los demás o a nosotros mismos no nos exime de culpa ni castigo, la pereza de no hacernos responsables por nuestra propia salud también tendrá siempre ineludibles consecuencias.

¿Fue una coincidencia que John D. Rockefeller financiara el estudio Flexner que luego dio origen a los tratamientos preferentemente farmacológicos, cuando él era el magnate del petróleo y recientemente se había descubierto la forma de hacer medicamentos a partir de ese compuesto?

La doctora Ghislaine Lanctot, autora del libro La mafia médica, señaló: “La estrategia consiste en tener enfermos crónicos que tengan que consumir todo tipo de productos paliativos, es decir, para tratar sólo síntomas, pero NUNCA fármacos que puedan resolver una enfermedad de manera permanente… Eso no es rentable”.

El resurgir de las llamadas “medicinas alternativas” podría ser una señal de que muchas personas no confían plenamente en la medicina alopática o convencional. Y ¿quién puede culpar al desconfiado, cuando los errores médicos y efectos medicamentosos colaterales son desde hace décadas una de las principales causas de muerte? ¡Los números no mienten! La tasa de supervivencia de pacientes oncológicos luego de 5 años es deplorable, y son muchos más los que mueren por el tratamiento que por la propia enfermedad.

Pese a todo, tampoco se pueden echar por tierra sus avances, que en algunas ramas son muchos, como lo es en Traumatología, y nos vendría bien a la sociedad entera, empezando por los médicos, examinar y debatir estos temas de manera abierta, lo cual hoy es criticado, censurado, perseguido y castigado porque no se trata de salud, sino de control, poder y dinero.

A nivel global, aun enorme porcentaje de la comunidad médica, de la administración de hospitales, de las agencias reguladoras del sector salud y de las cabezas gubernamentales que hacen legal lo ilegal se les ha secuestrado la consciencia y han sido adoctrinados para creer, sin indagar a profundidad por sí mismos, mentiras abominables que van en contra de toda moral.

Todos hemos sido adoctrinados y sistemáticamente engañados, confiando en que los médicos siempre van a rescatarnos, pero nunca hemos contemplado el grado en que también ellos han sido engañados.

Depositar plena confianza en quienes históricamente nos han y siguen mintiendo es un hecho condenable, porque ni la comunidad al servicio de la salud ni el resto de la población podemos pretender ganar la lucha por el bienestar, cuando por falta de compromiso, información, educación y/o consciencia nos limitamos a aceptar la falsedad de un discurso predominante, que envenena y mata sistemáticamente a las poblaciones internacionales.

Cuatro de las farmacéuticas que actualmente fabrican inoculaciones de terapias génicas (GlaxoSmithKline, Pfeizer, Merk, Sanofi) todas son convictas criminales que colectivamente han tenido que pagar desde 2009 más de “35 mil millones de dólares” por multas, daños y defraudación de regulaciones, así como por falsificar datos científicos, sobornar médicos, comerciar con medicamentos contaminados y corromper a todo el sistema, engañar al público y matar a millones de personas. Estamos hablando de la misma Industria que bajo la bandera de “Luchamos por la Salud”, históricamente a nivel mundial ha sido multada con las mayores sumas y sanciones de todas las industrias. Por sólo dar un ejemplo, la primera de ellas fue multada en un solo caso por fraude de servicios médicos por más de 3 “Billones”, y aunque dicha suma parece exorbitante, apenas asciende a un pequeño porcentaje de sus utilidades logradas (por lo que la multa ha sido previamente contemplada y es simplemente parte de un pequeño gasto administrativo para continuar con sus fechorías).

Los campos de concentración utilizados en la segunda guerra mundial ya habían sido creados por las grandes farmacéuticas. Existían desde antes de la guerra, y eran campos de experimentación y mano obrera esclava, donde centenares de científicos iban a practicar indecibles abominaciones sobre sus víctimas cautivas, para más tarde regresar día tras día a cenar como si nada a sus casas.

Cientos de criminales enjuiciados en Nuremberg tras la segunda guerra mundial fueron rescatados por el gobierno de los Estados Unidos (gobierno que llevaba una estrecha relación con el tercer Reich de la Alemania Nazi, aunque oficialmente presumía de lo contrario), a través de una operación secreta llamada Paperclip. En dicha estrategia recibieron, perdonaron y pusieron a trabajar a dichos científicos bajo nuevas identidades para colaborar con el servicio secreto gubernamental que luego dio frutos vigentes hasta nuestros días, como el aprender a implementar un lavado de cerebro colectivo por medio de las técnicas de ingeniería social más avanzadas.

Los peores casos de convictos encontrados culpables por experimentar con vidas humanas tuvieron que pagar un relativo precio (hasta seis años de cárcel por haber matado a miles de víctimas), pero tras asumir su simbólico castigo, fueron designados directivos de las principales agencias reguladoras, así como de las farmacéuticas que hoy pretenden manejar al mundo entero a través de una dictadura médica

Sabemos que la cada vez más corrupta OMS es el parapeto ideal para implementar todas sus plandemias y censurar a quien trate de desenmascararlos. Por supuesto que no es la primera vez que pretenden fabricar una pandemia, y claro está que no será la última, pero apelamos a la consciencia de cada médico, cada enfermera, cada persona del sector salud a que cuestionen todo lo que está pasando, lean una vez más el juramento de Hipócrates porque se comprometieron a ello, y no sean cómplices pasivos de esta dictadura donde la pérdida de las libertades más elementales está en peligro de extinguirse.

Para todos los que no trabajamos en el sector salud, pero estamos comprometidos por la libertad y por el bienestar propio y de nuestros hijos, familia y especie, donde cada uno decide cómo curarse, qué sustancias introducir al propio cuerpo, y la forma en que uno decide vivir su propia vida, o incluso morir si ese fuere su deseo, entendamos que ser un cómplice de un totalitarismo médico donde ya no podemos decidir qué se le introduce a nuestro propio cuerpo es volverse parte del problema.

Primero nos dijeron que bastarían dos semanas para aplanar la curva, luego que dos meses más para vencer cualquier posible factor no considerado, y luego se volvió un periodo de más de dos años, vigente aun en muchos lados El mismo director del Instituto Nacional de la Salud del vecino del Norte, el Dr. Faucci, (que por cierto fue quien financió en gran medida el desarrollo del virus en cuestión de forma ilegal) tras asegurar que sería absurdo recomendar el uso de tapabocas, apenas 2 meses más tarde comenzó a sugerirlo y hasta llegó a recomendar a utilizarlo doble (sin ninguna evidencia científica de que la medida funcione). Las pruebas diagnósticas PCR son probablemente el mayor fraude de la historia médica universal, donde científicamente se sabe que son incapaces de diagnosticar infecciones virales, y su inventor lo advirtió desde que fue creada, pero la propaganda a través de los medios de comunicación se ha encargado de sumir a miles de millones de personas en la inconsciencia de lo ilógico e inverosímil como resultado de propagar permanentemente MIEDO. Primero una vacuna (inoculación de terapia génica) que supuestamente era 96% efectiva, después de ser aplicada resulta que ni protege de infectarse, ni previene la enfermedad, ni en resumen debería llamarse vacuna. Luego que mejor hay que ponerse dos. Pero si ya los hipnotizamos y lo aceptaron metámosles la tercera, y la cuarta, y a los jóvenes, y luego a los niños, y ahora ¡hasta a los bebes! Ad infinitum!!! Que absurdo, que triste y que asco da tanta hipocresía de unos, cinismo de otros, e ignorancia y pasividad de tantos más.

Sí, el precio a revelarse a un experimento de alcance devastador puede ser perder el trabajo, no poder viajar, no poder ir a la escuela, al cine, a una fiesta, etcétera, pero siempre será mejor a obedecer ciegamente una dictadura experimental con decenas de miles de efectos adversos. Aceptar que otros decidan por temor a revelarse es volverse en el más profundo sentido un verdadero esclavo.

Lo que prometieron, lo que no cumplieron, cómo va cambiando el mensaje, la narrativa que va de efectos tras la inoculación colaterales a disfrazarlos bajo el término de covid prolongado, calificar a personas saludables que dieron positivo a una prueba fraudulenta como enfermos asintomáticos (lo cual nunca existió antes en la historia de la medicina), la prohibición de tratamientos aprobados y utilizados por décadas, los efectos de medidas irracionales, el soborno a hospitales para causar muerte con protocolos criminales, la destrucción de la confianza del prójimo por una enfermedad que ha cobrado menos vidas que la influenza estacional cada año, echarle la culpa a los no inoculados, cuando las cifras nos muestran claramente que los inoculados son los que más se están contagiando, enfermando y muriendo no sólo de covid, sino de decenas de efectos secundarios, todo eso es información que si no nos atrevemos a cuestionar por miedo a tener que hacernos responsables de nuestras propias vidas terminará por aniquilarnos.

Como lo ha reportado Megan Redshaw para The Defender (Children´s Health Defense), los datos del VAERS publicados el pasado viernes por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran 1,287,595 informes de eventos adversos de todos los grupos de edad después de las vacunas contra el COVID-19, incluidas 28,532 muertes y 235,041 lesiones graves entre diciembre y diciembre. 14 de 2020 y 27 de mayo de 2022. Históricamente, se ha demostrado que el VAERS informa solo el 1% de los eventos adversos reales de la vacuna, por lo que presumiblemente, ¡podemos multiplicar estas cifras por 100!

No obstante, la ceguera y sordera causados por la avaricia pretender ir más allá. Pfizer y BioNTech presentaron el miércoles su solicitud de autorización de emergencia de un régimen de tres inyecciones para niños de 6 meses a 4 años. Moderna presentó su solicitud en abril para un régimen de dos inyecciones para niños de 6 meses a menos de 6 años. Y yo me pregunto: ¿Cuál emergencia? ¡Los infantes no se mueren de ese virus, a menos que tengan montones de comorbilidades! ¿Acaso no existe una voz con suficientes agallas que les diga que el sistema inmunitario de los bebes no está desarrollado por completo antes de como mínimo 18 meses, y que para lo único que servirán sus tóxicas inyecciones con metales pesados, células de abortos, así como de múltiples animales, y otras sustancias que ni siquiera se atreven a enlistar, es para crear más enfermedades? Hay alrededor de 19 millones de niños menores de 5 años en los Estados Unidos, “Un negocio redondo nada despreciable para los genocidas en turno”.

Programas de compensación por lesiones causadas por vacunas abrumados por miles de informes. Los programas federales que compensan a las personas que sufrieron lesiones por las vacunas o el tratamiento de la pandemia de COVID-19 enfrentan tantos reclamos que miles de personas pueden no recibir el pago por sus lesiones durante mucho tiempo, si acaso algún día llegan a conseguirlo.

El primer programa, el Programa de Compensación por Lesiones Causadas por Vacunas (VICP, por sus siglas en inglés), tiene muy poco personal para manejar la cantidad de lesiones reportadas como resultado de vacunas pediátricas como la poliomielitis y la MMR, lo que deja a millares de pacientes esperando años para que si acaso se escuchen sus casos.

El segundo programa, el Programa de Compensación por Lesiones por Contramedidas (CICP), diseñado para compensar a las personas por las lesiones causadas por las vacunas y las contramedidas de COVID-19, ha experimentado un crecimiento insostenible. Entre 2010 y 2020, el CICP recibió solo 500 denuncias. Desde el inicio de la pandemia, ha recibido más de 8.000 quejas, de las cuales 5.000 están relacionadas con las presuntas inyecciones. Hasta la fecha, el CICP ha pagado cero reclamaciones, aunque gracias a su intenso escrutinio y eficacia ya aprobó una en diciembre de 2021.

Con cierta ironía, es el engaño orquestado y global y la amplia mala gestión del SARS-CoV-2 por parte de las autoridades sanitarias lo que nos ha reunido a muchos de nosotros, grupos de personas de diversos orígenes, incluidos médicos, otros profesionales de la salud, científicos y abogados, junto con millones de personas en todo el mundo.

Personas que no se habrían reunido de otra manera, o al menos dentro de un marco de tiempo tan comprimido. Entonces, con todo el sufrimiento que ha ocurrido, las vidas innecesarias perdidas, el dolor, los heridos iatrogénicos, los medios de vida perdidos, la privación social y las arenas movedizas de las estructuras de poder, aún debemos encontrar un espacio para la gratitud.

Comencemos ofreciendo gratitud por cómo estos dos años han reunido a tantas personas de ideas afines con una profunda misión de hacer algo que ayude en lugar de obstaculizar a la humanidad.

El «lugar de confianza» para muchas personas ha cambiado drásticamente. La corrupción ha sido expuesta, aunque rara vez se ha actuado a través del poder judicial, tal es la profundidad de la corrupción en todos los órganos principales de la sociedad.

Pero, honestamente, ¿quién confiaría en la mayoría de los principales medios de comunicación para obtener informes científicos o médicos precisos después de lo que hemos experimentado? O la mayoría de las autoridades de salud, cuya maquinaria está profundamente entrelazada con la corporatocracia farmacéutica gubernamental hambrienta de ganancias y poder.

Cuando se trata de noticias, la oferta y la demanda son lo que son, lo que ya está impulsando la creación de nuevos medios mejores, más objetivos y más equilibrados, con una gran cantidad de actores.

Un nuevo medio de comunicación que entienda que la ciencia pagada y los científicos en conflicto con intereses creados difícilmente proporcionarán una imagen representativa de lo que realmente está sucediendo o de lo que deberíamos hacer para protegernos a nosotros mismos y a nuestras comunidades.

Los tratamientos naturales baratos, como la vitamina D, la vitamina C, el zinc y la quercetina, así como un producto originario de una humilde bacteria que habita en el suelo, la ivermectina, fueron los claros ganadores de los miles de millones gastados en nuevas inyecciones genéticas.

Sobre todo, hemos aprendido que muchos de nosotros estaremos hombro con hombro y encontraremos formas, independientemente de la escala del Goliat que enfrentemos, de mantener la frecuencia suficiente dentro de nuestras mentes y cuerpos para no aceptar los enfoques que nos imponen los autoritarios gobernantes que simplemente no tienen sentido para nuestros propios y únicos sistemas de valores, principios y creencias.

Eso va a ser un requisito previo para lo que nos espera, porque si crees que ahora podemos pasear por las llanuras post — covid hasta el atardecer, piénsalo de nuevo, mientras lees lo que Ursula von der Leyen y otros tienen reservado para nosotros después del verano del hemisferio norte. Los no vacunados seguirán siendo el grupo externo, el chivo expiatorio y el objetivo de la discriminación mientras la plutocracia gobernante actual siga siendo todopoderosa.

Este no es el momento de llamar a la fatiga, la apatía o una sensación de falta de poder. Tenemos la opción de no involucrarnos en sistemas que nos obligarían a comprometer muchos de los derechos y principios fundamentales que consideramos parte integral de las sociedades humanas civilizadas, y si bien eso puede generar costos y dificultades, la falta de participación es fundamental para nuestra victoria en esta batalla de corazones, mentes y espíritus.

En síntesis, para quien no quiere permanecer con ojos y oídos tapados, la única defensa de un ser racional es razonar. La mejor aliada del ser humano es actuar con humanidad. La máxima protección de cada ser vivo es su propio sistema inmunitario, el cual se forja a través de no intoxicarse, desintoxicarse, nutrirse y equilibrarse; cuatro puntos esenciales que han sido completamente ignorados por las recomendaciones médicas, y desgraciadamente también por el público en general.

Si de bienestar se trata, en la sección Vida y Salud de este órgano informativo encontrarás mucha información al respecto. Consúltala, haz tus comentarios, pregúntanos tus dudas. Quienes no nos hagamos responsables de nuestra propia vida y tomemos las riendas para alcanzar el destino individual que deseamos, pagaremos un precio demasiado elevado.

La sabiduría evolutiva de la naturaleza es y seguirá siendo infinitamente superior a la limitadísima perspectiva de científicos, gobernantes y del sector de médicos que ha olvidado lo que es practicar la verdadera medicina, y que no cuestionan la podredumbre de un sistema en completa decadencia, para convertirse pasivamente en agentes distribuidores de fármacos patentables.

INFORMACIÓN: https://childrenshealthdefense.org/defender/injuries-covid-shots-vaccine-vaers/?utm_source=salsa&eType=EmailBlastContent&eId=04a3c2d7-c720-450d-bd59-6518192bbe88

 

*MAURICIO SARAYA LEY – Ganador de los premios: “EL HERALDO”, “La Letra Impresa”, “Premio Nacional Rincón Gallardo”. En 2003 publica su primera novela “Efervescencia”. Se han adaptado sus cuentos para cortometrajes. En 2013nace “Ruido”, libro de su autoría de denuncias con propuesta filosófica . Desde 2018 es director de AMORCC y colabora con La Voz del Árabe desde su fundación. Activista bien documentado que aplaude el escepticismo y actúa con valentía invitando a sus lectores a la reflexión, aun cuando su reputación s ponga en tela de juicio ante la incomodidad de muchos.

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Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – VIDA y SALUD – Cd. de México, junio 13 del 2022

 

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