miércoles, febrero 4, 2026
CC Y TECN

LA BASURA ESPACIAL PONE EN RIESGO LAS MISIONES EN ÓRBITA

Orbitan la Tierra más de once mil satélites activos y decenas de miles de objetos inactivos, y unas diez mil toneladas de desechos orbitales

Michel Olguín Lacunza

Durante la carrera espacial, la Unión Soviética marcó un hito al poner en órbita el primer satélite artificial, el Sputnik 1, el 4 de octubre de 1957. Aquel lanzamiento cambió para siempre la historia de la ciencia y la tecnología.

Hoy, sesenta y ocho años después, orbitan la Tierra más de once mil satélites activos y decenas de miles de objetos inactivos, pero también unas diez mil toneladas de desechos orbitales: alrededor de treinta y seis mil fragmentos mayores de diez centímetros que representan una seria amenaza para las misiones espaciales.

Además, existen millones de fragmentos menores de un centímetro. En los próximos cinco años, la cifra de satélites podría aumentar a cerca de cien mil.

La colisión de estos fragmentos con un satélite de mayor tamaño podría desencadenar un proceso catastrófico que afecte las comunicaciones, los sistemas de navegación (GPS, GLONASS, BeiDou, Galileo), la observación terrestre y buena parte de la investigación científica desde el espacio.

“Regresaríamos a la década de los cincuenta”, dijo en entrevista Gustavo Medina Tanco, responsable del Laboratorio de Instrumentación Espacial (LINX) del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM.

“Olvídate de la predicción confiable del tiempo. Olvídate del Waze: volveríamos a usar el Guía Roji. Olvídate también de hacer ciencia en órbita; cualquier telescopio o misión espacial se vería afectado, con un costo inmenso para la sociedad humana”, advirtió el investigador.

El problema es que se desarrolla en un ámbito que no entra dentro de la soberanía de ningún país. Es un ámbito internacional.

¿Qué es y de dónde salió? – El investigador explicó que la basura espacial es todo aquello de origen artificial que orbita la Tierra y ya no cumple una función.

“Es simplemente lo que quedó como subproducto de procesos tecnológicos, cosas creadas por los seres humanos, sin incluir micrometeoritos.”

Un fragmento de poco menos de un centímetro que viaja a unos 7,5 km/s —velocidad típica de un objeto en órbita baja— y choca con otro objeto tiene una energía comparable a la de un artefacto explosivo de guerra: suficiente para destruir un satélite.

Si dos objetos que viajan en sentido contrario colisionan, la velocidad relativa puede alcanzar los 15 km/s, multiplicando la energía del impacto.

Síndrome de Kessler – Kessler fue un científico de la NASA que, en 1978, planteó la posibilidad de un proceso catastrófico de colisiones en cadena. Por ejemplo, dos fragmentos chocan y los fragmentos resultantes tienen alta probabilidad de colisionar con otros.

“Y se acabó, porque podría inutilizar algunas órbitas durante décadas e impedir nuevas misiones en esas regiones”, explicó Medina Tanco.

En la región comprendida entre los setecientos y los mil kilómetros de altura sobre la Tierra se concentra un número elevado de objetos mayores de diez centímetros. Los modelos sugieren que, a partir de cierta densidad de objetos, las colisiones podrían volverse en cadena, propagándose como una reacción en cascada.

“Es posible que estemos al borde. Por eso es tan urgente tomar medidas”, advirtió.

Y aunque se dejara de producir nueva basura, el número de fragmentos seguiría aumentando por colisiones entre los objetos ya existentes. “No es detenerlo cuando se llegue al límite: hay que actuar antes”, enfatizó.

Es inevitable – La basura espacial se genera inevitablemente como resultado de la actividad espacial. Por ejemplo, cuando un país lanza un satélite, se desprenden piezas mecánicas, adaptadores o restos de combustible congelado que pueden quedar en órbita.

Además, las etapas de los cohetes que colocan los satélites en el espacio a menudo permanecen como desechos durante años.

“Nadie quiso hacer daño; es parte del proceso para que una misión cumpla su función”, explicó el especialista. Sin embargo, hoy existen mecanismos para reducir esos residuos, como diseñar etapas que reingresen y se quemen en la atmósfera.

Explosiones y colisiones – En los satélites, las baterías y el combustible pueden provocar explosiones accidentales. Una pequeña partícula que perfore el tanque puede detonar la nave y producir miles de fragmentos.

En 2009, el satélite ruso Cosmos 2251 —ya inactivo— chocó con el operativo Iridium 33, generando más de dos mil fragmentos rastreables y decenas de miles más de menor tamaño.

También existen colisiones no accidentales. En 2007, una prueba antisatélite china destruyó un viejo satélite y generó cerca de treinta y cinco mil fragmentos que aún orbitan la Tierra.

Por eso, agencias espaciales y laboratorios rastrean los objetos, calculan sus trayectorias y emiten alertas para prevenir choques.

Información: GlobalUNAM / Imagen: GlobalUNAM

La Voz del Árabe (LVÁ) – Ciencia y Tecnología – Cd. de México, noviembre 14 del 2025

Las declaraciones y opiniones expresadas en esta publicación sitio web en Internet son exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de La Voz del Árabe.  


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