POR JOSÉ JOSÉ, JOHN LENNON
-Las giras de los cantantes siempre daban oportunidad de conocer lugares, de convivir con gente extraña que se volvía muchas veces amigos, auxiliadores en el lugar visitado que era desconocido, pero hay instantes que el universo marca como únicos en tu vida, es la oportunidad que tienes que vivir y aprovechar en ese momento…
Luis Miguel Cobo
Esta es una historia que surgió en cualquier momento, puede que sea un cuento de la realidad, o una realidad que parezca un cuento, de todas maneras, estamos seguros, alguien quizá lo pudo haber vivido, y aquí está…
Era 1983 cuando en una noche oscura, como dicen los cuentos de terror, llegamos a la ciudad de Nueva York…
Les platico esta historia porque hubo un cambio dentro de una vida que solo miraba hacia el frente, poco hacia los lados, pero llegó el momento, muy claro, como si un faro al frente se hubiere encendido guiando a esa mente hacia varios caminos en uno solo, se abrió la mente, el oído y la vista, se empezó a vivir de otra manera, en la que se aprendió a mirar a todos lados, a escucharlo todo y platicar lo que se debe en el momento adecuado, así es la vida de cada uno, el dueño de su propia vida la puede acomodar como le dé la gana, unos caminan y otros se quedan solo mirando la rueda rodar, él imagina que la vida son solo secretos, pero hay poderes que siempre actúan sobre uno, el poder de la gente es uno, la paz en cada uno es otro porque llega en el momento en que la guerra termina, si tú quieres, solo porque diste una oportunidad a la paz interna que la tiene tu mente y tu corazón… Pero cuidado, porque si dices lo dudo flaquearás de alguna manera y solo podrás imaginar que el amor acaba, pero no es verdad, el amor se detiene nunca termina, pero en el final, estamos seguros, solo derramarás lágrimas que son las que lavan el alma, el corazón y fortalecen la mente… Pero todo es tu destino, tú eres tú propio Dios en el que crees o no crees, porque al final solo son juegos mentales… Bueno, bueno, bueno, nadie es un héroe de la clase trabajadora, y aunque lo fueres, dirás que nadie te dijo que nada es real, y entonces sí, estando completamente en ti podrás gritar dale gracias a la vida, sigue tu intuición que siempre va alrededor del universo, porque siempre será una doble fantasía, nunca te defraudará, porque es lo único que tienes en cada segundo que vives, porque nada es real o nada cambia mi mundo dirás cuando eres fiel a ti y tus creencias que siempre serán secretos para todos…
***
Salimos del aeropuerto como a las once de la noche, nos recogió una limosina, así le decían a las camionetas de pasajeros, la que abordamos los periodistas y yo, éramos siete en total. Desde el aeropuerto JFK al centro de Manhattan fue un recorrido largo desde Brooklyn. Algunos estaban dormidos y otros solo mirábamos el espectáculo en ese momento desconocido, Nueva York de noche era otro planeta, lo diferente que podía verse en las películas, aquellos programas de Kojak el detective de Telly Zavalla, o McClaoud el policía tejano en las calles de Nueva York a caballo, o bien Taxi Driver, la película famosa con Robert de Niro, y muchas más que sí, fueron en la Gran Manzana, ¿se imaginan cómo se manejaban aquellas series? Pero de cualquier manera, no era el Brooklyn que estábamos viendo, era totalmente diferente en aquel año… esas series de televisión de altísimos ratings en las que nunca veíamos las enormes bolsas de basura color negro que amontonadas una sobre otra parecían que habían vaciado un edificio o tienda, o desalojado una casa, en cada esquina montañas de bolsas que impresionaban tan solo verlas; en las calles del centro hombres y mujeres empujando sus carritos del supermercado llenos de sus pertenecías , lo único que poseían, ataviados de abrigos y zarapes roídos con gorros de lana muy sucios que los protegían del frío, caminando a pasos muy lentos buscando algo que nunca aparecía, jamás encontrarían, buscando un lugar dónde dormitar algunas horas para después continuar con su búsqueda interminable, en el día o la noche fría neoyorkina. Las calles entre oscuras y luminosas por aparadores encendidos toda la noche, por arbotantes que en lugares apenas alumbraban, pero en otros parecían faros para guiar barcos, ese lugar era extraño para quienes lo visitan por primera o segunda vez, ese lugar con su movimiento nocturno nunca perdía la magia que solo Nueva York podía tener.
Llegamos al hotel del que ni siquiera recuerdo el nombre. Fue un lugar más que aterrador, fuera de serie, pero sí, como se dijo, podría ser parte de alguna serie de televisión de detectives, las de siempre, los malos contra los buenos. Bajamos de la camioneta, ya todos en el lobby nos mirábamos asombrados por ese lugar, realmente era muy aterrador, lúgubre, oscuro con tan solo tres sillones viejos color azul desgastados por el uso y el tiempo, maltratados como todo el ambiente que mirábamos y respirábamos, todo a media luz nos causaba un resquemor especial. Nadie podía creer dónde estábamos, no sabíamos qué era eso, un hotel o una casa de los sustos o guarida de ladrones y maleantes de alguna mafia, nunca en las giras de los cantantes nos habían metido a un hotel de tan baja categoría sin calidad alguna, los periodistas cuando viajábamos en grupo éramos unidos, amigos, había confianza y nos platicábamos todo, hasta lo que no tuviere que ver en el momento, estábamos lejos de la patria. En esos minutos de estar observando, mirando cada centímetro del recibidor del mal habido hotel ninguno habló, nadie comentó nada, yo estaba en el mostrador empezando a registrarlos y recibir las diferentes llaves de la habitación de cada uno.
Todos en fila, como caravana de elefantes de la película Dumbo, solo faltaba tomarnos de la mano, pero no se pudo, cargábamos nuestras maletas cada uno, nunca apareció un botones o bellboy. El camino del lobby al ascensor nos pareció eterno, vimos en la pared principal un gran espejo viejo, maltratado por el tiempo que no reflejaba nada, ni la poca luz que había, quizá fue un buen hotel hace muchos años en el pasado lejano, todo el lugar mostraba una soledad inaudita dentro de un silencio insólito que nos hacía peor el momento, varios lo comentamos esperando el ascensor que tardaba como un microbús mexicano en el tráfico, “nunca había visto un hotel así”, “ni los hoteles de paso son tan feos en mi tierra”, comentó Pedro el periodista. No mirábamos nada por miedo a encontrar lo peor, nos dimos cuenta que no tenía una cafetería o lugar donde poder comer o beber algo, ni se diga un bar, buscamos una máquina expendedora de golosinas, tampoco hubo alguna, pensamos que sería por la hora, eran más de la una de la madrugada, pensábamos que más tarde o, mejor dicho, más temprano por la mañana podríamos ver algo así, pero no…
Los siete esperamos hasta que el ascensor llegó, solo había uno, el otro tenía pegado una hoja de papel escrita con un marcador: “out of function”, así que solo pudimos subir de tres y cuatro con todo y maletas, pero una vez dentro algo se nos apareció al frente, algo que iluminó el interior de ese cubo que nos llevaría al sexto piso donde estaba la habitación de cada uno, los otros periodistas quedaron esperando al segundo viaje, nosotros tres más uno sorprendidos, asustados, esa luz que abrió nuestra visión era nada menos que un policía, o guardia, militar o lo que fuere, uniformado como tal más un chaleco antibalas y un casco antimotines de la época, no estábamos acostumbrados en México a ver eso tan a la ligera o como algo muy común, daba algo así como un miedo especial, una sensación extraña, temor a lo desconocido y la duda de ¿por qué ese hombre así y estaba ahí? Según nos pudimos enterar horas después… pero lo peor fue verlo cargando al frente sobre su pecho, de brazo a brazo sostenida con ambas manos una metralleta AR-15 de los años ochenta, me enteré del calibre por uno de los compañeros que estaba en el grupo. Dije “good night” sin recibir ni siquiera su mirada, llegamos al piso, abandonamos el lugar yendo cada uno a su habitación lo más rápido posible. Pero al salir… uno, dos, tres, hasta cuatro o cinco guardias más iguales, apostados en el piso que tendríamos que ocupar los periodistas mexicanos, a tan solo cinco o diez metros de distancia cada uno. Temblando buscamos nuestra habitación cada uno y entramos. Luego llegaron los otros cuatro y también sin comentar nada ocuparon sus habitaciones. Yo tenía una lista con el nombre de cada uno y el número de su habitación.
No pasaron ni diez minutos cuando Vilo mi amigo me llamó diciendo que fuera a su habitación, estaba casi enfrente a la mía. No tardé mucho, no había desempacado nada, las habitaciones parecían de un hotel de paso barato de cuarta categoría o cuarta dimensión desconocida, miré el espejo del frente sobre la cómoda y me sorprendió verlo opaco casi todo, desgastado por el tiempo. Llegué con Vilo, el periodista peruano más mexicano que había, nos miramos empezando a reír, por nervios, disgusto, coraje, por ignorar el por qué estábamos ahí, qué era ese hotel, de qué se trataba, de inmediato pasados varios segundos más serios me dijo sin más,
—Amiguito, no sé cómo le vamos hacer, pero no pienso pasar la noche en esta cueva tan espantosa, se mira como algo inseguro con todo y esos guardias, coño, es que no me da confianza…
—Tampoco yo quiero estar aquí amigo, ¿qué hacemos?, —le dije nervioso, además con la gran responsabilidad de ver por todos ellos, yo era el responsable sí, de la compañía discográfica que los había invitado. Entonces Vilo me miró fijo, sin más ni más, contundente dijo,
—Vamos allá abajo y dejemos este hotel, no sabemos dónde estamos, el ver tantos policías o soldados no me da buena espina, mi olfato periodístico me dice que esto no es bueno, vámonos ya, al carajo con esto… —de inmediato reaccioné y hablé a cada uno desde la habitación de Vilo, les dije que en diez minutos todos en el lobby con su equipaje, fui por el mío y bajé junto con Vilo.
Pedimos tres taxis de los Yellow Cab los que no tardaron en llegar seguramente por la hora, nos llevaron sin preguntar directos al hotel donde se alojaba el manager del que llevaba el dato desde México en el programa de los conciertos.
Desde el mostrador del hotel Waldorf Astoria me comunicaron con Antonio, eran casi las tres de la mañana, hablé directamente con el manager de José José, sí, Pepe el Príncipe de la canción, porque estábamos ahí para ver sus tres conciertos en el Radio Music City Hall que se presentaría ese mismo día en la noche, y sin dormir ninguno. Somnoliento, casi dormido preguntó,
—¿Qué…? ¿Quién habla?, ¿quién es…? —Preguntó sin coordinar bien, respondí de inmediato y molesto le dije,
—Oye Antonio, por favor ven acá abajo, estamos los periodistas muy enojados esperando nos des una explicación y una habitación aquí en el Waldorf…
—Pero si ya están en su hotel, ¿qué hacen aquí?
—¡Antonio, no me jodas!, nos metiste en un hotel de maleantes, en la peor zona, ¡ahí alojan a todos los convictos que se van a juzgar o se están juzgando!, los envían de la Suprema Corte, no jodas por favor… —dije molesto y sin reparo alguno, —nos explicó el gerente que estaba a cargo de ese cuchitril, estaba lleno de guardias por todos lados, esas son chingaderas, parecía un hotel de paso de cuarta, ninguna ventana miraba a la calle todas tenían su mejor vista una barda de ladrillos, entonces disculpa, —le decía más enojado, los periodistas me miraban escuchando asintiendo con la cabeza al mismo tiempo como si fueran un coro de escuela. No dejaba hablar al manager, proseguí sin detenerme, —¿qué no te dijeron qué tipo de hotel era? Seguramente fueron en tu oficina ¿verdad?, —lo dije para que escucharan los informadores que la empresa discográfica nada tenía que ver, porque fuimos los que invitamos, —¿quiénes crees que somos?, ¡carajo Antonio!, nos vamos a quedar aquí, en la noche es el concierto y estamos muy cansados por el viaje y todo lo que sucedió. O quieres que le hable a mi director, lo hago ahora mismo… —Rematé dejando que hablara,
—¿Cuántos periodistas son? —Preguntó sin decir nada más, poco más despierto,
—Somos siete Antonio.
—Espérame, voy para allá… —Cortó la llamada. Lo esperamos en el lujoso lobby mirando para todos lados, parecía un museo, el equipaje estaba acomodado pareciendo como si fueran de asilados o inmigrantes. El lujo se miraba por doquier, era un lugar fantástico en aquellos años, hubo alguno de los compañeros que me preguntó casi al oído, asustado,
—¿Nos quedaremos aquí…? —Le respondí sonriente,
—Claro que sí, tranquilo ya viene el responsable… —le comenté para que no fuere a creer que eso había sido culpa de la empresa discográfica porque había que repetirlo varias veces, sino que fue de la oficina del cantante.
De pronto lo vimos llegar al mostrador, muy serio, vestía unos pants azul marino y chanclas de hule para baño, enojado pero dando la sonrisa hipócrita de costumbre, como abejas a la miel los reporteros lo rodeamos, esperábamos una explicación, el más agudo en cuanto a poder en ese momento de los periodistas era Vilo, bien lo sabía el manager que fue al primero que saludó, el periodista era también íntimo amigo del director de la empresa discográfica en la que trabajaba, luego volteó y mirándome muy serio me saludó dejando mi mano extendida, no hice caso y lo dejé acercarse al mostrador, el gerente de turno lo atendió cordialmente, lo vimos desde lejos, hablaba bien el inglés diciéndole que diera una habitación sencilla a cada uno de nosotros. Me llamó y dijo, sin mirarme, se dirigía con la vista a Vilo,
—El señor te entregará la llave de cada habitación, tú los organizas y nos vemos en la mañana en el desayuno, que sea por favor a las diez de la mañana porque voy a salir. Buenas noches, que descansen… —Y se retiró sin decir nada más, seguía enojado. Recibí las llaves y empecé entregar la suya a cada uno, luego buscaban su equipaje, pero el botones uniformado como un militar ya los tenía todos en un carrito de hotel para entregar a cada dueño sus maletas habitación por habitación.
Se había entregado cada uno a los brazos de Morfeo, serían casi las cuatro de la madrugada para cuando pude meterme a la cama tamaño king size increíblemente cómoda, solo esperaba que se arreglara de manera positiva el problema durante el día. Sentía el deber de informar al director general de lo sucedido, pero sería hasta más tarde.
Ya eran las nueve cuando sonó el teléfono que me despertaba, había solicitado el servicio antes de dormir. Con sueño aun lo primero que hice fue tomar un vaso de agua y luego meterme a bañar, me sentía mal, seguramente los demás también, pero aun dormían, solo Vilo me acompañó al desayuno con el manager, me comentó antes de entrar a su habitación, junto a la mía, que estaría apoyándome porque ese hijo de puta no debió haber hecho eso de meternos en un hotel desconocido de esa clase, había sido, para él, una gran falta de cortesía profesional además de respeto…
***
Estábamos en la mesa sentados Vilo y yo, habíamos pedido el desayuno, tomábamos jugo de naranja, sirvieron café negro a los dos. Teníamos hambre, desde que bajamos del avión no probamos bocado alguno más que lo que cenamos durante el vuelo desde México, viajamos en Aeroméxico en clase ejecutiva, o sea que fue un magnífico vuelo y servicio de primera.
Por fin llegó el manager, como siempre retrasado, eran ya las diez y media cuando tomaba asiento en la mesa. Nos saludó cordialmente a Vilo y a mí, me miró extrañado porque estaba presente el periodista, detalle que no me importó en lo más mínimo. Pidió su desayuno y luego empezó a decir que el concierto de José en la noche sería un gran concierto, se había vendido toda la plaza y las otras dos también, nosotros apenas alcanzamos, los siete periodistas, lugares en la cuarta fila central del teatro, que no serían nada malos.
Había terminado de comer sus hot cakes y tomaba café, cuando empezó a disculparse por lo sucedido a nuestra llegada, Vilo solo le respondió, muy serio y hablando directo al manager, señalándolo con el dedo índice, que eso no debería de suceder, que se trataba del príncipe de la canción, que había sido una gran grosería y falta de respeto a los informadores habernos metido en ese cuchitril que estaba lejos de ser un hotel, además de ser una torpeza o pendejada de su parte, ese hotel era una ratonera, decía enojado, se le notaba muy molesto, en cambio el manager solo miraba tratando de apaciguarlo, le dijo que lo escuchara y terminó diciendo,
—Mira Antonio, escúchame, agradezco la invitación que siempre me han hecho para acompañar a Pepe en sus giras, se lo debo a la disquera, sabes muy bien que tienen todo mi apoyo periodístico, pero te aseguro que voy a platicar esto con Fernando en cuanto llegue, fue una grosería… —Antonio en silencio lo miraba, Vilo tomó un trago de café y remató diciendo, —y ya Antonio, no quiero hablar más del asunto, disculpa pero tenemos mi amigo y yo cosas que hacer, —en eso se despidió, se levantó y se retiró, firmé su cuenta y la del periodista, al final su oficina pagaría todo eso.
Fue una mentada lo que le dijo Vilo, de todas maneras, conocíamos al manager y no le había importado en lo más mínimo, su castigo por ese negativo detalle sería el cuantioso gasto que le ocasionarían los siete periodistas en ese prestigiado y fino hotel de cinco estrellas GT, porque además y por ese detalle ellos comentaron que se tomarían todo lo que había en el servibar de la habitación, y así lo hicieron…
Nos quedamos platicando un rato hasta que llegaron los compañeros, desvelados y con hambre, los acompañamos, platicamos lo sucedido durante la noche, por suerte comprendieron y no hubo más preguntas ni comentarios, en resumen, se dijo, los culpables fueron los de la oficina del cantante.
Después del desayuno salimos del hotel todos juntos, recorrimos las calles aledañas al hotel mirando lo que había en aparadores y demás detalles, a la hora de haber estado caminado en grupo decidimos regresar al hotel porque necesitábamos descansar por la desvelada, más aún porque en la noche era el primero de tres conciertos que veríamos de José José.
***
La noche del concierto en Radio Music City Hall había sido la “noche de Pepe”, su increíble voz y sobre todo la producción del disco Secretos con la letra de cada canción gustaron fascinando al público presente. Pepe vestido con su traje blanco y la corbata roja, como en la portada del disco, fue el cantante más aplaudido de esa noche en Nueva York, aun le faltaban dos conciertos más en los que estaríamos presente.
Los gritos y aplausos, ovaciones largas no dejaban hablar a Pepe, el teatro se caía por todos los latinos y estadounidenses que lo escuchaban, el grupo musical y la orquesta también grandiosos, acompañando a José canción por canción sin dejarlo atrás u opacando su voz, realmente fue un concierto en Manhattan, en todo Nueva York que bien hubiere merecido José José el premio más grande a un cantante latino como él en ese lugar.
Lo que más tarde, cuando cenábamos los seis periodistas y yo en el hotel, se comentó por ellos mismos, que la producción del español Manuel Alejandro era una obra de arte, porque no era lo mismo escuchar el LP que al final era un disco, a escucharlo en vivo a todo lo que daba, ese era un disco exageradamente fino al que Pepe supo sacarle todo el provecho posible porque se había alineado al productor, porque cada canción y cada letra, según comentó el cantante, eran parte de su vida porque meses antes lo había platicado con el productor para que compusiera las canciones. Alguno comentó que, si alguien había dicho que Pepe no tenía voz, estaba completamente equivocado, “tiene voz para rato”, afirmó el informador. Sería un disco, Secretos, decíamos, que nunca pasaría de moda, será desde su portada el más fino del cantante. Y así pasamos un buen rato en el restaurante del hotel durante la cena y tomando algunos tragos hasta casi las dos de la madrugada. Al final firmé las comandas y nos retiramos a dormir cada uno a su habitación. Al día siguiente habría más que ver en esa ciudad estadounidense donde no se acaba nada, ni calles, ni gente, extranjeros de todos los países, ni autos ni edificios, tampoco se acaban las tiendas, es una metrópoli que bien le decían la ciudad de hierro, porque de eso estaba hecha…
En lo personal había sido hasta ese momento la ciudad de Estados Unidos que más me había gustado, ya conocíamos muchas otras gracias a los cantantes que acompañábamos con periodistas a sus conciertos en gringolandia…
En esos años ochenta se vivía bien, cuando nos enteramos que José José cantaría en el Radio Music City Hall no lo podíamos creer, sobre todo porque en esas fechas aun era un teatro muy importante en Nueva York y todo el país, ubicado en el Rockefeller Center, lugar también importante de la ciudad de Nueva York. Era considerado como el teatro más importante del país, se le apodó «Showplace of the Nation», o sea en español «El lugar de espectáculos de la nación«. Según nos enteramos cuando leímos su historia en un libro que se encontraba en la habitación del hotel, decía que fue inaugurado el 27 de diciembre de 1932, por un tiempo fue considerado como el primer destino turístico de la ciudad de Nueva York. En su escenario, el espectáculo «Radio City Christmas Spectacular» se había presentado cada año desde 1933. En 1978 fue declarado “Monumento Histórico de Nueva York”. Cuando lo conocimos en su interior no dábamos crédito, era una pieza de museo perfectamente bien cuidada, con todo el arte que mantiene en el lugar ni se diga. Nos decíamos entre periodistas: “estos gringos sí que saben cuidar sus cosas, sus antigüedades, y amarlas porque son parte de ellos y su historia, basta con ver todo esto…” Tan solo pensar e imaginar que dentro de ese teatro habían cantado, entre muchos otros, decía el libro: Pink Floyd, Frank Sinatra, Prince, David Bowie y Madonna entre muchos otros. Inclusive leímos que Sinatra estrenó su canción New York, New York, ahí mismo hacía muchos años, Frank Sinatra el que felicitó a José José cuando interpretó esa misma canción, a Frank, aseguran, le gustó mucho la voz del mexicano y su interpretación a tal grado que sí, efectivamente lo felicitó mediante una carta.
***
Ese día en la mañana desayunamos tarde, la verdad varios no teníamos ganas de salir, el frío aumentaba, aunque no era temporada para que nevara, yo prefería quedarme en el hotel, aunque a medio día le dije a Vilo y otro amigo, que iría a comprar una gorra y una chamarra, lo que llevaba para esas temperaturas no serviría para nada, a dos cuadras del hotel había visto una tienda con chamarras y abrigos para la temporada. Ambos aceptaron y me acompañaron, después de la comida fuimos a la tienda.
Por fin pude obtener una chamarra color beige que me aseguraron no tendría frío, la tela era térmica, lo que en ese momento no entendí, pero me gustó y la compré, también una boina del mismo color, lo que la verdad me dejó tranquilo, llevaba botas de piel como de explorador, con eso no tuve problema, además de un par de zapatos para asistir a las reuniones con el cantante. Mis amigos también compraron unos suéteres y un abrigo que les había gustado. De regreso entramos a otra tienda, no muy grande, vendían toda clase de chacharas, ahí me compré mi primer walkman de lujo, el que tenía era normal, el nuevo contaba con radio (AM y FM), casete y unos audífonos de diadema que me daban un sonido impresionante, además que también se podía grabar el casete.
Regresamos al hotel para esperar la hora en la que una camioneta pasaría por nosotros para llegar al Radio Music City Hall al segundo concierto de Pepe.
Terminó el concierto dedicado a su más reciente producción, “Secretos”, apareció vestido igual que la noche anterior, el concierto quizá fue mucho mejor y con gente más prendida que la del anterior. Era verdaderamente increíble ver y vivir esos éxitos del cantante mexicano, del Príncipe de la canción en México, quien ya había sido reconocido en todo el continente americano, de norte a sur reconocían su gran éxito.
Su extraordinaria voz acompañada de músicos muy profesionales todos, el grupo y la orquesta, el coro de las tres mujeres se escuchaba exquisito en cada intervención que realizaban, aunque había escuchado decenas de veces el disco completo, en casa y en la oficina, después de haberlo escuchado en varios conciertos en México y ahora en Nueva York, José José continuaba asombrándome y emocionando cada vez que lo escuchaba sobre todo con ese disco, no me consideraba un fanático de esos que pierden el sentido de la razón solamente pensando en su ídolo del canto o la actuación o quien fuere, no, ninguno de los periodistas éramos así, simple y sencillamente admirábamos al cantante, lo reconocíamos como un gran cantante, como un ser humano de grandes sentimientos que detrás de su figura artística estaba aquella aberrante enfermedad, esa adicción de la que pocos artistas del género que sea se salvaban, el alcoholismo. De todas maneras y conociéndolo así lo entendíamos y cuidábamos cuando podíamos, se controlaba bastante ante la gente, su público y su trabajo, así que siempre fieles al cantante como amigo y admirador nunca hablamos mal de él, ni la prensa ni nadie más que pudiere construir historias negativas del artista, era mucho muy respetado y admirado por todos porque él, José José, siempre respetó y trató bien a todos los que lo rodeaban.
Una vez más en el hotel terminábamos de cenar cuando de plano los periodistas me solicitaron que el día siguiente fuere libre, no querían asistir al tercer concierto porque ya era suficiente con los dos que habían cubierto, si fuere posible reunirse por la tarde con el cantante para una pequeña y rápida conferencia de prensa para con ellos sería estupendo, para lo que mi respuesta fue que sí, que se tomaran el día y les avisaría si Pepe podría reunirse por la tarde con ellos para una rápida convivencia, al fin estaba en el mismo hotel, pero de todas maneras dudé que aceptara. De hecho, sus notas las mandaban por teléfono, las fotografías utilizadas por lo general eran del archivo de sus diarios y trataban de ampliarla para que no se supiera que eran del archivo, los formadores de los diarios eran unos genios para realizar esos retoques en cada foto y artículo de los diarios. De todas maneras, casi todos en esos casos bajaban las fotografías que enviaban las agencias de prensa que cubrían el evento en Nueva York que no eran pocas.
Después de que subieron a sus habitaciones en el piso 35 del hotel, nos quedamos Vilo, Pedro y yo en el restaurante, les pregunté lo que harían por la mañana al día siguiente,
—Señores, y mañana ¿qué onda?, ¿qué quieren hacer?
—Absolutamente nada, lo que tu nos digas, ¿tu que harás? —Preguntó Vilo, luego Pedro también habló,
—Pues yo nada, ¿quieres hacer algo?
—Pues sí, la verdad quiero hacer algo que para mí es muy importante, es algo que me prometí hacer cuando estuviere aquí en Nueva York, la primera vez no puede por el tiempo tan corto que tuvimos y ya nos vamos a casa mañana, a ti te consta Vilo, —asintió en silencio mirándome, con su mirada y expresión seguramente sabía lo que diría, —pues miren, aquí está la tienda más grande y bonita de discos, quiero ir a verla y comprar algunos discos, Tower Records, y luego otra cosa que ya verán mañana si quieren acompañarme…
—Pues yo sí, mañana nos vemos para desayunar y de ahí a donde nos lleves, —aseguró Vilo sin hacer más preguntas, luego habló Pedro,
—Yo también los acompaño amigo, ¿te parece vernos a las diez para desayunar aquí?
—Muy bien señores, pues mañana nos vemos aquí a las diez de la mañana, buenas noches señores, que descansen.
Se despidieron y nos retiramos a nuestras habitaciones, mañana sería el gran día para nosotros en Nueva York…
***
Desayunamos tranquilamente, del manager de Pepe ni sus luces, dejé recado en su habitación para saber si fuere posible una pequeña reunión con los periodistas mexicanos, en su habitación o en el restaurante o donde ellos eligieran, esperaba si no directa la respuesta, que dejare un recado en mi habitación. Seguramente estaba muy molesto por el gasto que significaría el que siete periodistas estuvieren alojados en el Waldorf pagados por él. Nunca lo mencionamos y él tampoco se encargó en algún momento, ni siquiera por medio de su secretario de informarse si algo nos hacía falta. Para ser sinceros tampoco a nosotros nos importaba, al fin ese sería el penúltimo día en la Gran Manzana, que, por cierto, a todos había fascinado el estado gringo a donde habían llegado tantos y tantos exiliados de Europa en el siglo XX y antes, queríamos conocer la isla Ellis pero no tendríamos el tiempo necesario, la curiosidad de estar y ver el lugar a donde llegaron tantos seres humanos huyendo de sus países, que por cierto, en la película El Padrino fue muy bien representada, excelente película; seguramente regresaría en un futuro cercano por lo que no me preocupé tanto.
Pedí un taxi en el mostrador del hotel, en menos de diez minutos nos avisaron que el auto esperaba en la puerta. Abordamos el auto amarillo, autos que la verdad me gustaban, los Yellow Cab parecían autos antiguos, todos iguales, cuando me di cuenta que podíamos viajar cinco o seis personas en la parte trasera fue algo que me llamó la atención, luego el acrílico que separa al conductor del pasaje, eso en México no se veía en ningún transporte citadino. El chofer muy amable nos preguntó a dónde nos llevaría, nos escuchó hablar, él también hablaba español porque nos dijo que era hondureño, detalle que nos agradó por lo que hicimos un poco de plática, sobre todo Vilo que era el más preguntón.
—Vamos a la calle 72 west y Central Park por favor…
—Con mucho gusto mi amigo, puedo decirte así, ¿verdad?
—Sí, no hay problema amigo… —respondí,
—O te digo “si mi cuate”, —reímos por el detalle de saber cómo nos tenían vistos y catalogados los sudamericanos gringos,
—Como tú quieras mi cuate… —Vilo y Pedro reían, no tardó mucho el mismo Vilo en preguntar a dónde nos dirigíamos,
—Oye dime, ¿a dónde nos llevas? ¿Veremos a unas amigas tuyas o qué? Mira que eres sorpresivo… —Me dijo porque sin decirle nada negaba con la cabeza sin mirarlo, mi vista estaba fija al frente y los lados admirando el paisaje urbano que nos aparecía cada vez que el auto avanzaba, eran partes de Manhattan muy bonitas, otras no tanto. Estaba lejos del hotel, por lo menos eso sentimos mientras el auto recorría calles y avenidas, nos sirvió para conocer algo del estado que se consideraba el ombligo del mundo, ¿solo porque el centro de negocios y la bolsa de valores de Wall Street se encontraba ahí? Pues no lo creía, aunque conocimos esa avenida y la bolsa de valores, por fuera, así como el New York Times, grandioso, no se me hacía tanto como para ser ese ombligo tan mentado en aquellos años. Tuvimos también en un momento la oportunidad de conocer a las Torres Gemelas, grandiosas, hermosas y muy altas, sobre todo la alfombra que estaba en una de ellas, grandísima y muy bonita, del pintor español Joan Miró, fue algo que jamás olvidaría…
***
Por fin llegamos, nos bajamos del auto y pagué en efectivo los dólares que marcaba el taxímetro grande sobre el tablero del auto. Estábamos en la acera de la calle 72. Pedro y Vilo miraban a todos lados sin encontrar nada que pudiere llamarles la atención, estaba nublado, creíamos que llovería, pero no, tuvimos suerte.
De repente los llamé y les dije, ellos atentos y yo sonriendo a medias, —señores están ustedes en un lugar mucho muy especial, —me miraban sorprendidos, curiosos, ansiosos por saber lo que diría, acostumbrado que me interrumpieran en ese momento no lo hicieron, proseguí, —en este lugar está el edificio más bonito, antiguo, de Nueva York, —voltearon a ver el edificio Dakota, era el único, —pero no se pregunten más, aquí vivió John Lennon, aquí lo asesinaron en 1980, en ese funesto 8 de diciembre, así que esta es la razón por la que estamos aquí, —ninguno hablaba, ambos miraban el edificio, caminaban a paso lento tratando de llegar a la entrada, mientras yo trataba de ver todo el gran edificio grabándolo en mi mente.
—Es genial, muy bonito, —comentó Pedro.
—Oye, ¿y tu sabes dónde, en qué lugar cayó muerto? —Caminamos un poco más hacia la entrada que era un túnel que llevaba al estacionamiento del edificio, luego señalando el lugar sobre el piso,
—Mira, creo que fue ahí, según recuerdo las fotografías de los diarios de hace tres años, cuando sucedió se dijo que ahí había caído, ese 8 de diciembre del 80, apenas hace tres años Vilo…
—Sí cómo no, lo recuerdo muy bien, aunque no es mi estilo de música, pero es interesante, que trágico suceso… —Dijo y guardó silencio observando el lugar. Mientras Pedro daba vueltas también observando, llevaba una cámara y hacía fotografías del lugar, entonces le dije,
—Pedro, amigo, ¿me haces unas fotos aquí, en la entrada, puedes?
—Claro, con gusto, párate donde las quieras… —Y empezó a disparar su cámara de 35mm que utilizaba para sus reportajes. Me colocaba en los lugares que sentía debería de tener en las gráficas que me hacía Pedro, quedarían para mi historia como algo en verdad histórico, para que mi hijo supiera dónde había estado.
Después de las fotografías comencé a mirar observando todo ese lugar, pensando, imaginando cómo pudo haber sido esa noche del suceso, para muchos la peor noche, la noche en la que asesinaron al creador de toda una historia, al fundador del grupo de música que marcó a varias generaciones, The Beatles, esa noche tras su asesinato crearon al primer mártir del rock, ese sería y es John Lennon.
Miraba el lugar sin cansarme, triste por saber lo ocurrido, por las lágrimas de aquel ocho de diciembre de 1980 al enterarme de su muerte, del cruel asesino, del tal Chapman que siempre será el ser anti Rock como un anticristo el peor del mundo, estaba ya tras las rejas, loco desquiciado que después de esos tres años suponíamos que jamás saldría con vida de la prisión.
El mundo se enteró, el mundo lo lloró, el mundo lo publicó y todo el mundo consternado escuchaba el himno del rock: IMAGINE… También Give peace a chance… Las canciones en las que pedía paz y amor y nada más, que la guerra terminara y viviéramos en paz, canciones en las que hablaba del poder de la gente, de la mujer esclavizada, de la suerte de Irlanda, de los juegos mentales, de todos esos temas que siempre tocaba en sus canciones. Recordaba ahí en los problemas que se dijo estaba por meterse en la política ahí donde no debía, en Nueva York, en donde la libertad de todo tipo era controlada por el gobierno, lo vimos con su disco doble Some Time in New York City, cantó demasiado, se metió con quien no debía, pensaba en ese momento, fue uno de sus mejores discos en el que lo dijo todo cantando, era el compositor político en el lugar en donde colocó el poder negro en el guante negro de la Estatua de la Libertad en aquella postal del disco inolvidable, pero ¿libertad…?, en la portada simulando un periódico que en su primera plana llevaba como foto principal a Nixon y Mao bailando de perfil, una burla a la política de ese tiempo por la relación de Estados Unidos con la China de Mao y muchos otros detalles que jamás volveríamos a ver pero sobre todo escuchar…
Fue John Lennon el que abrió muchas mentes, volvió diferente a mentalidades de música, del decir las cosas, los defectos de la sociedad, los defectos y afectos del amor desde que era un Beatle, desde que nos mostró que él solo vivía en su propio universo entregado a la música, a la canción, a su amada esposa, era el Lennon que convivió con su hijo y dedicó varias canciones que a la fecha se escuchan, y las del amor a la gente y sobre todo a la mujer que amó…
Ahí estaba yo, pensando en todo eso, imaginando cuando John salía caminando por esa puerta que tenía al frente, cuando abordaba su auto negro, creí siempre que fue un Cadillac, cuando ahí, según recordaba, se vio nada menos que con Salvador Dalí el genial pintor español, o con Andy Warhol el genio estadounidense también pintor modernista de su época con quien convivió mucho tiempo, él y su esposa, esa calle que pisaba en esos momentos había vivido y era testigo de las veces que pasó por ahí el cantante de rock más importante, el más popular de su época, toda una leyenda en una época que le debe su arte, varias generaciones de aquellos años y de los ochenta debemos mucho porque hiso escuela en la música, dio ideas y dio grandes canciones que siempre escucharon y se escucharán en los años noventa y el próximo siglo XXI, porque nunca se olvidarán los grandes hombres que hicieron historia y la gente les aplaudió…
Vivió una doble fantasía, lo dijo en su última producción de 1980, su último año, así nombró el disco y las canciones estupendas que nos hicieron pensar en el que sería un nuevo Lennon con ese disco, lo escuchamos, sonaba increíble, cada canción y su voz aun excelentes, fue el último trabajo que muchos lo vieron, todos lo escuchamos, un disco LP sin igual en aquel 1980, el que también siempre se escucharía y recordaría al genio del rock…
Vilo y Pedro también miraban a uno y otro lado, tratando de entender lo que yo hacía, que era nada, solo pensar y vivir el momento del que fuere mi cantante preferido, del que fuere el creador de toda una generación musical que jamás se perdería, imaginaba pensando en ese momento y en muchos otros sin perder el espacio de ese momento para mí inigualable, y porque no fuere yo un estúpido admirador fanático, simplemente porque su historia y su música desde muy pequeño me sedujo la mente, me enseñó a escucharlo y comprenderlo cuando fue joven, cuando mayor y creador del grupo, cuando con drogas y sin ellas fue el artista que me enseñó desde ahí a escuchar todo tipo de música, como él lo hacía, por él y sus canciones con The Beatles y como solista fue el maestro de muchísimos jóvenes de la época, adultos y todo tipo de gente, gustara o no él fue quien superó todas las marcas del rock, el genio compositor que en cada canción marcaba el paso, el tiempo de principio y fin de cada mensaje que enviaba en la letra de sus canciones… Saber leer entre líneas me decían en la universidad, fue cuando con él aprendí hacerlo de manera increíble…
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Terminó el tiempo de estar ahí rindiendo en silencio un pequeño pero gran homenaje a John Lennon, terminó el pensamiento dedicado a él por un corto pero estupendo momento de haber estado junto a esos muros del Dakota que solo me hicieron y causaron pensamientos anecdóticos del gran cantautor…
De ahí fuimos en otro taxi a la tienda Tower Records, ahí solamente Pedro y yo compramos discos y casetes. Yo el que escucharía durante el viaje en avión a México, el casete del disco Double Fantasy, de Lennon. Además de varios discos LP más que estaban de moda en ese momento. Luego de ahí regresamos al hotel y los tres disfrutamos de una excelente comida platicando de todo lo que habíamos visto y vivido en Nueva York durante esos días gracias a José José.
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Esta historia jamás contada hoy se cuenta porque se tenía que decir, platicar tal como sucedió, porque abrió el oído y el camino para saber escuchar la música, un relato inventado por una verdad vivida que bien pudo ser cierta, real o nunca cierta como la gran historia de la humanidad con verdades falsas y falsedades verdaderas… cualquiera que fuere, muchos lo aprendimos por The Beatles, por Elvis, por Led Zeppelin, por Rolling Sones, por tantos y tantos grupos y cantantes más que marcaron en su tiempo, en su momento preciso el devenir de la música moderna, el rock and roll, tan amado como tan odiado por detractores ignorantes que solo sabían de su música barata sin ningún poder, como él lo dijo, es muzak o música de elevador, sin mensaje de convicción que al poco tiempo se convertiría en basura, se vería a futuro cuando el rock de los años 60, 70, 80 y 90 desapareciera quedando como la música de solo una generación, pero que al poco tiempo se fuere comprobando que las nuevas generaciones en busca de la música fina y con propuesta inteligente no la dejaría ni cambiaría por las porquerías modernas que se inventarían, el rock regresaría y permanecería por siempre…
Fue a finales de 1983 ese viaje a Nueva York, fue ese año cuando sentí el frío helado de la ciudad de hierro, y fue en ese año cuando conocí la ciudad que maravilló a John Lennon, un ser humano dotado de grandes experiencias desde niño, el ser humano que su música fue el rock, admirador de Elvis Presley, luego de muchos otros, creador de su propia música que hiso de su nombre el creador de una excelsa obra que todos los músicos, sin temor a equivocarme, la han escuchado, y no se dice por ser un fanático admirador, sino porque es verdad, una verdad que quizá las nuevas generaciones no conozcan y menos comprendan, pero seguramente algún día lo entenderán…
Y fue ese año que los Secretos se abrieron formando verdades de un cantante a un admirador, de su publirrelacionista, de un amigo que tuvo siempre, las verdades del admirador al cantante, en abrazos y trabajos para agrandar su fama, felicitaciones sinceras dejando atrás la hipocresía del falso admirador aplaudidor, conviviendo momentos fuertes como también débiles, así es la vida del artista, del cantante, del escritor, del poeta, del escultor, del artista que lo da todo por un segundo de paz para crear, dentro del único silencio que se puede vivir admirando y viendo su obra, escuchando las tonadas internas que solo el artista puede escuchar en su propia y única soledad con su único acompañante, su arte…
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Fue un gran día el que conocí en persona al cantante José José, en México, a principios de 1983, cuando estrechamos la mano y nos abrazamos fue cuando nació una amistad de muchos años, hasta un año antes de su muerte, nos despedimos por teléfono, él en Miami, Florida, yo en la Ciudad de México, fue tanta y tan poca la convivencia que valió la pena, el Príncipe de la Canción así conocido desde su primer gran éxito, el gran amigo del abrazo sincero cuando nos veíamos, ese fue José José…
Fue por eso que al final, después de tantos años, puedo agradecer que, Por José José, John Lennon, porque gracias a él pude conocer el lugar de los últimos años del cantante inglés, donde vivió y murió John Lennon, a quien gracias a su legado musical jamás se olvidará…
Aunque se lea y escuche extraño, desde aquí, aun viviendo en este planeta, a donde los dos se encuentren José y John, reciban el agradecimiento sincero y amistoso de su admirador que aun los escucha…
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Imagen: LVÁ – Agencias
Primera publicación en La Voz del Árabe: agosto 21 del 2024 – Con: 1156 visitas.
La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, diciembre 3 del 2025
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