LA NECESIDAD DE DESMITIFICAR EL RELATO SOBRE EL SÁHARA MARROQUÍ

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-EN EXCLUSIVA PARA LVÁ – El mito del relato sobre el Sáhara marroquí debe ser desmitificado por las fallas cometidas por Argelis y su Polisario, así como fueron las ambiciones expansionista españolas. Aquí el comentario exacto.

Samir Bennis*

Desde que el expresidente estadounidense Donald Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara ha habido un aluvión de artículos que denuncian la supuesta violación del Derecho Internacional y, en paralelo, presentan a Marruecos como un país expansionista que no respeta el Derecho Internacional.

Huelga decir que las ambiciones expansionistas de España son la causa del conflicto. La España de finales del siglo XIX se aprovechó de la debilidad de Marruecos, acentuada tras la Guerra de Tetuán de 1859 para hacerse con el territorio. La ocupación española del Sáhara se hizo violando todos los acuerdos que Marruecos había firmado con países europeos, como el acuerdo que firmó con Inglaterra en 1895 (acuerdo en el que Inglaterra reconoció su soberanía sobre el Sáhara), pero violó también el Acta de Algeciras en virtud de la cual las potencias signatarias, incluida España, se comprometieron a preservar la integridad territorial marroquí.

Marruecos fue el primer país que planteó la cuestión del Sáhara en la ONU, haciéndolo por primera vez en 1957. El territorio fue incluido en la lista de territorios no autónomos gracias a su labor diplomática. Desde entonces y hasta 1966, Marruecos trató por la vía diplomática de convencer a España para iniciar negociaciones bilaterales con miras a la retrocesión del Sáhara.

El conflicto habría tenido otro desenlace si España hubiera acatado las resoluciones de la ONU entre 1966 y 1974, encaminadas a la organización de un referéndum de autodeterminación propuesto por Marruecos. Desde entonces, el relato predominante ha descrito erróneamente a Marruecos no sólo como una potencia ocupante, sino también como la parte que ha obstaculizado los esfuerzos encaminados a alcanzar una solución definitiva.

Ahora bien, la apresurada forma en que la ONU concluyó el acuerdo del alto el fuego, así como el desacuerdo entre las partes, sobre los saharauis elegibles para votar en el referéndum, constituyen las razones fundamentales que imposibilitaron su celebración.

La ONU llegó a esta conclusión en 2000 cuando el entonces secretario general, Kofi Annan, enfatizó la falta de medios para llevar a cabo el referéndum. En consecuencia, instó a James Baker explorar “formas y medios para lograr una resolución temprana, duradera y acordada”.

Entre 2001 y 2003, Baker presentó dos propuestas. Marruecos aceptó la primera, pero el Polisario y Argelia la rechazaron. Marruecos rechazó la segunda propuesta mientras que Argelia y el Polisario la aceptaron.

La posición que el Polisario mantuvo desde 1991 contrasta con la de principios de los años ochenta. En junio de 1981, Marruecos propuso la celebración de un referéndum sobre la base del censo español de 1974, pero Argelia y el Polisario lo rechazaron, alegando que había 750.000 saharauis que tenían que participar en dicha consulta.

Tras la renuncia de Baker en 2004, el Consejo de Seguridad instó a las partes a presentar propuestas para llegar a una solución política. En 2007, Marruecos presentó su propuesta de autonomía. Desde entonces, el Consejo de Seguridad ha reconocido sistemáticamente dicha propuesta como “seria y creíble”.

Mientras tanto, los defensores del relato argelino siguen sosteniendo que el dictamen de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), es la única referencia para avanzar en una solución al conflicto. Consideran que toda solución que no desemboque en la creación de un Estado independiente es una violación del derecho del “pueblo saharaui” a la autodeterminación.

Este análisis pasa por alto el hecho de que, tal como ocurrió entre 1966 y 1975, el estatus legal del conflicto ha cambiado debido a la consistencia de la práctica, un principio fundamental en el derecho internacional consuetudinario.

 Y es que el lenguaje adoptado por el Consejo de Seguridad desde 2007 y su constante llamado a las partes a alcanzar una solución política mutuamente aceptable ha producido no sólo un cambio en el lenguaje, sino consecuencias legales que tienen incidencia directa sobre el estatus del territorio disputado. De acuerdo con este principio, las resoluciones adoptadas desde 2007 se han convertido en la base jurídica para poner fin al contencioso.

Todos aquellos que sostienen que aquel dictamen de la CIJ sigue siendo el marco legal que rige el conflicto, adoptan la política del avestruz al hacer caso omiso del hecho de que el referéndum de se convirtió en la base de la solución del conflicto como resultado de la misma consistencia de la práctica.

Hasta 1966, en ningún caso la ONU contemplaba disociar la cuestión de Sidi Ifni de la del Sáhara pues ambas cuestiones formaban parte del mismo diferendo que oponía España a Marruecos y debían ser tratadas con la misma perspectiva. Tampoco se contemplaba el referéndum como una vía para solucionarlas. Esa opción sólo surgió cuando Marruecos decidió disociar la cuestión de Sidi Ifni de la del Sáhara occidental en junio de 1966. Marruecos lo hizo para facilitar la tarea de la ONU y poner más presión para que España permitiese a los saharauis decidir su futuro.

La doctrina de la ONU cambió a raíz de aquella decisión marroquí. Consecuentemente la resolución 2229 (XX) del 20 de diciembre de 1966 exhortó a España organizar el referéndum. La consistencia del lenguaje adoptado entre 1966 hasta 1975 produjo una norma consuetudinaria que fue aceptada por la comunidad internacional como la vía legítima para poner fin a este conflicto.

Ahora bien, lo mismo ha ocurrido con el lenguaje que el Consejo de Seguridad ha venido adoptando desde 2007. Todas las resoluciones han hecho hincapié en la necesidad de que la partes lleguen a una solución política mutuamente aceptable donde no haya vencedor ni vencido. Además, mientras el Consejo de Seguridad enfatiza la necesidad de la negociación para garantizar la autodeterminación de los saharauis, ninguna de sus sucesivas resoluciones menciona el referéndum como medio para alcanzar una solución política.

Hasta que no haya un debate honesto y desprovisto de toda tendencia a la manipulación y la omisión, una solución viable y realista estará fuera de nuestro alcance. Mientras tanto, el conflicto se prolongará por muchas más décadas.

*Samir Bennis: Doctor, analista político, asesor político senior en una embajada árabe en Washington DC. Es cofundador y editor en jefe de Morocco World News.

Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, mayo 27 del 2021

 

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