QUINAMETZIN – LOS GIGANTES NAHUAS

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– La primera aparición de estos seres se rastrea aún antes de la existencia del ser humano y dentro de la Leyenda de los Soles…

Alan Mac Donald* – Itzel Soto*

La existencia para los nahuas está concretamente dividida en cinco eras o Soles; cada sol corresponde a una raza, un elemento y un evento de destrucción del mundo. Según algunos autores, los primeros habitantes de México fueron los llamados “quinametzin” que en náhuatl significa “gigantes”. 1

La figura del gigante se encuentra en múltiples mitologías2 tales como: la griega con la estirpe engendrada de Gea y Cronos, los hiperbóreos que se decía vivían al norte de Tracia, los cíclopes que poseían un solo ojo en la mitad de su frente y fueron mencionados en la épica de Homero “La Odisea”. También se puede mencionar a Humbaba en la antigua Mesopotamia, asesinado por Gilgamesh. Los nórdicos con sus característicos jotuns, rivales de los Aesir. Los Oni en el folclore japonés, los troll en la mitología escandinava junto con los ogros ingleses. El Wendigo en Canadá, Big Foot en EEUU, e inclusive podemos encontrar su mención en los escritos bíblicos con los conocidos nephilim; fruto de ángeles y mujeres humanas, mencionados en Génesis 6.44. o con Goliath destacando igualmente en su enfrentamiento contra David.

Como hemos mencionado, la primera aparición de estos seres se rastrea aún antes de la existencia del ser humano y dentro de la Leyenda de los Soles, en la cual (al menos en ocho de las fuentes donde se retrata), describen que durante la creación de alguno de los Soles (más popularmente el primero o Atonatiuh), los primeros habitantes creados por los dioses fueron gigantes que perecieron por una inundación, por poderosos terremotos o devorados por jaguares de acuerdo con la fuente que se consulte.3

Según Ixtlilxóchitl, otro nombre que tenían estos seres era quinametzin zocuilhicxime que vendría a interpretarse como «los de pies pegados o incompletos«, y es en este punto que Moreno de los Arcos (1967) vincula su nombre con la atribución de la deidad de Tezcatlipoca como Sol pues fue el «los de pies pegados, encerrado, o incompletos».3

Mendieta también los mencionó en su “Historia eclesiástica indiana”, Capítulo XIII: “Hállose en la memoria de los indios viejos cuando fueron conquistados de los españoles, que en esta Nueva España en tiempos pasados hubo gigantes, como es cosa cierta. Porque en diversos tiempos después que esta tierra se ganó, se han hallado huesos muy grandes. El P. Fr. Andrés de Olmos, tratando de esto, dice que él vio en México en tiempo del virrey D. Antonio de Mendoza, en su propio palacio ciertos huesos del pie de un gigante que tenían casi un palmo de alto, entiéndese de los osezuelos de los dedos del pie. Y yo me acuerdo de que al virrey D. Luis de Velasco, el viejo, le llevaron otros huesos y muelas de terribles gigantes. Y medio gigantes en nuestro tiempo los ha habido; uno en el pueblo de Cuernavaca, que tenía 3 varas de medir menos una cuarta en alta. Y a este lo llevaron muchas veces a México, e iba en la procesión de Corpus Christi y con darle muchos de comer, vino a morir de abre en su pueblo de Cuernavaca. Otro mozo hubo en Tecalli y pienso que más alto, aunque más delgado de cuerpo, porque el primero era bien fornido y proporcionado. Y a este de Tecalli también o llevaron a México por cosa rara y monstruosa: y vuelto a su tierra murió en breve tiempo”.4

Mariano Veytia por su parte nos relata una historia casi salida de un fantástico libro de aventuras en el año 107 de nuestra era; cuenta que el descubrimiento de los quinametzin fue realizado por los olmecas y xiccalancas, quienes poblaron los fértiles valles y montañas de Tlaxcala y Puebla. Estos pueblos encontraron a los gigantes en las riberas del Atoyac. Relatan que vivían desnudos y desgreñados, comiendo carne cruda de aves y fieras, pero también de frutas y hierbas. Cazaban con flechas y porras de ramas que obtenían partiendo a los árboles. Sobre su personalidad nos narra que eran crueles, soberbios y dados a la embriaguez, pues de entre sus conocimientos se destacaba la creación del pulque.5

En su primer acercamiento, los gigantes recibieron con paz a los forasteros y les permitieron habitar en sus tierras, pero sujetos a tributos tan grandes que, con el pasar del tiempo comenzaron a volverse problemáticos y provocaron que se intentaran revelar en su contra utilizando su astucia, pues tuvieron que embriagarlos durante un festejo y se aproximaron para matarlos mientras dormían y así, liberarse de la esclavitud y volverse los nuevos señores de esa tierra.5

En torno a este misterio, la arqueología moderna ha podido desmitificar el punto de los huesos como vestigios de aquellos gigantes, mientras que investigadores tales como Chavero indican que esta denominación puede referirse al pueblo de los otomíes retratado por los olmecas, que al ser una civilización más organizada los percibían como seres salvajes. Presume también que se puede atribuir dichos vestigios óseos a la previa existencia y extinción de animales que habitaron el “viaje mundo” antes de que el hombre lo poblara.6

Hay otros más como Orozco y Berral, quiénes atribuían el concepto del gigante a la llegada de la civilización nórdica a las costas de México y que fue sincretizado posteriormente por los nativos de este territorio, basados en teorías propias  o ciertas interpretaciones personales en murales como los del Templo de los Guerreros en Chichen Itzá o al capítulo alusivo a la Danza de los gigantes retratado en la obra “Popol Vuh” Sin embargo y realmente, no existe evidencia sólida que sustente esta teoría. 7

¿Realmente estos hombres existieron? puede que la respuesta no sea del todo clara, y quizá así permanezca frente al pasar del tiempo, sin embargo, los seres mitológicos no sólo alimentan nuestra imaginación o crean épicas historias, sino que también enriquecen nuestra cultura e identidad, y quién sabe, en un futuro podrían dar lugar a nuevos descubrimientos.

REFERENCIAS:

1Sahagún, Bernardino de (1830). Carlos María de Bustamante, ed. Historia general de las cosas de Nueva España. México: Impr. del ciudadano A. Valdés.

2Fernández-Rubio, Fidel, “El Origen de los Seres Míticos y su Impacto Sobre la Mente Humana”, Revista Cultural Argutorio 39, pp. 86-87, 2018.

3 Moreno de los Arcos, Roberto “Los cinco soles cosmogónicos”. Estudios de cultura náhuatl Vol. 7. UNAM, México, 1967.

4 Mendieta, Jerónimo de “Historia eclesiástica de las indias”, Antigua Librería, México, 1870.

5 Veytia, Mariano “Historia Antigua de México”, recuperado por UANL, pp. 150-153, 1830.

6 Chavero Alfredo. “Escritos diversos”. Tomo 1. Biblioteca de Autores Mexicanos, México, 1904.

7 David Branding “Los orígenes del nacionalismo mexicano”. Ed.Era. Arqueología Mexicana, 2002.

*Alan Mac Donald – Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, plantel FES Acatlán, donde tomó el cargo de presidente del Capítulo Estudiantil de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica y fue miembro directivo de dos organismos estudiantiles (CE-ACI y CECICM). Aficionado de la mitología e historia universales con especial entusiasmo por la cultura mexicana. Cofundador de la empresa mexicana MEKALI, donde funge como escritor y director creativo. Colaborador en La Voz del Árabe. Contacto: alan.mac05@yahoo.es

*Itzel Soto – Cirujana Dentista egresada de la Facultad de Odontología, campus CU UNAM. Ex miembro del CREDP. Apasionada de la cultura prehispánica y la literatura en general. Colaboradora en La Voz del Árabe.

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Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, septiembre 24 del 2021

 

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