miércoles, mayo 27, 2026
Editorial

PARA EL SEÑOR BOLTON EL POLISARIO ES TEMA DE FASCINACIÓN… Y DELIRIO

– Es diplomático y hombre político especializado en conflictos y cuestiones internacionales.

AL ATLASSI Talaa Assoud*

John Bolton, de 78 años, es una figura estadounidense que pasó por el centro de la toma de decisiones en Estados Unidos por haber presidido la misión de su país ante la ONU durante un año, entre 2005 y 2006, tras haber ocupado brevemente el cargo de subsecretario de Estado…

Abogado distinguido, miembro de un importante bufete en Washington, durante años llevó la etiqueta de actor destacado entre los “neoconservadores”, aunque él niega ser “conservador”. Participó activamente en centros de pensamiento y círculos de formulación de políticas conservadoras. En 2012 apostó por el candidato presidencial Mitt Romney y fue su asesor en política exterior. Gracias a esa experiencia, el presidente Donald Trump lo eligió, durante su primer mandato, como asesor de Seguridad Nacional por casi un año y medio, entre 2018 y 2019.

El señor Bolton permaneció poco tiempo en los cargos que ocupó, pero tiene una voz fuerte al expresar opiniones muy conservadoras, visibles en su apoyo absoluto a Israel y en su convicción de que el recurso de la administración estadounidense a la diplomacia es una señal de debilidad, mientras que la fuerza militar es el medio más eficaz para imponer las opciones estadounidenses, como lo demostró con entusiasmo al apoyar la invasión estadounidense de Irak, así como su llamada a cambiar por la fuerza y mediante intervención exterior los regímenes que Washington considera no democráticos.

Desde que el presidente Trump se enfadó con él y lo apartó de su círculo cercano, Bolton se ha mostrado muy activo en su oposición a las políticas y orientaciones internacionales del presidente. Y, “por alguna razón”, encontró en la cuestión del Sáhara marroquí un terreno fértil para ejercer esa oposición. Repetidamente ha afirmado que el reconocimiento de Trump de la soberanía marroquí sobre el Sáhara fue un error. Ignorando siempre que dicho reconocimiento corresponde a toda la administración estadounidense, tanto en tiempo de la presidencia de Trump como después con el presidente Joe Biden, lo que significa que tanto republicanos como demócratas respaldan ese reconocimiento y reconocen esa realidad.

El señor Bolton no lee los hechos que ocurren ante sus ojos, entre ellos el flujo cualitativo y diverso de reconocimientos internacionales de la marroquinidad del Sáhara en los últimos años, así como el respaldo a la propuesta de autonomía como solución al conflicto, hasta hoy. Tampoco le importa que esos hechos hayan llevado a la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que trazó el camino hacia la implementación de la “autonomía” en las provincias saharianas marroquíes.

Es diplomático y hombre político especializado en conflictos y cuestiones internacionales, cuya materia prima son los hechos y los datos. Pero en el caso del Sáhara marroquí parece preferir abordarlo desde la posición del abogado que busca satisfacer a su “cliente” y cobrar sus honorarios, y nada más.

La verdad es que el abogado John Bolton, desde 2020, no se cansa de repetir su rechazo al reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara. Y también es cierto que durante todos estos años nadie en la administración estadounidense ha prestado atención a su rechazo ni le ha dado la menor importancia. Se supone que Bolton sabe perfectamente que dicho reconocimiento no es un simple “capricho” o gesto de cortesía de un presidente estadounidense.

La estructura del sistema político estadounidense se basa en que las grandes decisiones de la administración están depuradas de improvisaciones presidenciales. Surgen del “cerebro” político del Estado y pasan por los laboratorios donde se determinan con precisión los intereses de Estados Unidos.

Además, el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara no es una anomalía en el tratamiento internacional de la cuestión. Fue precedido por reconocimientos importantes y seguido por otros resonantes, como los de España, Francia y varios países europeos y africanos, cuyo peso es considerable en el equilibrio internacional.

Todo ello ha sido fruto de profundas transformaciones geoestratégicas mundiales. Cambios que atravesaron el mundo durante medio siglo, a lo largo de casi dos generaciones, con sacudidas y fluctuaciones en las dinámicas internacionales. Fueron tiempos de ascenso de nuevas potencias y declive de otras, tiempos en los que unas fuerzas se unificaron mientras otras entidades fueron fragmentadas o vulneradas, épocas en las que algunas guerras quedaron en el olvido y otras volvieron a encenderse. Durante ese período también fracasaron numerosas ilusiones separatistas en tres continentes.

En ese contexto, Marruecos logró consolidar una posición activa en su entorno geográfico y en su red de relaciones exteriores. Basándose en la firmeza de su voluntad nacional para proteger la unidad de su pueblo y de su territorio, y afrontando enormes desafíos de desarrollo mediante un proyecto integral y estratégico de modernización política, económica y social. Un proceso que continúa avanzando y acumulando logros. Y, sobre todo, Marruecos desarrolló una conciencia crítica capaz de acompañar su desarrollo, corregir sus orientaciones y superar sus dificultades.

El señor John Bolton ignoró medio siglo cargado de fracasos del frente Polisario en el Sáhara marroquí para “fascinarse” con el lema de la autodeterminación, un lema que sólo entusiasma al Polisario.

Hace unos días, en una entrevista con una radio española, Bolton pidió volver al “proceso de solución del conflicto mediante un referéndum que conduzca a la autodeterminación”, tal como pide el Polisario y como figuraba en el plan de arreglo de 1991.

El hombre olvidó que han pasado treinta y cinco años desde ese plan y que el “referéndum” previsto ya fue declarado imposible de aplicar por el propio estadounidense James Baker en 2001 y nuevamente en 2003. Y fue el mismo Baker quien propuso después un plan “alternativo” que incluía una solución por etapas que comenzaba con una autonomía provisional…

La “autonomía”, como solución definitiva, realista, pacífica y consensuada, fue precisamente lo que propuso SM el Rey Mohammed VI en 2007, guiado por una visión pacífica y estratégica. Esa propuesta arrastró al olvido la palabra “referéndum” y sus derivados, y se abrió camino en las decisiones internacionales gracias a una diplomacia marroquí paciente y eficaz, hasta que el respaldo internacional a la propuesta se amplió y se reforzó, culminando en la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, que consagró la “autonomía” y dejó atrás las tentativas anteriores y las ilusiones sobre cómo resolver un conflicto que ya dura medio siglo. Una propuesta que hoy goza de consenso como solución posible, realista y duradera.

Bolton llegó tarde al margen político del conflicto del Sáhara marroquí. Durante años estuvo ocupado defendiendo con vehemencia a Israel y negando al pueblo palestino su derecho nacional a la autodeterminación y a tener su propio Estado, un derecho históricamente legítimo y respaldado internacionalmente por decenas de resoluciones de la Asamblea General de la ONU, así como por resoluciones del Consejo de Seguridad e incluso por los Acuerdos de Oslo firmados hace más de treinta años bajo patrocinio estadounidense…

Y ahora defiende a un movimiento separatista fabricado e impregnado de tendencias hegemónicas y hostiles contra Marruecos por parte de un Estado vecino, que también —como Bolton— sabe perfectamente que el supuesto “pueblo saharaui que anhela la independencia” es una ficción cuya fecha de caducidad expiró hace más de treinta años. Una ficción construida en 1975 como respuesta a la Marcha Verde marroquí, mediante la cual Marruecos recuperó sus provincias saharianas ocupadas.

Bolton pretende que el Polisario no es una organización terrorista. Sin embargo, jamás dijo algo parecido sobre las facciones palestinas que luchan por los derechos nacionales del pueblo palestino, al contrario, siempre las describió como terrorismo absoluto y fuente de terrorismo.

El Polisario “no es terrorista”, dice Bolton, a pesar de que varios países, incluida la administración estadounidense, condenaron recientemente el ataque lanzado por el Polisario contra la ciudad marroquí de Smara y contra el proceso pacífico para llevar a cabo la resolución del Consejo de Seguridad.

Aun así, gracias señor Bolton, usted es una prueba más —después de mil— de que los marroquíes, al aferrarse a la unidad de Marruecos, tierra y pueblo, parten de la verdad y buscan hacer justicia a la historia, porque el señor Bolton no está de su lado. Y allí donde él se sitúa, no hay ni verdad ni justicia.

*AL ATLASSI Talaa Assoud, periodista marroquí, antiguo fundador y redactor jefe del periódico Anoual (antiguo órgano del partido de izquierda). Exasesor político del difunto ministro de Comunicación Larbi Messari. Columnista habitual en diversos medios de comunicación marroquíes y árabes, entre los que destacan Al-Ittihad Al Ichtiraki y Al-Arab de Londres.

Imagen: Internet

      La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, mayo 27 del 2026

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