¿POR QUÉ LLUEVE EN PRIMAVERA EN MÉXICO? LA CIENCIA DETRÁS DEL FENÓMENO
– El fenómeno responde a una dinámica atmosférica compleja.
Pepe Herrera
Las lluvias de primavera en México forman parte de un comportamiento climático normal dentro del ciclo anual del país, explicó el Dr. Alejandro Jaramillo Moreno, investigador del Instituto de Ciencias Atmosféricas y Cambio Climático de la UNAM.
Durante esta estación, que funciona como un periodo de transición entre el invierno y el verano, coinciden aún algunos sistemas invernales con un aumento progresivo de las temperaturas. Esta combinación genera condiciones propicias para la formación de chubascos, tormentas eléctricas e incluso caída de granizo, especialmente en regiones del centro y oriente del territorio.
Factores atmosféricos que explican las lluvias primaverales – En este contexto, el fenómeno responde a una dinámica atmosférica compleja. La presencia de zonas de baja presión en el interior del país, junto con sistemas en niveles altos de la atmósfera, favorece el ascenso de aire húmedo. A ello se suma la entrada de humedad proveniente del océano Pacífico y del Golfo de México, lo que incrementa la disponibilidad de vapor de agua en el ambiente.
Asimismo, todavía pueden presentarse frentes fríos tardíos hasta el mes de mayo. Cuando estos interactúan con aire cálido, generan inestabilidad atmosférica que deriva en tormentas, las cuales suelen desarrollarse por la tarde o noche debido al calentamiento diurno y a las características del relieve en el centro del país.
En zonas urbanas, como la Ciudad de México, este comportamiento puede intensificarse. El efecto de “isla de calor urbana” eleva las temperaturas durante el día, lo que favorece la convección atmosférica y puede provocar lluvias más intensas en lapsos cortos de tiempo, particularmente durante las tardes.
¿Influyen El Niño, La Niña o el cambio climático? – El especialista aclaró que fenómenos como El Niño o La Niña tienen en esta temporada un impacto menos evidente, ya que sus efectos suelen manifestarse de forma indirecta durante la primavera. No obstante, la temperatura de los océanos sí juega un papel relevante: cuando el Pacífico o el Atlántico registran valores más cálidos, aumenta la evaporación y, con ello, la cantidad de humedad disponible para la formación de lluvias.
Por otro lado, aunque el cambio climático no es la causa directa de estas precipitaciones, sí puede influir en su intensidad. Esto podría traducirse en tormentas más fuertes o en variaciones respecto de los patrones habituales, una tendencia que ha sido observada en distintos estudios recientes.
En este sentido, es importante subrayar que la presencia de lluvias en primavera no implica un adelanto de la temporada de lluvias, la cual inicia formalmente el 15 de mayo. Mientras que las precipitaciones primaverales están más asociadas a la interacción de sistemas invernales y al calentamiento diurno, las lluvias de verano se originan principalmente por sistemas tropicales, como ondas tropicales, depresiones, tormentas y huracanes.
Beneficios y riesgos de estas lluvias – Las lluvias de primavera también cumplen una función relevante en la calidad del aire. Jaramillo Moreno compartió que la precipitación arrastra partículas contaminantes suspendidas en la atmósfera, lo que contribuye a reducir temporalmente los niveles de contaminación. Este efecto resulta especialmente valioso en una temporada caracterizada por altas temperaturas, intensa radiación solar y frecuentes contingencias ambientales.
Sin embargo, también representan un reto para la infraestructura urbana debido a la rapidez con la que pueden desarrollarse las tormentas. En días recientes, estas precipitaciones han provocado afectaciones en diversas alcaldías de la Ciudad de México, como Tláhuac, Coyoacán, Iztapalapa, Milpa Alta y Xochimilco, así como en municipios del Estado de México como Metepec, Chalco, Tultitlán y Tultepec.
Un fenómeno natural dentro del ciclo climático – En conjunto, las lluvias de primavera en México responden a procesos atmosféricos naturales propios de la transición estacional, donde convergen factores como el aumento de temperatura, la disponibilidad de humedad y la interacción de sistemas meteorológicos. Sin embargo, aunque no son un fenómeno extraordinario ni necesariamente anticipan la temporada de lluvias, su intensidad y efectos en zonas urbanas evidencian la creciente vulnerabilidad de las ciudades ante eventos meteorológicos de rápida evolución.
Así, más que anomalías, estas precipitaciones deben entenderse como parte de un sistema climático complejo, cuyos impactos, tanto positivos en la calidad del aire como negativos en infraestructura, exigen una mejor preparación y adaptación, especialmente en contextos urbanos densamente poblados.
Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM
La Voz del Árabe (LVÁ) – Ciencia y Tecnología – Cd. de México, abril 22 del 2026
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