EMPRENDER ACCIONES PARA COMBATIR EL CALENTAMIENTO GLOBAL

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– Los retos son inéditos, múltiples y complejos, al igual que los riesgos y oportunidades respecto de la generación de energía, aun cuando la Agencia Internacional de Energía prevea un aumento de la demanda cerca del 30 % para el 2040.

Emb. Jorge Álvarez Fuentes*

El futuro de la humanidad y la preservación de la diversidad biológica en la tierra reclaman con extrema urgencia la actuación colectiva y concertada en el presente. Hoy está en juego, para todos, en forma diferenciada, la sustentabilidad y viabilidad del mañana. El 2020 no quedará registrado sólo como el año de la pandemia del coronavirus, sino como el segundo más caluroso en la historia (después de 2016), en el que ocurrieron, también, el mayor número de huracanes. 30 en total. La temperatura global de la superficie del planeta fue un grado centígrado más alta que el promedio de todo el siglo XX. Anomalías climáticas afectaron los océanos en todas las regiones. Por primera vez, dos poderosos huracanes, Eta y Iota tuvieron lugar en el Atlántico en noviembre, mes que marca el fin de la temporada de huracanes, cuando su fuerza solía disminuir. Los meteorólogos tuvieron que recurrir al uso de letras del alfabeto griego, al agotar las del alfabeto romano. El deshielo en el Ártico batió récords: la capa congelada fue 36.8% menor respecto de las mediciones realizadas en 1981 y 2010. Sin ser un riesgo inminente, los glaciares de Groenlandia y la Antártida están en declive, de manera acelerada. Es un círculo vicioso: el calentamiento global antropogénico aumenta al derretirse y reducirse las masas polares, al exponer una mayor cantidad del agua más oscura de los océanos, elevándose el nivel del mar, provocando que haya una mayor absorción de energía. Además, continúan registrándose otros fenómenos extremos, en mayor número y frecuencia, como olas de calor, sequías, inundaciones e incendios forestales, como resultado del calentamiento global y las oscilaciones o variaciones naturales del sistema climático.

¿Qué hacer? Lo más urgente y decisivo es conseguir que haya una disminución drástica y medible de las emisiones de gases de efecto invernadero y una reducción efectiva de los contaminantes en la atmósfera, lo que tomará años. Por ello no hay tiempo que perder. Valiosas lecciones obtuvimos luego del impacto positivo del confinamiento social impuesto por la pandemia, respecto de una recuperación parcial y momentánea de la atmósfera y la naturaleza. Pero el combate frontal al calentamiento global no va a ocurrir si no descarbonizamos aceleradamente el conjunto de las actividades humanas, si no modificamos la economía global basada en la utilización de los combustibles fósiles y avanzamos rápidamente hacia una economía verde y circular, logrando, de manera eficaz, firme y sostenida el desarrollo y uso extendido de las energías renovables. Todo esto implica una toma de conciencia generalizada en los grandes conglomerados humanos, las ciudades y las comunidades en las áreas rurales, que derive en un profundo cambio social y personal, y no sólo mediante la actuación responsable y visionaria de algunos activistas, individuos y líderes en el mundo. Debemos asumir, colectiva y colaborativamente, una mayor responsabilidad en nuestro consumo de energía, disminuir individualmente nuestra «huella ambiental» y asumir un cambio de vida respecto del transporte, las telecomunicaciones y el manejo de los residuos.

Atención prioritaria requieren los océanos, las zonas costeras, los sistemas hidráulicos, forestales y los manglares. Algunas de las oportunidades se centran en aprovechar al máximo el impulso de la impostergable transición energética y la transformación ecológica, ahora que los costos de las energías fotovoltaica, termo solar, eólica, nuclear y la producción de hidrógeno muestran tendencias a la baja y ofrecen amplias posibilidades. Poner en ejecución una auténtica transición productiva no solo tecnológica, habiendo notables avances en innovación y en diversas ciencias, si permiten vislumbrar una reducción de las emisiones en un 40 % para 2030, como han propuesto los europeos. Tenemos que trabajar sin demora en un cambio profundo del modelo económico, en actuar en todos los frentes para aumentar la capacidad y la participación de las energías alternativas y renovables, y transformar, radicalmente, a nivel global, el sector energético, de transportes, de comunicaciones, industrial, de construcción y de producción y distribución de alimentos. Muchas empresas de hidrocarburos y de generación de energía eléctrica están avanzando hacia nuevos modelos sostenibles de negocios, asumiendo adecuadamente la importancia de la gobernabilidad global ambiental, asumiendo como suyos los compromisos en favor del bienestar de las sociedades, sin limitarlos a la actuación de los gobiernos.

Los retos son inéditos, múltiples y complejos, al igual que los riesgos y oportunidades respecto de la generación de energía, aun cuando la Agencia Internacional de Energía prevea un aumento de la demanda cerca del 30 % para el 2040. Los hay también en la gestión sustentable del agua, ahora, que por primera vez en la historia se ha lanzado el experimento de cotizar en algunos mercados bursátiles los precios de futuros del agua; o el aprovechamiento industrial de la basura y el manejo de los residuos. Esto, sin dejar de mencionar algunos peligrosos intentos experimentales de la llamada geoingeniería, como por ejemplo reflejar o bloquear los rayos solares que llegan a la tierra para disminuir drásticamente la temperatura, los cuales están sujetos, desde 2010, a una moratoria por el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas.

Polémicas e importantes resultan las reformas a la Ley General para la Preservación y Gestión Integral de los Residuos para permitir que desechos plásticos, locales o importados, puedan ser incinerados en los hornos de empresas cementeras, estando México en cuarto lugar mundial en reciclaje de desechos plásticos. Sobre todo, al persistir graves interrogantes sobre la correcta aplicación de la Ley General de Cambio Climático.

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” @JAlvarezFuentes

Información: El Siglo de Torreón / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, febrero 1° del 2021

 

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