MULTIETNICIDAD, PROPAGANDA POLÍTICA Y RACISMO EN EL EGIPTO FARAÓNICO

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– Las “razas” no existen, biogenéticamente todos los humanos somos parte de la misma especie Homo sapiens…

Gerardo P. Taber

Los incidentes del pasado 25 de mayo de 2020 en Minneapolis, Minnesota, EEUU, que llevaron al lamentable asesinato de George Floyd (1973-2020) por Derek Chauvin (1976) sirvieron como catalizador para una ola de protestas y manifestaciones -con la consigna #BlackLivesMatter (las vidas negras importan)- en contra de la brutalidad policiaca y el racismo en más de 2,000 ciudades, tanto en Estados Unidos de Norteamérica como en todo el mundo. Estos hechos han vuelto a poner en la palestra la discusión sobre una delicada cuestión: ¿existen las razas humanas? La respuesta a esta pregunta es un categórico: No. Las “razas” no existen, biogenéticamente todos los humanos somos parte de la misma especie Homo sapiens, pertenecientes a la familia de los homínidos y al orden los primates. En este sentido, como en muchos otros organismos, se encuentran variantes en los rasgos fenotípicos, los cuales son resultado de la adaptación al medio ambiente y que se transmiten por herencia genética. Tal vez, el más notorio, es la concentración de melanina, pigmento que protege de la radiación ultravioleta y que regula la producción de vitamina D3 en el organismo. De tal manera, el tono de piel de una persona corresponde al grado de exposición al Sol que él y sus antepasados experimentaron a lo largo de muchas generaciones.

Algunas de las características inherentes del ser humano son: el sentirse identificado con sus semejantes y ser gregario; esto resulta en la conformación de un grupo de personas que se denomina: etnia έθνος (ethnos) “pueblo, nación”. Por lo general, ésta cuenta con un mito o leyenda que “explica” un origen común, el cual se reafirma –y reinventa- constantemente por la narración de eventos “históricos”, costumbres, usos idiomáticos y demás rasgos culturales que los identifica. Las personas que se consideran miembros de un grupo étnico normalmente se sienten vinculados entre sí por un “lazo genético” (real o ficticio) que les impone formas de lealtad y solidaridad típicas de los vínculos familiares.

En Egipto, que se encuentra en una encrucijada en del noreste de África y el Levante, transitaron diversos grupos étnicos que entraron en contacto entre si desde tiempos inmemoriales y que conformaron entidades políticas diferenciadas. De esta manera, los antiguos habitantes del país del Nilo crearon un Estado teocrático y una cosmovisión que los situaba como “el pueblo elegido” de los dioses y que los diferenciaba de sus vecinos (rasgo etnocentrista bastante común en todos los casos). De este modo, se creó y desarrolló un discurso iconográfico que representa al faraón sometiendo a los psḏt (pesedjet) “los nueve arcos” que simbolizaban a los extranjeros enemigos de Egipto sobre los que el monarca ejercía, o pretendía ejercer, su dominio. Este motivo se encuentra presente desde la dinastía I (c. 2900-2730+/-25 a.C.) y continuó a lo largo de toda su historia, como lo ejemplifican las representaciones de Narmer (c. 3000-¿?+/-25 a.C.) y Ramsés II (c. 1279-1213 a.C.).

Pero ¿realmente las cosas fueron así? ¿Los antiguos egipcios eran racistas y xenófobos, como los concebimos en la actualidad? La evidencia apunta a que no necesariamente; ya que también se encuentran personajes de distintas etnias representados en tamaños, poses y actitudes que denotan una equidad en el status social y, naturalmente, también formando parte de grupos familiares. Tal es el caso de Nenu, un arquero nubio que contrajo nupcias con la egipcia Sekhathor y que formó una familia de varios hijos y un par de perros, como se atestigua en su estela tallada en la dinastía XI (c. 2080-1940+16 a.C.) del Reino Medio. También se encuentra la estela que figura al soldado Terura y a su esposa Iriburaa, ambos de origen levantino -aunque ella viste a la manera faraónica- sentados y bebiendo cerveza de un ánfora con sifón, atendidos por un sirviente egipcio en tiempos del faraón Akhenatón (c. 1353-1336 a.C.) de la dinastía XVIII del Reino Nuevo. Ambos ejemplos son pruebas concretas de las uniones interétnicas que fueron igual de comunes que las familias nativas. En este sentido, las figuras antropomorfas que se encuentran esculpidas en la cámara con pilares de la tumba (KV17) del faraón Sety I (c. 1290 -1279 a.C.) de la dinastía XIX del Reino Nuevo, que son parte del llamado “Libro de las Puertas” simbolizan a la tmw (temu) “totalidad” de la humanidad (conocida en el país del Nilo en esa época) en su diversidad física y cultural. En concreto se observan, de izquierda a derecha: una deidad con cabeza de halcón, un rmṯ (remech) “egipcio”, un styw (setyu) “asiático”, un nḥsy (nehesy) “nubio” y un ṯmḥ (chemeh) “libio”.

Por desgracia, nuestra sociedad occidental ha impuesto modelos racistas a las representaciones e historia del Egipto faraónico a lo largo de los últimos siglos, ya que al ser considerada una de las “cunas de la civilización” se buscó asimilar a sus personajes principales (históricos o ficticios) con el fenotipo predominante en Europa occidental. Ejemplos de esta concepción son las pinturas al óleo con el tema: The Finding of Moses “el hallazgo de Moisés” de Frederick Goodall (1822-1904) y Sir Lawrence Alma-Tadema (1836-1912). En tiempos más recientes se continúa con esta práctica, sobre todo en las películas producidas en Hollywood que persisten en el llamado whitewashing (blanqueamiento) de los personajes protagónicos como puede apreciarse en los filmes: Cleopatra (1963, Joseph L. Mankiewicz), Exodus: Gods and Kings “Éxodo: dioses y reyes” (2014, Ridley Scott) y Gods of Egypt “Dioses de Egipto” (2016, Alex Proyas). Por otra parte, también existe el afrocentrismo, que tiene sus raíces en los trabajos de intelectuales de origen africano de finales del siglo XIX y principios del XX y que se fortaleció por el activismo durante el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos de América entre 1955 y 1969. Esta postura académica argumenta que el eurocentrismo ha negado las contribuciones a la historia de la humanidad por parte de África y aspira a distinguir y diferenciar la influencia de los pueblos europeos y orientales de los logros indígenas africanos. En este sentido, es una muy buena posición epistemológica para el estudio de la historia mundial de forma decolonial. Pero, en algunos casos desafortunados, se ha vuelto radical llegándose a afirmar que el “África negra” fue la única responsable de la creación de la filosofía, ciencia y tecnología; que más tarde fueron usurpadas por los pueblos del Medio Oriente y Europa. Asimismo, sitúan el “origen de la civilización” en el antiguo Egipto, pero indican que su “decadencia” inició cuando grupos del exterior se “mezclaron” con la población nativa, la cual perdió su “pureza”; argumentos muy parecidos a los que se utilizaron para justificar la inexistente “supremacía racial” en la Alemania Nazi entre los años 1933 y 1945. Valga mencionar que una pregunta persistente que le formulan muchas personas a quien escribe estas líneas es: ¿los antiguos egipcios, eran blancos o negros? La respuesta -siempre socarrona- es: ni uno ni otro, sino todo lo contrario: eran egipcios, de color egipcio, con cultura egipcia, hablaban y escribían en egipcio antiguo.

Por cierto, en las salas del Egipto faraónico del Museo Nacional de las Culturas del Mundo en la calle de Moneda N. 13, en la Ciudad de México se resguardan dos obras arqueológicas originales que, en definitiva, claman la consigna #BlackLivesMatter (las vidas negras importan). Estas son dos ushabtis (figuras funerarias) pertenecientes a monarcas de origen nubio: el primero representa a Taharqa (c. 690-664 a.C.) el penúltimo faraón de la dinastía XXV (también llamada kushita) quien enfrentó al poderío militar del imperio neoasirio y el segundo a Senkamanisken (c. 643-623 a.C.) quien gobernó toda Nubia (región situada al sur de Egipto y al norte de Sudán) desde la ciudad capital de Napata.

En La Voz del Árabe consideramos que #AllLivesMatter (todas las vidas importan) y por esta razón es que trabajamos en la investigación y difusión de todas las expresiones culturales.

 *Gerardo P. Taber – Investigación y Curaduría. Egipto faraónico del Mediterráneo antiguo del Museo Nacional de las Cultura del Mundo en México.

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Información: G.P.Taber / Imagen: Gerardo P. Taber para LVÁ Mx®2020 

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, septiembre 9 del 2020

 

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