viernes, enero 23, 2026
Vamos a Leer

INTERIOR

– Pero llegó a la realidad más fría y terrible de la vida de Jerónimo en cuanto a la relación con su esposa…

 Luis Miguel Cobo

 Se había enredado en sus propias sábanas, despertó y miró al techo, de color blanco, pensaba y pensaba mientras en su interior se repetía una y otra vez, —¡ya no puede ser, ya es suficiente, ya basta…! —Respiraba hondo y miraba, se había cubierto con las sábanas y la cobija hasta el cuello, hacía frío y no sabía qué haría durante la mañana. Continuaba pensando, ideas dispersas en su universo mental, todas diferentes y nada concreto. Sentía todo fuera de lugar, estaba triste, también se sentía muy deprimido, sabía que caminando y haciendo ejercicio la depresión podía desaparecer, pero ese día, en esos momentos prefería soportar aquellos momentos de silencio y depresión que hacer ejercicio, no saldría a trabajar y eso le recompensaba el no hacer ejercicio, sentía tener sueño, pero luchaba contra sí mismo para no quedarse nuevamente dormido, deseaba prender la pantalla, pero tampoco tenía ganas de hacerlo, quizá algún día se pueda encender sola y así la vería sin moverse en lo absoluto…

            Él era Jerónimo, un ciudadano común y corriente, según él profesaba la filosofía de libre pensador y ciudadano universal, para no meterse en problemas con nadie y para no tener que asistir a la iglesia cada domingo y no tener que dar dinero a los curas, además que no le gustaba dar la mano a la hora de la paz, en resumidas cuentas, no le gustaba asistir a la iglesia porque sentía que nada más trataban de verle la cara con tanta represión… Era ciudadano universal porque no estaba de acuerdo con ningún tipo de filosofía ni doctrina política de ninguno de los partidos políticos. Le parecían falsos y también que no cumplía ninguno de ellos lo que profesaban, él tenía sus propias creencias e ideas políticas, se sentía, al igual que muchos ciudadanos, defraudado por el nuevo gobierno.

Se sentía enojado con sus vecinos, no aguantaba a la gran mayoría, salvo dos o tres con los que podía platicar y era gente muy decente, pero con tan sólo pensar en el maldito vecino de arriba y el sonido de su motocicleta cada vez que la hacía funcionar, que siempre era a las tres o cuatro de la madrugada, o pensar en la señora burócrata, viuda y que vivía sola con sus tres perros que cada vez que los miraba decidía matarlos al día siguiente, pero nunca podía hacerlo, pero más le fastidiaba oírla hablar y verla actuar ante la demás gente, porque él sabía que de primera instancia era una farsante y engreída, inculta, porque una secretaria con faltas de ortografía, tanto en el papel como cuando hablaba, no podía ser nada más que una usurpadora de puesto y trabajo, inculta y una total ignorante… Pero sus respuestas era lo que a Jerónimo le molestaban más, cuando en unas fiestas de brujas llegaron a pedirle dulces varios niños del vecindario, le rogaban y rogaban, ella les decía,

            —No tengo dulces niños, no tengo…

            —¡Ándele señito, algunos nomás, búsquele, verá que sí tiene…!

            —Niños, ya les dije que no tengo, además yo soy cristiana y no creo en eso… —Los niños se le quedaron mirando seguramente preguntándose en su interior, “¿qué habrá querido decir esta vieja loca…?” Era lo que a Jerónimo le molestaba más, por estar pensando en tonterías como esas no podía conciliar el sueño nuevamente, no dejaba esas tonterías y perdía mucha energía pensando en tan sólo lo que le gustaría hacerle a cada uno de ellos, pero no se atrevía, tampoco era cobarde, sencillamente era su exceso de decencia que muy poco se podía ver en el lugar en donde vivía.

            Jerónimo era un comerciante como cualquier otro en la gran ciudad de México, ganaba muy bien y el departamento en el que vivía era propio, así que por ahí no tenía ningún problema, su verdadero problema era que ya deseaba largarse de ese edificio, era la colonia la que no quería abandonar, le encantaba, era tranquila y muy limpia, se encontraba al sur de la ciudad y ya estaba muy arraigado a ella por lo que el sólo hecho de pensar en abandonar ese lugar le causaba dolor de cabeza, jamás iría a vivir al norte porque nunca le había gustado como se había planeado todo, la gente era diferente y lo sentía muy desértico, sin embargo ya había podido ver algunos departamentos e inclusive casas por el rumbo de Coyoacan, le agradaba mucho y más porque ahí había vivido hacía 48 años. Cuando nació, vivió junto con su familia hasta que se casó, pero no se fue a vivir lejos, había ahorrado y compró un departamento pequeño muy cerca de la casa de sus padres.

***

Volteó a su lado derecho y luego al izquierdo cuando ya había despertado completamente, su cerebro estaba trabajando normalmente, se encontró solo en esa cama tamaño matrimonial, miró un poco hacia el frente y pudo ver un mueble y una televisión que no eran las de su habitación, de inmediato sacó la conclusión que no estaba en su casa y menos aun junto a su esposa. Al principio se asustó y se preguntó en dónde estaba, luego recordó que se había metido en un hotel la noche anterior, había sido porque se le subieron las copas y estaba lejos de su casa y tuvo miedo de manejar hasta allá, le habló a su mujer para avisarle que no llegaría y se quedó ahí, en un hotel del centro, en el que por esa mañana había sido su salvación, de los portazos de los vecinos mal educados, de la motocicleta del vecino salvaje, de los perros de la vecina, de todo eso y algunas otras cosas se había librado por tan solo esa mañana…

            Pero llegó a su mente lo inesperado, el recuerdo de su familia, de su penosa vida durante los últimos doce años, deseaba ese recuerdo olvidarlo, deseaba borrarlo de su mente a como diera lugar, ya no quería más volver a su casa, junto a su esposa y sus hijas, ya no soportaba más aquella carga que había pesado durante esos últimos diez años, años que aborrecía por completo, aunque la verdad él se decía así mismo que habían tenido algo,  sin saberlo o haciéndose que no lo sabía, él estaba consciente que durante los últimos doce años de vida en su casa con su familia había hecho siempre lo que quiso, aunque muy limitado, pero siempre se hizo e hicieron lo que él dijo… Era el rey de la familia, era el todopoderoso y el que todo lo sabía, aunque no sabía nada de la realidad verdadera,  sus dos hijas lo respetaban y amaban demasiado, su esposa no podía hacer otra cosa que de alguna manera y siempre de mal humor, hacerle la vida pesada causándole todos los problemas posibles habidos y por haber, de vez en cuando llevar la relación un poco en paz, ella deseaba que él sufriera, que no la pasara tan bien como lo hacía notar y sentir, ella deseaba que se lo llevaran los mil demonios y lo hicieran sufrir, aunque cuando estaba ahí frente a ella, como su madre le había aconsejado en todo momento, ella debería siempre hablarle sonriendo, no le quedaba otra, de esa manera quizá el veneno de los malos deseos causaría su efecto más lentamente que cualquier otro tipo de veneno, su muerte sería lenta y durante su agonía ella reiría por lo que en sí misma y por ella estaba sufriendo… Las tres dependían de él, les gustara o no tenían que aguantarlo, por ser el esposo, el padre y el que proveía la casa de todo cuanto faltara, a veces también cumplía dos o tres caprichos de cualquiera de ellas, lo que fuera siempre trataba de conseguirlo, tuviera o no dinero y el tiempo necesario para ello, se trataba únicamente de verlas y sentirlas de buen humor…

            Pensaba y sentía algo de frío, se cubría con los cobertores lo más que podía, las sábanas estaban muy desacomodadas, más o menos las pudo acomodar para cubrirse nuevamente. Pensaba, tenía sed, le dolía el estómago quizá por hambre, aun no desayunaba, le dolía la cabeza, no podía ver bien, la boca le sabía a cobre y no tenía ganas de hacer absolutamente nada, solamente seguir ahí tirado sobre la cama cubierto con aquellos cobertores que le daban el calor suficiente para volver a dormir.

            Su cerebro empezaba a proyectar imágenes, el silencio de aquella habitación solitaria le decía todo, le hablaba y lo hacía reaccionar, escuchaba al silencio silbar y cantar, escuchaba todo cuanto podía fuera y dentro de su cabeza, inclusive escuchaba a su esposa gritarle para que fuera corriendo a su lado, con cualquier pretexto, ella lo quería ahí, exactamente junto a él, aunque no lo tocara, aunque ni siquiera la mirara ni por casualidad, pero ella lo deseaba ahí, era una parte de su contradicción cotidiana…

            Miles de escenas eróticas pasaban por su mente, él haciendo el amor con su amiga de la oficina de su amigo, la rubia que le guiñó el ojo el otro día, pero solamente fue como una amable atención, no pudo saludarlo de otra manera puesto que tenía ocupadas ambas manos, la miraba bajo su cuerpo, le hacía el amor y la besaba enloquecido… Luego abrió y cerró los ojos una vez más, ahora estaba en una playa con dos mujeres que eran lesbianas, una fantasía sexual más para su colección de una década, soñaba que las dejaba hacer el amor y acariciarse sobre la blanca arena de la playa, las miraba en su mente desde que se desnudaban hasta que se besaban y se hacían el amor, en cierto momento él miraba a una de ellas que lo llamaba y luego él también formaba parte de aquel acto o menage, las besaba y acariciaba, ambas lo besaban y acariciaban… Luego llegó la esposa de su mejor amigo, a quien deseaba con todas sus ganas, con toda su alma y fuerzas posibles, le encantaba y estaba enamorado de ella, un amor frustrado pero que algún día, soñaba él, podría hacerlo realidad, también estaba con ella, sobre una gran cama en algún lugar paradisíaco, también la besaba y la amaba, todo era un sueño en torno a mujeres y más mujeres, fantasías sexuales que solamente él podía conseguir dentro de un sueño, se levantaba a media noche, entraba al baño y orinaba, regresaba a su cama y continuaba con esos sueños… No podía soñar nada más, todo era en rededor del sexo, la culpable era su esposa por el abandono en el que siempre lo tuvo durante los últimos doce años de su vida… mal aconsejada por su madre y sus dos hermanas, siempre quisieron que él se fuera y dejara a sus dos hijas con su esposa, pero después ya no pudieron decir nada, él se impuso y así, de tajo y armándose de valor, las mandó al demonio a las tres, a grito pelado y con decenas de insultos, nunca más volvieron, ni por casualidad, a asomarse en su casa, fue el castigo que él impuso por tantas cosas y consejos  estúpidos que le dieron a su esposa, a quien al principio la amó con todas sus fuerzas, pero después de diez años todo cambió, el abandono de ambos y los insultos se fueron acrecentando dentro de su casa, las dos hijas ya casi en la mayoría de edad empezaban a hacer sus vidas aparte, adolescentes y ambas con amigos y novios iban y venían, se divertían y por lo menos le demostraban que vivían muy felices, porque en verdad Jerónimo siempre las trató bien y les daba lo que le pedían.

            En su cerebro el enjambre de ideas que parecían abejas continuaba creando, sentía que su miembro estaba tan erecto como una lanza o cañón a punto de disparar, sentía que le reventaba y por la elasticidad tenía un dolor extraño, no aguantaba, pero se sentía muy bien, la depresión había desaparecido por unos minutos. Pensó dentro de su fantasía que afuera seguramente habría una de esas mujeres que hacen la limpieza, si era joven él podaría ofrecerle algo de dinero a cambio de algún favor sexual sólo por ese día en esa cama y durante unos minutos de la mañana…. Pero al final pensó que eso sería imposible, en cambio si lo hiciera esa mujer podría hacerle un escándalo en el hotel y hasta por acoso sexual lo podrían acusar, mejor empezó a jugar con aquel miembro, cerró los ojos y en pocos segundos logró excitarse aun más hasta que se vino sobre las sábanas, solo, muy solo y tan solo como siempre, sin una mujer a su lado que lo complaciera y sobre todo, que lo comprendiera, eso era lo que buscaba, lo que su esposa nunca le dio, por lo menos durante los últimos años, había perdido la cuenta de cuándo había sido la última vez que había hecho el amor con su esposa, aunque sí había tenido alguna amiga que le respondiera muy bien en cuanto al sexo, pero solamente porque conocía el problema…

            Cerró los ojos y se relajó hasta que se quedó dormido después de haberse masturbado solo y silenciosamente…

***

Despertó después de una hora, aun crudo, con aliento puro a cobre, con dolor de cabeza gracias al alcohol que se empezaba a eliminar por medio del sudor, con dolor estomacal gracias a la falta de alimento. Estiró la mano hasta el buró y alcanzó la cajetilla de cigarros y el encendedor, sacó el primero del día y lo encendió, lanzaba grandes bocanadas de humo, también sentía el dolor en la boca del estómago causado por fumar en ayunas… Le dio tres fumadas y lo apagó de inmediato, sintió asco y luego el dolor más agudo. Tomó el auricular del teléfono y le solicitó a la operadora que le comunicara con el servicio a cuartos. Pidió su desayuno y una cerveza, con eso curaría la cruda.

            Había terminado su desayuno, miró el reloj y ya eran más de las doce del día, pero se sentía deprimido, continuaba escuchando el silencio, continuaba escuchando la música que en sus oídos se oía por ese grandioso y calmado silencio…

            Una vez más le llegó a la cabeza el gran problema de diez años, se decía en su interior sin parar, como hacía dos horas, —¡es increíble que yo esté pasando por todo esto… —Encendió el segundo cigarrillo y desnudo como estaba se acercó a la ventana del curto, tenía una mirada estupenda a un callejón solo y sucio, ahí se quedó pensando, repitiéndose aún, —pero ¿qué malo hice yo para estar viviendo todo esto?, ¡ya no lo soporto más…! ¿Cómo es posible que mi cuñado tenga uno o dos hijos fuera de su matrimonio, y no le vaya tan mal…? Es el colmo, en verdad es el colmo, pero ya quiero acabar con todo esto… Pero ¿cómo debo hacerlo para que nadie resulte lesionado por mi culpa…? —Se preguntaba y reprochaba siempre, sin fallar nunca. Se regañaba así mismo y no sabía el gran mal que se ocasionaba… Pero aun ahí, fumando tranquilamente y casi por terminar el cigarrillo, en el fondo se sentía muy bien, feliz y haciendo lo que él quería…

            Aunque su esposa ya se temía que Jerónimo seguramente tendría uno o dos amores por ahí, no le decía ni tampoco le insinuaba nunca nada al respecto, cuando llegaba tarde de trabajar desde hacía diez años no le preguntaba nada, ella sabía que si llegaba y se metía al baño, se duchaba y luego salía de buen humor, era que con toda seguridad había estado con alguna de las putas con las que andaba, eso era un presentimiento que aseguraba como verdadero, ella lo tenía perfectamente ubicado y además de que no podía hacer nada tenía que aguantarlo, mentalmente le deseaba lo mejor, esperaba que lo hubiera disfrutado pero también, alegremente esperaba que esa infeliz tuviera sida o alguna enfermedad y lo contagiara… Como ya no le hacía el menor caso y también estaba consciente que jamás le volvería a causar algún tipo de excitación, sentía en el fondo unos celos tremendos, —y es que, si pudiera, lo mataba aquí mismo, no me importa, es un desgraciado mal nacido que se merece lo peor… —Se decía así misma, como de costumbre. —Pero algún día, —se repetía, —lo podré acabar yo sola…

            Aun sentado en la orilla de la ventana, habiendo encendido el segundo cigarro, admiraba la triste escena de un gato buscando algo de comer sobre dos tambos de basura en ese callejón, que al mismo tiempo le recordaba alguno parecido que había visto en Nueva York durante su último viaje. Se reía y pensaba en que todo era igual, que la pesadilla armada y causada por su esposa lo perseguía por todas partes, en ese momento estaba ahí, encerrado en ese hotel, desnudo y fumando, había desayunado tranquilamente, estaba lejos de casa y no le preocupaba absolutamente nada, allá estaban sus dos hijas para ayudarla. Esos minutos y horas que estaba pasando ahí, solo, eran como estar en un paraíso para él, solo y sobre todo libre, eso no lo podía hacer muy seguido, ni cada semana ni cada mes, pero podría ser cada dos meses y lo empezaría a planear… Por eso mismo y sintiéndose aun mejor, volvió a hablar al servicio a cuartos y pidió un par de cervezas más bien frías…

***

Había tomado un baño muy largo en la tina del baño de la habitación, ya estaba vestido, mirando el televisor aun sin ganas de salir. Nuevamente solicitó que le llevaran un par de cervezas, pensaba en quedarse ahí por lo menos un par de horas más.

Por fin decidió encender el televisor, lo que fuera, nada quería ver en especial, le daba igual, lo único que deseaba en esos momentos era escuchar algo. Se tiró sobre la cama y ahí quedó, fumando, escuchando los ruidos que emitía el televisor y luego tomando cerveza directo del envase.

Llegó un momento en el que se sintió mal, por estar ahí gozando de esos momentos él solo, por estar pensando en un futuro soltero pero con todos los amigos que su esposa le había quitado, solo y viviendo una vida placentera con una pareja normal que solamente lo amara como era la costumbre y nada más… Eso era lo único que Jerónimo deseaba, lo anhelaba, aunque nunca lo había podido vivir, lo anhelaba, como algo desconocido pero con toda la seguridad de que cuando lo tuviera en sus manos, a como diera lugar lo viviría y lo haría vivir, era solamente saber cómo y decidirse para hacerlo… Pensó y solamente pensó, nada más podía hacer ahí solo, contemplar su mente en su gran espacio mental manipulado por él mismo, viajarlo completamente, planeaba y pensaba, el divorcio no le caería mal, el vivir una temporada solo, alejado de tanta gente nefasta con la que había convivido los últimos años, empezando por sus vecinos y algunos amigos cercanos, era lo que le hacía falta. Continuaba fantaseando con la huída de su casa que deseaba desde hacía muchos meses, pero su cobardía no se lo permitía, lo detenía como a un perro de su correa tirada por su amo, le era imposible decidirse por el abandono a su familia, él mismo se detenía y al mismo tiempo que deseaba y podía correr no lo hacía…

Despertó de su fantasía y llegó el momento de hablar a su casa, les diría por lo menos que se encontraba bien, pensaba que seguramente estarían preocupadas por él, aunque ya sabían el por qué estaba alojado en ese hotel. 

—Está bien mi amor, llegaré para cenar, no te preocupes, cuida a tu mamá por favor, allá nos vemos… —Le dijo a su hija por teléfono despidiéndose. Una vez que apagó el celular y lo dejó sobre el buró regresó a la ventana y observaba el callejón, nuevamente su mente empezaba a entrar por el túnel que lo llevaba hasta el nivel más oculto de su cerebro, lo introducía hasta el lugar más oculto de vida que solamente él conocía y nadie más, y así, Jerónimo pensaba, recordaba y meditaba, lo bueno de lo malo y lo malo de lo bueno…

***

Ya estaba de camino hacia su casa, le quedaba un poco lejos, pero no había mucho tránsito por ser sábado en la noche y eso le ayudó aun más para llegar rápido.

Había llegado y se encontraba ahí, dentro de la casa dirigiéndose hacia la cocina, antes de ir a saludar a nadie. Al pasar por la sala recibidor miró que estaba su hija menor con unos amigos platicando y chacoteando, no lo vieron, en silencio llegó a su destino. Ahí dentro abrió el refrigerador y sacó jamón, luego queso, de la alacena extrajo la mayonesa, mostaza y al final hizo un sándwich, abrió una cerveza que estaba en la puerta de refrigerador y se la tomó junto con el emparedado.

            Salió de la cocina, nadie sabía que había llegado, su hija y los amigos ya no estaban para cuando salió, se dirigió directo al baño, se dio cuenta que su hija mayor estaba en la habitación junto con su esposa, miraban la televisión, él dentro del baño se lavó la cara, las manos y los dientes, aun nadie se daba cuenta de su llegada… Pensaba en cómo debería de llegar a saludarlas, pero no encontraba la forma, hacía pasar el tiempo dentro del cuarto de baño pensando.

            Se decidió, salió del baño, respiró hondo y se dirigió directamente a la recámara. Al entrar de inmediato se le quedaron viendo, las miradas penetrantes, asombradas, curiosas, cuestionadoras, siempre de mujeres molestas de su hija y esposa lo frenaron y quedó ahí, frente a ellas de pie, casi temblando por el reproche que le pudieran hacer… De inmediato su hija bajó el volumen de la pantalla de Tv. con el control remoto, sin quitar la mirada de Jerónimo, esperaban a que les dijera algo, él solamente les expresó sonriendo,

            —Hola niñas, buenas noches, ¿cómo están…? —Aquellas dos solamente lo miraban y su esposa le dijo, en tono despectivo y como si estuviera de malas,

            —Hola, ¿cómo estás tú? Seguramente que bien crudote, ¿no es así?

            —Mi amor, si ya lo sabías, no tienes por qué decírmelo así, tan de mal humor, pero dime ¿cómo te has sentido? —La hija no decía nada, la esposa guardó silencio y continuaron mirando televisión tratando de ignorarlo. Él trataba de llevar la fiesta en paz, continuó hablando, —¿quieren que les prepare algo de cenar? —Y no le hacían caso, lo ignoraban y aquellas dos miraban la serie sin perder detalle alguno. Al sentirse Jerónimo sin ánimos de continuar haciendo el papel de tonto ahí decidió irse al estudio y recostarse en el sillón, esperaría a que su esposa e hija cambiaran de humor.

            Nuevamente pensó, a oscuras y recostado en el sillón reposet mediano del pequeño estudio en cómo deshacerse de esa situación tan pesada y forzada, cómo se podría de una vez por todas salir de ahí, en pocos minutos se empezó a sentir defraudado consigo mismo y para con ellas, se sentía deprimido y el ánimo le cambió por completo, pero en definitiva se sintió ser un cobarde por esa situación que quería dar la cara de frente y arreglarlo…

            Dentro de su mente empezaba a encenderse el foco rojo avisando peligro, las luces que decían “abandone la nave” estaban encendidas a todo lo que daban, ya se imaginaba guardando su ropa dentro de la maleta gris tamaño familiar, abriendo cajas y guardando sus colecciones y aparatos electrónicos, su computadora y todas sus pertenencias. Se miraba él mismo despidiéndose de sus hijas, entre lágrimas y risas, entre verdades y mentiras, coherencias e incoherencias, todo a la vez, era un alivio y a la vez un castigo, era salir y a la vez entrar, todo ello causado por una mujer que no supo nunca comprender y convivir con su esposo, el hombre que la aceptó y la amarró a su vida, el hombre que le enseñó a ser mujer y la convirtió en madre, ese era él, quien la esculcó y la exploró centímetro a centímetro de su cuerpo y la conoció como ningún otro hombre en su vida,  quien le había cortado las lágrimas en sus mejillas cientos de veces cuando se extrañaba así misma, ese hombre que vio y vivió por ella los últimos 17 años de su vida, él era ese hombre que bueno o malo, simplemente ella lo había aceptado…

            Todo lo miraba y pensaba en esos minutos que había estado recostado sobre ese sillón que había sido testigo y soportado sus abrazos y amoríos cuando eran más jóvenes y podían hacerlo…

            Pero llegó a la realidad más fría y terrible de la vida de Jerónimo en cuanto a la relación con su esposa, fue cuando empezó aquel día del accidente, cuando corrió a verla y ya estaba dentro de la ambulancia, se subió y la acompañó hasta el hospital. Todo había resultado muy bien, la operación y curaciones, a los tres días el doctor habló con Jerónimo y le explicó todo, paso por paso, en un lenguaje médico que no lograba descifrar, pero al final lo pudo comprender todo, el doctor dijo y él escuchaba,

            —Señor Jerónimo, tengo que decirle algo, quizás lo más duro y difícil de todo esto, tengo que informar a usted que su señora esposa ha quedado paralítica de todo el cuerpo, solamente podrá mover la cabeza y los brazos, el golpe obstruyó ciertas terminaciones nerviosas que no permiten los movimientos normales, por lo que más tarde y con base a consultas y terapias, hay una posibilidad muy lejana, podrá empezar a mover algunas partes de su cuerpo… Lo siento, en verdad señor Jerónimo lo siento mucho, siendo tan joven aun podrá con muchas ganas y deseos lograrlo, podrá hacer que su cuerpo se reestablezca…

Fue un golpe muy duro, no podía creer lo que el doctor le decía, no pudo asimilarlo hasta después de varias semanas, aprendió a vivir y convivir con su esposa, pero llegó el momento en el que ya no aguató más…

            Abrió los ojos, miró al techo del estudio escuchando a su esposa que le hablaba, casi gritando, seguramente tendría que ir a preparar la cena para ella y su hija.

            Más tarde podría seguir mirando a su interior…

 

FiN…

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 © – ® 2025 – México – Del libro: “Sin pena ni miedo (juegos mentales y otras cosas)” ® – México D.F. 2020 – Todos los derechos reservados. Luis Miguel Cobo / La Voz del Árabe / La Voz del Arte – NOTA MUY IMPORTANTE: Todas las historias contenidas en este libro son creación del autor, de su imaginación, por lo que cualquier semejanza con la realidad es responsabilidad única y directa de la imaginación del lector, que conste…

 La Voz del Árabe / La Voz del Arte: Autorizan la reproducción de este cuento a condición de que cite la fuente y que no sea modificado en ninguna de sus partes, ortográfica y redacción, no podrá ser utilizado con fines comerciales. Favor de informar dónde y cuándo se publica a: lavozdelarabe.int@gmail.com.

Imagen: LVÁ -Lm

La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, abril 16 del 2025

 

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Luis Miguel Cobo

Luis Miguel Cobo – Escritor y periodista desde hace más de 30 años, ha trabajado en medios informativos mexicanos y como gerente de Prensa & Relaciones Públicas en varias empresas trasnacionales. Fotógrafo profesional. Director General de La Voz del Árabe.

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