martes, septiembre 1, 2026
Cultura

DUNA DESNUDA: LA VIOLENCIA Y LO QUE NO LOGRA BORRAR -II-

–De Bachir Edkhil su libro Duna Desnuda recibe una inspiración llena de sentimientos. -II-

Ana Toculescu

Hace unas semanas escribí sobre la primera parte de Duna desnuda, de Bachir Edkhil, desde un lugar íntimo, casi de asombro ante los poemas de amor. Vuelvo ahora a la segunda parte del libro –“De la muerte / De la desilusión”–. Aquí la escritura se vuelve abrupta: la violencia pasa a ocupar el centro.

Esta parte golpea no solo por lo que muestra, sino por lo que deja latiendo. La mayor parte de los poemas atraviesan la muerte, la humillación y el tormento. Pero el sufrimiento real no está en esas escenas. Ocurre después: cuando estas pasaron, pero siguen actuando en la conciencia de la víctima, allí donde el horror continúa doliendo cuando ya no hay gritos ni testigos.

En ese territorio emerge la denuncia del fanatismo, de la violencia que se legitima en una causa, pero que oculta un egoísmo radical de dominio sobre el otro.

En algunos casos, la amenaza se infiltra bajo una forma familiar:

“Se te presenta dócil, casi

hermano, y en mano la daga

bien afilada y presta

oculta detrás la espalda”.

Lo terrible no es solo la daga; es el modo en que llega lo que la hace más horrible. En otros poemas, en cambio, no hay encubrimiento de la escena:

“Sin réplica ni retorno

Tauri alza la mano

por última vez,

sorprendido,

con ojos plato…”

“…Tauri, casi púber,

cae fusilado por una metralla”.

El verso se vuelve directo y casi insoportable en su claridad. Obliga a sostenerse en pie y mirar de frente aquello que ocurre. Hay mucha crueldad en esta segunda parte, y una gran desolación. Porque, cuando el daño visible cesa, permanece en quien sobrevive una experiencia más sigilosa y temible: la de una conciencia que no consigue desprenderse de lo vivido y queda recluida en una soledad casi imposible de enunciar. Sin embargo, los poemas no terminan aquí. En medio de ellos, inesperadamente, aparecen algunos instantes con una tensión distinta. Son pocos y dispersos, pero están presentes.

En Disculpa del cabo la escena es salvaje. La voz poética, atada con cuerdas, herida, expuesta, descubre de pronto que aún puede ofrecer algo a otro:

“Aparece un pastor asustado

Y me pide: ¿Me das Lcorda?…

…Me digo…

Que siempre hay algo

que regalar…

Sea una palabra

o tu propio atadero…”

Ese gesto no introduce fraternidad ni consuelo, pero abre un instante de contacto, hecho de necesidad y respuesta. Es una proximidad desnuda donde alguien pide algo y otro puede reconocer esa necesidad. Aun desde su propia desgracia, aun cuando toda conmiseración parece haber sido arrasada.

La misma emoción reaparece en la madre beduina, que no es ternura fácil ni refugio simbólico, sino presencia corporal esforzada, sostenida, aunque casi no queda nada. En El milagro de vivir:

“Aúna con esfuerzo

lo poco que le queda

de ánimos e impulso,

gatea un poco y corta el ombligo…”

“Rompe un trozo de melhfa

e improvisa un primer y único paño…”

“…y ofrece

su seno flácido pero generoso…”

No hay aquí épica ni idealización. Lo que se muestra es un cuerpo agotado que sigue dando, en un acto de continuidad, en medio de la intemperie. Y en Ma’ma la madre adopta otra forma. La del amor que resiste incluso cuando ya no tiene presencia real en qué sostenerse:

“Ma’ma se sustenta del halo imaginado

de su único hijo desaparecido…”

“Ma’ma tiene un rosario por testigo

entre dedos ya descarnados…”

“Y solo le queda como recuerdo

la desteñida camiseta…”

El vínculo con el hijo que mantiene con vida a Ma´ma solo consiste en una imagen imaginada, en un objeto y en un gesto repetido. En una permanencia casi deshecha y, aun así, que no resigna. 

Estos momentos no iluminan la escena desde afuera. Aparecen dentro del mismo espacio de la conciencia donde la violencia sigue operando. Son restos precarios de humanidad, vulnerables, apenas sostenidos en actos mínimos: una cuerda ofrecida, un cuerpo que sigue dando, un amor que no se extingue. No corrigen el horror ni lo compensan. Y, aun así, persisten.

DE LA DUNA DESNUDA UN APUNTE PARA EL AUTOR… -I- https://lavozdelarabe.mx/2026/04/14/de-la-duna-desnuda-un-apunte-para-el-autor/

EL SÁHARA EN LA “DUNA DESNUDA” DE BACHIR EDKHIL – LIBROS – https://lavozdelarabe.mx/2024/11/25/el-sahara-en-la-duna-desnuda-de-bachir-edkhil/

Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, julio 2 del 2026

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