NAPOLEÓN BONAPARTE EN EGIPTO

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-¿Fue un emperador maldito? – La historia de la noche que Napoleón Bonaparte durmió dentro de la Gran Pirámide de Egipto y seguramente vio y escuchó algo que lo dejó aterrorizado…

En 1798, el militar francés viajó con 30.000 soldados y 150 sabios al país del Nilo, donde vivió una extraña experiencia.

Era joven pero ya muy popular. Tras sus éxitos en Italia, la ambición de Napoleón Bonaparte crecía a pasos agigantados. En medio de todo esto, en 1798, la República francesa le confió la conquista de Egipto​, una campaña que acabó en fracaso militar. Eso sí: logró una gran victoria cultural.

Napoleón no se embarcó solo con 30.000 soldados a los que arengó frente a las Pirámides, llevó también una tropa de unos 150 sabios encargados de investigar la historia, la naturaleza y la geografía del país del Nilo. «Desde estos monumentos cuarenta siglos de historia los contemplan», aseguran que dijo el militar en aquel momento.

El resultado fue la obra «Description de l’Égypte» (Descripción de Egipto). Además, el destino quiso que uno de sus tenientes descubriera la piedra Rosetta, la pieza clave para que Jean-François Champollion lograra descifrar más tarde los jeroglíficos.

NAPOLEÓN, ATRAPADO POR LA EGIPTOLOGÍA – Antes del regreso a Francia, tras pasar incluso por Nazaret, Napoleón sorprendió a sus hombres con un extraño aviso: “iba pasar una noche completamente solo en el interior de la Gran Pirámide”, la última morada del gran faraón Keops.

Recordemos que todavía nadie hablaba de la maldición de Tutankamón, ya que aún faltaban más de 120 años para que Howard Carter descubriera su tumba. Pero las historias de momias eran populares desde hacía milenios. Los libros de historia cuentan lo sucedido y dicen que en una calurosa noche del 12 de agosto de 1799, el general accedió a la Gran Pirámide acompañado de su séquito y de un religioso musulmán.

El grupo caminó por los bajos y estrechos pasadizos hasta llegar a la cámara del rey, el mismísimo corazón de la única de las siete maravillas de la antigüedad que se mantenía, y todavía se mantiene en pie. Y allí dejaron a Napoleón durante toda una noche.

El joven militar tuvo tiempo de analizar detalladamente la sala, rectangular, construida a base de losas de granito lisas, sin ninguna decoración ni inscripciones. Era una especie de minimalismo faraónico. En toda la estancia noble, de unos diez metros y medio de largo por poco más cinco de ancho, se encontraba un único elemento, un sarcófago de granito rojo tallado de una sola pieza, completamente vacío.

La pregunta se hace desde ese momento: ¿por qué Napoleón decidió encerrarse en un lugar tan peculiar? Según explicó Peter Tompkins en su célebre obra «Secretos de la Gran Pirámide», pretendía emular a otros dos grandes estrategas militares que también habrían decidido vivir esta experiencia, como Alejandro Magno y Julio César, con el objetivo de encontrarse a sí mismos.

Una mirada alternativa es que tal vez buscaba recibir una especie de revelación mística o iniciática vinculada al simbolismo de renacimiento inherente a las pirámides, según especuló el egiptólogo Bob Brier en «Secretos del Antiguo Egipto mágico».

Lo cierto es que Napoleón salió de la Pirámide tras 7 horas, cuando el Sol ya iluminaba la meseta funeraria de Guiza. Lo hizo pálido y aterrorizado.

Sus hombres, claro, quisieron saber qué era lo que había sucedido, pero el general solo respondió: «Aunque lo contara, no lo creerían». Napoleón nunca más quiso hablar al respecto. El secreto, al cabo, quedó entre él y las milenarias piedras de la Pirámide de Keops.

Resulta imposible saber qué es lo que vio o sintió exactamente Napoleón en esas siete horas, o incluso si el episodio llegó a tener lugar, aunque parece probable que en todo caso el corso creyera sufrir alguna clase de experiencia mística inducida por la soledad, la oscuridad, las temperaturas extremas y los ruidos distorsionados por el eco.

Lo que está claro es que –como han dado cuenta distintas obras de ficción, véase la novela de «El Ocho» (1988) de Katherine Neville o la de Javier Sierra «El Secreto Egipcio de Napoleón» (2002) – la noche de Napoleón dentro de la Gran Pirámide pareció cambiar su carácter para siempre. Pese a regresar derrotado militarmente a Francia, el corso despegó políticamente en los siguientes meses.

En noviembre de ese año organizó el golpe de Estado del 18 de brumario que acabó con el Directorio, última forma de gobierno de la Revolución francesa, e inició el Consulado con Napoleón Bonaparte como líder.

 

Información: Agencias / Imagen: ‘Napoleón ante la esfinge’, obra de Jean-Léon Gérôme. Dominio público.       

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, junio 30 del 2021

 

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