RESOLVER EL PRESENTE, REPENSAR EL FUTURO

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-¿Superarán los mandatarios sus limitaciones, sus recurrentes divisiones ideológicas y desencuentros personales, dejando atrás su obstinación por el poder para actuar acorde con una revolución de las conciencias?

Emb. Jorge Álvarez Fuentes

Son demasiadas e inquietantes las preguntas que nos hacemos hoy millones de ciudadanos en el mundo. Parecen acumularse, tornándose más graves, con el paso de los días.

¿Se extenderá en las próximas semanas la crisis global, tanto sanitaria como económica? ¿Seremos capaces de encarar de manera colectiva y salir adelante, cada uno con nuestra circunstancia, de la peor crisis en 100 años? ¿Cómo será ese otro mundo, desconocido, al que entramos? ¿Continuarán las malas noticias sobre el rezago y colapso de los sistemas de salud, la pérdida masiva de empleos, la caída del consumo, la debacle de los mercados petroleros, el desplome del turismo y la interrupción de las comunicaciones aéreas, el cierre de las fronteras, la agudización de los embates de la emergencia climática, la exacerbación de los conflictos en distintas regiones, junto con las guerras comerciales?

¿Superarán los mandatarios sus limitaciones, sus recurrentes divisiones ideológicas y desencuentros personales, dejando atrás su obstinación por el poder para actuar acorde con una revolución de las conciencias? ¿Estarán los líderes a la altura de los desafíos presentes o surgirán otros liderazgos, contestatarios y alternativos? ¿Habrá nuevas formas de entendimiento, de concertación, en torno a objetivos, programas y estrategias, que permitan otras formas, más constructivas, equilibradas y eficaces de diálogo y cooperación entre los Estados y las instituciones supranacionales? ¿Habrá éxito y una genuina cooperación en la búsqueda urgente de soluciones contra cíclicas a la recesión económica? ¿Habrá colaboración en la obtención de una vacuna?

¿Será posible un nuevo multilateralismo? ¿Lograremos transformar, no sólo reformar la ONU? ¿El mundo se embarcará en una nueva ruta, con otros paradigmas de paz y desarrollo, o prevalecerán las tendencias preexistentes, destructivas, marcadas por el malestar de la globalización, el unilateralismo y el capitalismo autoritario vigilante? ¿Volveremos a equivocarnos tratando de «recomponer» las piezas de la globalización? ¿Cómo y en qué condiciones saldremos avante de la crisis global? ¿En cuánto tiempo?

¿Habrá una nueva normalidad, realidades cotidianas distintas, después de controlar la pandemia del COVID-19? ¿Cómo serán esas nuevas circunstancias, diferentes, de vivir, trabajar, gobernar, generar ingresos, comerciar, prestar servicios públicos, producir, intercambiar, consumir, educar, crear, entretener, hacer ciencia, desarrollar nuevos conocimientos y aprovechar las tecnologías exponenciales, transportarnos en nuestras ciudades, comunidades, regiones y países, de colaborar en los centros de trabajo, de participar en la economía formal e informal, aun cuando tengamos que seguir cuidándonos, procurando la salud pública y una economía circular, incluyente? ¿Cómo serán las semanas venideras, cuando la contingencia sanitaria retroceda y termine gradualmente el confinamiento? ¿Responderán estos esfuerzos a una planificación acertada que aminore los rebrotes y la intermitencia en los siguientes años?

¿Se podrán conciliar los esfuerzos indispensables del sistema de Naciones Unidas, con las decisiones y acciones de los grupos de composición restringida, como el G7, el G20, el G77? ¿Bastarán las medidas, apoyos, recomendaciones e iniciativas del Banco Mundial, el FMI, la OCDE o la CEPAL?

¿Mientras unos se preguntan qué hacer hoy para sobrevivir y tratar de preparar el mañana, recluidos en sus viviendas, otros muchos siguen trabajando a marchas forzadas, saliendo a la calle, desatendiendo el distanciamiento social impuesto para contrarrestar la propagación del virus, a fin de salvar vidas, mantener los suministros de alimentos y servicios básicos, para tomar decisiones y ejecutarlas, para salvar empresas, mantener empleos y salarios y procurar prevalezcan las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias?

La pandemia cambió nuestra forma de habitar y de ver el mundo, al dislocar el rumbo y sentido del futuro. Nunca mejor que ahora hace sentido la frase de Paul Valery que «el futuro ya no es como antes». De ahí la importancia, como bien lo señalara recientemente Adrián Acosta Silva, investigador de la Universidad de Guadalajara, de llevar a cabo análisis prospectivos, de formular propuestas específicas sobre los distintos escenarios de salidas de la crisis global, estimado sus costos sociales y económicos.

Ciertamente debemos «repensar el futuro, gestionando el presente, es el desafío mayor de una crisis que ha alterado veloz e inesperadamente las reglas del juego y [acrecentado] las tensiones entre la ciencia, la política y las políticas públicas.» En medio de la incertidumbre, podemos estar ciertos de que las grandes empresas tecnológicas, dejaran de lado, por ahora, sus rivalidades, para ayudar a resolver una crisis que persistirá aún después de que el coronavirus esté bajo control, puesto que para los gigantes tecnológicos resulta, una necesidad crítica unir esfuerzos para encarrillar la economía global después de la pandemia, comenzando por el 2021, cuando en el extraño escenario internacional sobrevenga una profunda reconformación de las relaciones económicas y comerciales, lo cual va a reclamar nuevas visiones, intervenciones e instrumentos. Por ello, va a resultar de vital importancia llevar a cabo una correcta planeación de la reapertura, para finalizar el encierro, a todos los niveles, global, regional, nacional y subnacional y local, puesto que el 90 % de los países tendrán un crecimiento negativo este año, y en cada uno de ellos habrá distintas capacidades de respuesta e impactos diversos. Además, démoslo por sentado, habrá cuarentenas intermitentes en los próximos dos años. Hoy, más que nunca, frente a un cúmulo de desafíos globales, debemos encontrar nuevos conceptos, nuevas formas de pensar, de cooperar, de compartir, de aprender, de intercambiar, de comunicar y de hacer cuanto sea necesario para evitar que, junto con la crisis sanitaria, la recesión económica mundial y la emergencia climática, estallen las tensiones geopolíticas.

*Jorge Álvarez Fuentes: Licenciatura en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ex embajador de México en Líbano y Nueva Zelanda. Estuvo adscrito a la Embajada de México en Canadá como Encargado de los Asuntos Culturales y de Medio Ambiente. Encargado director para África y Medio Oriente en la S.R.E. México. Entre sus publicaciones destacan: “La diplomacia en acción”, “De cara al mundo» y “Bandera al viento” @JAlvarezFuentes

Imagen: LVÁ / Publicado en: El Siglo de Torreón

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, abril 27 del 2020

 

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