martes, junio 23, 2026
Mundo Árabe

TUAREG: NÓMADAS DEL DESIERTO

– Su conocimiento está teñido de ideas románticas… la realidad de estos grupos muestra difícil adaptación a un medio áspero…

François Borel y Alberto Costa

Los tuareg han sido siempre, en Europa, un producto de la imaginación popular: jinetes sobre elegantes camellos, viajeros en una tierra infinita, los últimos pueblos libres sobre nuestro planeta.

Su conocimiento está teñido de ideas románticas, pero la realidad de estos grupos pastores muestra una difícil adaptación a un medio áspero, frecuentes períodos de hambre y una libertad restringida a las necesidades de pastos para sus rebaños, de los que los tuareg son absolutamente dependientes.

La escasez de alimentos les ha obligado a practicar el pillaje como actividad económica, pero en la antigüedad fueron un pueblo poderoso y temido, en guerra permanente contra las ricas ciudades de la cuenca del Níger. En época colonial y, después, con la creación de las naciones africanas, han sostenido luchas desesperadas para mantener su independencia y libertad de movimientos. En la actualidad, su destino es la sedentarización y la necesidad de buscar nuevos medios de vida.

Esta exposición muestra cómo eran los tuareg en su época clásica o de plenitud cultural, y lo hace por medio de los objetos que utilizaban en su vida cotidiana, en las fiestas, en la guerra, y que tan bien expresan su modo de adaptarse al mundo. Todos ellos vienen del Musée d’ethnographie de Neuchâtel y, en menor cantidad, del Musée National de Malí. La primera de estas instituciones lleva a cabo desde hace sesenta años misiones de investigación entre diversos grupos tuareg, de manera que el material que ha ido recogiendo forma un conjunto que cubre todos los aspectos de la antigua cultura de esta etnia. El Musée National de Malí posee también fondos desde la época colonial.

La mejor manera de adentrarse en la identidad de un pueblo es mediante el conocimiento de las actividades que lo definen, y éste es el método que sigue la exposición. En primer lugar, su historia, que en el caso de los tuareg sólo es conocida por los textos de los antiguos cronistas árabes, dado que los europeos no los describen hasta el siglo XIX. Luego, su economía ganadera y la forma en que organizan su vida cotidiana en el desierto, con la tienda como centro del campamento y de la comunidad familiar. Y, finalmente, su artesanía, el tratamiento que dan a los objetos domésticos, y arte, manifestación de su gusto por la belleza y metáfora de su mundo. Aún pueden verse algunas de sus tiendas en el desierto y en el Sahel, pero el ganado escasea y los tuareg asisten impotentes al epílogo de su existencia cultural. Más de mil años de vida nómada, que han construido su leyenda, conducen inexorablemente a una casa de adobe y una dieta de mijo. La exposición es asimismo la expresión de nuestro afecto y admiración hacia los Kel Tamasheq.

TUAREG: NÓMADAS DEL DESIERTO – LOS TUAREG EN LA HISTORIA DE ÁFRICA

El Sahara – Entre el mar Rojo y el Atlántico, y entre la zona fértil de influencia mediterránea y el Sahel, se extienden más de ocho millones de kilómetros cuadrados del gran desierto africano. La escasez de agua, el viento, la arena y la diferencia de temperaturas entre el día y la noche han convertido el Sahara en un lugar de paisajes variados y gran belleza pero en el que la vida es extremadamente difícil. La vasta superficie arenosa no es uniforme y agrupaciones montañosas irrumpen en la monotonía de las dunas.

Así, el Hoggar es un macizo granítico de origen volcánico y formas caprichosas, cuyas cumbres alcanzan gran altura; la escasa vegetación se concentra en los valles, en los cauces de los antiguos lechos fluviales, y los pozos, las fuentes y los pantanos proporcionan agua a hombres y ganado en función de las precipitaciones de la época de lluvias. El Tassili del Ajjer es una meseta, asimismo de origen volcánico, carente de vegetación, con agua ocasional en los lechos de los antiguos riachuelos y en las charcas que se forman en los huecos de las rocas. El Adrar de los Ifora es un macizo montañoso que sólo recibe algunas precipitaciones en su zona meridional, mientras que el Ayr está formado por antiguos cráteres y mesetas con pequeños caudales de agua y pozos de fácil acceso. Además de estos territorios elevados, y casi abrazándolos, se hallan la llanura del Tanezruft y el desierto del Teneré, donde la vida humana es casi imposible, pero que han servido para proteger a las tribus de pastores de los ataques procedentes del sur.

La sucesión cronológica de los episodios climáticos no está determinada con exactitud, aunque es sabido que, en el pasado, el manto verde que cubría el Sahara y diversas corrientes de agua permitieron los asentamientos humanos desde el paleolítico. Hacia el 7.500 a. J.C. se produce un proceso de neolitización durante el que aparece la primera cerámica.

Probablemente, se trataba de pueblos que basaban su alimentación más en el pastoreo que en la agricultura, pues la vida plenamente sedentaria no está documentada en Egipto y Sudán hasta 3.000 años más tarde. El establecimiento de poblados permanentes facilitaría la aparición de grupos relacionados con territorios —etnias— y la diversificación de las poblaciones. En todas las montañas del Sahara —Adrar de los Ifora, Hoggar, Tassili, Ayr, Tibesti, Ennedi…— se encuentran conjuntos de grabados y pinturas rupestres descritos en el siglo XIX por Heinrich Barth.

Aunque más tardías, las pinturas de los macizos centrales son de una calidad comparable a las mejores de las pintadas en las cuevas de España y Francia al final del paleolítico. Theodore Monod y Henri Lhote establecieron la cronología clásica de sus estilos basándose en la representación mayoritaria de un animal —búfalo, buey, caballo y camello— aunque, en estudios más recientes, Alfred Muzzolini atribuye sus diferencias a estilos locales y propone una secuencia temporal diferente. Las figuras humanas también abundan: personajes masculinos y femeninos en relación con el ganado, otros aislados y algunos portando máscaras.

La interpretación de esas escenas es aún objeto de discusión, pero el testimonio de los nativos consultados explica los acontecimientos representados en relación con prácticas y ritos de su propia cultura que aún se realizan en la actualidad.

Información: ArteHistoria / Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – MUNDO ÁRABE – Cd. de México, junio 23 del 2026

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