AHUÍZOTL – EL PERRO DE AGUA

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– Se relataba que esta criatura habitaba en grandes cuerpos de agua, tales como ríos, lagos y manantiales, aunque más específicamente se decía que podías encontrarlo en el Lago de Texcoco…

Alan Mac Donald*

En el antiguo México prehispánico existía una leyenda acerca de una bestia tan extraña como terrorífica que habitaba en las profundidades del agua, poseía características físicas dignas de uno de los más fantásticos alebrijes y era causante del temor constante de algunos antiguos pescadores; este era el gran Ahuízotl. Una anécdota del mismo Hernán Cortés (colonizador español en México) y los relatos reunidos por nativos en uno de los más grandes Códices nos aguardan para desentrañar las maravillas de este gran animal mitológico.

El nombre de “Ahuízotl” fue también dado a un jefe militar y huey tlatoani muy importante llamado Ahuizótl, cuyo glifo era el de un perro encorvado con el glifo de agua en su espalda y hasta llegar a su cola que asemeja más a la de un mono. Según Ángel María Garibay, sacerdote e historiador, el nombre significa “el espinoso del agua” o “perro de agua”, a(toyatl) significa “río” y huiz(tli) “espina”.

Se relataba que esta criatura habitaba en grandes cuerpos de agua, tales como ríos, lagos y manantiales, aunque más específicamente se decía que podías encontrarlo en el Lago de Texcoco. El Ahuízotl es descrito como un perro negro con pelos como espinas y una cola con una mano en su punta.

El origen de esta mítica bestia se puede rastrear poco después de la fundación de Tenochtitlán en 1325, aunque su primer mención de forma oficial puede encontrarse en 1520, en la Segunda Carta de relación de Hernán Cortés al emperador Carlos V, pues lo describe como una criatura respetada por los nativos y, por si fuera poco, narra directamente un encuentro tan macabro que termina por otorgarle atributos paranormales y diabólicos.

“…una bestia no más grande que un perro normal, pero con algo especial, en su cola la terminación no es normal, no termina en una punta, tiene una garra con la que mata a sus presas. Un día mientras reparaban una galera los marineros escucharon el llanto de un niño. Extrañados se apresuraron a ayudarlo, pues su llantos provenían del lago. Ellos pensaron que el niño se estaba ahogando, pero para su sorpresa nunca vieron a nadie, se acercaron más a la orilla para distinguir de dónde salía ese llanto y ver si podían ayudar a ese niño que lloraba. Cuando de la nada una garra jaló a un marinero tirándolo de la embarcación y lo arrastró hacia el fondo del lago. Todos salieron a buscar el cuerpo del pobre infortunado, pero no se tuvo éxito. Los nativos nos explicaron que fue el Ahuízotl, un animal místico y sagrado. Todos coincidimos que ni un animal podría llevarse a un hombre de esa forma, eso fue obra del diablo.”

Más tarde habría de ser descrito por los informantes de Fray Bernardino de Sahagún y retratado en su Códice Florentino convergiendo en la mayor parte de los detalles de Cortés, no obstante, añadiendo nueva (y macabra) información sobre su modus operandi para ahogar a sus presas:

“Es muy parecido al teui, el pequeño perro teui; Pequeño, brillante y liso. Tiene orejas pequeñas y puntiagudas, como un perro pequeño. Es negro, como el caucho; liso, resbaladizo, muy liso, de cola larga. Y su cola está provista de una mano al final; Al igual que una mano humana es el punto de su cola. Y sus manos son como las manos de un mapache o como las manos de un mono. Vive, habita en cavernas acuosas, en profundidades acuosas. Y si alguien llega allí a su entrada, o allí en el agua donde está, entonces lo agarra allí. Se dice que lo hunde, lo sumerge en el agua; lo lleva a su hogar, lo introduce a las profundidades; entonces su cola lo sostiene y lo agarra.

[Cuando se recupera el cuerpo] el que se ha ahogado ya no tiene los ojos, los dientes y las uñas; se los ha quitado a todos. Pero su cuerpo es completamente inmaculado, su piel no está lesionada. Solo su cuerpo sale todo resbaladizo; como si uno lo hubiera golpeado con una piedra; como si hubiera infligido pequeños hematomas. Cuando estaba molesto, no había atrapado a nadie, no había ahogado a ninguno de los plebeyos, se escucha como si un niño pequeño llorara. Y el que lo escuchó pensó que tal vez un niño lloraba, tal vez un bebé, tal vez uno abandonado. Movido por esto, fue allí a buscarlo. Entonces allí cayó en manos del auítzotl, allí lo ahogó.”

La última acotación del Ahuízotl descrita por los informantes de Sahagún y experimentada también por Cortés nos remiten directamente al mito de las sirenas, ya que ambas criaturas tienen la finalidad de atraer a sus víctimas al agua para que perezcan ahogadas, los medios, no obstante, distan uno del otro. Mientras que la sirena seduce con el canto de una bella melodía femenina, el Ahuízotl apela a los sentimientos de maternidad al realizar sonidos de un bebé en llanto (de una forma por decir menos, tétrica) y, recordemos, la cultura del México prehispánico (y del México actual también) siempre alza la figura de la madre mediante su mitología y tradición. Sin embargo, las víctimas de las sirenas son retratadas como víctimas de su propia lujuria o de la seducción de la mujer, mientras que para el caso del Ahuízotl es visto como parte de un mandato divino que pone a la víctima como un ser compensado con los placeres de un paraíso, como explicamos a continuación.

Según se dice, Ahuízotl sirve a las deidades de la lluvia, pues estas le ordenan cuando un hombre debe perecer ahogado y, de esta forma la teyolia (esencia espiritual del hombre) viajaba hacia el Tlalocan (paraíso gobernado por Tláloc, señor de la lluvia y el agua), así el Ahuízotl nadaría hasta encontrar a la futura víctima y actuaría como un portal o psicopompo para llevar su alma de la tierra hasta este paraíso directamente.

Hablar de criaturas mitologías abre puertas a la imaginación de muchos aficionados a la criptozoología que nos hace especular “Quizá fue nutria de agua dulce”, “tal vez se trataba de una (ahora extinta) criatura endémica del lago de Texcoco”, las suposiciones podrían cernirse infinitas. Al final, puede tratarse sólo de un mito, pero las leyendas se vuelven tradición en México y su folklore sobrevive, pues aún se relatan en algunos pueblos pesqueros que el Ahuízotl aún aguarda en las profundidades con tareas pendientes.

REFERENCIAS

María del Carmen Martínez Martínez, La Segunda relación de Hernán Cortés, México, Noticonquista, https://www.noticonquista.unam.mx/amoxtli/2388/2382. Visto el 12/08/2021

Cortés, Hernán, Cartas de relación, edición, introducción y notas de Ángel Delgado Gómez, Madrid, Clásicos Castalia, 2016

Ahuízotl (1486 – 1502) “El espinoso del agua”, México, Arqueología Mexicana, https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/ahuitzotl-el-espinoso-del-agua-1486-1502. Visto el 12/08/2021

Sahagún, Bernardino de (1829). Carlos María de Bustamante, ed. Historia general de las cosas de Nueva España. Tomo Primero: Libros I – IV. México: Impr. del ciudadano A. Valdés.

Sahagún, Bernardino de (1829). Carlos María de Bustamante, ed. Historia general de las cosas de Nueva España. Tomo Segundo: Libros V – IX. México: Impr. del ciudadano A. Valdés.

Sahagún, Bernardino de (1830). Carlos María de Bustamante, ed. Historia general de las cosas de Nueva España. Tomo Tercero: Libros X – XI. México: Impr. del ciudadano A. Valdés.

 

*Alan Mac Donald – Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, plantel FES Acatlán, donde tomó el cargo de presidente del Capítulo Estudiantil de la Sociedad Mexicana de Ingeniería Sísmica y fue miembro directivo de dos organismos estudiantiles (CE-ACI y CECICM). Aficionado de la mitología e historia universales con especial entusiasmo por la cultura mexicana. Cofundador de la empresa mexicana MEKALI, donde funge como escritor y director creativo. Colaborador en La Voz del Árabe. Contacto: alan.mac05@yahoo.es

 

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Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, agosto 13 del 2021

 

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