DESIERTO DE LOS LEONES, EN LA CdMx

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En la actualidad en este hermoso paraje de montaña, los restos de las antiguas construcciones se funden con el bosque que los rodea en medio de la serenidad de sus jardines, patios, fuentes y espacios que permiten adentrarnos en las atmósferas de tiempos pasados y descubrir la riqueza del entorno natural que rodea a la Ciudad de México.

Nadie que se diga mexicano y menos defeño o “chilango”, nacido en la Ciudad de México (CdMx) puede decir que no conoce este hermoso Parque del Desierto de los Leones, como bien se ha dicho por muchos intelectuales, artistas, poetas, escritores y mucha más gente, “es un lugar único, no solamente en México, en el mundo…” Y sí, bien lo puede ser, basta que lo visites una sola vez para jamás olvidarlo.

Si eres extranjero y estás en esta gran ciudad o piensas visitar la CdMx, date el tiempo necesario para visitar este extraordinario parque, si vienes solo o en familia o con amigos, visita el Desierto de los Leones, como se dice coloquialmente, pero aquí tienes la historia, o parte de ella, esperando sea de tu agrado, la entregamos para ti, para tu conocimiento e imaginación…

¡Ah, lo olvidábamos! Si visitas este parque, por favor lleva tu cámara de fotos, o video, o si no tienes con tu celular bastará, pero esas imágenes que captes serán increíbles…

El Parque Nacional Desierto de los Leones, antiguamente llamado “El Desierto de Nuestra Señora del Carmen en los Montes de Santa Fe”, uno de los más grandes e importantes parques nacionales con los que cuenta la Ciudad de México. Se encuentra en la delegación Cuajimalpa de Morelos, tiene una extensión de 1,866 hectáreas, se ubica 32 km al suroeste de la CdMx, pertenece a la unidad geomorfológica de la Sierra de las Cruces, la cual forma parte a su vez del sistema montañoso Eje Neovolcánico Transversal.

El territorio cubierto por el Parque Nacional Desierto de los Leones protege y ayuda a una amplia variedad de recursos naturales, lo cual ha provocado un gran impacto ecológico, causante de que los mismos ciudadanos se preocupen por cuidar el parque.

En el Parque Nacional Desierto de los Leones se estableció el primer convento de México a principios del siglo XVII. Fue construido por la Orden de los Carmelitas Descalzos, debido a lo aislado que era el lugar, aunado a la paz y tranquilidad natural del lugar.

En 1917, el presidente Venustiano Carranza lo declaró Parque Nacional, fue el primero en México. El Desierto de los Leones ha estado ligado al desarrollo de la capital mexicana desde tiempos del Virreinato, debido a que sus manantiales eran fundamentales para trasladar agua por medio del acueducto de Santa Fe, localizado en el poniente de la CdMx, que se dirigía a la ciudad y abastecía el agua de la comunidad. El Desierto de los Leones funge, a la fecha, como lugar ecológico y turístico, cuenta con espacios abiertos al público para actividades deportivas, recreativas y culturales, además de ser uno de los principales “pulmones” para la Ciudad de México.

Inicialmente, esta área era conocida como el Desierto de Nuestra Señora del Carmen de los Montes de Santa Fe, nombre que, con el paso del tiempo, cambió al que permanece hoy en día, es decir, Desierto de los Leones. Existen dos versiones sobre el origen del nombre del Desierto de los Leones. La primera versión se da a partir de que en el bosque habitaba el gato montés, también conocido como león americano. La segunda se da gracias a los hermanos León, quienes eran dueños de las tierras y representantes de los carmelitas ante la Corona española. Si bien este hermoso bosque servía de paso entre la Ciudad de México y la cercana ciudad de Toluca, la Orden de los Carmelitas Descalzos eligió esta zona del bosque debido a la tranquilidad, lejanía y paz observada, a comparación del bullicio humano de la ciudad, lo que le hizo ganar el término espiritual de “desierto”, y así se erigió allí uno de los conventos de la orden, que serviría de retiro y meditación cristiana donde podían llevar a cabo el cumplimiento de sus votos. Otro ejemplo es el Santo Desierto del Carmen, que también es parque nacional, en el Estado de México.

En 1801, la orden religiosa abandonó el convento, debido a tres razones: el clima frío de la zona lo convertía en un lugar prácticamente inhabitable, debido al crecimiento poblacional del convento, lo que atrajo cada vez más visitantes, que ponían en riesgo el voto de silencio. El motivo más importante: las disputas por el terreno entre las diferentes familias que reclamaban ser los dueños.

Debido a la guerra de Independencia de México, la orden religiosa se encontró en la necesidad de abandonar su estancia en este convento y cederlo al Estado. Dicha edificación se transformaría en cuarteles. Tiempo después de estos eventos, el lugar fue abandonado y se convirtió en refugio. Se sabe que se instaló una fábrica secreta que se dedicaba a la producción de moneda falsa.

Las administraciones siguientes notaron la importancia de los recursos acuíferos y forestales para satisfacer la demanda de los poblados cercanos, tales como Santa Fe, en el cual se construyó un acueducto llamado Agua Delgada, que llegaba hasta la CdMx. Por ese motivo, el Bosque Desierto de los Leones se declaró zona de reserva forestal e interés público en 1876. Pasada la Revolución mexicana, el presidente Venustiano Carranza promulgó el decreto que le otorgó la categoría de Parque Nacional, el 15 de noviembre de 1917.

A finales del siglo XX, el presidente Miguel de la Madrid Hurtado impulsó a favor del Departamento del Distrito Federal, la preservación, explotación y embellecimiento del Desierto de los Leones. En 1998, la zona se vio afectada debido a algunos incendios, por lo que se designó un área de restauración ecológica para su recuperación. Dicha región comprendía aproximadamente 400 hectáreas.

El 16 de abril de 1999 se firmó un acuerdo de coordinación por parte de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales el Gobierno del Distrito Federal, con objeto de entregarle a este último la administración y la responsabilidad de preservar, restaurar, desarrollar y vigilar distintas áreas protegidas, entre ellas el parque nacional Desierto de los Leones, así como el deber de llevar a cabo la recategorización de otras zonas del Distrito Federal como parques naturales protegidos. El acuerdo se concretó mediante el acta de entrega-recepción el 24 de noviembre del 2000.

La ubicación del convento se eligió en esa zona, para estar apartado de la sociedad, por tratarse de un monte y por la cercanía del río. Originalmente, se iba a hacer en Puebla, pero cuando se dio la orden de ir a visitar este lugar, se encontraron con un campesino que les mostró el río. Ese indígena, de acuerdo con la leyenda popular, era la imagen de Juan Bautista.

Para poder acceder a las órdenes religiosas, era requisito ser hombre y español. El convento solo permitía la entrada a los carmelitas y a la gente que se encargara de todos los servicios del convento. Las mujeres tenían prohibido el acceso al Desierto de los Leones. Los duques, la gente religiosamente influyente y los miembros de otras órdenes religiosas podrían hospedarse únicamente en la hospedería, pero sin tener acceso al convento.

El sacrificado y complicado estilo de vida que llevaban los Carmelitas Descalzos se puede desentrañar desde antes de entrar al convento. En general, la entrada era bastante ardua, ya que la muralla que rodeaba el convento contaba con una sola puerta en el camino de Cuajimalpa. Cruzando esa puerta se encontraban con un camino empedrado bardeado de cal y canto a ambos lados. Al final del camino, una fuente protegía la puerta principal y recibía a los ocasionales visitantes. Esa puerta estaba siempre cerrada, por lo que los visitantes debían anunciarse con una campanilla y esperar a que se les permitiera el acceso. A un lado de la puerta había una pintura que simbolizaba las prácticas y el modus vivendi de la comunidad carmelita.

A continuación, se incluye la descripción hecha por el padre fray Agustín de la Madre de Dios, el cronista oficial de los Carmelitas de la Nueva España: Se ve luego en entrando un carmelita que espeluza los cabellos y es una imagen de lo que allá adentro se efectúa y se practica. Está crucificado en un madero, tiene un candado en la boca, un silicio en los ojos y en el pecho se le ve el corazón partido, con un niño Jesús que en él descansa y tierno se adormece. En la mano derecha tiene el fraile una cruda disciplina y en la izquierda una vela: porque vele y mire que se acaba. Dos trompetas le tocan al oído, dos desengaños forzosos, uno la muerte que le está diciendo que se ha de acabar la vida; y otro un ángel que está llamando a juicio con más espantosa voz. El candado en la boca significa aquel eterno silencio con que ahí se vive la disciplina, la continua penitencia.

La imagen nos habla de varias líneas por donde los monjes debían conducirse: disciplina, humildad, servicio, penitencia, oración, silencio, entre otros que menciona Fray Agustín.   Los monjes se dedicaban a la oración y la realización de su labor doméstica. Estas actitudes estuvieron presentes desde el proceso de la construcción. Tan pronto se veía el amanecer, todos los miembros de la comunidad asistían a misa, para después dedicarse a la edificación de su nueva casa. Saliendo de misa, los padres se dedicaban a talar árboles, los cuales arrastraban con yuntas de bueyes. La limpieza de su estancia era de vital importancia, y rara vez se encontraban con espacios desordenados. En días ordinarios, se dedicaban a decir misa, a leer y meditar en silencio y a hacer exámenes de conciencia. En general, a dedicarse más a la vida espiritual que a las necesidades del cuerpo humano.

Tenían ventanas cilíndricas, por donde sacaban la comida para la gente que se encontraba en la hospedería, siempre y cuando estuviera presente el padre superior del convento, si acaso no estuviese solo, se les daría pan y agua. Al igual que los de hospedería, los carmelitas tenían una ventanilla donde les pasaban la comida de la cocina y que les impedía tener contacto visual con las personas que trabajaban en los servicios. La sala donde comían sus alimentos se llamaba refectorio. Había un púlpito, donde uno de los hermanos leía las reglas de la orden, mientras los demás comían.

Los frailes carmelitas solo podían salir en dos ocasiones al año del convento, pero sin salir de la zona del bosque en la que se ubica el convento. Podían salir uno o dos días al año a acampar en el bosque o para ir a las ermitas, que podían albergar a un solo hermano para promover su voto de silencio y soledad. Tenían un oratorio, un dormitorio, un huerto y una cocina. Estaban los 40 días y noches, o en época de adviento haciendo retiro espiritual.

La sacristía del convento era sencilla, a comparación de otras, sin demasiados ornamentos ni figuras de metales preciosos. En todo caso, la decoración se realizaba a partir de frescos y cuadros de temáticas religiosas, estos sí de gran tamaño y en grandes cantidades. El convento tenía una capacidad para 26 personas. Sin embargo, nunca lo llegaron a llenar. La orden del Desierto de los Leones se dedicaba a contemplar el proceso de la vida y la muerte con el fin de entender por qué estamos aquí. La vestimenta de los frailes consistía en tan solo un calzón de cadera a tobillo y una túnica. Las campanas de la iglesia tenían la función de avisar la hora y las actividades a realizar. Los carmelitas tenían asignadas las actividades, en función de la hora y del número de campanadas.

El convento tiene únicamente dos pasillos a los costados y dos intermedios. Cuenta con una chimenea que se utilizaba solo en caso de que un hermano estuviera muy enfermo, en cuyo caso tendría ese beneficio. También, tenían una de las bibliotecas más completas de la época. La cocina era de gran tamaño con la finalidad de almacenar grandes cantidades de comida para todo el año. Había un cuarto de lavandería, el de rasura y el de oficio humilde, como les llamaban a los sanitarios. En uno de los pasillos se encontraban las celdas, sus habitaciones, donde se hallaba una base de madera, un escritorio y una antesala vacía para que no pudiera ser visto ningún objeto o actividad dentro de la habitación. A estas les dieron una interpretación divina, como celda de amor hacia Dios. El convento tenía muchos jardines, ya que creían que en el paraíso había muchos jardines llenos de flores.

Un aspecto importante para los monjes carmelitas era cumplir con sus votos de castidad, de pobreza y la oración reflexiva. Debido al poco contacto que tenían con la civilización exterior, eran considerados ermitaños. Los que vivían absolutamente solos en las ermitas aledañas eran dignos de admiración, vivían para el espíritu, sólo con lo mínimo necesario, en silencio y en contemplación por la naturaleza.

En 1876, el entonces Presidente de la República Mexicana Sebastián Lerdo de Tejada, decreta como reserva forestal al Desierto de los Leones con el objeto de proteger los manantiales ahí existentes y proveer de agua a la CdMx. Con este decreto el Desierto de los Leones se constituyó como la primera Área Natural Protegida de México. Tras la revolución mexicana, en 1917, el bosque del Desierto de los Leones es convertido en el primer parque nacional del país.

El Decreto por el cual se creó el área denominada como Parque Nacional Desierto de los Leones fue publicado en el Diario Oficial de la Federación del 15 de noviembre de 1917, designando por tal motivo una superficie de 1,529 hectáreas bajo el mandato de Venustiano Carranza. ​ El primer artículo del decreto estipula el cambio de nombre del parque a Parque Nacional Desierto de los Leones.

El segundo artículo estipula que la administración, conservación y embellecimiento del parque quedarán a cargo de la Secretaría de Fomento con excepción de las ruinas históricas, cuyo cuidado y conservación dependerá de la Secretaría de Comunicación y Obras Públicas.

El último artículo autoriza a la Secretaría de Fomento para explotar los recursos dentro del parque tales como maderas muertas, árboles enfermos, defectuosos o caducos, y los que alteren o perjudiquen el desarrollo de la vegetación principal, empleando el producto de ellos en el mejoramiento del mismo parque. Únicamente la Secretaría de Fomento podrá realizar el corte y explotación de los árboles. Se prohíbe que la Secretaría celebre contratos u otorgue permisos a particulares para la explotación de dichos recursos. También prohíben la caza y el apacentamiento de ganado dentro del parque.

El convento del Desierto de los Leones es una muestra ejemplar del estilo arquitectónico carmelita. Es importante mencionar que, en los edificios de los Carmelitas Descalzos edificados en España, Portugal y México, no existía una aspiración artística, más bien, la arquitectura era usada como un medio por el cual se reforzaban conceptos religiosos o visiones místicas a través de metáforas arquitectónicas. Este estilo se basaba principalmente en la renuncia a los bienes materiales, obediencia, equilibrio, sencillez, austeridad y practicidad. Los edificios fueron levantados con un deseo sincero de volver a una espiritualidad genuina por medio de la oración y el amor. Para alcanzarlo, se necesitaban de conventos con la atmósfera idónea para una concentración mental completamente devota a esta tarea. Dentro del convento debía haber una relación clara y directa entre la forma y la función, además de con la necesidad, todo debía ser indispensable y útil para el modo de vida en el convento. Se rechazaban todos los lujos y distracciones y se potenciaba el aislamiento.

Esta categoría se refería a la armonía de los elementos arquitectónicos de la construcción, creando simultáneamente unidad entre las otras dos categorías. La belleza no depende de la riqueza ni desde el punto de vista económico ni del ornamento. El Convento del Desierto de los Leones fue construido en un principio con las pautas del clasicismo carmelitano, sin embargo, después de su derrumbe su construcción se basó en un estilo barroco carmelitano. Aunque sí se volvió un poco más ostentoso por fuera y en su pintura decorativa interior se mantuvo fiel a los principios básicos del estilo carmelita clásico.

La historia del ex Monasterio del Desierto de los Leones surge en el siglo XVII ante la necesidad que tenían los monjes de la Orden de los Carmelitas Descalzos de encontrar un lugar que estuviera alejado del ruido y la civilización de aquella época para que pudieran dedicarse al retiro y a la meditación cristiana.

La construcción del monasterio empezó en el año de 1605, siendo Fray Andrés de San Miguel el arquitecto e ingeniero encargado de la obra. El 23 de noviembre de ese mismo año, el virrey Juan de Mendoza y Luna fue quien colocó la primera piedra para comenzar la construcción. En 1611 se terminó la construcción, dando pie a la integración de la orden dentro del convento.

El monasterio era realmente grande, conformado por el claustro principal, celdas, refectorio, biblioteca, cocina, hospedería, lavandería, entre otras, rodeado por 1529 hectáreas de bosque, lo que hacía que las temperaturas fueran muy bajas. Fue rodeado por una barda circundante de veinte kilómetros de largo cuyos dos objetivos eran: reforzar la exclusión femenina al interior del lugar, señalada en diversos puntos de la barda mediante una sentencia advertía que cualquier mujer que la traspasara, sería excomulgada. Buscaba resguardar a los monjes del bullicio y del contacto con personas ajenas a la Orden. En la actualidad, solamente se conservan partes de la barda.

Al interior del convento, en la parte inferior, existe un sótano que resulta ser uno de los mayores atractivos actuales del lugar y acerca del cual se cuentan algunas leyendas. Es un lugar muy obscuro en el cual no se ve siquiera a la persona que va enfrente. Los que entran pueden perderse durante algunos minutos, o pueden golpearse debido a que el techo es muy bajo y los túneles muy angostos. Algunas de las leyendas cuentan que el sótano era el lugar de castigo de los monjes, un calabozo, o eran catacumbas.

La capilla de los secretos se encuentra en una sala apartada del exconvento, aún conserva el efecto de resonancia. Usada para mantener comunicación religiosa donde no se permitía contacto visual ni personal, solamente auditivo, tenían que hablar pegados a la pared. En cuanto a las celdas, estaba estrictamente prohibido que los monjes entrarán a otra que no fuera la suya.

En el año de 1705 debido a la humedad del lugar y un temblor, el recinto se derrumbó, lo que dio paso a la construcción con estilo barroco actual realizada por el arquitecto José Miguel de Rivera Sarabia.

La hospedería está situada enseguida de la puerta principal, cuenta con jardineras y un pasillo encaminado al convento. Actualmente, la hospedería es la entrada al convento, en sus orígenes estaba contemplada únicamente para los visitantes puesto que toda persona que entrara al lugar debía contar con la autorización del director del convento. Por lo general, tanto los visitantes como los frailes ahí recluidos eran españoles adinerados o miembros de la nobleza. Las pocas mujeres que visitaban ese lugar tenían el acceso restringido a la hospedería, a menos que obtuvieran una patente para ingresar.

A través de los pasillos del exconvento se llega a la parte trasera de la iglesia, lugar donde se encuentra el campanario. La función de este artefacto era el reloj oficial como un llamado de Dios para las actividades del día y del calendario religioso, las campanas sonaban diferente acorde a cada una de las actividades a realizar por los carmelitas descalzos. El campanario está hecho de piedra y cantera, material comúnmente utilizado en la arquitectura del siglo XVI. Para llegar a él se tenía que subir por unas escaleras, la altura permitía tener una vista panorámica de una gran parte del convento.

El templo a tiene forma de cruz latina, es de arquitectura sencilla por la austeridad que manifestaban los carmelitas descalzos. Es coronada por cuatro capillas, una de ellas era donde se encontraban los restos de los frailes. Atrás del altar se encuentra una habitación denominada “coro”, lugar en donde confesaban a los carmelitas, siendo el único lugar en donde se encontraba un bosquejo de Cristo pintado en la pared.

La cara principal del templo corresponde a una fachada carmelitana, de origen paladino. Tiene una estructura sencilla en forma de rectángulo abierto en la parte inferior por un pórtico, el vano central está destacado o no por una mayor altura coronada por un frontón triangular con un óculo. Una única ventana adintelada o arqueada o varias, una con serliana en la central y/o dos laterales para iluminar el coro y el escudo de la orden.​

Los arcos dentro del sótano estaban diseñados para sostener la estructura superior del convento, su altura de metro y medio aprox. Otra de sus funciones era apoyar el sistema hidráulico, que servía para que la corriente del río siguiera su curso. Además, contaba con una especie de coladeras colocadas en la parte superior que desembocaban en el interior del sótano para evitar inundaciones. El lugar es completamente oscuro y húmedo, a pesar de contar con pequeños hoyos que permitían el paso del aire.

El Desierto de los Leones fue, en el tiempo de la ocupación de los carmelitas descalzos, 1585, uno de los recintos con mayor tranquilidad y paz de la zona que actualmente ocupan la CdMx y el Estado de México, debido a su ubicación en un ambiente de riqueza y abundancia de recursos naturales. Con el paso del tiempo, el gran flujo de visitantes ha propiciado el surgimiento de un impacto ambiental negativo, pese al cual, el Parque Nacional Desierto de los Leones aún mantiene componentes geográficos, forestales y animales tan diversos que le confieren la condición de ecosistema con un alto atractivo y relevancia.

Ubicado al poniente de la Ciudad de México, el Parque Nacional Desierto de los Leones colinda con las delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa de Morelos. En la actualidad existen dos vías de acceso para los visitantes. La primera, por la desviación de la carretera México-Toluca, en dirección hacia la Venta y la segunda, por el camino al desierto desde San Ángel. ​

El Parque Nacional Desierto de los Leones se encuentra localizado en el centro de la República Mexicana, al suroeste de la Cuenca de México. El parque se encuentra situado en una de las zonas con mayor altura sobre el nivel del mar de toda la CdMx. Su terreno desciende de forma altitudinal de sur a norte con una elevación de 3,790 metros sobre el nivel del mar y conecta con la zona del exconvento con una elevación de 2,700 metros sobre el nivel del mar. El área natural protegida del parque tiene una altitud media de 3,500 metros sobre el nivel del mar.

Dentro del parque se realizan actividades de educación ambiental y es destacable su función como centro recreativo y de esparcimiento para los habitantes de la CdMx. Algunas de las actividades recreativas que se pueden hacer dentro del parque son: andar en bicicleta, incluso puedes alquilar bicicletas, hacer pícnic o una parrillada y pasar un buen rato con tu familia y amigos, disfrutar de las famosas quesadillas que se venden en los diversos puestos de comida que hay en el parque, caminar por el bosque y ver la flora y fauna que tiene el lugar. Todas estas actividades son un perfecto escape de la cotidianidad de la Ciudad de México sin salir de ella, en el parque podemos tomarnos un tiempo para reflexionar, pasar un tiempo en familia o con amistades disfrutando de un paisaje lleno de vida y paz.

Como atractivo lugareño podrás tomar el tradicional y famoso pulque, una verdadera atracción para la mayoría de las personas que visitan este parque. Los cuales ya los puedes encontrar en una gran variedad. En la actualidad en este hermoso paraje de montaña, los restos de las antiguas construcciones se funden con el bosque que los rodea en medio de la serenidad de sus jardines, patios, fuentes y espacios que permiten adentrarnos en las atmósferas de tiempos pasados y descubrir la riqueza del entorno natural que rodea a la Ciudad de México.

Asimismo, el Desierto de los Leones alberga un museo de sitio, salones para exposiciones y es sede de diversos eventos culturales como conciertos de música sacra y ferias de horticultura. El Parque Nacional Desierto de los Leones se encuentra dentro de la región natural denominada Cuenca de México, privilegiada ya que se considera una de las regiones más ricas del mundo. Dentro del área natural se reportan 53 familias de vertebrados, de las cuales tres corresponden a anfibios, reptiles, aves y mamíferos.​

Sin embargo, existe una fuerte amenaza ambiental tanto a la flora como a la fauna dentro del parque. El deterioro ecológico mencionado se debe principalmente a la cercanía de zonas sumamente urbanizadas, problemas de contaminación, incendios forestales, extracción desordenada del agua, presencia de fauna feral e introducción de especies vegetales exóticas. Dentro del parque nacional se distribuyen al menos 15 especies en alguna categoría de riesgo, amenazadas, sujetas a protección especial o en peligro de extinción. Los reptiles son el grupo más afectado por esta situación, el 50% de las especies se ubica en alguna de estas categorías.​

De todas maneras y con todo respeto a la naturaleza podemos visitar el hermoso parque en cualquier momento, que seguramente te enamorará y mantendrá en excelente forma por varias horas de tu visita al Parque del Desierto de los Leones.

DESIERTO DE LOS LEONES – VIDEO

 

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Información: Agencia / Imagen: LVÁ-Lm.CoBo.FoTo ®        

La Voz del Árabe (LVÁ) – MÉXICO – Cd. de México, noviembre 20 del 2020

 

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