¿CUÁL POLÍTICA EXTERIOR TRANSFORMADORA?

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¿Dónde quedó el análisis cuidadoso e informado para conducir la política exterior, defender y promover los intereses nacionales y actuar con inteligencia, congruencia y astucia en el marco del derecho internacional?

Emb. Jorge Álvarez Fuentes*

La revolución en Nicaragua se volvió a fines de los setenta en un interés personal. Con otros estudiantes y profesores en la UNAM vi cómo se abría un camino de esperanza, basado en una convicción muy jesuita: era posible acabar con un estado de cosas y forjar un mundo nuevo. Me propuse colaborar con la lucha sandinista, adentrarme en la investigación histórica y seguir los acontecimientos a través de la radio rebelde y los nuevos espacios de la prensa mexicana. Se trataba de contribuir, desde distintos espacios, para apoyar la llegada de un gobierno revolucionario, sin dejar de cuestionar, también, la democracia aparente del régimen priista. Encontré documentos históricos Augusto César Sandino en los archivos públicos y privados mexicanos, cuyas copias facsimilares fueron del interés del presidente José López Portillo para entregar a los miembros de la Junta de Reconstrucción Nacional.

Después del triunfo de la revolución viajé comisionado para ejecutar un proyecto de cooperación cuyo objetivo era que los archivos de la dictadura de Anastasio Somoza no fueran destruidos en la vorágine revolucionaria y pudieran facilitar a los sandinistas la difícil tarea de gobernar una patria nueva. Inolvidable y embriagador el gozo de la libertad conquistada, la poesía en el poder en la tierra de Rubén Darío, la extraordinaria belleza y generosidad de las y los nicaragüenses, al descubrir un país surcado de lagos y volcanes.

Por años me involucré con el pasado, el presente y el futuro de Centroamérica. A través de los archivos entré a trabajar a la Secretaría de Relaciones Exteriores justo cuando México desplegaba sus esfuerzos diplomáticos en el Grupo Contadora. Ingresé luego al Servicio Exterior. A principios de los noventa Fernando Solana y Rosario Green me dieron la oportunidad de dirigir la cooperación mexicana con Centroamérica, lo que me permitió coordinar cientos de acciones y proyectos de cooperación política, económica, financiera, técnica y cultural y atestiguar el camino de ida y de regreso de los sandinistas -con todos sus aciertos y múltiples errores- hasta el triunfo de doña Violeta Chamorro y la derrota de Daniel Ortega. Fue ese derrotero centroamericano, el de la construcción de la paz, la justicia y de la asistencia para el desarrollo lo que me permitió participar en la ejecución de una política exterior digna, motivo de orgullo y reconocimiento, dentro y fuera del país.

Hoy aprecio que nuestro gobierno actúa de manera incongruente, irresponsable y vergonzosa frente a las graves violaciones que están ocurriendo en Nicaragua, y advierto con pesar, que la política exterior dirigida por el presidente López Obrador es un verdadero desgarriate. Una mezcla de apreciaciones y decisiones basadas en los veredictos de quien es jefe de Estado, los cuales son tomados como directrices e instrucciones. ¿Dónde quedó el análisis cuidadoso e informado para conducir la política exterior, defender y promover los intereses nacionales y actuar con inteligencia, congruencia y astucia en el marco del derecho internacional? Más bien prevalecen cálculos maniqueos respecto de un proyecto político que se quiere único, que reclama identificar amigos y aliados externos, para tomar partido, buscando ubicarse en un escenario internacional complejo que es visto recurrentemente con concepciones ideológicas simplistas y anacrónicas.

La coartada es una obsecuente y falaz apelación selectiva a los principios constitucionales de política exterior, los cuales, efectivamente deben normar nuestra actuación internacional, pero no son, ni por asomo, guía de acción. Hay igualmente una amnesia deliberada respecto de la trayectoria histórica de la política exterior, forjada a pulso, durante años, por diplomáticos profesionales en los foros regionales y multilaterales. Me deja igualmente perplejo el llamado recurrente del presidente arguyendo una vaga e inexistente «fraternidad universal», justo cuando el mundo atraviesa por una crisis sin precedente, y por el que tiene un patente desinterés.

Si la mejor política exterior es la política interior, ya podemos constatar que la peor política exterior es la que se enmaraña y confunde con la política interior. ¿Cuál rasgo transformador muestra la política exterior? Es un remedo, sin formulación alguna, como si bastara con deslindes, buenos propósitos, declaraciones o el justificar decisiones. Conforme avanza el sexenio, el desprestigio y el desconcierto internacional aumentan y nuestro capital diplomático continúa devaluándose. A lo anterior, sumemos un canciller como Marcelo Ebrard que debe suplir, cubrir, atender, negociar y resolver, además de las relaciones exteriores, otros múltiples encargos respecto de la vacunación, la migración, la energía, el comercio exterior y la seguridad nacional.

El presidente considera que México no debe pronunciarse sobre los procesos políticos, los derechos humanos y la democracia en otros países, porque «se deben de garantizar las libertades y no debe de haber represión. Ojalá en Nicaragua [en Colombia y en Perú también] se resuelva todo por la vía pacífica y que se constituyan gobiernos democráticos, libres, con la legalidad y la legitimidad suficientes, sean de la tendencia que sea. En ningún país del mundo se debe optar por la fuerza, porque nada [debe ser] por la fuerza, todo por la razón y el derecho. No [se debe] encarcelar, para que sea el pueblo el que de manera libre decida sobre las elecciones».

Entonces lo que verdaderamente le importa es que ninguna nación, comenzando por nuestros vecinos, se entrometa en nuestros asuntos; por lo que seguiremos absteniéndonos de condenar a dictaduras como las de Ortega y Maduro, callaremos en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas y guardaremos silencio respecto de lo que está ocurriendo en El Salvador.

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” – @JAlvarezFuentes

 

Información: El Siglo de Torreón / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, julio 12 del 2021

 

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