CAMBIO DE PARADIGMA
-Como se sabe el conflicto del Sahara, llamado con posteridad Occidental, otra de las aberraciones asumidas por la comunidad internacional…
Bachir Edkhil*
Los dirigentes de países magrebíes no han logrado, hasta el momento, realizar que sus pueblos necesitan más cohesión y solidaridad, más acercamientos y espacios en común. Es así que desde los años cincuenta o principios de los sesenta del siglo pasado esos mismos Estados independizados definitivamente de la presencia colonial, no han podido cambiar de paradigma, a pesar de las necesidades de sus pueblos que solo podrán satisfacerse en un mercado común y un bloque honorable de todos los países magrebíes y sus correspondientes pueblos, como se han constituido en todo el planeta en acorde a las exigencias de la galopante y exigente globalización.
Pues ningún Estado por si solo pueda erguirse sin la solidaridad e intercambio de los otros países ni tampoco desarrollarse conveniblemente. Uno de los problemas imposibles, y que torpedea toda posibilidad de un Magreb de pueblos unidos, donde todos caben y prosperan, es el conflicto heredado de la presencia colonial española en el Sahara. Es un conflicto atípico que sale de todas las reglas, aunque algunos lo simplifican terriblemente y le buscan culpables como origen del problema. Lo cual no hace más que enturbiar más las perspectivas de posible resolución. Como se sabe el conflicto del Sahara, llamado con posteridad Occidental, (otra de las aberraciones asumidas por la comunidad internacional), es un problema acuciante que no ha podido resolverse hasta el momento, en gran medida gracias al incorrecto planteamiento del problema en sí mismo.
Allí se confunden muchas aceptaciones, de moda, que se utilizan indistintamente por algunos expertos y organismos internacionales parciales que creen que todos los problemas se puedan resolver con las mismas varas, sin tener en cuenta las especificidades de tan longevo problema.
Pues en este problema específico en sí se confunden sus parámetros ante la incongruencia de distinguir entre ius generis, ius solis, “ius tribal”. Lo cual no permite una solución por la vía aclamada sobre todo por el Polisario y su valedor Argelia: la autodeterminación del pueblo.
Ese pueblo no ha podido conocer sus límites al embrollar intencionadamente esos tres preceptos ya mencionados que no concuerdan a todas luces, y que tengan la capacidad de permitir determinar un cuerpo electoral inclusivo y aceptable por todas las partes, que pueda conducirnos a unas solución objetiva y aceptable por todos, en conformidad con lo las resoluciones y recomendaciones de las Naciones Unidas, expresadas como principio de autodeterminación de los pueblos.
Sin embargo, habría que recordar y subrayar la importancia de la trashumancia particular y trasfronteriza propia de las tribus saharaianas en el momento del abordaje de la problemática creada en torno a la cuestión de los saharauis, entendidos como tribus o población o pueblo (depende como se vea), que transitan en casi todos los países del Magreb, y como demostración de ello la mayoría de los dirigentes del Polisario son originarios de Marruecos, algunos de Mauritania y otros de Argelia. Nacidos y crecidos allí y descendientes de militares de esos mismos países.
Parece que la referida contextura social del Polisario solo descansa sobre la raíz tribal o el ius tribal como elemento identificador, que por su naturaleza trashumante sobrepasa los límites fronterizos de la tierra disputada, (Ex Sahara español), sin tener en cuenta ni las fronteras heredadas del colonialismo, ni los estados políticos vigentes. Lo cual complica las cosas, como veremos más adelante en este pequeño texto. Pues muchos países latinoamericanos padecen esa misma y compleja situación al compartir las mismas comunidades o pueblos indígenas. Y por supuesto, están ante la imposibilidad de crear nuevos países basados sobre esa pertenencia comunitaria basada sobre lazos de sangre y repartida entre fronteras de estados reconocidos por la comunidad internacional. Y si eso ocurre se desintegraría la mayoría de los países actuales del mundo.
Necesitamos para una mejor comprensión de ese fenómeno insólito, lejos de planteamientos pasionales o repuestas subjetivas basadas en el rechazo de toda opinión que no concuerda con el dogma dictado desde hace ya más de cuatros décadas por un puñado de teóricos y por los intereses geopolíticos de algún que otro estado de la región, realizar un estudio multidisciplinar del mismo, utilizando la historiografía, el discurso del análisis político, la geografía, el periodismo de investigación e, incluso, la filología y la antropología social. Incluso el sentido común. Sin estas perspectivas difícilmente podríamos obtener resultados válidos.
Resulta evidente constatar que es común entre tropeles de solidarios, concretamente en España, el situar la génesis del dossier del Sahara Occidental en la retirada de las tropas militares de un moribundo Franco de la hasta entonces provincia española y en el advenimiento del Frente por la Liberación de Saguia El Hamra y Río de Oro (Polisario). Recordemos que aquí no figura aun la aceptación de la “liberación del Sahara occidental” en ninguna parte, hasta a partir de 1976, y después de la declaración unilateral de la República Árabe Saharaui Democrática, que sigue aun en día sin reconocerse por la ONU, ni por la potencia colonizadora de entonces.
Algunos “ilustres y sabios” dirigentes siguen insistiendo que el pueblo saharaui empieza de cero desde principios de los setenta, y más allá de esos, según ellos, no había ni Historia ni luchas dignas de mención. Todo empieza, pues, cuando nace el Polisario y aparecen en la escena sus teóricos nacidos en el sur de Marruecos.
El conflicto, sin embargo, comenzó en tiempo anterior a los años setenta del siglo XX y, por tanto, tiene más de cuatro décadas de existencia. En realidad, el origen de todos los males no fue el acuerdo tripartito de 1975, conocido por los Acuerdos de Madrid, firmado por España con Marruecos y Mauritania para la repartición del territorio, sino que se sitúa en el abandono del territorio, en 1958, de parte del Ejército de Liberación. Este último, formado por miembros de todas las tribus saharauis o bidanies, capitaneadas por dirigentes marroquís que algunos de ellos aún viven en Marruecos, había declarado la guerra a la potencia española y francesa en nombre del Sultán de Marruecos, al que siempre guardaron respeto y obediencia.
Y, por otro lado, esos mismos dirigentes desaprovecharon muchas oportunidades ofrecidas por las autoridades españoles en los últimos años de la presencia española en el Sahara prefiriendo la guerra a la paz y el sentido común. O quizás no tenían potestad para tomar las decisiones en ese momento y siguieron las direcciones de Argelia que irrumpe brutalmente en el conflicto y descabeza el movimiento con la muerte en Nuackchott del líder El Uali Sayed y destrucción de la cúpula militar dirigente desplazada por otros que ni siquiera conocían ese territorio que querían “liberar”. Y eso marca el inicio del terrorismo Polisario en contra de los saharauis españoles que sigue vigente hasta la actualidad.
Como se dijo, muchos olvidan que los saharauis estamos “juntos, pero no revueltos”, como reza el refrán popular. Cada cual tiene su propio territorio y se adscribe a diferentes puntos de vista y a diferentes territorios nacionales a semejanza de los turcos o pueblos indígenas de América Latina. Nuestra sociedad está constituida por diferentes tribus que se asientan en varios países del Magreb. A pesar de esto, los dueños naturales- o, mejor dicho: habitantes- de cada territorio son reconocidos por parte de todo el conjunto “bidani”. De ahí la confusión entre saharaui como pueblo asentado en un territorio determinado y la pertenencia tribal, es decir, la raíz tribal. Este elemento diferencial no se puede obviar de cualquier tipo de análisis y pone de manifiesto la complejidad del tema[1]. Y nos obliga a plantear la pregunta que aun no halló ninguna respuesta satisfactoria: ¿Quién es el saharaui?
De un lado tenemos la raíz humana del Polisario, extendida a lo largo y ancho de más de millones de kilómetros cuadrados (Mauritania entera, gran parte de Argelia y luego desde el Uad Nun marroquí hasta la frontera sur del antiguo Sahara español).
Del otro, las gentes incluidas en el último censo español, el de los saharauis de lo que fue el Sahara español, nacionalizados españoles que, últimamente, según algún dictamen español reciente, ni siquiera son reconocidos como españoles, aunque sean de segunda. O sea que lo de la provincia numero 53 era solo una broma y las carnes azules españoles que portaban algunos saharauis eran solo copias falsas.
Es así de complicado el problema por “este pluralismo en el origen y en la vinculación tribal y política de los dirigentes del Polisario ha hecho que sus estructuras estén lejos de ser monolíticas”[2]. Eso quiere decir que existe una contradicción clara entre el sacrosanto principio del respeto de las líneas fronterizas heredadas de la descolonización y el principio mismo de la autodeterminación de una población concreta, que pone fin a un periodo colonial. La organización independentista saharaui plantea, así las cosas, un problema que trasciende con mucho el de la descolonización del Sahara[3].
Sin realmente queremos lograr avanzar en una resolución optima, de ese enquistado problema enquistado en la arena del desierto, se necesita asentar las bases de una verdadera negociación directa y sin condiciones previas entre las partes contendientes reales de este conflicto que no son más que Marruecos y Argelia, de un lado, y por otro, tener en cuenta las opiniones de las distintas facciones de saharauis, independientemente de su ideología o lugar de origen. Y hallar una solución intermedia donde todos salen ganadores.
El Polisario sin la manipulación de Argelia y su equipamiento dejaría de existir y, como se evidencia, no es más que un instrumento para trabajar políticas mayores del Estado que lo acoge y la eterna cúpula magrebí que lo manipula y aprovecha.
Por desgracia, algunos mandatarios y elites magrebíes siguen aunando esfuerzos y energías que gastan en su propia guerra fría y no logran esforzarse para cambiar de paradigma y diseñar políticas que van con los intereses de sus pueblos y estados y que sean realistas.
Por último, y sin ánimos de adelantar más argumentos, podemos asegurar que, sin el beneplácito y disposición real y sincera de esos países, Marruecos y Argelia y Mauritania, en concreto, y a la participación de todas las corrientes democráticas y sociedad civil en su conjunto, no se resolverá nunca el conflicto ni se llegará a ningún tipo de desbloqueo que rompa el imperante y absurdo status quo y beneficie los pueblos magrebíes.
Solo la voluntad política real de los dirigentes de los Estados magrebíes y de las elites podrán franquear ese escollo eterno que mantiene a todo el Magreb al borde de los conflictos sociales incesantes, a la expansión del terrorismo y al endémico subdesarrollo.
El único instrumento viable que haga posible ese gran Magreb democrático son las negociaciones, como se dijo, sin condiciones ni determinantes ideológicos o de interés particular. Y todos están llamados a participar en el cambio de paradigma y en enriquecer un debate responsable que no cometa el error de perder los siguientes cincuenta años en discutir los últimos cincuenta años discurridos en errores y desaciertos y sufrimiento humano innecesario.
*Bachir Edkhil, hispanista de origen magrebí. Activista en pro del desarrollo sostenido y responsable de las bases de la pirámide donde los más afectados puedan participar en la solución de sus problemas inherentes al subdesarrollo y carencia de medios. Estudió Ciencias de la Educación, Estudios Hispanos y Ciencias Políticas. Ha colaborado en la formación y desarrollo de organizaciones sin ánimo de lucro en pro del respeto a la vida humana. Columnista en revistas marroquíes e hispano marroquíes. Participa en cursos y mesas redondas sobre el Sáhara, en España y diferentes países del mundo. Colabora en la investigación sobre cuestiones saharauis y autor de artículos para prensa. Conferencista en la radio y televisión. Organiza con la Universidad Mohamed V congresos académicos “Entre dos orillas” para fomentar diálogo y entendimiento entre pueblos y naciones del Sur. Comprometido en el desarrollo de una red de proyectos para la economía social en el territorio saharaui para beneficio de personas sin recursos. Es politólogo, experto en economia social y presidente de Alter Forum, la ONG líder en el Sahara www.alterforum.org Es diplomático correspondiente de la Academia Española del Reino de España. Autor del libro Duna Desnuda y de Escribir sobre dunas (Sahara).
[1] Un análisis se puede encontrar en la Circular nº 75 de la Dirección General de Política Exterior para África y Asia Continental, Madrid, 1 de Febrero de 1978. – [2] Ibidem. – [3] Ibidem.
Imagen: LVÁ
La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, junio 17 del 2020
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Absolutamente impactada por el cambio que ha experimentado mi amigo y compañero de oficio en la escuela secundaria 9 de junio en los campamentos de refugiados saharauis, hoy apela al sentido común para ,según él, hallar una solución a un contencioso entre Argelia y Marruecos cuando él mismo sabe que se trata de un problema de descolonización que España, como potencia administradora no llevo a cabo. Marruecos es una fuerza ocupante y los saharauis no somos los kurdos de África amigo Bachir. Acaso el sentido común es aceptar por imposición la marroquinidad del Sáhara? O la nacionalidad magrebí para ocultar nuestro origen?
Es lamentable pretender que los que se jactan de intelectuales nieguen el derecho a la libre determinación de los pueblos bajo teorías que no son más que espurios intereses. El pueblo saharaui resiste y quién resiste gana.