jueves, marzo 26, 2026
Vamos a Leer

EL REGRESO A DAJLA

-El regreso a Dajla: Entre la nostalgia beduina y la imponente globalización

Bachir Edkhil*

Hacía años que mi brújula interna no apuntaba hacia Dajla, y la oportunidad de regresar se presentó la semana pasada de manera fortuita. No había calibrado la magnitud del tiempo transcurrido, creyendo erróneamente que solo un lustro me separaba de mi última visita a aquella ciudad envuelta en un halo místico. Sin embargo, la realidad superó mis expectativas; eran muchos más años los que habían pasado. Esta constatación me produjo una extraña sensación, una suerte de vértigo temporal al comprender la sutil y acelerada fuga de la vida, un torrente de instantes que a menudo se diluyen en un mar de recuerdos de dudosa utilidad.

Pero fue la propia Dajla la que disipó cualquier atisbo de melancolía, recibiéndome con una vitalidad que me dejó atónito. La ciudad, otrora un enclave modesto en medio de la arena, se había transformado en un polo de desarrollo emergente, un crisol de actividad donde el sonido constante de la construcción, las grúas alzándose hacia el cielo, la edificación de imponentes hoteles y la renovación de la infraestructura básica hablaban de un progreso palpable. La ciudad que ahora se presentaba ante mis ojos ostentaba las características de una urbe respetable, una transformación que celebré con gratitud.

Pero más allá de la modernización palpable, fue el reencuentro con las costumbres y tradiciones lo que realmente tocó una fibra sensible en mi interior. Redescubrí esa solidaridad inherente a sus habitantes, esos reencuentros cargados de afecto genuino, esos abrazos que transmitían un amor ancestral, arraigado en la tierra. Dajla se reveló como un lugar que evocaba mi pasado beduino, un pasado que creía soterrado bajo el peso de la “vida moderna”, pero que resurgía con fuerza, latente y esperando su momento para manifestarse. Sentí de nuevo la llamada del desierto, el mismo desierto que me vio nacer, un paisaje de dunas cristalinas besado a diario por las olas del océano Atlántico, un desierto sin límites donde el aire, las aves y las personas conviven en una danza perpetua, una vida que a primera vista podría parecer insustancial, pero que en realidad es profundamente significativa.

Fue en una de esas tardes únicas, tejidas con los colores del atardecer, las risas de los niños y la policromía de las vestimentas, cuando la vida se derramaba por las calles de Dajla, donde tuvo lugar un encuentro inesperado. Un hombre, visiblemente mayor, con más de sesenta años a sus espaldas, ataviado con una darraa azul nueva y ostentosa, se acercó a nosotros sin conocernos de nada. Con dignidad y compostura, nos solicitó ayuda económica, implorando nuestra generosidad con la elegancia propia de quien ha conocido tiempos mejores. Siguiendo la tradición beduina, donde la asistencia a los necesitados es un deber social, le brindamos nuestra modesta contribución.

Al separarnos de aquel hombre de la darraa azul, le pregunté a mi gentil amigo Mrabil, originario de esas tierras, sobre la identidad de aquel personaje. Su respuesta me dejó perplejo: el hombre estaba en bancarrota. Su oficio, me explicó Mrabil, consistía en lavar las darraas, pero en la actualidad, este atuendo tradicional parece que ya no es tan popular entre los hombres del desierto. Esta revelación me sorprendió, pero al mismo tiempo, me causó una extraña sensación de pérdida de algo tan personal. La razón principal del inicio de lo que podría calificarse de la decadencia de la darraa residía en la creciente adopción de la vestimenta occidental por parte de los jóvenes, impulsada por la búsqueda de empleo o por las exigencias del mercado laboral. Además, mantener una vestimenta de tales dimensiones implicaba un gasto considerable, alrededor de cincuenta dirhams semanales, una suma importante para aquellos que están comenzando su vida.

En definitiva, el pragmatismo se imponía a la tradición. La darraa se estaba relegando a ocasiones festivas o ceremonias solemnes. El desierto, a marchas forzadas, estaba sintiendo los efectos de la globalización. El andar pausado, característico de su ritmo ancestral, se desvanecía, y en su lugar, la gente aceleraba el paso para alcanzar lo que fuera. La imagen del hombre del vestido azul, un símbolo de un pasado que se desvanece, se quedó grabada en mi memoria como un testimonio elocuente de la transformación que Dajla, y el desierto en su conjunto, están experimentando. Un cambio que, si bien trae consigo progreso y oportunidades, también conlleva la pérdida de un legado cultural invaluable. La nostalgia beduina y la imponente globalización se enfrentan en un duelo silencioso, un duelo desigual que define el presente y el futuro de Dajla, y de todo el desierto.

FiN

 

*Bachir Edkhil, hispanista de origen magrebí. Activista en pro del desarrollo sostenido y responsable de las bases de la pirámide donde los más afectados puedan participar en la solución de sus problemas inherentes al subdesarrollo y carencia de medios. Estudió Ciencias de la Educación, Estudios Hispanos y Ciencias Políticas. Colaboró en la formación y desarrollo de organizaciones sin ánimo de lucro en pro del respeto a la vida humana. Columnista en revistas marroquíes e hispano marroquíes. Participa en cursos y mesas redondas sobre el Sáhara, en España y países del mundo. Investigador sobre cuestiones saharauis y autor de artículos para prensa. Conferencista en radio y televisión. Organiza con la Universidad Mohamed V congresos académicos “Entre dos orillas” para fomentar diálogo entre pueblos y naciones del Sur. Comprometido en el desarrollo de una red de proyectos para la economía social en el saharaui para personas sin recursos. Es politólogo, experto en economía social y presidente de Alter Forum, la ONG líder en el Sahara. Es diplomático correspondiente de la Academia Española del Reino de España. Autor del libro Duna Desnuda y de Escribir sobre dunas (Sahara). Colaborador en La Voz del Árabe.

 

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Imagen: Por el autor.

La Voz del Árabe (LVÁ) – VAMOS A LEER – Cd. de México, marzo 12 del 2025

 

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