SALVADOS POR LA CAMPANA… Y POR LA HIERBA
– Rubber Soul, publicado en 1965, un disco que no salió de la nada ni apareció por generación espontánea…
Miguel Ávila Vázquez*
Resulta que hubo un tiempo, allá por ese lejano y brumoso 1965, en que los chavos del planeta entero se dedicaban a chillar como descosidos ante cuatro flequillos de Liverpool que apenas podían oírse a sí mismos entre semejante estruendo. Aquello era la Beatlemanía: un fenómeno comercial de proporciones industriales que convertía a cuatro muchachos en mercancía de lujo mientras la industria discográfica hacía caja con la misma eficacia con que ellos hacían canciones.
Pero, ay, amigo, los muchachos crecieron. Y ahí empezó el problema para quienes pretendían seguir vendiéndolos como simpáticos adolescentes con guitarras. Porque Lennon y McCartney —y, a su manera, Harrison y Starr— empezaron a descubrir que aquello podía ir bastante más lejos. En 1965, además, Bob Dylan ya les había enseñado que una canción pop podía hablar de algo más que de muchachas, besos y corazones rotos. Y la marihuana, que The Beatles habían conocido precisamente de manos de Dylan en 1964, ayudó lo suyo a ensanchar el horizonte, aunque atribuirle a la hierba la autoría intelectual de Rubber Soul sería concederle al porro un doctorado que no se ha ganado.
Así nació Rubber Soul, publicado en diciembre de 1965, un disco que no salió de la nada ni apareció por generación espontánea, sino que recogió y aceleró una evolución que ya venía manifestándose en Help! y, en canciones como Ticket to Ride y You’ve Got to Hide Your Love Away. Los Beatles seguían siendo capaces de fabricar melodías irresistibles, por supuesto, pero ahora parecían bastante más interesados en averiguar qué demonios podían hacer con ellas.
Se acabó, o empezó a acabarse, aquella obligación de sonreír como querubines mientras cantaban que ella te amaba. En Rubber Soul aparecen relaciones mucho más ambiguas, inseguras y adultas: celos, desencuentros, deseo, frustración, ironía y esa desconcertante sensación de que enamorarse quizá no sea siempre la experiencia maravillosa que anunciaban los folletos. Norwegian Wood juega con la infidelidad y la ambigüedad; Girl convierte la fascinación amorosa en una mezcla de deseo, reproche y desconcierto; y Run for Your Life, bastante más siniestra, demuestra que incluso los Beatles podían ponerse francamente desagradables cuando les daba la gana.
Y hubo otra diferencia decisiva: por primera vez, The Beatles tuvieron algo que hasta entonces les había sido administrado con cuentagotas: tiempo.
No fue exactamente un retiro monástico de varias semanas en Abbey Road, porque seguían trabajando bajo presión y el álbum se grabó en poco más de un mes, entre octubre y noviembre de 1965. Pero sí dispusieron de algo que los calendarios demenciales de la Beatlemanía les habían negado hasta entonces: la posibilidad de entrar en el estudio no sólo para registrar canciones, sino para experimentar con ellas.
George Harrison llevó el sitar a Norwegian Wood. Lennon y Harrison explotaron el sonido de la guitarra de doce cuerdas de una manera que ampliaba considerablemente la paleta del grupo. McCartney empezó a pensar el bajo como un instrumento melódico y no simplemente como la retaguardia rítmica de las canciones. Y George Martin, junto con los ingenieros de EMI, siguió demostrando que el estudio podía ser algo más que el lugar donde se ponía una canción en cinta.
Ahí estaba la verdadera revolución. – Porque Rubber Soul no fue simplemente otro disco de éxito de los Beatles. Fue el momento en que empezaron a tratar el álbum como un territorio creativo con entidad propia. Todavía no habían llegado a Revolver, mucho menos a Sgt. Pepper, y conviene no convertir retrospectivamente 1965 en 1967. Pero algo había cambiado: las canciones empezaban a importar tanto como el producto; el estudio empezaba a convertirse en instrumento; y el álbum comenzaba a ser algo más que una colección de sencillos y relleno para vender durante las Navidades.
Lo verdaderamente extraordinario de Rubber Soul es que no rompió con los Beatles anteriores: los hizo evolucionar a una velocidad casi indecente.
La Beatlemanía seguía ahí, las adolescentes continuaban chillando y la maquinaria comercial seguía facturando. Pero debajo de aquel ruido estaba ocurriendo otra cosa. Los cuatro tipos que habían sido empaquetados como una banda juvenil empezaban a descubrir que podían utilizar el éxito para hacer exactamente lo contrario de lo que el mercado esperaba de ellos.
Y eso sí fue una campanada. – La hierba ayudó, Dylan abrió alguna puerta, George Martin puso el laboratorio y la EMI proporcionó las máquinas. Pero el ingrediente verdaderamente peligroso era otro: cuatro músicos que habían descubierto que podían salirse con la suya.
A partir de entonces, la pregunta dejó de ser cuánto tiempo podría durar la Beatlemanía. La pregunta era hasta dónde podían llevarla ellos.
Y ahí, queridos amigos, empezó el verdadero problema…
*Miguel Ángel Ávila – Me batí el cobre en las trincheras del periodismo deportivo de 1992 a 2008: dieciséis años dejando la piel en prensa escrita, radio, televisión e Internet, cuando el oficio aún olía a tinta y urgencia de cierre de edición. Pero la vida obliga a cambiar de tercio y, desde aquel año, me adentré en el implacable frente de los contact centers. Hoy, curtido por los años y la línea de fuego, ejerzo como gerente; soy el capitán que pone orden, mando y táctica para mantener a raya el caos diario de la operación. En la retaguardia, soy historiador aficionado y devoto leal de The Beatles desde los nueve años. Un hombre de la vieja escuela que defiende su oficio y sus pasiones con la terquedad de un soldado de los Tercios. Este soy yo.
Imagen: LVÁ
La Voz del Árabe (LVÁ) – La Voz del Arte – Cd. de México, octubre 10 del 2026
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