EL LEGIONARIO
– ¿Un santo en vida o un lobo con piel de oveja?
Alejandro Espinosa
El nombre de Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, es de sobra conocido. Para sus seguidores significa rectitud, fe, confianza en que no hay más digno depositario de la vida y la inocencia de los niños, que son el cuerpo místico de la Iglesia. En cambio, para otros, entraña abuso, adicción, pena, dolor, denuncia, sospecha, escándalo, traición a los valores humanos más elementales.
Este libro contiene una desgarradora historia, colmada de ingenuidad, culpas, vergüenzas, silencios, complicidades, encubrimientos, que revela los paisajes más oscuros de la pasión, el poder en todas sus formas y la corrupción del espíritu humano.
Alejando Espinosa, víctima de estos sucesos que, de ser ficción, constituirían los elementos perfectos para una novela de terror, abre su intimidad y, a manera de necesaria catarsis, revela los conflictos internos que lo han perseguido desde la niñez por el trato recibido en la Legión de Cristo. Narra las aflicciones a que fue sometida su vulnerable alma infantil, dejando huellas indelebles en él, en sus compañeros de denuncia y en centenares de desdichados que no se atreven a hablar por miedo porque su dolor es muy grande como para hacerlo público.
El lector se asomará en estas páginas a recuerdos estrujantes que el paso del tiempo, en lugar de mitigar, ha transformado en las peores pesadillas. Testimonio y denuncia. El Legionario es también una advertencia contra el mal que acecha a la sociedad disfrazado de líder formador de la juventud guía moral… y salvador.

EL LEGIONARIO – Editorial Grijalbo S.A. de C.V. – Primera edición: enero de 2003 – Impreso en México – Pp. 311.

Alejandro Espinoza – Nací en Michoacán, en agosto de 1937. Ingresé a la Legión de Cristo en 1950, a la tierna edad de doce años. Mis padres, Rafael Espinoza Maciel y Esther Alcalá Ramírez, me mandaron al seminario convencidos de que era lo mejor para mí. Permanecí ahí trece años que me plantearon un dilema vital. Sobreviví a pesar de haberme enfrentado a la peor crisis que el hombre puede experimentar: la confusión entre el bien y el mal.
Marcial Maciel mostró desde el principio un apetito de poder irrefrenable. Claro, todo era hecho por mandato divino, ni quien lo dudara… y aquel que lo hiciera estaba condenado al terrible infierno del que nos hablaba. Durante ese tiempo, Marcial Maciel me exigió que lo quisiera más que a mis padres y las respuestas afirmativas lo halagaban. Así, podía seguir siendo miembro predilecto de su harén.
Marcial quería que yo, “don Alejo”, fuera su biógrafo, no, más aún, quería que fuera su evangelista.
La dependencia psicológica me persiguió muchos años, a tal grado que Marcial Maciel me mató tres veces en diferentes etapas de mi vida. Las amenazas de muerte ya no me importan…
Me dediqué a la vida del campo; quizá sea mejor así, aislado sin ningún tipo de adoctrinamiento, lejos del mundanal ruido.
Marcial Maciel nunca imaginó que sus víctimas encontrarían el verdadero camino, jamás, pensó que que usarían como arma la verdad. Soy libre, ¡aleluya! / Alejandro Espinoza Alcalá.
Información: grijalbo / Imagen: grijalbo
La Voz del Árabe (LVÁ) – LIBROS – Cd. de México, agosto 18 del 2025
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