miércoles, febrero 4, 2026
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DESANGRADO EN RACHID: EL ÚLTIMO SUSURRO DE BUNA

– En ese año comenzaron la caza de brujas contra toda persona digna que tuviera personalidad, o que perteneciera a una familia notable o simplemente fuera cultivada.

Bachir Edkhil*

Corría el año 1981 en la inhóspita Hamada de Tinduf. Era un año extremadamente difícil, marcado por el insoportable calor y el gélido frío, así como por el sufrimiento causado por un sistema totalitario que no permitía que la gente, confinada en esos campos, viviera con dignidad. La temible organización estaba presente en todos los aspectos de la vida cotidiana. Muchos desconfiaban incluso de sus propios pensamientos, merced a la posibilidad de ser denunciados. Uno de los sectores que más sufría la represión era el sistema educativo, que estaba compuesto por personas cultas llegadas de casi todos los países magrebíes. Por lo general, al llegar a esos campos, eran encarcelados y luego liberados para convertirse en maestros o profesores, aunque nunca habían tenido relación con la noble labor de la enseñanza. De este modo, todo intelectual o persona culta era considerado enemigo de la revolución, y se le imponía un sambenito que no se podía quitar ni con la ayuda del espíritu santo, convirtiéndose en sospechoso de por vida.

Como mencioné, en ese año comenzaron la caza de brujas contra toda persona digna que tuviera personalidad, o que perteneciera a una familia notable o simplemente fuera cultivada. Se inventaron redes de infiltrados en todas partes. Por supuesto, casi todo el personal docente era considerado como tal: infiltrado. Algunos eran de Marruecos, otros de Mauritania y otros de España. Yo tenía el «privilegio» de ser infiltrado de Marruecos y de España, es decir, era doblemente un infiltrado. La vida era tan lúgubre y aterradora que uno realmente no encontraba salida. La gente aguantaba porque no tenía a dónde ir, además de no contar con los medios ni siquiera con pasaportes para escapar de ese mundo encerrado por las milicias del Polisario y por otro cinturón del ejército argelino.

Una de aquellas honorables personas era Buna Uld Alem. Esta víctima llegó con mucho entusiasmo a los campos, pensando que podía ayudar al pueblo. Al ser culto e hijo de una familia de renombre del occidente sahariano, era doblemente sospechoso, a pesar de no haber hecho nada que contraviniera aquella ley marcial que nos ahogaba. El hombre era muy educado, silencioso y caballeroso. Dormíamos todos juntos en una sala espaciosa en la escuela Nueve de Junio, donde muchos compañeros se acomodaban. Generalmente, la puerta permanecía abierta por el intenso calor.

Una de esas noches calurosas, dormíamos tranquilamente, o al menos eso parecía. La puerta, como mencioné, estaba abierta y dejaba entrar tímidos rayos de luna que iluminaban un poco la gran sala donde dormitábamos. No lejos de la puerta estaba mi cama, adosada a la de Buna. Y yo, que nací para vivir la noche y aprovechaba cualquier oportunidad para leer, solía ser el último de mis compañeros en conciliar el sueño. A pesar de que estábamos obligados a levantarnos a las seis de la mañana para izar la bandera y cantar el himno, exactamente como hacíamos en la OJE, encontraba en la noche un refugio en el que perderme.

Esa noche, cuando apenas entré en vigilia, fue entre las dos y las tres de la madrugada cuando escuché pasos de botas militares que rompían el silencio de la escuela. Poco a poco se acercaban a nuestra dirección hasta alcanzar nuestra puerta. Abrí los ojos estremecidos y observé cómo tres individuos ataviados avanzaban para entrar en nuestro dormitorio. Solo vi sus figuras, que bloqueaban los rayos de luna que entraban en la habitación, además de camuflarse con los turbantes militares que les cubrían todo el rostro, excepto los ojos. Uno de ellos casi llegó a mi cama. Tendió su brazo hacia la cabeza de mi compañero Buna y lo despertó. Mi amigo no pronunció palabra, se sentó un poco sobre su catre sorprendido. Era la última vez que lo hacía.

El soldado levantó su dedo hacia su boca en señal de que se callara y luego le hizo otro gesto para que se levantara. Mi amigo, tranquilo, se levantó y siguió al soldado hasta desaparecer en la noche. Agudicé mi oído y escuché de lejos el motor de un Land Rover. Después, el silencio total. Adiviné adónde llevarían a mi amigo. No concilié el sueño en toda la noche, me sentí muy asustado, además de sufrir por mi impotencia. Ni siquiera podía decir nada por qué de poco serviría. Al día siguiente, la cama de Buna quedó vacía y sin arreglar, y nadie preguntó por él, ya que teníamos un pacto con el miedo. Cuando desaparecía alguien, nadie preguntaba por temor a correr la misma suerte.

Años después, nos enteramos de que Buna había sido llevado al infame Rachid. Lo torturaron tantas veces que en una ocasión le cortaron el brazo, con el que, de un modo macabro, torturaban a las otras víctimas; les aterrorizaban con un brazo que chorreaba sangre de su propio compañero en el infortunio. Por supuesto, Buna agonizó y murió ahogado en su propia sangre, sin ningún tipo de socorro. Fue sacrificado en nombre de la causa. Los responsables de su muerte y tortura son los miembros del comité ejecutivo del Polisario y sus lugartenientes asesinos, mayoritariamente originarios de Tinduf (Argelia).

Lo peor es que siguen libres como el aire y nadie les exige justicia. Al contrario, los reciben como santos o triunfadores en algunos lugares conocidos por su defensa de los derechos humanos, que muchas veces practican la política del avestruz y olvidan que Morir desangrado en la Hamada es un destino que encarna la desolación y el sufrimiento en un lugar donde la esperanza parece no tener cabida. En la inmensidad del desierto, la vida se despoja de su valor y las sombras de la opresión se ciernen sobre cada alma. Cada goteo de sangre simboliza no solo el fin de una vida, sino también las promesas rotas de libertad y dignidad

 

*Bachir Edkhil, hispanista de origen magrebí. Activista en pro del desarrollo sostenido y responsable de las bases de la pirámide donde los más afectados puedan participar en la solución de sus problemas inherentes al subdesarrollo y carencia de medios. Estudió Ciencias de la Educación, Estudios Hispanos y Ciencias Políticas. Colaboró en la formación y desarrollo de organizaciones sin ánimo de lucro en pro del respeto a la vida humana. Columnista en revistas marroquíes e hispano marroquíes. Participa en cursos y mesas redondas sobre el Sáhara, en España y países del mundo. Investigador sobre cuestiones saharauis y autor de artículos para prensa. Conferencista en radio y televisión. Organiza con la Universidad Mohamed V congresos académicos “Entre dos orillas” para fomentar diálogo entre pueblos y naciones del Sur. Comprometido en el desarrollo de una red de proyectos para la economía social en el saharaui para personas sin recursos. Es politólogo, experto en economía social y presidente de Alter Forum, la ONG líder en el Sahara. Es diplomático correspondiente de la Academia Española del Reino de España. Autor del libro Duna Desnuda y de Escribir sobre dunas (Sahara). Colaborador en La Voz del Árabe.

 

Imagen: LVÁ      

La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, diciembre 25 del 2024

 

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