jueves, marzo 12, 2026
Vamos a Leer

FUE PECADO DEL PASADO EN EL PRESENTE

-Una verdad que fue pecado del pasado y se vivió en el presente sin conocer al pecador…

 Luis Miguel Cobo

En el marco de las fiestas de la tradición mexicana del día de muertos, que es una tradición viva en México que nunca dejará de serlo, entregamos este cuento real que es más bien una vivencia dramatizada por el autor para no dejar pasar estas fechas sin alguna tradición de nuestra parte.

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Apenas tenía cinco meses viviendo en el departamento, fue en La Florida, Naucalpan, un espacio de dos pisos, pequeño, dentro de una casa que lo alquilaba, estupendo, muy cómodo para mí solo. Los caseros fueron gente muy linda y educada para conmigo. El lugar tenía un recibidor grande, medio baño, cocina amplia con alacena y desayunador con mucha luz. Arriba estaba la alcoba, mi cama Queen, burós, closet, y un mueble grande que llevé con el televisor encima y espacio para todas mis películas en DVD que eran muchas, mi gusto por el cine siempre ha sido algo prioritario, a un lado del mueble una ventana a la calle, pequeña. Afuera estaba el baño, amplio, con tina, regadera y los servicios comunes.

Entre la alcoba y el estudio que estaba enfrente, había un pasillo donde estaban las escaleras alfombradas, pequeñas y angostas, de un lado un gran librero donde coloqué mis DVD de las películas, algunos libros y macetas con pequeñas plantas vivas. Entre puerta y puerta, de mi habitación y el estudio, una ventana grande que daba luz a ese espacio. En el estudio, estaban dos grandes libreros de estantes de metal, un mueble de madera para colocar todos mis discos CD, que también eran muchos. En el centro el escritorio de madera estilo rústico, el sillón ejecutivo, dos sillas y una mesa pequeña de centro entre las sillas frente al escritorio. Rodeado de mis libros, muchísimos libros, pasaba mucho tiempo arreglando fotos en la computadora, a veces escribiendo, leyendo y hablando por teléfono, al frente tenía una ventana que me fascinaba abrirla sintiendo el aire fresco y la lluvia cuando se daba, era un lugar muy iluminado, con una puerta de lámina para salir a la azotea de la casa de los dueños, tenerla abierta era un sentimiento de libertad increíble mientras arreglaba mis fotos o leía, más aún cuando había sol.

Pues ahí viví dos años, en verdad era un lugar mucho muy tranquilo, aunque a seis cuadras estaba el periférico, era un fraccionamiento de viejitos en su mayoría, gente en retiro porque los jóvenes volaron a las colonias nuevas en cualquier lugar. Disfruté mucho ese departamento, vivía solo, aunque mi pareja, Verónica, a veces se quedaba conmigo y la pasábamos muy bien, buena comida, vino, tabaco y mucho más, también pláticas, lecturas, fotografías, libros de arte, de todo se hacía, ambos lo gozamos demasiado, diría que en exceso.

Tenía amigos a los cuales invitaba los fines de semana, hacíamos reuniones que duraban toda la noche, mi trabajo de reportero gráfico me forzaba a tomar esos momentos para disfrutarlos tomándolos como descanso, había semanas que no paraba de trabajar incluyendo sábado y domingo.

Entre el trabajo y estar ahí lo gozaba mucho, me gustaba mi forma de vida y junto con mi pareja disfrutábamos todo a donde fuéremos, hicimos un gran equipo con demasiada fiesta de todo tipo, mental y física, había días que lo pasábamos todo el día sobre la cama viendo televisión, tomando vino tinto, comiendo y más, así eran algunos fines de semana cuando estábamos solos, la relación realmente fue auténtica con mucha vida y energía que nos entregamos siempre, cuando se podía, donde se podía y como se podía, no importaba, lo importante era el contacto de cualquier tipo y sentir, solo sentir y gozar…

Cierto día conocí a su hermana Pegy, vivía lejos, rumbo a Querétaro, antes de llegar a Tepotzotlán, tenía una casita tipo campirano, en un pueblito pintoresco. Ese día que fuimos a comer, un fin de semana, cuando la conocí me enteré que ella practicaba la santería, me sentí extraño, es cuando no se sabe si reír, hablar, opinar sobre el tema, menos aun cuando es “familiar”, pero ahí estuve.

Antes de comer me llamó, fue cuando conocí su laboratorio, o templo, el lugar de trabajo para decirlo más claro. Había, como en todo lugar de un santero, decenas de imágenes de santos, variados y muy feos, escapularios, veladoras, estampas, cuadros y un sinfín de cosas y artefactos desconocidos, era un tema que por demás lo dejé pasar siempre, nunca me ha atraído, a pesar de eso me dejé llevar y me hiso una limpia que después cobró, no lo hubiera hecho sabiendo el costo. Luego siguió mi pareja, también le dio su limpieza. Fue una comida agradable, cervezas, pláticas de tonterías familiares entre ellas, chistes y más cerveza. La comida al estilo yucateco la preparó Pegy, deliciosa. Terminamos tarde y fuimos a mi departamento. Ahí pasamos la noche y todo normal.

El trabajo continuaba, la vida seguía su curso, empezaba la rutina entre ella y yo y eso no me agradaba, tenía que inventar algo nuevo y fue entonces cuando le propuse pueblear los fines de semana, así lo hicimos, ella tenía una camioneta Jeep la cual explotamos al máximo, viajando para todos lados, sin alejarnos mucho de la CdMx y Naucalpan, porque alrededor hay muchos lugares “desconocidos” para con los que centramos nuestra vida y actividades en el área conurbada a la CdMx. Nos gustaba y la unión se reforzaba cada vez más, la relación era poderosa y ambos nos sentíamos los reyes del universo.

Cierto día sentí algo extraño, a tres cuadras de mi departamento vivía mi madre y hermana, estaba en el departamento escribiendo y por algo desconocido salí y fui a visitarlas, sentí lo que era una especie de miedo ligero, ignoraba el sentimiento, pero estaba presente, cuando salí desapareció. Estuve con ellas toda la tarde, mi pareja estaba en su trabajo, era una gran florista haciendo y diseñando ramos de flores de todo tipo, no nos veríamos hasta el fin de semana, apenas era martes.

Llegué a casa y cené algo, una copa de vino blanco de una botella abierta que estaba en la nevera y luego a ver un poco de televisión. Ya estaba dormido, eran cerca de las tres de la madrugada cuando algo me despertó, me asustó, sentí unos golpes sobre la cama, fuertes, parecieron pisadas, pensé que estaba soñando, el miedo en ese momento entre dormido y despierto me bloqueó la mente, me cubrí completo con las sábanas y edredón, ahí quedé dormido hasta el amanecer.

Desperté como a las nueve de la mañana, ese día tenía un trabajo, un evento que cubrir para hacer fotografía, sería hasta las doce así que lo tomé con calma y me preparé para salir. Luego de haber desayunado algo ligero salí y no regresé hasta después de las seis de la tarde. Todo estaba en calma, pensaba en lo sucedido la madrugada anterior, para distraer la mente puse un disco de Yani, preparé las fotos en la computadora. Terminé como a eso de las once de la noche, descansé la vista unos minutos, luego salí a cenar a la taquería que estaba a seis cuadras, sobre el periférico. Regresé y me di un baño, miré una película a la mitad quedando dormido.

El viernes en la noche salí con amigos, fuimos a un bar y tomamos algunas cervezas, la pasamos muy bien, como siempre, risas, pláticas serias y bromas a cada uno, éramos seis, todos amigos, la cofradía de fotógrafos, el chisme político se ponía muy interesante… Estaba contento porque era viernes y el sábado vería a Verito, eso me reciclaba y cargaba de energía muy cabrón, así que ya medio mareado me fui a dormir, desde el centro a mi casa era un tramo largo y más yendo en motocicleta. Me despedí quedando para vernos en la semana.

Como acostumbraba a diario me daba un baño caliente antes de dormir, me gustaba relajarme así. Después de salir del baño, sintiéndome ya mejor y habiendo bajado el alcohol ingerido preparé un té de yerbabuena y fui a mi habitación, encendí el televisor y me metí a  la cama, ahí me quedé hasta que el sueño me ganó, apagando el televisor y la luz me dispuse a dormir.

Serían las tres y media de la madrugada, estaba profundamente dormido boca abajo,  dormía solo con playera y nada más, sentí sobre el colchón como si alguien caminara, lo mismo del otro día pero más fuerte, sentí que el colchón se sumía entre mis piernas que estaban separadas, eran pisadas o golpes fuertes, el miedo me dominó, temblaba y no sabía qué hacer, cómo hacer algo, estaba solo sin poder hablar, me paralicé debajo de las sábanas y el edredón, sentí que fueron algo parecido a dos o tres pisadas, no supe con certeza lo que fueron, ¿por qué sucedía eso?, en momentos deseaba sentir que estaba dormido y vivía un sueño, recordé cuando tuve a mi perrito “Bart”, un French Poodle pequeño, de repente se subía a la cama y caminaba sobre ella hasta que se echaba o se bajaba, no fue así, volví a la realidad, consciente, fue cuando de verdad sentí lo que era el miedo por primera vez en mi vida, aún más porque eso era completamente desconocido y estaba totalmente solo sin nadie a mi lado, pensé en tomar el teléfono y llamar a Vero, no pude moverme… Pasó todo, unos minutos y quedé dormido hasta que sonó el despertador.

Aun somnoliento me bañaba cuando recordé lo sucedido en la madrugada, me vestí y desayuné lo más rápido para salir a caminar, era sábado y no tuve trabajo, Verónica llegaría hasta la una de la tarde, para matar el tiempo pensé en lavar la motocicleta, después preferí ir caminando hasta la librería que estaba atrás de Plaza Satélite cerca de mi casa, ahí me senté y tomé un café viendo algunos libros de arte y fotografía, media hora antes regresaría a casa para verme con ella.

En la sala sentados escuchando música y platicando nuestras actividades de la semana le ofrecía una bebida, me pidió un tequila, yo tomaría una cerveza, las llevé a la sala junto con algo de botana y continuamos la plática. Cambié dos veces el CD y puse el último que le fascinaba, uno romántico de música en inglés, con rolas que la excitaban más que otra cosa, —es una música que me fascina, es muy cachonda, —decía Verito cada vez que lo escuchaba. Ya era tarde y el hambre comenzaba, antes ahí sobre el sillón de la sala color azul marino que ya era testigo de muchas acciones sexuales exquisitas comenzamos nuestro rito acostumbrado, ambos parecíamos imanes porque bastaba que uno besara al otro para que la batalla sexual cuerpo contra cuerpo comenzara y no parara hasta que el acto celestial culminara… Era increíble y fuera de serie, ambos nos entregábamos una energía que con absolutamente nada podías obtener, aun estando con otras mujeres nunca sentí lo mismo que con ella, seguramente a ella le sucedía lo mismo. Cierto día una persona que conocía del asunto, muy metida en lo que era el estudio de energía y vidas anteriores, aseguraba que ese tipo de relaciones eran así de fuertes porque en vidas pasadas tuvimos alguna relación, —y seguramente en otras vidas volverán a reunirse… —aseguraba la señora que después me enteré de que era una “médium”.

Salimos a comer después de un descanso, fuimos a la taquería donde ya nos conocían. Terminamos y caminamos un buen rato por la zona platicando de una y mil tonterías, reíamos y caminábamos, nos abrazamos, uno dos o tres besos y continuábamos. Pasamos a la casa de mi madre unos minutos y la saludó, luego salimos y continuamos caminando casi por una hora.

En mi departamento preparé café, ella lo tomaba sin azúcar, “como se debe tomar el café” decía, yo sí le ponía mascabado, luego subimos al estudio, le mostré fotos de los eventos de la semana, luego vimos algunos libros de fotografía, tenía dos de desnudos masculinos artísticos, increíbles fotos de prestigiados autores europeos, los miraba con mucha atención, se excitaba seguramente, luego me senté junto a ella y me preguntó, —¿has fotografiado a hombres desnudos? —Le respondí, —aun no, pero me gustaría, debe de ser una experiencia hacerlo… Luego dijo: —seguramente que sí amor, pero lo que me gusta es que el cuerpo de los hombres es más bonito que el de las mujeres y mucho más entretenido, mira esto… —decía riendo y señalando una foto de un modelo tipo europeo que realmente llamada la atención por su belleza masculina. —¿A poco el cuerpo de las mujeres no es nada entretenido? Pregunté: —la verdad que no, —respondió, —es aburrido, me lo veo diario y me gusta, pero es más atractivo el de ustedes y divertido, ¡mira esto…! —Dijo sonriendo y señalando el pene erecto de otro modelo, eran fotos artísticas en blanco y negro, pero a ella le fascinaba verlas. Solo reí, la dejé que se masturbara mentalmente viendo aquellas fotos por un rato mientras arreglaba algo en la computadora.

Terminamos como siempre, metidos en la cama tomando vino tinto y algo de botana. En la noche salimos a cenar, fuimos hasta Polanco a un restaurante italiano que nos gustaba mucho. De regreso ella manejaba su camioneta, la miraba y pensaba en que tenía que decirle lo de las pisadas en la cama que había sentido, deseaba que esa noche sucediera para que ella tuviera la misma experiencia y fuéremos cómplices de tal suceso desconocido por lo menos para mí. Lo pensaba y no me atrevía, me daba miedo decirlo, había algo que no me permitía abrir la boca para platicarlo, al final me di cuenta de que sí, en realidad era miedo por lo que Vero fuera a pensar de mí al saberlo.

Ya estábamos dormidos, en la madrugada tan solo sentí que Vero me abrazaba con fuerza, desperté al sentirla y luego me quedé dormido nuevamente. Habíamos tomado vino y la cruda fue especial, despertamos como a las diez de la mañana, era domingo y no había nada que hacer.

Nos bañamos y desayunábamos en mi casa, preparé jugo, café y unos huevos, a ella le gustaban mucho, los comimos y luego, cuando tomábamos el café comentó, —Oye amor, ¿sentiste algo anoche? —Me quedé en silencio, tomé un sorbo de café y le pregunté sin más aspaviento, —¿Cómo qué muñeca? No entiendo tu pregunta, estaba dormido… —Ella me miró sería, terminaba un bocado, se limpió la boca y sosteniendo la servilleta en la mano derecha dijo, —no nada amor, nada… Es que pensé otra cosa. —Insistí, —Verito ¿qué pasa? Te veo diferente, como que tienes algo que te saca de onda, dime ¿estás bien? —Me miró como queriendo reír, pero no, levantó la ceja derecha, seria me comentó:

—Amor, promete que no te vas a reír de mí, por fa ¿sí?, anda di que sí… —Asentí con la cabeza y la escuché sin quitarle la mirada, venía lo bueno, —pues es que… es que… sí bueno, anoche… ―no lo decía, me desesperé, —¿anoche qué mi amor? Dime… —Su mirada seria, tomaba café y hacía bolita la servilleta de papel, miró su taza dejándola sobre la mesa y luego a mí, entonces dijo, ―mi vida anoche pasó algo, no sé y no te rías, es que… bueno, algo me despertó, creí que eras tú pero cuando volteé para verte estabas de espaldas, dormido, encendí la luz y no había nada, me dio miedo y fue cuando te abracé muy fuerte, estaba llena de miedo… —Decía con los ojos vidriosos, la miraba, pregunté, ―hermosa dime, ¿qué pasó?, ¿qué sentiste?, dime nena, ¿qué fue? —Estaba seguro de que yo sabía lo sucedido, pero necesitaba que ella lo dijera. Sin dejar de mirarme habló, solo escuchaba su voz, la música que había puesto en el aparato que estaba en la sala fue ignorado, la escuchaba, —de repente sentí que algo subió a la cama, sentí como si el colchón se hundiera en medio de mis piernas, no sé, me asusté mucho, aunque creí que eras tu haciendo una de tus bromas, que empezabas a fajarme para después coger, sabes que eso me gusta mucho, pero cuando te miré dormido y de espaldas fue cuando me asusté, por eso te abracé…

Me quedé en silencio, pensando, meditando en lo que decía, fue exactamente lo que me sucedió a mí hacía varias noches, el problema era ¿cómo decirle a ella que me había pasado por lo mismo?, me era difícil pensar en qué y cómo decirlo. De pronto me tomó la mano y sonrió, terminamos el café y fuimos a la sala, dejé la cocina como estaba, más tarde lavaría los platos.

—A ver mi amor, —le decía sentados en la sala, —dices que, ¿sentiste como si algo hundía la cama entre tus piernas? —Asintió con la cabeza, en silencio, me miraba con facciones de susto, de frente tomando y apretando mi mano, Vero ¿estás segura, segura? —¡Qué sí, carajo! —Dijo gritando, —amor ¿me explico o cómo te lo digo, que parte no entendiste?, fue algo que nunca había sentido, como si hubieras hundido la cama muy fuerte, sentí como un hoyo, no sé qué, pero sentí muy feo… —Okey bien, pero mi vida, tú me has platicado que en tu casa hay cosas extrañas, que se mueven cosas y ves sombras en el espejo cuando te peinas, ¿lo de anoche es o tendría algo que ver que ver?

—No para nada, lo que pasa en mi casa es otra cosa, conectada directa a Los Remedios es un paso de energías o espíritus o lo que sea, no sé, me lo han dicho, pero no le tomo importancia. Lo de ayer fue otra cosa, más directo, más fuerte, amor me dio mucho miedo… —la miraba un poco más controlada, con más fuerza cuando hablaba, dijo, —pero ¿y tú qué onda, que sabes de esto? ¿Te ha pasado a ti algo así?

Me miraba de frente esperando respuesta, deseaba que dijera que sí, que ella no había sido la única, esperaba lo que tenía que decir, esperaba que le dijera que todo estaba controlado y que sabía cómo arreglarlo, la verdad era que yo fui más ignorante que ella en eso, sabía cosas, pero no tanto como para estar consciente de lo que había sucedido.

—La verdad mi amor es que sí, me ha sucedido dos veces, fue espantoso para mí porque estaba solo,

—Y ¿por qué no me dijiste nada? —Preguntó extrañada y como que obligación de decirlo, tenía una hermana santera por lo que sentía superioridad en el tema.

—Pues no sé, pensé que no era cierto, que fue un alucine y ya, pero veo que no es así…

—¡Pues claro que no amor! —Dijo exaltada y molesta, —tenemos que ver qué pasa y cómo arreglarlo, si dices que ya te pasó dos veces entonces esta es la tercera y sí, segura que hay  algún espíritu o energía aquí que se está comunicando o solo está molestando…

—Bueno pues hagámoslo entonces, ¿por dónde empezamos? ¿Qué hacemos Verito?

Quedó ahí pensativa, me miraba y luego a un lado, la miré inquieta, tomaba café a sorbos seguidos, dejó la taza sobre la mesa tomando mi mano con la otra, clavó su mirada en mí, decidió decirlo, —mi amor solo se me ocurre algo, pensé en hablar con mi hermana, pero va a haber bronca, ya ves como es, —de inmediato asentí con la cabeza además de que la idea no me agradó, continuó, —pero mi amiga Estela, la costurera, sabe de un brujo, creo  que es brujo, o santero no lo sé, que es buenísimo según ella. Le hablaré hoy para que me diga qué onda y si tenemos que ir a verlo, ¿te parece?

—¡Claro que sí mi vida!, por favor háblale de volada, —dije emocionado pensando que sabríamos de qué se trataba. Ella se despidió y se fue después de un ratito porque su mamá la esperaba en casa.

Pasaron algunos días en calma, el mismo lunes Verito me informó que el próximo sábado en la mañana iríamos a ver al santero, Estela le había hecho la cita porque ella lo conocía bien. Para el miércoles aún estaba tranquilo, después de un evento que tuve en la tarde llegué temprano a casa, Vero había estado en mi departamento cuando me encontraba trabajando en un evento, me di cuanta porque en la mesa de la cocina estaba un panqué de fruta con una pequeña nota que decía “Te amo”, lo hacía delicioso. Tomé el celular de inmediato, le hablé para agradecerle el gesto, platicamos unos minutos, me recordó la cita del sábado y cortamos la llamada. Hice un té de yerbabuena y subí para arreglar las fotos para enviarlas a la revista esa misma noche.

Terminé hasta las dos de la mañana, sobre todo esperando que el archivo con las fotos que era muy pesado llegara al servidor de la revista. Mientras tanto leía un libro y arreglaba detalles en el estudio, había muchos libros, algunos desordenados. Terminé el té y  bajé a preparar el segundo, ya tenía sueño por el cansancio así que mejor lo dejé y regresé para terminar con las fotos.

Estaba dormido, era de madrugada, sentí mucho frío, el zarape y edredón que tenía más las sábanas no me alcanzaban para dejar de sentirlo, entre sueños creí que era porque estaba solo con la camiseta acostumbrada y sin compañía en la cama tamaño Queen, muy grande para mí solo, no resistí más y me levanté a sacar del clóset un zarape más, lo coloqué casi a oscuras y aun dormido, me movía por reflejos o por radar, no estaba tan despierto así que una vez que estaba todo sobre la gran cama me acosté con el deseo de dormir nuevamente. Sentí que ya estaba arreglado el problema así que tendría que dormir para levantarme temprano, pero no fue así…

Tendría una hora de haber quedado dormido, no me enteré del tiempo realmente pero ese fue mi cálculo, de pronto el frío volvió, los pies y piernas las sentí heladas, superó y traspasó zarapes, edredón y sábanas, llegó a tal grado que me volvió a despertar pero no me levanté ni abrí los ojos, sólo me quedé ahí tratando de volver a retomar el sueño, logré hacerlo una vez más cuando de pronto sentí que el colchón se hundía, que yo me iba por  ese hoyo que imaginé se formaba por aquel movimiento que sentí en mi cama, no fue como  los anteriores, este los superó, mucho más grande, recordé lo sucedido y el terror que sentía no me dejaba mover, quedé paralizado tratando de averiguar mentalmente lo que estaba  pasando, los ojos cerrados y la boca apretada hasta sentir dolor en la mandíbula, empecé a temblar sintiendo el temblor de la cama, no sabía si era por el frío o por miedo, mi corazón latía tanto que parecía saldría disparado…

Empezaba a desesperarme, trataba de pensar en algo, pero no sabía qué o en qué, no  podía hilar mis ideas coherentemente, de pronto y sin pensarlo mucho aun sintiendo las que  creía eran pisadas que hundían el colchón, sin saber lo que sucedía me destapé tomado aire y solo grité con todo lo que pude, —¡ya cabrón, déjenme en paz y lárguense, dejen de estar chingando, fuera ya, sea quien sea o lo que seas, largo de aquí…!

De pronto y sin saber cómo la calma regresó, el silencio ensordecía, estiré la mano y encendí la luz del buró, sentado en la cama sin destaparme observé y todo estaba como si nada hubiera pasado, la pregunta fue, ¿realmente sucedió algo…?

Una vez cubierto volví a sentir calor y me quité el último zarape que coloqué arriba, cuando estaba listo me quedé profundamente dormido hasta que sonó el despertador.

Al parecer en nuestra vida, como dicen por ahí, “todos traemos nuestros muertos”, quizá verdad o quizá cuento, el hecho era que todos, estoy seguro, consciente o no consciente hemos tenido una experiencia “paranormal” en nuestra vida, unos porque no lo saben y desconocen el tema, otros porque solo presienten y sienten que algo no va bien, se confiesan, rezan un rosario, comulgan y se les arregla la vida, según sus creencias dejan de creer en ello porque podría ser obra del diablo o algo satánico, es mejor confesar los pecados, comulgar y al último ignorar lo que podría ser algo muy especial que sí ha sucedido, crease o no, repercutirá en su vida en el momento menos esperado, y los últimos, los que saben acerca de esto y creen en ello, los que han tenido experiencias que seguramente los dejan marcados para toda la vida y podrán platicarlas, estudiarlas o escribirlas, según el caso, su experiencia y sus creencias fueron reales y se podrán platicar…

Lo mío quería olvidarlo, que desaparecieran esas sensaciones nocturnas y que ya, a la de ya volviera todo a la normalidad y poder tener una noche en paz, desde que comenzó esto hace dos semanas no podía dormir tranquilo. Imaginaba todo y nada al final, suponía que estaba encantado o algo por el estilo, que ese departamento estaba embrujado o vivía algún demonio ahí, empezaba a pensar e imaginar cosas que no me gustaban, jamás había tenido una experiencia como esa, aunque la mente es muy cabrona y puede crear miles de fantasías verdaderas o falsas, deseaba estar en paz sin pensar nada. Lo peor fue que, a Vero, mi Verito, también se había afectado por esa cosa. Lo único que me quedaba, en lo único que tenía fe y seguridad para resolver lo que eso fuera sería la cita con el brujo al que visitaríamos el sábado.

Era jueves, Verónica se había quedado conmigo a dormir, nerviosos y sin muchas ganas de cerrar los ojos estábamos en la cama, platicando, deseando no hablar del suceso, mirábamos la pantalla, tomábamos vino tinto y papas fritas de marca, hablando tonterías para disfrazar nuestro miedo y poder seguir como si nada. Nos besamos, de esa manera me dijo que todo estaría mejor. Negábamos enfrentar lo que fuere, había puesto una veladora blanca que llevó y la dejó sobre el mueble junto a la pantalla.

Nos quedamos dormidos, tuvimos miedo de hacer cualquier otra cosa que no fuere dormir, así que en cuanto cerramos los ojos ahí quedamos, abrazados, ella delante de mí, la abrazaba fuerte y pensamos en sólo dormir.

Era la madrugada cuando ambos sentimos frío, pensé que había dejado abierta la ventana, revisé y estaba cerrada, llegó entonces el miedo, era demasiado entre los  dos, llegó a mi mente el último suceso, era lo mismo, frío y más frío en completo silencio, ella se juntaba más a mí, yo a ella. No hablamos, no nos movimos, solo abrazados empezamos a sentir pasos como de un gigante sobre el colchón, a uno y otro lado, el silencio nos desesperaba, sentía que ella de espaldas a mí me apretaba más en el brazo y la pierna, estábamos aterrados, congelados, el colchón se hundía, sentimos que nos tragaba, queríamos saltar y abandonar el colchón, no pudimos, algo nos detenía sin saber si era física o mentalmente, el frío continuó hasta que terminó. Nunca supimos si fueron segundos, minutos u horas, estábamos en shock, sin soltarnos nos quedamos dormidos hasta que sonó el despertador…

Nos levantamos y bañamos rapidísimo, casi no hablamos, se me ocurrió quitar las sábanas dejando libre el colchón, no había nada, estaba intacto… Luego desayunamos y salimos de ahí, fuimos a ver a una clienta de Vero y luego hicimos tiempo hasta la hora de la comida por donde estábamos.

Le fui sincero y comenté que la verdad tenía miedo de regresar a mi casa, que prefería dormir ese día en un hotel hasta el sábado, faltaban dos días, o en casa de mi madre, solo que a ella no podía platicarle este suceso. Verónica me dijo que tuviera calma, que no gastara en hotel, que me podría quedar en mi sala a dormir, a su casa no podía llegar porque estaba su mamá y le daba pena que se enterara que andábamos, no me importó y pensé en quedarme en la sala, lo malo sería el frío, pero se podría arreglar con el edredón.

Me despertó la luz del sol que se colaba por la ventana de la sala, miré a un lado extrañado del lugar, pero recordé el por qué había dormido ahí, así que me estiré lo más que pude y me levanté recogiendo el zarape y edredón con los que dormí. Los dejé en un sillón y fui a la cocina a calentar café y tomar un vaso con agua, era diario y lo usual para esos momentos en los que despiertas.

Una vez reintegrado encendí el aparato de música y empezó a escucharse Yani, el que fuere su más reciente disco, luego decidí subir a bañarme para después desayunar y salir a un trabajo del que me llegó la orden la noche anterior. Era jueves y sólo pensaba en que llegara el sábado para visitar al brujo, santero o diablero, lo que fuere, me urgía. Lo mejor de la noche y del día era que pude dormir más tranquilo que los anteriores, me sentí relajado y con ganas de salir a trabajar cuanto antes, era la energía que ganas cuando  duermes bien y eso me sucedió, el temor había disminuido y más a que se presentara ahí en la sala, por suerte parecía que no se mostraría en ese lugar. Había tomado el zarape y edredón, más la taza con café para subir a mi habitación, sacar mi ropa y bañarme para salir.

Dejé el zarape sobre el barandal y con la taza en mano fui al estudio para revisar mi cámara y que todo estuviera bien para preparar la maleta con el equipo para ir a trabajar, del otro lado mi habitación se miraba oscura, como siempre, la cortina era gruesa y estaba cerrada, dejé la taza sobre mi escritorio y fui a la habitación, con las cobijas en las manos entré, sentí frío, de volada encendí la luz y… me quedé paralizado, quería moverme y no podía, impresionado sin saber qué hacer observaba y trataba de comprender lo que miraba al frente, no lograba entenderlo, apenas podía mover la cabeza de un lado para otro, lentamente, abría y cerraba los ojos tratando de entender lo que miraba en esos momentos, no lo conseguía, era mucho para mí, traté de caminar hacia el clóset que estaba al lado derecho de la puerta donde estaba de pie, tenía ganas de hacerlo pero algo me detenía, pudo  haber sido el miedo, lo ignoraba, el frío bajó de inmediato, trataba de acomodar en mi cabeza lo que podía ver al frente, deseaba comprenderlo para seguir adelante pero no podía…

Logré caminar hacia el clóset para sacar la ropa del día, pero la vista que tenía al frente me lo impedía, ¿cómo podía entender lo que estaba al frente, sobre la cama? Estaba realmente impresionado y con miedo… No había explicación normal, natural, algo que me dijera por qué estaba todo así, sábanas, colcha, almohadas, zapatos y adornos de la habitación estaban sobre el colchón, todo revuelto, algunas en el suelo, como si alguien hubiere entrado a robar o hicieran  un cateo, pero solamente en mi habitación, me pregunté de inmediato, ¿me buscan a mí solamente, los demás lugares no les importaban? Volteando hacia la izquierda noté a un lado del televisor plano que la veladora blanca seguía igual, no se tocó para nada, ¿por qué…? Luego al fondo la ventana cerrada pero las cortinas de color verde olivo estaban arrugadas, completamente cerradas, me daba miedo ir hacia ellas para abrirlas, tenía que cruzar la habitación por enfrente de la cama, observaba todo, tenía miedo, al final dije que lo haría y di un paso fuerte, luego otro hasta que llegué a la ventana, abrí las cortinas y la luz se apoderó del lugar, las cortinas estaban como acartonadas, sentí muy extraño cuando las toqué. Todo fue tan especial que no sabía si gritar, asombrarme, enojarme o llorar, me desesperaba por no saber lo que estaba ocurriendo en ese lugar, mi habitación, solo esperaba que llegara el sábado para hablar con ese brujo, diablero o santero. Una vez que logré sacar mi ropa la llevé al pasillo frente al baño, bajé corriendo a la sala, tomé mi celular y subí a sacar fotos de la habitación tal y como estaba, detalles que parecían mínimos, todas las que puede hacer para  mostrarlas el sábado a quien fuéramos a ver.

Una vez bañado y vestido me fui a trabajar, más tarde le hablaría a Vero para platicar lo sucedido. Dejé todo como estaba al regreso recogería todo. Iba en la motocicleta rumbo a la colonia Del Valle, aun me faltaba recorrido así que mejor tomé todo con calma, al final mañana vería, por fin, a quien estaba seguro arreglaría todo este pesar que ya me estaba hartando, de todas maneras y aun sentado sobre la motocicleta sentía un temor que no me dejaba tranquilo por más que trataba de ignorarlo.

Ya estaba en el departamento, había recogido todo esperando más tarde empezar con las fotos para enviarlas a la revista ese mismo día. Serían como las ocho de la noche para cuando llegó Verito, dejé de trabajar y platicamos, le mostré las fotografías de lo sucedido la noche anterior, después de verlas tan solo me comentó, ―oye amor, ¿y si nos vamos a dormir a un hotel? ―Me quedé pensando en lo que había dicho, no era mala idea, continuó, ―buscamos uno cerca de donde vamos, seguro habrá algo por ahí, ¿qué opinas?

—No es mala idea muñeca, ¿a qué hora es la cita?

—A las doce, medio día.

—Bueno, pues sí, busquemos en la computadora algún hotel por ahí, si no pues nos quedamos aquí en sala, ya ves que no bajó… —Comenté y se me quedó mirando seria, luego sonrió. Subimos a la computadora y buscamos un hotel, no encontramos ninguno, en aquel lugar lejísimos de donde estábamos era completamente desconocido para ambos. Lo pensamos bien, hicimos una maleta pequeña y fuimos al hotel Krystal María Bárbara, muy cerca del departamento sobre el periférico, de ahí tomaríamos camino para llegar a ese lugar extraño donde veríamos a nuestro futuro amigo. Estuvimos un momento viendo el mapa con la dirección a donde iríamos el sábado, estaba a un lado de Xochimilco lo que realmente era lejos y desconocido para mí, esperaba conociera el lugar Verónica porque era el mejor mapa que hubiera conocido, una verdadera conocedora de la ciudad, pero en ese momento apuntamos la dirección trazando una ruta para llegar hasta allá, había calles y avenidas que dijo Verito, —¡Ah sí, ya sé dónde está!, no te preocupes… No necesitaremos el Waze.

Pasamos una excelente noche, sin preocupación alguna, cenamos en el hotel y descansamos antes de dormir. Al día siguiente, sábado, nos levantamos, desayunamos  temprano y salimos hacia donde estaba el que sería, según yo, el salvador de mi extraña situación.

2

 Después de un largo camino en el Jeep de Verónica por fin llegamos. Era una avenida muy ancha con torres de alta tensión al centro sobre un camellón muy ancho, un lugar desolado, pocos vecinos caminando como zombis y otros lavando autos, otros esperando en la avenida a que pasara el transporte público, más allá una tortillería que ya tenía cola  esperando turno para ser atendidos. La mañana pintaba para día nublado, el sol apenas aparecía en donde estábamos, el cielo muy cargado de nubes se miraba bonito, nubes muy blancas y el cielo azul.

Encontramos la casa, de color verde claro con detalles blancos, la reja pequeña de color blanco también. Tocamos el timbre anunciando nuestra llegada, esperamos uno o dos minutos hasta que salió un joven para abrirnos la reja y entráramos.

Nos pasó a una sala donde esperamos sentados en silencio, no había nada en las paredes de color blanco con partes sucias por el tiempo, solo un cuadro frente a nosotros con símbolos desconocidos pintados sobre la tela, era un óleo mal hecho, de aprendiz. Nos mirábamos con cara de susto, de no saber dónde y con quién estábamos, de tan solo pensar en que algo se apareciera, que algo sucediera contra nosotros porque nos sentíamos intrusos  en tierra desconocida por completo. De pronto el mismo joven apareció ofreciendo algo de tomar, agua, té o café, negamos con la cabeza y Vero solo dijo, ―no gracias, al ratito…

Al poco rato regresó el joven, preguntó mirando a los dos, —disculpen, ¿los dos verán al maestro Simón? —Nos miramos y asentimos con la cabeza sin hablar. El joven nos invitó a pasar, —por favor vengan, ¿me siguen…? —A paso lento lo seguimos subiendo unas escaleras diferentes a las normales, estaban más empinadas de lo habitual. Llegamos hasta arriba y pasamos por un pasillo con varias puertas a los lados, logré contar dos de un lado y una del otro, llegamos al final del pasillo y pasamos por una puerta doble de madera pintada de blanco, las abrió y pasó primero el joven, después Verónica seguida por mí. El lugar estaba muy iluminado, las cortinas de gasa blanca tapaban las ventanas y hacían un efecto de difracción de la luz que iluminaba casi a la perfección la habitación. Ese lugar era grande, había cojines de color blanco por todos lados, él estaba esperando sentado en una silla grande de mimbre, me recordó de inmediato la de Morticia de la serie Los Locos Addams, era idéntica. Nos miraba directo, estudiándonos no perdía detalle alguno, desde cómo íbamos vestidos, cómo caminábamos y qué ademanes hacíamos, lentamente llegamos hasta donde estaba él, Simón, el maestro que sabría cómo deshacer mi problema.

Llegamos frente a él, se levantó de la silla, o el trono, como se le quiera ver, vestido con una túnica blanca hasta el suelo, después descubrí que tenía sandalias o guaraches en lugar de zapatos, tenía puestos varios collares que colgaban del cuello, de diferentes colores, no pude contarlos, pero eran varios y unas pulseras iguales a los collares, después  él me explicó que eran un arma para su protección. A su lado izquierdo había varias mesitas, sobre ellas figuras de barro y porcelana de muchos santos y seres extraños para mí, fruta, velas encendidas por todas partes, algunos juegos de cartas, naipes, una figura grande de algún santo que no puede identificar y otras medianas de algunas vírgenes cristianas, un cráneo real, platos con alguna yerba y frutas, pude ver por ahí algunos libros  que parecían antiguos; era tal mi curiosidad y que empezara a hablar de mi problema que  no puse la atención necesaria para poder identificar todo aquello que estaba al frente de mi lado derecho. Verónica tampoco quitaba la vista de todo aquello, volteaba para uno y otro lado, muy diferente a lo que su hermana tenía en su santuario. Cada vez estábamos más juntos, seguramente se notaba el temor de estar ahí, cuando saludamos a Simón lo dijo, él habló primero,

—Hola, ¿cómo están? Sean bienvenidos a mi templo… —Respondimos solamente asintiendo con la cabeza y mostrando una leve sonrisa, continuó, —no teman, tranquilos, están en una casa de Dios y los santos, aquí nada es oscuro, todo es para el bien y por el bien de todos… Por favor tomen asiento… —Mientras hablaba de manera pausada y con mucha tranquilidad el joven, su ayudante, colocó dos cojines grandes detrás de nosotros, ahí nos sentamos, él dejó el trono y también jaló su cojín y nos sentamos, había una alfombra también blanca. Una vez sentados los tres se dirigió a mí preguntando, —y díganme, ¿en qué los puedo servir? —Me miró fijamente, más que a Verónica, su vista me ponía nervioso, su energía llegaba y la sentía, ignoraba qué era, pero sentí extraño, había algo incompresible  para mí en ese lugar.

Le platiqué todo lo que había sucedido desde el primer día de los pisotones en mi colchón, luego lo del día que dormí en la sala y amaneció todo revuelto en mi habitación, mostré las fotos, Verónica intervino en algunas ocasiones, pero él, Simón, se dirigía más hacia mí. Luego ella le platicó su experiencia vivida en la habitación, se notaba nerviosa pero más con miedo. Simón se quedó pensando con los ojos cerrados, igual y estaba orando, no lo supe, después de algunos minutos abrió bruscamente los ojos y dijo dirigiéndose a Verónica, —señora, le voy a pedir por favor que nos deje solos, en unos minutos la llamaré, por favor… —de inmediato se levantó asistida por el joven y la guio fuera del templo.

Estábamos solos, Simón el sacerdote, santero o maestro y yo, lo primero que me dijo fue algo que para mí no venía al caso, pero tenía que decirlo, —amigo, ¿sabes el significado de mi nombre? —Sin hablar de inmediato negué con la cabeza, —pues quiere decir Simón “el que sabe escuchar a Dios”, —volví a asentir con la cabeza sin quitarle la vista, —te lo comento sólo para estés enterado. Pero con lo que respecta a tu problema tendremos que hacer algo con esto por lo que te ha sucedido, es fuerte, sí que lo es, está al borde o en la línea de suceder algo muy grande y negativo en tu casa, sí, también corres el peligro de vivirlo y sufrirlo, te lo digo así porque en estos casos y en todos no se puede  dejar al “ay se va”, o al “ya Dios lo arreglará”, esto no funciona así, —hablaba despacio, pausado y mirándome de frente, parecía que me había hipnotizado por la atracción que me causaba ese hombre, la energía se sentía densa en momentos y ligera en otros, parecía que estaba en otro mundo o dimensión en momentos muy cortos, pensaba en que todo eso era parte del rito en el que trabajaba Simón, —hay momentos en los que la fe tiene que trabajar mucho y muy fuerte para acabar con casos como este, o menos fuertes, pero en tu caso aparte de fe es cuestión de hacer algo más… —Guardó silencio por unos segundos y prosiguió, —mira amigo, vamos a saber qué sucede y por qué sucede, vamos a pedirle a Dios y los santos y vírgenes que nos ayuden para que por su intersección se resuelva tu problema, —volvió a quedar en silencio, no podía dejar de mirarlo, parecía un imán que me jalaba, continué sentado en la misma posición, él igual, cerraba los ojos pereciendo que entraba en trance, me asustaba pero lo miraba, de repente de igual manera abrió los ojos, me asustó y sin decir nada se levantó, su ayudante no se alejaba, le ayudó a sacar una caja que llevó al mismo lugar donde aún me encontraba, tomó asiento de nuevo dejando la caja de madera a un lado de él.

Esa caja de tamaño medio era muy bonita, estaba bien barnizada y parecía de caoba o ceiba, se miraba fina por las incrustaciones de maderas formando una flor, tenía un seguro que quitó, abrió la caja, antes de sacar su contenido atrajo un plato de color blanco, no me enteré de qué material, como si fuere un plato sopero pero más extenso, grande, lo colocó al frente y de la caja extrajo unas piedras, al menos eso parecían, mi atención hacia cualquier movimiento que hacía permaneció vigente, no perdía un solo detalle de lo que sucedía, el ser fotógrafo me servía para esas ocasiones observando lo que sucedía.

Echó las piedras sobre el plato, las volvió a tomar y volvió a echar, como si fuera un  juego y echaba los dados, las piedritas quedaban en diferentes posiciones, una vez más las volvió a echar, mientras lo hacía repetía frases y palabras que no entendí en ningún momento ninguna, fueron tres veces y dejó como estaban las piedras, me miró y miraba las piedras, lo hizo tres veces. Yo no entendía absolutamente nada de lo que hacía y para qué, solo seguí el rito y lo que Simón me dijera.

Terminó y acomodó de cierta manera las piedras, no recuerdo cuántas eran, pero sí que eran de color entre blanco, beige y grises algunas, como piedras de río, pero algunas con agujeros y de formas caprichosas, ignoré si eran fabricadas o naturales.

Continuaba orando, imaginé que eso era, miraba las piedras y luego hacia arriba, me  miraba a mí tocándose el corazón y luego con ambas manos la cabeza una de cada lado, miraba nuevamente al techo hablando, diciendo esas palabras, guardó silencio un instante y luego tomó las piedras y las volvió a lanzar sobre el plato, quedaron de cierta manera, las miró detenidamente, me miró serio y luego esbozó una ligera sonrisa… Estiró su mano y tomó la derecha mía, la apretó fuerte y luego la dejó libre, la contraje y continué mirando. De pronto todo se tornó en silencio, bajó la cabeza hacia las piedras, supuse que estaba mirando, pero no, sus ojos estaban cerrados. Levantó la cabeza aun con los ojos cerrados y luego frente a mí los abrió esbozando una gran sonrisa en silencio, dejó la sonrisa y serio  me dijo, ―amigo sabemos lo que te pasa. Gracias a Dios y los santos que siempre están  con él ellos me han dicho lo que sucede.

Dijo algunas cosas, explicaciones que no tomé en cuenta porque no estaban ligadas, según yo, a lo que esperaba que era la respuesta a lo que sucedía. Llegó el momento clave, después de tanta explicación me dijo así, ―lo que realmente sucede en tu casa es que hay un espíritu perdido, es un esclavo negro del siglo antepasado, está pidiendo liberación y tiene mucha hambre porque parece que murió de hambre, eso dijeron las piedras y confirmaron los de arriba, tenemos que darle de comer para liberarlo.

—Pero ¿cómo se sabe eso tan certero? —Pregunté extrañado,

—Se sabe amigo, se sabe, esto habla y lo dice todo, lo puedes constatar, tú tienes gran apertura para el más allá, lo siento, tu mirada habla mucho y es transparente, tu alma está conectada allá arriba y por eso te llega esto así a ti, tan abruptamente… —Guardó silencio y aproveché,

—¿Y Verónica, mi pareja, también?

—No, ella lo sintió tan fuerte porque estaba contigo, unida en alma contigo, por eso lo pudo sentir como tu o más fuerte… Pero no se preocupen. Mira, —continuó hablando del tema, —tú puedes ser un médium extraordinario, tienes todo para serlo, yo te puedo rayarte para que trabajes con ellos y guíes a los espíritus a tomar su camino, ¿te gustaría poder hacerlo? Yo te podría rayar para que logres hacerlo y te irá muy bien. —Siguió hablando,  explicándome cómo llegar a ser santero o maestro, como decía, el ritual, me advirtió, era muy fuerte, un día completo, pero quedaría listo, tendría que usar esos collares y un montón  de cosas y detalles más que dijo, al final tan solo comenté, —bueno sí, déjame pensarlo, te hablo, me das cita y lo hacemos, ¿te parece? Por ahora mi urgencia es terminar con esto del esclavo…

—Muy bien, así lo haremos. Pues mira, para terminar con tu problema harás lo siguiente… —lo interrumpí,

—¿Es necesario que Verónica esté presente o no?

—No, para nada, te lo diré a ti y tu sabrás si le cuentas, que no importa, ella puede saberlo, pero a ella hacerle ahorita algo no tiene por qué, a ella la vibro buena y sin problema, tú eres el que los atraes…

—Muy bien, —le dije, —entones ¿qué hago?

—Pues mira, compra un pescado grande color plateado, el que sea, el más bonito que veas, fresco, fíjate bien en los ojos, ahí te darás cuenta de qué tan fresco está. Luego lo llevas a tu  casa, así tal y como está lo envuelves en un calzón tuyo, no importa si limpio o usado, una vez envuelto lo colocas en un plato grande, que no salga mucho de la cabeza y la cola, nadie más que tu puede tocarlo y hacer el ritual, recuerda, nadie lo puede tocar durante el tiempo que esté expuesto. —Asentí con la cabeza varias veces, prosiguió, —lo colocas en la puerta de entrada  a tu casa ahí lo vas a poner, lo más cerca a la puerta, se quedará ahí durante siete días, siete, ni uno menos ni uno más, ¿entendido? —Lo aceptaba afirmando con la cabeza, continuó, —el séptimo día lo llevarás a un bosque, el que tú quieras, ahí buscarás un árbol grande, viejo, ese debe de tener un hoyo abajo, en el suelo, ahí meterás el plato con el pescado en el estado que se encuentre, pero debe de ser ese mismo, el séptimo día, ahí cuando lo metas rezas lo que tú quieras, le dices lo que sientas por un esclavo que murió de hambre, pero eso sí, siempre creyendo en lo que dices y que por ti se salvará ese espíritu perdido, porque con ese acto le estarás dando luz para que sea la guía de su camino a donde tenga que ir.

—Lo dejo ahí… ¿eso es todo? —Pregunté cuando quedó en silencio.

—Sí, eso sería todo. Verás que después habrá un cambio en todo dentro de tu casa, no habrá más sustos, bueno, esperamos en Dios… —Dijo sonriendo. Luego ya entró Verónica y le dio una pequeña explicación de lo sucedido y el por qué, ella se tranquilizó y su semblante cambió. Le pagué al secretario y, por último, antes de salir de la casa me dijo, —si puedes y quieres, me hablas para decirme como les fue cuando se terminen los siete días, y si quieres lo otro, la rayada, me dices también…

Salimos contentos, sabíamos que después de eso todo acabaría y el esclavo negro partiría a donde era su lugar dejando en paz mi casa. Antes de llegar a mi departamento le pedí a Verónica pasar al supermercado, compré el pescado plateado más grande y bonito que encontré, el más fresco y con ojos brillosos. Verito compró comida para preparar en casa y nos fuimos para comer, se hacía tarde y teníamos hambre además de que el trayecto de ida y luego el ritual con Simón más el regreso nos cansó a los dos.

3

Entrando al departamento lo primero que hice fue sacar el plato grande, después subí a mi habitación por un calzón de los que tenía en la bolsa de la ropa sucia, lo saqué y bajé corriendo, saqué el pescado de la bolsa y la envoltura, se resbalaba de las manos, lo envolví  con un poco de trabajo, como dije, se resbalaba un poco, una vez envuelto lo coloqué sobre el plato que era un platón pequeño más grande que un plato normal, con cuidado fui a la entrada y lo puse sobre el piso a un lado de la puerta, tal y como dijo Simón.

Recogimos y acomodamos el tiradero en mi cuarto que quedó desde el otro día. Hicimos limpieza en el departamento y como a las cuatro de la tarde preparamos algo para comer. Parecía que no había cansancio, no nos quejamos y lo hicimos bien, parecía que al entrar al departamento nos recargamos con nueva energía automáticamente.

Serían pasadas las cuatro de la tarde cuando tranquilamente pudimos comer y tomar una copa de vino, gozamos el momento como pudimos, estábamos contentos porque dimos todo por terminado para con el esclavo. Nos dedicamos a ver dos películas y platicar, era el momento, ahora sí, de relajar los cuerpos, no por haber hecho ejercicio físico, fue por la tensión que mantuvimos durante toda la mañana.

Ya a media estocada por el vino ingerido comenzó el rito del amor, estábamos enamorados y eso realmente se notaba, nosotros y todos los demás…

4

 En cuanto el pescado se colocó en la puerta, cuando pasó el tiempo y supuestamente el esclavo empezó a comer, según yo, y digo supuestamente porque me costó trabajo reconocer o creer que un espíritu de hace tantos años tuviera hambre y haya escogido mi casa para comer, se notó al segundo día porque el olor a pescado descompuesto empezaba a sentirse por los sentidos, entraba y salía del departamento, dormía y despertaba, me bañaba, desayunaba, comía y cenaba, hacía el amor, llegaron algunos amigos durante esos días hasta que el olor no lo permitió, no sabía qué decirles, se quedaban con la duda, tampoco yo  pude aguantarlo en cierto momento.

Fueron seis días sin problemas, Verónica y yo con la vida de siempre, nos veíamos y vivíamos lo de siempre, tratando de ser más felices cada vez que estábamos juntos.

Era el sexto día, jueves, el olor en el departamento era insoportable, detestable, no  se podía estar en la sala por más de cinco minutos o menos, no se podía respirar, daban ganas de vomitar, subía al estudio y tenía que cerrar la puerta para evitar el putrefacto olor, luego cuando tenía que ir a mi habitación cerraba la puerta del estudio y lo mismo hacía con la otra, para estar en la  cama antes de dormir, viendo la televisión y ya para dormir tenía que dejar la ventana abierta, tuve que poner un ventilador pequeño para que moviera el aire, era una tortura real que tuve que aguantar, dentro de las cosas que me dijo Simón, a la que no  hice caso y me pareció sencilla, por decir lo menos, era que tenía que permanecer en mi casa los siete días completos, así que aguanté hasta el final lo que pude. Verónica fue sincera y nos veíamos los dos últimos días fuera de mi casa, el olor no permitía nada, ni siquiera pensar.

Las noches fueron tranquilas durante los seis días, faltaba la última, solo pensaba en que llegara el jueves a las once de la mañana porque tenía que dejar el pescado a las doce en punto del viernes, como lo dijo Simón.

Solo pensaba en que finalizara todo, pero más en el trabajo que hacía en la computadora, además el jueves Verito estaría conmigo, quedamos en que pasaría por mí a las once de la mañana para ir a dejar el pescado, pensaba en un bosque, pero… ¿dónde había uno…?

5

Amaneció como si nada hubiera pasado, de pronto el olor a pescado podrido llegó hasta la habitación, era ya verdaderamente insoportable, una pestilencia que nunca había percibido así, sentí un dolor en el estómago, ganas de vomitar, de inmediato tomé el agua que tenía sobre el buró.

Abrí todas las ventanas del departamento, caminaba tapando la nariz, bajé a la cocina a prender la cafetera, regresé arriba, saqué la ropa para luego bañarme y estar listo para cuando Verito llegara.

Ya estaba listo, sólo tomé café, ese nauseabundo olor que seguramente nunca  olvidaría me quitó el hambre, no pude desayunar. Dejando abierta la puerta a la calle salí del departamento, que se ventilara y ahí esperaría a Vero.

Faltaban cinco minutos para las once cuando vi a lo lejos el Jeep que se acercaba, lento, a buen paso, a ella no le gustaba correr su auto a menos que fuere necesario. Por fin llegó, saqué el plato envuelto en una bolsa de plástico del súper y esperé para abrir la puerta trasera y lo coloqué en el piso del auto, luego cerré la puerta del departamento y me subí al Jeep, arrancó preguntando hacia dónde iríamos. En la noche recordé que muy cerca de ahí se encontraba el bosque de Los Remedios, el que daba directo a la basílica de Los Remedios, ella también lo ubicó y fuimos hacia allá. Luego me dijo, —amor, de regreso pasamos a comprar un espray con olor para tu casa, ha de oler horrible… —Solo asentí con la cabeza.

No tardamos mucho en llegar a la avenida de Los Arcos, en San Juan Totoltepec, ahí mismo en Naucalpan, entramos a la avenida rodeando una glorieta donde había unas bombas surtidoras de agua para el lugar, lentamente la recorrimos hasta que señalé el lugar por dónde entraríamos al bosque. Continuó rodando hasta que encontró en la avenida un retorno y lo rodeó, seguimos adelante hasta llegar a la entrada, dio vuelta a la derecha y entramos al principio del bosque. Hacía varios años hice unas fotografías en ese lugar. Dejamos el auto a la entrada, lo cerramos y fuimos caminando hacia el interior, ella caminaba a mi derecha y yo con el plato apestoso en las manos envuelto en la bolsa de plástico caminamos.

A paso lento recorrimos la entrada al bosque, era un gran pasillo natural de suelo de tierra café, poco pasto y mucha hojarasca a los lados, vimos un techo de ramas de los grandes árboles milenarios que ahí estaban a lo largo del camino, el piso lleno de hojas secas sobre la tierra seca en donde cayeron de los árboles, estaban ahí como una alfombra natural por la  que recorríamos el lugar. La vista era bonita, agradable el paisaje, ahí solos Verónica y yo  caminábamos, no había nadie, mi único propósito en ese momento era encontrar un árbol grande con un hoyo en su tronco en donde meter el plato que sostenía en mis manos, pensaba que sería muy difícil o complicado encontrarlo. El calor era fuerte pero las copas de los árboles lo hacían agradable, el olor del plato con el pescado era cada vez más fuerte e insoportable, el camino era largo y apenas entrábamos, era el principio del bosque de Los Remedios en San Juan, por avenida de Los Arcos.

Mientras caminábamos hablamos de varias cosas, una de ellas lo bonito que estaba el lugar, le dije que le haría un estudio fotográfico cuando tuviéramos tiempo, se vería hermosa posando entre tantos árboles y plantas que veíamos, antiguos árboles centenarios si no que milenarios y la textura de sus troncos daban un escenario hermosamente increíble, sus formas caprichosas regalaban a la vista estampas únicas junto con el olor de los eucaliptos. El sonido en el bosque era misterioso, agradable, hasta relajante, el aire que sopla entre los árboles, lento apenas lo sentíamos, pero allí estaba, nos envolvía, el sonido del canto de pájaros que volaban y anidaban ahí en los grandes árboles que los arropaban en las copas con sus ramas, alguna ardilla juguetona con las hojas y ramas casi volando de árbol a otro árbol, pero lo que más gustaba era la soledad que sentíamos, éramos los únicos que caminábamos ahí, los invasores en el bosque de Los Remedios. Más adelante nos encontramos con un riachuelo, de cerca también se escuchaba el correr del aguan sobre las piedras y tierra, el agua cristalina la mirábamos, estuvimos ahí unos segundos y seguimos el camino.

Ya teníamos un largo camino recorrido, caminaba y miraba de un lado a otro, buscaba el árbol, de mi lado derecho había sólo troncos viejos aun plantados, vivos, pero delgados, continuamos el paso, estábamos a punto de llegar a lo que sería el final del bosque por ese camino, arriba de la pendiente se encontraba parte de la avenida de Los Arcos, sitio aun sin fraccionar en ese lugar, era solamente un bosque en forma de barranca.

De pronto giré la cabeza a mi lado derecho, sin pensarlo, frené de golpe, Verónica también, había una pendiente, un pequeño bordo de extensión muy larga hacia el fondo y de no más de un metro y medio de alto y menos de un metro de ancho en su parte superior, empezaba a unos metros de la entrada del bosque donde cruzaba por debajo de un puente de troncos de madera el riachuelo, la colina de mediana altura, de arena y tierra compacta, dura, seguramente “tepetate”, Verónica me hablaba, sin escucharla caminé y subí el montículo de tierra, estuve a punto de caer, me ayudaron las botas que tenía puestas, para escalar y caminar, me esforcé y logré subir, ahí estaba mirando a Verónica desde arriba, en silencio ella miraba. Caminé unos metros, revisé uno y dos árboles, nada, caminé unos cuantos metros y llegó el  tercero, lo rodeaba cuando llegué a la parte de atrás del gran árbol, casi pegado a una barda de piedra gris que seguramente sería de una casa que daba a la avenida, y ¡ahí estaba…!, un gran tronco con un hoyo grande, lo miré, revisé, estaba vacío, solo tierra, telarañas y alguna piedra que no estorbaba, me agaché, una vez estando en cuclillas saqué el plato de la bolsa de plástico, el olor insoportable y muy fuerte, agudo a tal grado que causó una o dos lágrimas, pude inhalar un poco y sentí que mi estómago explotaba, estiré ambos brazos e introduje el plato envuelto en el calzón, el aroma salía, me puse de pie frente al árbol y recé tres oraciones, las que se me ocurrieron, las que sabía de memoria, di las gracias deseándole al esclavo buen viaje a donde quiera que fuere y colocando mi mano sobre el árbol y la otra en mi corazón una vez más dije gracias y me retiré de ahí…

Mi pregunta y duda siempre fue, ¿ese árbol o estaba ahí esperando el pescado? ¿Fue una tremenda casualidad que llegara casi directo al árbol tan grande como viejo para recibir la comida del esclavo? Fueron tantas dudas después, solo mías, que no pude resolver, sabía que si lo platicaba a Simón me diría que había sido obra de Dios, y eso… eso no era muy creíble para mí ya que ¿para qué Dios hará tantas cosas y causaría tantas dificultades para salvar a un espíritu perdido?, no sería justo el Dios que supuestamente es tan bueno y bondadoso, la casualidad no existe, pero el universo sí, y ese esclavo negro estaba ahí seguramente, si fuere real todo esto, sería ayudado por ese universo que hace y deshace a su gusto todo…  

Caminábamos dejando atrás al árbol y el pescado, la comida del espíritu del esclavo que seguramente ya había comido alistándose para llegar al más allá al lugar que le  correspondía, estaba atorado en la tierra, dijo Simón, “pero seguramente con el pescado matará su hambre y podrá continuar su viaje…”

Habíamos caminado unos cinco minutos más o menos, pisábamos la yerba seca, jugando, se escuchaba el tronido exquisito cuando las pisábamos, la llevaba abrazada con el brazo rodeando su espalda llegando a su hombro derecho, nos mirábamos, besábamos, sonreíamos sintiéndonos felices por haber logrado encontrar el tronco del árbol como se pidió, por llegar al final de esa que fue una aventura de tragedia para ambos.

De pronto se soltó un aire fresco dentro del calor que hacía que no era mucho por estar en el bosque, pero se podía sentir en el cuerpo, el aire agitaba fuertemente las hojas que estaban en el suelo, las que a los dos nos divertía pisar por el sonido que emitía la hojarasca seca, cada vez más fuerte detrás de nosotros, vimos que al frente no pasaba nada, traté de voltear para ver lo que sucedía pero hubo algo que no me lo permitió, Verónica haría lo mismo pero la frené, le dije que no mirara, que no volteara, mi atención y la de ella estaba fija al frente y nada más…

—Yo sé lo que pasa amor…

—¿Qué…? —Pregunté asombrado, ella seria con mirada pícara me miró aun abrazada y dijo,

—Amor, ¿no será que el esclavo, o Dios o quien fue, esté agradeciendo por lo que acabas de hacer?

—Bueno pues… —Quedé perplejo por lo que dijo, aunque no creía mucho en estas cosas, ella sí creía, al parecer había dado resultado y no me quedaba más que creer o no comentar nada más, y no comenté nada más, la miré y continuamos el camino.

No supe cuánto tiempo, no lo puede medir, pero de pronto y sin que se pueda explicar ese aire paró, todo volvió a la normalidad hasta que llegamos al Jeep para volver a casa.

6

Pasamos la noche juntos como hacía días no lo hacíamos. Brindamos, comimos algo, tabaco y vino tinto para no perder la costumbre, esa reunión nocturna de pareja se convirtió en un festejo que gozamos al máximo. Esperamos al sábado, queríamos ir a ver a Simón para platicarle lo sucedido, como lo pidió, podría pedir alguna otra cosa para terminar con el esclavo que me había visitado,   el que al parecer ya se había ido después del apetitoso pescado que le entregué y luego dejé en el árbol como lo mandaron las piedras leídas por el santero Simón.

Llegamos el sábado, previa cita a las once de la mañana. Nos recibió el mismo jovencito y luego el santero, nos miró contentos y lo dijo, percibió nuestro estado y eso me gustó, aunque al principio me dio algo de temor, ignoro a qué, pero lo sentí.

Directo al tema, el esclavo hambriento, le platiqué todo, absolutamente todo pasa  por algo, sin perder detalle lo tomó de manera muy positiva. Sonreía leve, creí que se burlaba, pero no, explicó que era de gusto porque ese caso, como muchos otros le daban la prueba de que él tenía contacto con el más allá, con el mismo Dios, porque esas recetas que daba a la gran mayoría funcionaban. Él era, lo manifestó en dos o tres ocasiones, un enviado de Dios, se comunicaba con él por medio de las piedritas y otros artefactos para ese fin, por medio de los ángeles a quienes él, aseguraba, conocía muy bien. Como haya sido y como él, Simón, lo dijere no me importaba, el esclavo se había ido y al parecer contento porque había comido, o por lo menos lo sacó del departamento, eso era lo que Vero y yo buscábamos y se cumplió, lo demás podría ser lo de menos, pero había posibilidad de que pudiere regresar el mismo espíritu u otro, siempre esperamos que ninguno más.

Simón habló y fue mucho, al último dijo, ―jóvenes muy bien, hemos visto que esto sucede, que Dios existe y sus creaturas espirituales también y deja que nosotros les ayudemos a regresar al lugar donde deben estar, como el caso del esclavo que seguramente gracias a ustedes encontró la luz. ―Hablaba pausado, tranquilo, como si fuere un cura de iglesia de setenta años, lo escuchaba queriendo que terminara y nosotros nos fuéramos de ahí, ―es grandioso que ustedes dos hayan podido expulsar al espíritu que los molestaba, pero no lo tomen como una molestia, él, así como otros muchos, sencillamente quería ayuda, la buscaba y la encontró, sí, con ustedes dos, tan solo tenía hambre y buscaba la luz, lo pudieron ver, ustedes allá y yo aquí, por lo que les diré algunas recetas que deberán poner en sus hogares para que no lleguen otros seres a molestarlos, claro, como podría suceder, no digo que sucederá, pero podría suceder…

Nos dio las recetas, Verónica ya conocía algunas por lo que no tendríamos problema, luego se dirigió a mí preguntando, —amigo ¿y qué has pensado con eso de rayarte para que seas unos de nosotros, tienes esa facilidad, es un don, aprovecha porque será bueno para ti y muchos seres que ya no están con nosotros.

—Bueno y dime ¿cómo es eso, como se hace o qué…?

—No te preocupes, cuando quieras vienes, me avisas antes, vestido completamente de color blanco y con ganas de hacerlo desde el corazón, en ayunas y con toda la mañana disponible, eso sería… No tengas miedo, muchísima gente lo ha hecho, tú eres especial y podrías llegar a ser un gran maestro, como pocos, te veo y vibro, tienes mucha fuerza energética, sé lo que te digo…

Lo pensaba, me estaba convenciendo, sería muy interesante entrar en ese mundo como entretenimiento, era un tema que me atraía, pero le tenía mucho respeto y a veces miedo, Verónica me miraba negando con la cabeza, sus hermosos y grandes ojos me miraban a profundidad, lo sentía, miraba a Simón quien me miraba con una sonrisa esperando mi respuesta afirmativa, fui sincero conmigo mismo, me costaba mucho trabajo creer en eso…

—Dime pues, ¿qué piensas?, ¿qué opinas, quieres? —Preguntó como desesperado, como ansioso pero muy tranquilo, por último, dijo preguntando, —¿qué piensas entonces?

—Pues mira, la verdad no pienso en nada. Y es que prefiero seguir tratando con los vivos, te aseguro que los entiendo más y mejor, por lo menos hablan, dicen mentiras o verdades, qué importa lo que digan pero dicen algo, nosotros todos, también ellos pecan de manera real, hay sangre y si hay hambre comes y te vas, pero no se suben en ti, no se meten contigo como los espíritus lo hacen, como lo he comprobado, es mi forma real de pensar… —Simón me miraba serio, negando levemente con la cabeza, así continuó hasta que terminé de hablar, —por esto mismo y mucho más, Simón, por el momento no lo haré, es muy interesante, y cierto que me da miedo, sí, porque esto significaría entrar a un mundo que desconozco en su totalidad y no me interesa conocer por ahora.

—Pues bien, no se diga más, es tu decisión, solo recuerda que si lo sientes acude a mí, es Dios el que te hace sentir ese sentimiento, nadie más, aquí estaré esperando…

—Muy bien así lo haré, muchas gracias, pero no lo creo, prefiero definitivamente no entrar en lo desconocido del más allá, para mí es mejor conocer el más acá, además para eso te tenemos a ti, ¿cierto?

Nos miramos sonriendo en silencio, salíamos del recinto, casi en la puerta del santuario Omar nos llamó, —¡oigan amigos!, —volteamos quedando de pie mirándolo de lejos, volvió a hablar, —ese movimiento de las hojas en el piso que vieron y sintieron cuando salían del bosque, solo fue la manera de agradecer del espíritu, o pudo ser el mismo Dios… —sonreímos, casi dábamos la vuelta para salir cuando volvió a hablar, sin voltear a verlo paramos y solo escuchamos, —¡y qué bueno que no voltearon para ver atrás, que bueno…! —Lo que había sentido y dicho Verónica lo reafirmó Omar, así como la que fue mi negativa para no mirar atrás… Pero lo mejor de la mañana fue que Simón no quiso que le pagara, fue una sesión gratuita.

Si los espíritus existen o no existen, si crees o no crees en ellos, no hay problema, lo  que es verdad y nadie podrá negar, es que hay fuerzas tan blancas y tan oscuras que desconocemos por lo que no las vemos, pero ahí están, del más allá o del más acá, no importa, ahí están y pueden llegar a nosotros cuando menos lo sintamos, cuando menos lo esperemos, o quizá siempre están a nuestro lado…Ya la Biblia dice que no te metas con los muertos, ese es asunto de Dios, estaba seguro que por esa razón lo han tomado como un gran negocio,  de la manera que se vea, no importa, pero  siempre será problema del ser humano, de  cada uno, el creer o no creer en esto…

Y reafirmando lo anterior, una última pregunta: ¿Por qué la Biblia, Jesús, prohíbe la comunicación con los muertos, ¿por qué dice que solo él puede? Cuidado…

Este caso fue real, un pecado de la verdad más, es una escena de la vida real sin pecado, según como tú lo queras ver y entender.

…FiN


 © – ® 2025 – México – Del libro: “El pecado de la verdad” ® – México D.F. 2022 – Todos los derechos reservados. Luis Miguel Cobo / La Voz del Árabe / La Voz del Arte – NOTA MUY IMPORTANTE: Todas las historias contenidas en este libro son creación del autor, de su imaginación, por lo que cualquier semejanza con la realidad es responsabilidad única y directa de la imaginación del lector, que conste…

 La Voz del Árabe / La Voz del Arte: Autorizan la reproducción de este cuento a condición de que cite la fuente y que no sea modificado en ninguna de sus partes, ortográfica y redacción, no podrá ser utilizado con fines comerciales. Favor de informar dónde y cuándo se publica a: lavozdelarabe.int@gmail.com.

Imagen: LVÁ – Lm

La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, noviembre 5 del 2025 

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Luis Miguel Cobo

Luis Miguel Cobo – Escritor y periodista desde hace más de 30 años, ha trabajado en medios informativos mexicanos y como gerente de Prensa & Relaciones Públicas en varias empresas trasnacionales. Fotógrafo profesional. Director General de La Voz del Árabe.

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