DE MARÍA SABINA, TIN TAN Y LA INSONDABLE CREDULIDAD NACIONAL
-Si hay dudas de que Lennon estuvo con María Sabina y Tin Tan fue invitado por Ringo Starr, aquí la verdad…
Miguel Ángel Ávila*
Miren ustedes, hay una especie de orgullo patrio descabellado que necesita a toda costa que el universo entero haya pasado, de una u otra forma, por el patio de nuestra casa. Si la realidad se niega a complacer semejante delirio de grandeza, no hay problema: para eso inventamos la crónica periodística de pandereta y el folklore de banqueta.
A los mexicanos nos fascina la idea de que nada grandioso en la historia de la cultura pop pudo ocurrir sin la bendición de un plato de mole o la venia de un pachuco. Y en el centro de ese altar de mentiras piadosas que hemos erigido a lo largo de las décadas, The Beatles ocupan un lugar privilegiado.
Tomemos, por ejemplo, el infaltable cuento de la noche mística en Oaxaca. Con periodicidad casi litúrgica, algún plumífero despistado o falto de clics revive la alucinante fábula: en el invierno de 1969, cansados del circo mediático de Abbey Road, John Lennon y George Harrison tomaron un vuelo secreto a México, agarraron un camión destartalado a la Sierra Mazateca y terminaron mascando hongos sagrados en la choza de María Sabina. Para rematar la majadería con un toque picante, la leyenda afirma que Lennon tuvo un mal viaje donde balbuceó en impecable castellano «he visto mi muerte», antes de que ambos ingleses remataran la travesía tragándose un plato de mole con pulque en Tepetlixpa.
Hay que tener la mollera excesivamente blanda o una necesidad desesperada de vender periódicos de a peso para dar crédito a semejante disparate. En 1969, la banda más famosa del planeta no podía dar tres pasos en cualquier rincón del globo sin que un enjambre de fotógrafos y fanáticos documentara hasta su forma de estornudar. Pero según nuestros audaces fabuladores del periodismo nacional, dos de los tipos más reconocibles de la Tierra pasearon por Oaxaca como si fuesen dos mochileros anónimos comiendo nopales, sin que exista una sola fotografía, un registro migratorio o un boleto de avión que lo atestigüe. Nada. Solo el testimonio de un par de vivos que descubrieron que inventar encuentros con los de Liverpool dejaba buenos dividendos.

Pero si lo de los hongos roza el sainete, lo de Germán Valdés «Tin Tan» rozando la gloria del Sgt. Pepper ya se adentra en el terreno de la comedia delirante.
Sostiene el mito —repertorio habitual de sobremesa perpetuado con conmovedora terquedad por su hija Rosalía— que el mismísimo Ringo Starr o la oficina de los Beatles telefonearon al domicilio del cómico para rogarle que posara en la célebre portada del álbum de 1967. Y que el gran Pachuco, con una compostura olímpica, les dijo que no podía ir a Londres porque estaba muy ocupado doblándole la voz al oso Baloo en El libro de la selva. Para no dejarlos desconsolados, añade la leyenda, envió en su lugar un árbol de la vida de Metepec.
A ver si nos enteramos de una vez, caramba. La portada de Sgt. Pepper no se hizo citando a las estrellas en un estudio de grabación para que posaran sonrientes en fila india. Se diseñó con base de recortes de cartón a tamaño natural extraídos de archivos fotográficos por Peter Blake y Jann Haworth. Nadie tuvo que volar a Londres a decir «aquí estoy», ni Bob Dylan, ni Marilyn Monroe, ni Karl Marx, estos dos últimos empujando margaritas desde tiempo atrás. Si The Beatles hubieran querido a Tin Tan entre la muchedumbre, les habría bastado con pedir una foto publicitaria a la XEW. Pero el nombre de Germán Valdés jamás cruzó por la mente de Ringo Starr ni de Peter Blake. Jamás.
Que Tin Tan haya sido un genio del cine mexicano es algo bien discutible. No por eso necesitaba el aval de la psicodelia británica para ser más o menos conocido, como tampoco The Beatles necesitaban probar pulque en el Estado de México para componer sus obras maestras.
Lo triste no es que estas historias hayan nacido en una noche de borrachera o en la redacción cansada de un pasquín sesentero. Lo verdaderamente penoso es que, en pleno siglo XXI, con toda la información al alcance de un clic, sigamos viendo a cronistas y administradores de páginas ‘beatle’ repetir como papagayos estas patrañas por arañar un puñado de me gusta.
El periodismo, cuando es serio, busca la verdad; cuando es mediocre, se conforma con el mito consolador de que Lennon cenó totopos en la esquina. Y me temo que, de esos últimos, todavía andamos sobrados.
*Miguel Ángel Ávila – Me batí el cobre en las trincheras del periodismo deportivo de 1992 a 2008: dieciséis años dejando la piel en prensa escrita, radio, televisión e Internet, cuando el oficio aún olía a tinta y urgencia de cierre de edición. Pero la vida obliga a cambiar de tercio y, desde aquel año, me adentré en el implacable frente de los contact centers. Hoy, curtido por los años y la línea de fuego, ejerzo como gerente; soy el capitán que pone orden, mando y táctica para mantener a raya el caos diario de la operación. En la retaguardia, soy historiador aficionado y devoto leal de The Beatles desde los nueve años. Un hombre de la vieja escuela que defiende su oficio y sus pasiones con la terquedad de un soldado de los Tercios. Este soy yo.
Imagen: El autor
La Voz del Árabe (LVÁ) – La Voz del Arte – Cd. de México, julio 30 del 2026
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