jueves, julio 9, 2026
La Voz del Arte

THE BEATLES SIGUEN ESCRIBIENDO SU HISTORIA…

-…aunque algunos no se hayan enterado.

Miguel Ángel Ávila*

A ver si nos entendemos de una puta vez. Últimamente, cada vez que dejo caer por aquí algún texto sobre los cuatro de Liverpool, aparece el listo de guardia. Ese erudito de sofá que entra en la sección de comentarios con la suficiencia del que cree custodiar las llaves del Vaticano beatle. «Eso ya se sabía», sentencia. «Vaya novedad», remata, convencido de que la historia termina exactamente dónde acaba su colección de discos.

Miren, háganme un favor: váyanse un rato a hacer gárgaras. Uno escribe para divulgar, no para rendir examen ante el Tribunal Supremo de la Beatlemanía. No pretendo impresionar al coleccionista que distingue una primera edición de Parlophone por el grosor de la tipografía. Escribo para el muchacho que ayer escuchó Revolver por primera vez y quiere saber qué demonios ocurrió para que cuatro chavos de Liverpool cambiaran la música popular. Y también para el veterano que, pese a los años, conserva intacta la rara virtud de seguir maravillándose.

Porque, por si alguien no se ha enterado, la historia nunca está terminada. Mucho menos la de The Beatles.

Pensar que «ya está todo dicho» revela más pereza intelectual que conocimiento. Ahí está Mark Lewisohn, probablemente el mayor experto del mundo en la historia del grupo. Publicó en 2013 el primer volumen de Tune In y aún sigue trabajando en los dos siguientes. ¿La razón?, muy sencilla: siguen apareciendo documentos, cintas, fotografías, correspondencia, contratos y testimonios que obligan a revisar lo que creíamos saber. La historia no es una fotografía; es un negativo que continúa revelándose.

Y si alguien piensa que esto son ocurrencias de aficionados, conviene abrir algún libro de historia antes de repartir credenciales de pureza. La historiadora Erin Torkelson Weber lo explica de manera magistral en su libro The Beatles and the Historians. Su obra parte de una idea que cualquier historiador serio conoce bien: la historia no es únicamente una sucesión de hechos; también es una sucesión de relatos. Los acontecimientos permanecen, pero la forma de interpretarlos cambia conforme aparecen nuevas fuentes, cambian las preguntas de los investigadores o se derrumban viejos prejuicios.

Weber sostiene que la historiografía beatle ha estado dominada por tres grandes narrativas. La primera fue la construida por los propios Beatles junto con Hunter Davies para la biografía autorizada de 1968. Era un relato cuidadosamente controlado, redactado cuando la banda todavía existía y cuando resultaba conveniente proteger la imagen pública del grupo. No era necesariamente falso, pero sí inevitablemente selectivo: toda autobiografía oficial lo es.

La segunda narrativa apareció apenas dos años después, cuando John Lennon concedió su célebre entrevista a Rolling Stone, publicada más tarde como Lennon Remembers. Allí encontramos a un Lennon herido por la ruptura, desencantado, dispuesto a desmontar muchos de los mitos que él mismo había contribuido a construir. Durante décadas, esa versión fue aceptada casi como palabra revelada. Biógrafos, periodistas y aficionados repitieron aquellas declaraciones como si fueran hechos incontrovertibles, olvidando un principio elemental de la historiografía: un testimonio sigue siendo una fuente, no una sentencia definitiva.

La tercera narrativa es la que representa Mark Lewisohn, quizá el investigador más meticuloso que ha tenido jamás la historia del grupo. Su propósito no consiste en escribir una versión «más bonita» ni «más conveniente», sino en reconstruir los acontecimientos a partir de fuentes primarias: diarios, contratos, cintas, agendas, registros de estudio, documentos empresariales, correspondencia y testimonios contrastados entre sí. Es el paso de la memoria al documento; del recuerdo, siempre moldeado por el tiempo, a la evidencia verificable.

Y ahí reside la gran aportación de Weber. Su libro no intenta decidir cuál de esas tres narrativas tiene razón. Lo que demuestra es algo mucho más interesante: que la historia de The Beatles ha sido escrita, reescrita y reinterpretada continuamente durante más de sesenta años. Cada generación ha heredado una versión distinta del mismo relato. Por eso resulta tan absurdo afirmar que «todo está dicho». Decir semejante cosa equivale a sostener que la investigación histórica debería detenerse porque un aficionado considera suficiente lo que leyó hace veinte años.

Eso significa que incluso entre los historiadores más serios existe un debate permanente sobre cómo interpretar los mismos acontecimientos. Porque la historia no consiste únicamente en acumular datos; consiste en comprender quién los cuenta, cuándo los cuenta, con qué fuentes y desde qué intereses. Y pocas historias contemporáneas han sido tan mitificadas, reinterpretadas y discutidas como la de The Beatles.

Así que, la próxima vez que sientan la irresistible necesidad de escribir «eso ya lo sabía», quizá convenga preguntarse si realmente lo sabían… o simplemente repetían la versión que alguien les contó hace treinta años.

Guarden, pues, sus credenciales de «fan de primera clase». No hacen falta. Aquí caben el coleccionista obsesionado con las matrices de Parlophone, el investigador universitario y el adolescente que acaba de descubrir A Day in the Life.

Porque la cultura no sobrevive gracias a quienes vigilan la puerta del club, sino gracias a quienes la mantienen abierta. Al fin y al cabo, de eso se trata. De avivar el fuego. No de mear sobre la hoguera para demostrar que uno llegó primero…

*Miguel Ángel Ávila – Me batí el cobre en las trincheras del periodismo deportivo de 1992 a 2008: dieciséis años dejando la piel en prensa escrita, radio, televisión e Internet, cuando el oficio aún olía a tinta y urgencia de cierre de edición. ​Pero la vida obliga a cambiar de tercio y, desde aquel año, me adentré en el implacable frente de los contact centers. Hoy, curtido por los años y la línea de fuego, ejerzo como gerente; soy el capitán que pone orden, mando y táctica para mantener a raya el caos diario de la operación. ​En la retaguardia, soy historiador aficionado y devoto leal de The Beatles desde los nueve años. Un hombre de la vieja escuela que defiende su oficio y sus pasiones con la terquedad de un soldado de los Tercios. Este soy yo.

Imagen: Miguel Ángel Ávila   

La Voz del Árabe (LVÁ) – La Voz del Arte – Cd. de México, julio 9 del 2026

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