CUNDO BERMÚDEZ, SURREALISMO A LO CUBANO
– En México se familiarizó con los murales de Diego Rivera. Estudió pintura en la Academia de San Carlos en la México.
Miguel Lozano
La vida de Cundo Bermúdez es uno de esos casos que puede referenciar el refrán de “Nadie es profeta en su tierra”. Fue un pintor cubano considerado parte de la vanguardia pictórica cubana en las décadas de 1930 y 1940, reverenciado en todo el mundo, pero casi totalmente olvidado en su patria.
Cundo Bermúdez (La Habana, 1914 -Miami, 2008) fue pintor, muralista y grabador de paisajes, naturalezas muertas, retratos, músicos e interiores, con colores vibrantes y temas cubanos con una interpretación peculiar.
Estudió pintura en la década de 1930 en la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro y en la Academia de San Carlos en la Ciudad de México.
En México se familiarizó con los murales de Diego Rivera y a su regreso a Cuba, despegó su carrera artística, que ganó un reconocimiento forjado en numerosas exposiciones en La Habana.
En las décadas de 1940 y 1950, Bermúdez participó en exhibiciones en Nueva York, Ciudad de México, Buenos Aires, São Paulo, París y Múnich.
Fue opositor del dictador Fulgencio Batista y participó de los esfuerzos por liberar a los presos políticos. Pero luego se sintió defraudado por el curso comunista que tomó Fidel Castro.
“Abandoné Cuba absolutamente desilusionado; tal vez porque había creído ciegamente en la revolución”, explicó sobre los motivos de su exilio en 1967, que le llevó a Puerto Rico, Washington y Miami, mientras continuó exponiendo su obra en Estados Unidos, Europa y América Latina.
Vanguardia modernista – En 1983, inauguró un mural en el exterior de la sede de la Organización de los Estados Americanos en Washington D. C.
Otros murales suyos se exhiben todavía en San Juan (Puerto Rico) y en el Arch Center para las Artes, de Miami, donde vivió desde 1996 hasta su fallecimiento en 2008, con 94 años de edad.
Desde la década de 1940 plasmó temas de su país con una visión surrealista, en cuadros como “El balcón” (1941), “La barbería” y “El billar” (1942).
Su obra “Músicos” de 1942, que había vendido en Cuba por 200 pesos, se vendió en subasta por casi medio millón de dólares.
Cundo Bermúdez recreó la arquitectura colonial habanera al tiempo que exploraba el lenguaje pictórico de las corrientes modernistas europeas como las de Picasso y las de los muralistas mexicanos.
Surrealismo a lo cubano – Muchas de sus pinturas son oníricas, surrealistas, pero —pese a la lejanía— con motivos cubanos recurrentes.
Pintó mujeres rumberas, personajes populares, escenas domésticas, desnudos, músicos, ventanas del siglo XIX, todo el imaginario cubano de una forma tal que se convirtió en uno de los artistas más destacados de la vanguardia artística cubana de las décadas de 1930 y 1940.
Pero aunque es reconocido como un representante de la vanguardia pictórica, su nombre es desconocido para la mayoría de los cubanos.
En una entrevista explicó cómo en el exilio y pese al paso de los años siguió inspirándose para crear en los motivos de su isla.
Así los escribió su entrevistador, el escritor José Lorenzo Fuentes: “Alrededor de los cinco años yo empecé a pintar en unos papeles blancos que los chinos utilizaban en las lavanderías para envolver la ropa … Recuerdo que yo no pintaba sentado a una mesa sino en el suelo, en contacto directo con los mosaicos del piso. Las formas bellísimas de los mosaicos de los pisos cubanos quedaron grabadas desde entonces en mi interior, en mi subconsciente, y más tarde, cuando ya era adulto, comenzaron a aflorar en mi pintura… Así que no es ilógico ni casual que las formas que me entregaron esos mosaicos, que tanto amé siendo niño, se convirtieran en elementos que fui incorporando a mi obra”.
En 1941 vendió su primer cuadro, “Dos niños”. David Alfaro Siqueiros consideró que Cundo Bermúdez tuvo gran importancia en la gama cromática de la pintura moderna cubana. «Sabe cómo construir de una manera sincronizada. Con tonos y primeros planos situados en profundidad pictórica, en contraposición, él construye y organiza, a veces de manera casi milagrosa”.

Gusanitas de Cundo – En 1944, en la Exposición de Pintura Cubana en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, exhibió “La barbería” y “El balcón”; que entraron en la colección permanente del MOMA.
En la década de 1950 expuso frecuentemente fuera de Cuba, en San Francisco, Ciudad de México, Buenos Aires, Estocolmo y Múnich.
Participó en la Bienal de Venecia y la de São Paulo y recibió un premio en la Exposición Internacional de Arte del Caribe.
En una reseña con motivo del centenario del nacimiento de Bermúdez, el escritor cubano Leonardo Padura afirmó que mucho antes de su salida de la isla ya sufría de un exilio “interior”.
De esta actitud —dice Padura— da muestra su serie Gusanitas, basada, según él, en esas mujeres cuyas familias habían salido de Cuba y quedaban encerradas en sus mansiones como guardianas de sus tesoros y memorias de otro tiempo.
Bermúdez, de alguna manera, hizo como esas mujeres y aun cuando obtuvo reconocimiento internacional, su inspiración siguió estando en los motivos de su tierra, a la que nunca volvió, pero a la que añoraba.
El mural del Hilton – Un caso que acrecentó su adversión al gobierno de Castro fue la destrucción, poco después de su exilio, del mural que había fijado en 1958 en el Habana Hilton, además de la eliminación de su nombre en textos oficiales.

El mural monumental fue instalado en 1958 en la fachada lateral del hotel Habana Hilton que da a la Calle 23, con figuras estilizadas, músicos, colores planos y geometrías típicas de su estilo.
A diferencia del mural de Amelia Peláez ubicado en la fachada del hotel sobre la Calle L, cuya desaparición fue ampliamente comentada, la destrucción del de Bermúdez no fue documentada.
El gran mural exterior de Cundo Bermúdez desapareció, pero no hay una fuente documental sólida que explique oficialmente cuándo fue retirado, quién autorizó o cuál fue su destino final.
Existe un vacío documental bastante extraño para una obra monumental de un artista de la importancia de Cundo.

A falta de explicación concluyente, se han elaborado varias teorías. La primera es la motivación política, sustentada por la práctica de marginar de la narrativa cultural oficial a los numerosos artistas, escritores e intelectuales que rompieron con el régimen.
Otra explicación es la desidia, como sucedió con otros elementos del hotel, incluso creados por artistas que permanecieron en Cuba.
Sin embargo, lo más probable es que hayan intervenido los dos factores: la incomodidad de mantener en una de las fachadas más visibles de La Habana una obra monumental de un crítico del régimen y remodelaciones que sirvieron como justificación para retirar la obra.
Paradójicamente, el gran mural concebido por Bermúdez en su patria desapareció, pero permanecen otros suyos en importantes edificios de San Juan de Puerto Rico, Miami y Washington.
Un caso que acrecentó su adversión al gobierno de Castro fue la destrucción, poco después de su exilio, del mural que había fijado en 1958 en el Habana Hilton, además de la eliminación de su nombre en textos oficiales.

El mural monumental fue instalado en 1958 en la fachada lateral del hotel Habana Hilton que da a la Calle 23, con figuras estilizadas, músicos, colores planos y geometrías típicas de su estilo.
A diferencia del mural de Amelia Peláez ubicado en la fachada del hotel sobre la Calle L, cuya desaparición fue ampliamente comentada, la destrucción del de Bermúdez no fue documentada.
El gran mural exterior de Cundo Bermúdez desapareció, pero no hay una fuente documental sólida que explique oficialmente cuándo fue retirado, quién autorizó o cuál fue su destino final.
Existe un vacío documental bastante extraño para una obra monumental de un artista de la importancia de Cundo.
A falta de explicación concluyente, se han elaborado varias teorías. La primera es la motivación política, sustentada por la práctica de marginar de la narrativa cultural oficial a los numerosos artistas, escritores e intelectuales que rompieron con el régimen.
Otra explicación es la desidia, como sucedió con otros elementos del hotel, incluso creados por artistas que permanecieron en Cuba.
Sin embargo, lo más probable es que hayan intervenido los dos factores: la incomodidad de mantener en una de las fachadas más visibles de La Habana una obra monumental de un crítico del régimen y remodelaciones que sirvieron como justificación para retirar la obra.
Paradójicamente, el gran mural concebido por Bermúdez en su patria desapareció, pero permanecen otros suyos en importantes edificios de San Juan de Puerto Rico, Miami y Washington.
Información: UnaPalabra+ / Imagen: UnaPalabra*
La Voz del Árabe (LVÁ) – La Voz del Arte – Cd. de México, junio 13 del 2026
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