MUSEO NACIONAL DE LAS CULTURAS DEL MUNDO – INAH

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-EL ALDABÓN Y LA ALDABA, ESOS GRANDES (DES)CONOCIDOS.

El Aldabón. Gaceta interna del Museo Nacional de las Culturas del Mundo, publicación que da cuenta del quehacer de todos los que trabajamos en este recinto museístico llega a su número 50; y para celebrarlo me parece pertinente hacer una reflexión sobre el elemento que da nombre -gracias a Teresa Salgado Patiño- a este loable esfuerzo editorial coordinado por Gloria Artís Mercadet y Jorge Luis “Saenz” Berdeja Martínez.

Gerardo P. Taber*

 Desde que el majestuoso edifico de Moneda 13 inició su vida como museo -el 6 de Julio de 1866; gracias a Ferdinand Maximilian Joseph Maria von Österreich von Habsburg-Lothringen (1832-1867), conocido popularmente sólo como “Maximiliano de Habsburgo”- sus enormes y macizas puertas han resguardado miles de obras del patrimonio cultural de México y el mundo. Este fortificado acceso es herencia de la antigua casa de Moneda, en cuyo caso fungía como elemento defensivo -e intimidatorio- para las personas ajenas a los trabajos de fundición y acuñación que se realizaban al interior de la ceca mexicana. En este sentido, se entiende el recubrimiento con hojas de bronce sobre la madera -con el fin de acorazarla-, los tachones[1] (también conocidos como chapetones) que la protegen contra un impacto directo y que también sirven como elementos decorativos, a los que se unen dos grandes aldabones que figuran unos rostros de “leones” de estilo “oriental” que se encuentran suspendidos a más de 4 metros de altura. Estos felinos fantásticos, también de bronce, han sido guardianes y silenciosos testigos del devenir histórico del museo y de la antropología mexicana, ya que su función de aldabas en realidad es nula por su gran tamaño y ubicación (ver figura 1). En este sentido, resulta lógico que se necesitase un verdadero llamador para la puerta y como reza el viejo adagio: «hijo de tigre, pintito» (aunque en este caso, sería de león) se colocó una aldaba más pequeña en la puerta de menores dimensiones del gran portal. Pero, dado su carácter de edificio público, las grandes puertas del museo permanecen abiertas la mayor parte del tiempo, razón por la cual la aldaba ya casi no se utiliza y los aldabones se aprecian a los costados del jambaje del vano. Tal vez, por esta razón muchas personas -incluyendo a las que trabajamos en el recinto- no se detienen, más que esporádicamente, a apreciar los tres leoninos rostros de bronce que siempre custodian el acceso a la multiatávica casa de las musas de Moneda 13. Sin embargo, si se sabe dónde escuchar y mirar, se pueden encontrar algunos testimonios que dan cuenta del aldabón y la aldaba. En este sentido, cuenta Doña Mauricia Taber Hernández, madre de quien estas líneas escribe, que cuando ella tenía 8 años de edad -es decir en el año de 1944, en pleno auge de la Segunda Guerra Mundial- visitó con su grupo escolar de tercero de primaria el museo de Moneda 13, al respecto narra:

Después de venir de Poza Rica y Tampico, en Veracruz, llegamos a la Ciudad de México a vivir a la calle Mercado N. 30, en la colonia Guerrero. Yo estudiaba en la primaria pública [1] Debido a su naturaleza mamiforme, Carlos A. Navarrete Cáceres bautizó a éstas como “la madre de todas las puertas” por la gran cantidad de “chichis” que ostentan. (Navarrete, c. 2015, comunicación personal).

“Estado de Chihuahua” [calle Luna N. 131] y nos llevaron al museo, que tenía de todo. Lo que más me impresionó y más recuerdo fue que desde la calle se veía el “calendario azteca” [el temalácatl conocido como Piedra del Sol] al fondo y que cuando cruzabas las puertas, arriba estaban unas cabezas de leones mordiendo unas argollas. (Taber H., 2019, comunicación personal).

Por otra parte, el arquitecto modernista Vicente Mendiola Quezada (1900-1993) pintó, en el año de 1975, con sus talentosas y vigorosas pinceladas, los rasgos más representativos de la fachada del edificio de Moneda 13, entre los cuales incluyó al aldabón y la aldaba (ver figura 2).

La aldaba del recinto también figuró en la portada del libro Visiones mexicanas y otros escritos (1985) de José Alvarado Santos (1911-1974), autor regiomontano que fue prolífico editorialista, redactor, reportero policiaco, columnista, corresponsal de guerra en Medio Oriente, cronista de cine, taurino y de varias conferencias internacionales; razones por las que viajó a Helsinki, Leningrado (San Petersburgo), Moscú, China, París, Praga, Estambul, Alejandría, Jerusalén, Roma, Madrid, San Francisco, Los Ángeles, New York, Buenos Aires, Río de Janeiro, Santiago, Lima y otras ciudades. Tal vez, por sus andanzas internacionales, los editores del Fondo de Cultura Económica (FCE) decidieron que la imagen representativa para este texto fuese uno de los guardianes del museo que ejemplifica la diversidad cultural del mundo en México (ver figura 3).

Desde que el edificio de Moneda 13 se transformó en el Museo Nacional de las Culturas, se decidió que uno de sus grandes aldabones se constituiría en su isotipo, a su vez parte del logotipo, ya que es uno de los elementos más representativos del recinto. De tal manera, figuró en todos los documentos y eventos de la institución desde la dirección, entre 1965 y 1977, de Julio César Olivé Negrete (1914-2008). Sin embargo, no siempre se mantuvo como la identidad gráfica del museo; durante la dirección de Julieta Gil Elorduy, entre 1989 y 2001, se cambió el “logo” del museo a un “símbolo” que buscó representar la diversidad cultural, sin referirse a un pueblo en específico (ver figura 4). Al respecto, R. Denise Hellion Puga comenta: “Era de un textil peruano que se encontraba en la sala de arqueología de América… Lo trazó y desarrolló Patricia de la Garza, esposa de Emilio Montemayor Anaya. Gustó por ser un diseño ambiguo, aunque retomado de una pieza y porque no definía un “peso cultural” claro. Es más, a pesar de ser arqueológico se vinculaba con lo etnográfico. Debió empezar a utilizarse alrededor de 1995…” (Hellion, 2019, comunicación personal con Alejandra Gómez Colorado).

Después, durante la dirección de Leonel M. Duran Solís, entre 2001 y 2012, regresó el aldabón; pero durante la dirección de Carlos Vázquez Olvera, entre 2013 y 2016, se empezó a utilizar como isotipo, junto al nombre del museo, un patrón geométrico compuesto de un entramado irregular de cuadrángulos que se superponían a la imagen, cuya gama cromática variaba, del evento que se difundía (ver figura 5).

A partir del año 2016, y hasta el momento que estas líneas se escriben, la dirección de la casa de las musas de Moneda 13 corre a cargo de Gloria Artís Mercadet, quien actualizó el nombre a “Museo Nacional de las Culturas del Mundo” (MNCM) y, al mismo tiempo, hizo que regresase el aldabón como su identidad gráfica. Personalmente, considero que ambas decisiones fueron muy acertadas, ya que se innovó con la designación del recinto, que ayuda a diferenciarlo del amigo Museo Nacional de Culturas Populares, en Coyoacán; y al mismo tiempo se promulga la continuidad al proyecto fundador del museo y del propio INAH: investigar, conservar y difundir el patrimonio que da cuenta de la diversidad cultural del mundo, con un símbolo que ha sido la égida del inmueble desde hace más de cinco décadas.

Conociendo al aldabón y a la aldaba – Con los argumentos anteriormente expuestos, pareciese que no queda más que decir sobre las aldabas de la multiatávica casa de las musas de Moneda 13, pero éstas aún guardan muchos secretos que vale la pena tratar de develar; y al hacerlo podemos descubrir que son verdaderos emisarios y garantes de la diversidad cultural del mundo. Tan sólo es necesario formular las preguntas adecuadas a estos grandes mininos y esperar a que estos nos “ronroneen” las respuestas a través del lenguaje de las formas y de los ecos de la historia. En primera instancia, me atrevo a decir que ambos aldabones son únicos en el país, ya que no he visto -ni conozco un reporte- de otros ejemplares en algún edificio del mismo período que el de la antigua casa de Moneda, tanto en la Ciudad de México o en alguna otra localidad de la República Mexicana. Su enigmático estilo “oriental”, pero que al mismo tiempo es “europeo”, me recuerda a la testa de un 銅獅 (tóngshī) “león de bronce”, elemento arquitectónico de la China imperial que se colocaba en las entradas de los grandes palacios y templos para proteger al edificio de personas e influencias espirituales dañinas (ver figura 6).

El motivo del león protector fue introducido a China en la dinastía Han (206 a.C-220 d.C.) por medio de las tradiciones budistas provenientes de la India. La palabra que designa al gran felino es: 獅 (shī) y parece que a su vez deviene del vocablo persa شیر (šēr) “shir” que a su vez se relaciona con el antiguo término sánscrito: सिंह (sinh o simha). Estos “prestamos culturales” fueron posibles gracias a la llamada Ruta de la Seda, que del mismo modo difundieron el simbolismo del león por gran parte de Asía, incluyendo los territorios de los actuales Corea (sur y norte), Japón, Nepal, Tíbet, Sri Lanka, Camboya, Laos, Singapur, Birmania, Tailandia, Vietnam e inclusive en el archipiélago de las Filipinas, el cual fue parte del Virreinato de la Nueva España hasta el año de 1821. Personalmente, creo que los aldabones fueron modelados y fundidos por artistas filipinos, o novohispanos, que crearon un hermoso sincretismo entre un สิงห์ (singha), como se llama a estos leones en el vecino idioma tailandés, y un llamador de puerta de tradición europea. En este sentido, hasta hace poco tiempo también creía que la más pequeña aldaba tampoco tenía símiles; pero hace un par de años me llevé una grata sorpresa al descubrir, en la puerta principal de la Catedral de San Ildefonso de Yucatán, en el Centro Histórico de la ciudad de Mérida, cuatro aldabas que son casi idénticas a la de Moneda 13 (ver figura 7). En verdad, creo que es necesario investigar más para descubrir la génesis y recorrido por México de estos míticos felinos protectores.

Llegado a este punto, el avezado lector podrá preguntarse: ¿qué significados tienen las palabras aldabón y aldaba?, ¿qué usos y acepciones se le dan? y ¿de dónde provienen estos vocablos, es decir, ¿cuál es su etimología? Primero, debe aclararse que “aldabón” es simplemente el superlativo de aldaba, es decir, hace referencia a una aldaba de grandes dimensiones, al igual que “aldabilla” que es el diminutivo que se utiliza para designar a las aldabas pequeñas; por lo tanto las tres acepciones del sustantivo tienen el mismo origen. El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) la define como: Aldaba 1. f. Pieza de hierro o bronce que se pone a las puertas para llamar golpeando con ella. / 2. f. Pieza, ordinariamente de hierro y de varias hechuras, fija en la pared para atar de ella una caballería. / 3. f. Barreta de metal o travesaño de madera con que se aseguran, después de cerrados, los postigos o puertas. Tener buenas aldabas / 1. loc. verb. coloq. Disponer de influencias o amistades poderosas “tener buenas aldabas”.[1]

Como puede apreciarse en la primera definición del DRAE, una aldaba es un llamador, el cual fue -y aún es- parte esencial de las puertas de acceso a un inmueble. Recibe muchas denominaciones en diferentes idiomas como: pom del porte en catalán, aldraba en portugués, heurtoir o marteau de porte en francés, portklapp en sueco, türklopfer en alemán, door knocker en inglés, Дверной молоток en ruso, طراقة الباب en árabe, کوبه en persa y 门环 en chino. Muchos de estos nombres hacen alusión a un pomo o martillo que se utiliza, efectivamente, para golpear la puerta y anunciar la llegada de un visitante. Pero en el caso que nos ocupa, el español, se descubre que la palabra “aldaba” deviene de la locución árabe andalusí aḍḍábba, que a su vez era una variante dialectal del término en árabe clásico الضبّة (aḍ-ḍabbah) el cual por mucho tiempo se tradujo –erróneamente- como “lagarta” ya que parecía el femenino de la palabra الضبّ aḍ-ḍabb “lagarto”. De tal manera, se interpretó que los pestillos y cerrojos de las puertas evocaban la forma de una lagarta, al ser alargados y meterse en un boquete o en una argolla, y por eso se habría tomado la palabra “lagarta” en árabe en el sentido de “cerrojo”. Así figura en el DRAE desde que Federico Corriente Córdoba refrendó esta suposición en la página 146 de su obra: Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance (1999). Pero hay un problema, difícilmente la palabra aḍ-ḍabbah significaría “lagarta”, pues el morfema del femenino ah, que en árabe se denomina tāʾmarbūṭah, sirve, efectivamente, para denominar al sexo de los animales, pero sólo cuando éste se puede establecer a simple vista. Casi una década después, el mismo autor publicó: Dictionary of Arabic and Allied Loanwords Spanish, Portuguese, Catalan, Gallician and Kindred Dialects (2008) y en la página 92 enmienda su primera traducción y admite que la palabra الضبّة (aḍ-ḍabbah) probablemente sea una adaptación del vocablo copto: Θεπω (t-epō) “cerradura de puerta” que seguramente hunde sus raíces en el antiguo Egipto (cfr.: Anders, et. al., 2019: 1).[2]

De tal manera, vemos que la tercera definición del DRAE de aldaba, es decir, la de un cerrojo para una puerta, tiene su origen en el Egipto faraónico. Y en efecto, este elemento constituye uno de los jeroglíficos unilíteros:  s (s) que representa a un “cerrojo” aunque para entenderlo mejor resulta muy útil la ilustración (ver figura 8) que presentó el egiptólogo Henry George Fischer (1923-2005) en la página 12 de su obra: Ancient Egyptian Calligraphy. A Beginner’s Guide to Writing Hieroglyphs (1999). Algunas de las palabras que definían a los elementos que se utilizaban como aldabas en el antiguo país del Nilo son:

[1] cfr.: http://dle.rae.es/?id=1fB5YA2 revisado el 3 de Julio de 2019. – [2] cfr.: http://etimologias.dechile.net/?aldaba revisado el 3 de Julio de 2019. p3yt (payt) “cerradura, pestillo”,  ḏ`ryt (djaryt) “cerrojo de puerta”,  i3d (iad) “barreta de puerta” y  isn (isen) “pomo o cerradura de puerta”. Si bien, en este espacio no es posible explayarse más en las cuestiones filológicas, sirva como una muestra de que los aldabones y la aldaba han estado presentes desde la más remota antigüedad y en las más diversas culturas alrededor del orbe.

Por último, vale la pena mencionar un párrafo de la introducción de la obra: Hierros Forjados (1935) de Antonio Cortés Vázquez, quien fuera investigador en el museo de Moneda 13 y que reconoció la importancia del estudio de los elementos metálicos virreinales, aunque, curiosamente, no analizó los aldabones del propio edificio, tal vez porque éstos son de bronce. Sobre los objetos del acervo menciona: “La colección de hierros forjados que posee el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, es seguramente, una de las más importantes entre las que forman el Departamento de Etnografía Colonial y de la República, tanto por lo numeroso, cuanto por la calidad e importancia de algunas señaladas piezas que la integran; pues las hay desde el siglo XV -aunque en escaso número- hasta el XIX. Las más de ellas son a partir del siglo XVI, de manufactura mexicana y en las cuales, a pesar de haber sido engendradas por enseñanzas o sugestiones europeas, particularmente españolas, se advierte que llevan impreso en sus formas y aun en algunos casos en su técnica, un carácter peculiar que las distingue marcadamente de las que les dieron origen, especialmente en lo que respecta a su sabor ornamental, acusándose en numerosas de dichas obras no pocas modalidades y resabios ancestrales” (Cortés, 1935: IX).

 Como colofón, deseo hacer una invitación a todos los que trabajamos en el MNCM para que -cuando el tiempo y las ocupaciones lo permitan- se detengan unos momentos a observar y apreciar a nuestros ecuánimes y solemnes guardianes: los aldabones y la aldaba, que diariamente observan nuestras entradas y salidas e inclusive llegan a proferir algún “aldabonazo” (el golpe dado con la aldaba) cuando alguien con “muchas aldabas” llega investido desde las altas instancias culturales o diplomáticas. Aunque lo más probable es que sus socarronas sonrisas leoninas (ver figura 9) se deban a que en muchas ocasiones todos actuamos como unos “tragaldabas”, que es como se le dice al muy comelón y que incluso puede llegar a devorar las puertas con todo y sus aldabas; lo cual esperemos nunca ocurra.

Gerardo P. Taber  Ciudad de México, Julio de 2019.

Alvarado Santos, José – 1985 Visiones mexicanas y otros escritos. Col. Lecturas mexicanas N. 68. Ed. Fondo de Cultura Económica. México D.F. México.

-Anders, Valentín, et. al. – 2019 “Etimología de Aldaba” en: Etimologías de Chile. Diccionario Etimológico Español en Línea. cfr.: http://etimologias.dechile.net/?aldaba revisado el 3 de Julio de 2019.

-Corriente Córdoba, Federico – 1999 Diccionario de Arabismos y Voces Afines en Iberorromance. Ed. Editorial Gredos, RBA, Barcelona, España.

-2008 Dictionary of Arabic and Allied Loanwords. Spanish, Portuguese, Catalan, Galician and Kindred Dialects. Col. Handbook of Oriental Studies Vol I. Ed. Brill. Leiden, Netherlands & Boston, USA.

-Cortés Vázquez, Antonio – 1935 Hierros Forjados. Col. Monografías del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía de México. Ed. Talleres Gráficos del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, Secretaría de Educación Pública. México

-Fischer, Henry George – 1999 Ancient Egyptian Calligraphy. A Beginner’s Guide to Writing Hieroglyphs. Ed. Metropolitan Museum of Art. New York, USA.

Imágenes: Figura 1. Vista de una de las puertas del museo de Moneda 13. c. 1940-1945. Reprografía. Fototeca Constantino Reyes-Valerio de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos, INAH. / Figura 2. Vista de la fachada del museo de Moneda N. 13 de Vicente Mendiola Quezada, 1975. Acuarela sobre papel. Reprografía. Colección Particular. / Figura 3. Portada de Visiones mexicanas y otros escritos (1985) de José Alvarado Santos. Fotografía del Fondo de Cultura Económica, 2018. / Figura 4. Logotipo del Museo Nacional de las Culturas, c. 1995-2001, en el respaldo de una silla en el área de investigación del MNCM. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2019. / Figura 5. Logotipos del Museo Nacional de las Culturas, 2013-2016, utilizados en los carteles para las redes sociales digitales. Selección de Gerardo P. Taber, 2019. / Figura 6. León de bronce frente al Salón de la Cultivación Mental en la “Ciudad Prohibida”. Beijing, China. Fotografía de Dennis Jarvis, 2006 en Wikimedia Commons. / Figura 7. Una de las cuatro aldabas de la puerta de la Catedral de San Ildefonso de Yucatán en Mérida. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2014. / Figura 8. Diagrama de una aldaba egipcia en Ancient Egyptian Calligraphy. A Beginner’s Guide to Writing Hieroglyphs, Fischer,1999: 12. Selección de Gerardo P. Taber, 2019. / Figura 9. La aldaba de la puerta del Museo Nacional de las Culturas del Mundo. Fotografía de Gerardo P. Taber, 2019.

*Gerardo P. Taber – Investigación y Curaduría. Egipto faraónico del Mediterráneo antiguo del Museo Nacional de las Cultura del Mundo en México.

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La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, junio 19 del 2020

 

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