sábado, marzo 14, 2026
Vamos a Leer

EL PUENTE

La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes…

Franz Kafka

Yo era rígido y frío, yo estaba tendido sobre un precipicio; yo era un puente. En un extremo estaban las puntas de los pies; al otro, las manos, aferradas en el cieno quebradizo clavé los dientes, afirmándome. Los faldones de mi chaqueta flameaban a mis costados.

En la profundidad rumoreaba el helado arroyo de las truchas. Ningún turista se animaba hasta esas alturas intransitables, el puente no figuraba aún en ningún mapa. Así yo yacía y esperaba; debía esperar. Todo puente que se haya construido alguna vez, puede dejar de ser puente sin derrumbarse.

Fue una vez hacia el atardecer -no sé si el primero y el milésimo-, mis pensamientos siempre estaban confusos, giraban siempre en redondo; hacia ese atardecer de verano; cuando el arroyo murmuraba oscuramente, escuché el paso de un hombre. A mí, a mí. Estírate puente, ponte en estado, viga sin barandales, sostén al que te ha sido confiado. Nivela imperceptiblemente la inseguridad de su paso; si se tambalea, date a conocer y, como un dios de la montaña, ponlo en tierra firme.

Llegó y me golpeteó con la punta metálica de su bastón, luego alzó con ella los faldones de mi casaca y los acomodó sobre mí. La punta del bastón hurgó entre mis cabellos enmarañados y la mantuvo un largo rato ahí, mientras miraba probablemente con ojos salvajes a su alrededor. Fue entonces -yo soñaba tras él sobre montañas y valles- que saltó, cayendo con ambos pies en mitad de mi cuerpo. Me estremecí en medio de un salvaje dolor, ignorante de lo que pasaba. ¿Quién era? ¿Un niño? ¿Un sueño? ¿Un salteador de caminos? ¿Un suicida? ¿Un tentador? ¿Un destructor? Me volví para poder verlo. ¡El puente se da vuelta! No había terminado de volverme, cuando ya me precipitaba, me precipitaba y ya estaba desgarrado y ensartado en los puntiagudos guijarros que siempre me habían mirado tan apaciblemente desde el agua veloz.

FiN

 

*Franz Kafka, escritor checo, nació en Praga el 3 de julio de 1883. Su madre fue Julie Löwy y Hermann Kafka su padre, una figura autoritaria y exigente que sería representado en muchas de las obras del autor. Además de escritor, se doctoró en derecho en 1906, carrera que eligió coercionado por su progenitor.

Escribió en alemán y fue autor de obras como La metamorfosis (1915), En la colonia penitenciaria (1919) y otros relatos cortos o novelas como El procesoEl castillo y América, escritas entre 1911 y 1920. Sin embargo, fueron publicadas póstumamente en 1925, 1926, 1927, respectivamente, gracias a su amigo, colega y editor Max Brod, a quien Franz conoció en sus épocas de estudiante en la Universidad de Praga. Murió el 3 de junio de 1924, a los 40 años, por tuberculosis. 

 Información: Ciudadseva / Imagen: Agencia

La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, julio 30 del 2025

 

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