EN LA PERINOLA DEL FUTURO CONFLICTO PALESTINO-ISRAELI: TODOS PIERDEN, TODOS SUFREN

454 visitas

La sociedad palestina de los últimos años está dividida en tres componentes que se diferencian entre si respecto de la estrategia que debe adoptar el liderazgo para enfrentar el conflicto con Israel.

Daniel Kupervaser

La batalla de Tel Jai (marzo 1920), los sangrientos disturbios de Nabi Musa en Jerusalén, (abril 1920) y la trágica confrontación entre palestinos y judíos en el marco de la manifestación del día del trabajo el 1° de mayo de 1921 en Yafo, se convirtieron en el inicio de un interminable conflicto palestino-israelí que en estos tiempos cumple su primer centenario.

Mucho se ha escrito y se sabe de los acontecimientos que acompañaron, y sí, arrimaron leña al fuego para mantener viva esa llama que, en ambos bandos, alimenta incomprensibles visiones políticas y estratégicas que durante tanto tiempo impidieron e impiden toda solución consensuada. Mucho más importante que analizar o discutir interpretaciones contradictorias del pasado, lo es visualizar las posibles direcciones que nos depara los tiempos venideros. Lamentablemente, el futuro no se perfila muy alentador.

La sociedad palestina de los últimos años está dividida en tres componentes que se diferencian entre si respecto de la estrategia que debe adoptar el liderazgo para enfrentar el conflicto con Israel.

La rama oficial, liderada por el presidente Mahmud Abbas y con base histórica en el movimiento Al Fatah, se aferra a los acuerdos de Oslo para promover la solución de dos estados independientes basada en una partición territorial según las líneas de 1967 con Jerusalén Oriental como capital palestina. En la vereda de enfrente se alistan los movimientos extremistas (Hamas y Yihad Islámica) que ven en la lucha armada la única alternativa para desalojar al invasor judío y concretar la liberación nacional palestina. Sin que mayormente se le preste atención, los últimos años va tomando fuerza en términos de adeptos, un nuevo grupo, principalmente de jóvenes palestinos, que comenzaron a relacionarse con la realidad a través de una visión muy diferente. Ante los sucesivos fracasos de los dos principales componentes del liderazgo palestino, estos jóvenes, aunque no organizados políticamente, proponen dejar de lado el proyecto de estado palestino independiente para incorporarse a Israel bajo un estado binacional que acoge a dos pueblos (“Los palestinos: un enfoque de adentro”, Ohad Hemo, Editorial Keter, 2020).

La sociedad israelí se caracteriza por una alta fragmentación en componentes contradictorios en relación con diversos aspectos de la convivencia social. Desde el punto de vista étnico: judíos y árabes. Desde el punto de vista religioso: laicos, religiosos nacionales y ultra ortodoxos. Geográficamente: centro y periferia. Concepciones económicas: socialistas, liberales y conservadores. Procedencia galútica: sefaradí y askenazis. Sobre esta base, también la composición política partidaria en Israel está altamente fragmentada.

Sin embargo, con referencia al conflicto palestino-israelí, una significativa mayoría (entre el 60 al 65%) se unifica al negarse ante toda posibilidad de discutir propuestas que puedan convertirse en un puente que permita un acercamiento a un acuerdo con los palestinos. Por el contrario, se identifican más con la idea de la Gran Israel del Mediterráneo al rio Jordán, con que algún día los palestinos se esfumen de Cisjordania, o con la eternización del statu quo que reconoce a Cisjordania como territorio bajo litigio cuyo destino depende de algún acuerdo futuro, pero que, en la práctica, está bajo soberanía israelí de facto con palestinos carentes de derechos civiles. Esa mayoría se hace eco de cierta concepción reinante en muchos gobiernos del mundo. Si estos gobiernos aceptaron este statu quo durante más de medio siglo, inclusive con reservas, no hay motivos para pensar que no se pueda continuar bajo ese orden por varios siglos más. En tanto y en cuanto no se modifique el vasallaje de los gobiernos estadounidenses que actúan como escudo protector de la dominación israelí en Cisjordania, esa mayoría judía israelí no siente la necesidad de cambiar de opinión.

Sin lugar a duda, el predominio de la fuerza israelí en la región frente a la significativa debilidad de los palestinos y la falta de iniciativa por parte de las potencias del mundo, nos pronostican un prolongado periodo sin avances.

Entonces, ¿la conclusión necesaria es que nada va a cambiar? La respuesta es No. Habrá cambios y muy significativos. De los proyectos del liderazgo palestino actual solo se puede pronosticar la continuidad de sus fracasos. Por más que Hamas y Yihad Islámica continúen con sus iniciativas terroristas y bélicas, frente al inmenso poderío militar israelí se debe saber que solo se trata de picaduras de mosquitos.

Abbas puede persistir con sus esfuerzos diplomáticos, pero Bennet, con apoyo estadounidense, ya respondió que negociaciones de un acuerdo de paz con los palestinos pertenecen a la historia e Israel solo se preocupará por mejorar las condiciones de vida materiales (no políticas) de los palestinos en Cisjordania. Desde el punto de vista israelí, se perciben dos tendencias básicas con suficiente potencial de cambiar radicalmente la realidad de la región.

En primer lugar, las significativas limitaciones al desarrollo económico independiente que Israel impone a la población palestina en Cisjordania, por su condición de fuerza ocupante, necesariamente lo obligan a tomar iniciativas, lenta pero permanentemente, en un proceso de integración practica de muchos aspectos básicos de la vida palestina en Cisjordania a la sociedad israelí.  La realidad nos muestra la incesante creación de una trama de intensas relaciones, básicamente económicas, entre población palestina de Cisjordania y distintos sectores de la sociedad israelí.

En segundo lugar, la colonización judía de Cisjordania continúa su incesante crecimiento de manera que, en este tiempo o en un futuro muy cercano, será prácticamente imposible toda separación geográfica entre población palestina y colonos judíos.

Bajo estas condiciones, la mayor probabilidad es que en poco tiempo se formalice Israel como Estado binacional palestino-judío, con una población de 12-13 millones de habitantes, de los cuales 3 millones carecerán de derechos civiles básicos. Este pronóstico garantiza a ambos pueblos un futuro poco alentador y con mucho sufrimiento. El pueblo palestino deberá olvidarse de su sueño de un Estado independiente. Israel perderá su carácter de Estado Judío, y lo que es peor, al mantener bajo su soberanía población sin derechos civiles, proyectará al mundo la contradicción básica entre judaísmo y democracia con las consabidas y nefastas consecuencias para los judíos en el mundo.

En la perinola del futuro en el conflicto palestino-israelí: todos pierden, todos sufren … Ojalá me equivoque.

Daniel Kupervaser – Herzlya http://daniel.kupervaser.com/kupervaser.daniel@gmail.com@KupervaserD 

 

 

 

Información: Daniel Kupervaser / Imagen: Daniel Kupervaser     

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, diciembre 9 del 2021

 

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.

5 1 vote
Article Rating

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments
0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x