ENTRE EL CRONO Y EL KAIRÓS: REFLEXIONES SOBRE LA VIDA
-El Kairós es un hilo conductor por el que la esperanza transita a lo largo del tiempo, ligada a la fe y la confianza, cambiando la realidad de manera significativa. Rasga el velo de lo desconocido e impide actuar con indecisión
Iptisam Salame*
Llegó el Covid-19, arrasando simultáneamente con millones de vidas, arrebatando infantes, jóvenes y mayores, sacudiendo la ciencia y la humanidad entera, enlutando nuestros hogares y obligándonos a beber los tragos más amargos: la muerte. De inmediato surge la inquietud profunda y persistente: la muerte y el tiempo. Hoy no existe evidencia tangible que explique la naturaleza de la muerte. Sin embargo, ha sido siempre uno de los temas más polémicos para la humanidad. Algunos líderes religiosos, a quienes podríamos llamar “mercaderes del temor”, supieron infundir miedo como herramienta de control: prometiendo vida eterna a quienes actuaran “correctamente” y castigos infinitos a quienes desobedecieran. La incertidumbre sobre lo que sucede después de la vida se convirtió así en un instrumento para moldear pensamientos, conductas y creencias, generando dependencia emocional y psicológica, y haciendo que el tiempo de nuestra existencia pareciera aún más fugaz.
Apenas comenzamos a comprender el misterio de la vida y a saborear su dulzura y alegría, se asoma la muerte con su frialdad desafiante, segura de triunfar sobre nosotros siempre. Nada es eterno en este mundo; todos pasaremos de esta dimensión a otra desconocida. Heidegger nos recuerda que somos un ser-para-la-muerte, un ser-ahí consciente de nuestra finitud, de que la muerte define nuestra existencia. Como señala el Corán: «Y permanecerá el rostro de tu Señor, lleno de majestad y honor» ﴿وَيَبْقَىٰ وَجْهُ رَبِّكَ ذُو الْجَلَالِ وَالْإِكْرَامِ﴾, mientras todo lo creado aquí se desvanece.
Este recorrido no pretende afirmar que alguna religión, práctica espiritual o filosofía tenga la última palabra sobre la verdad absoluta de la muerte o del tiempo. Es, más bien, una invitación a detenernos y mirar hacia nuestro interior, en medio del ruido y la pérdida constante de tiempo. San Agustín, en sus Confesiones, reflexiona sobre la fugacidad del tiempo y cómo nuestra conciencia lo percibe atrapada entre memoria, presente y expectativa del futuro. Recordemos: para morir primero debemos estar vivos, y el tiempo se nos escapa con la misma fugacidad de gotas de mercurio que intentamos atrapar. Es un llamado a vivir plenamente antes de que sea demasiado tarde. Los encuentros entre diferentes generaciones nos obligan a repensar la vida: la madre cargando al nieto, el primo entregando besos y cariño al abuelo, aquel desayuno compartido con la familia completa, la voz de la madre reclamando con dulzura, y las conversaciones familiares de la suegra o la prima que, entre murmullos y risas, tejían la trama cotidiana de nuestro hogar. Nos preguntamos entonces en qué momento pasaron veinte o treinta años, cómo se deslizaron cuatro o cinco décadas sin que lo notáramos, y comprendemos que la vida se escapa entre instantes que creíamos permanentes.
La muerte, al igual que el tiempo, no nos permite comprender lo fácil que resulta arrebatar nuestra voluntad. Con su mano brutal acaba con nuestros sueños, nos arrincona en un rincón de la vida, dejando la existencia sin la dulzura que antes compartíamos: aquel desayuno con la familia completa, la voz amorosa de la madre, los atardeceres esperando la llegada de un hijo de su cita amorosa, los berrinches de la hija adolescente, los conflictos de la hija adulta recién divorciada. Todas esas voces componían la sinfonía más dulce de la vida. Y de repente, llega esa mano invisible que nunca podremos ver ni impedir, y arranca a quienes ama nuestro corazón. Es allí donde surge el Kairós*, el tiempo oportuno, que nos permite percibir los acontecimientos clave de la vida con claridad absoluta. No se trata solo de un alcance
visual lineal, sino de captar una visión panorámica y circular, donde cada instante se ilumina con significado. Byung-Chul Han advierte que la aceleración de la vida moderna y la falta de contemplación nos impiden percibir estos momentos. El Kairós eleva nuestro ser, otorgándole al tiempo un valor trascendental, ofreciendo una paleta de colores que da vitalidad a los cuadros grises de nuestra existencia. Es vida, iluminación y elevación máxima: encauza nuestro destino, consolida anhelos y transforma adversidades en oportunidades.
El Kairós es un hilo conductor por el que la esperanza transita a lo largo del tiempo, ligada a la fe y la confianza, cambiando la realidad de manera significativa. Rasga el velo de lo desconocido e impide actuar con indecisión cuando el alma anhela tomar rumbo hacia el acontecimiento que marcará su existencia. Mientras el crono arrastra monótonamente nuestro ser-ahí, el Kairós nos permite trascender la rutina y dar sentido profundo a cada instante. Sin él, la humanidad se acerca a la Nada; con él, cada momento puede convertirse en un hecho histórico, incluso frente a la certeza de la muerte. Así, el mundo puede comprenderse bajo el auspicio del Kairós y el implacable arrebato de la muerte, que no nos da tregua en esta dimensión terrenal. No tenemos más opción que Carpe Diem. No hay alternativa, porque la muerte, como alguien dijo, “está segura de ganar, pero te da una vida”.
En este mundo violento y turbulento, una de las pocas esperanzas para hacer la vida significativa es el amor. Como contrapunto poético-místico, Rumi nos recuerda: «El amor es el puente entre tú y todo lo demás». Frente a la crueldad de la muerte, la incertidumbre del tiempo, los traumas pasados, nuestros demonios y los ajenos, además de guerras, odio, crímenes y desastres naturales que nos recuerdan nuestra vulnerabilidad, no nos queda más que emancipar el presente de las ataduras del pasado y de la ansiedad del futuro. Hacer una alianza entre el Kairós y el presente es nuestra coraza frente a las aberraciones de la muerte y la fugacidad de la vida. Algunos prefieren inhibirse del presente en busca de eternidad, y es válido. Otros se refugian en el pasado, y también tienen derecho. Pero quienes decidimos vivir el presente tenemos derecho a exigirlo, respetando la voluntad del otro y alcanzando un acuerdo social que nos permita ser, como diría Rumi: “Estuve muerto, luego vivo. Llorando, luego riendo. El poder del amor entró en mí, y me volví feroz como un león, luego tierno como la estrella de la tarde”.
*Kairós (o Kairos) se refiere al momento oportuno, cualitativo y crítico para la acción o el cambio, en contraste con Chronos (el tiempo lineal y medible). Es un concepto filosófico griego que simboliza la oportunidad única y perfecta para hacer algo importante, como el momento en que un arquero acierta el tiro perfecto. También se relaciona con el «tiempo de Dios» en la teología y se utiliza en retórica para enfatizar la importancia de la oportunidad en la comunicación.
*Iptisam Salame Muhammad, traductora oficial de la Embajada del Estado de Qatar en México, intérprete pública árabe-español y doctoranda en Ciencias Sociales. Investigadora y ponente internacional, especializada en migración, derechos de las mujeres y en el análisis integral de las dinámicas políticas, geopolíticas y religiosas que influyen en los vínculos entre Medio Oriente y América Latina. Si deseas acompañarme en esta reflexión constante sobre la vida, la muerte y el tiempo, comparto mis pensamientos y descubrimientos en mi espacio de Instagram: @salameiptisam, y también puedes escribirme directamente a mi correo: iptissamsalame@hotmail.com
Información: ElUniversal / Imagen: LVÁ
La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, octubre 2 del 2025
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