viernes, enero 23, 2026
Vamos a Leer

UN RELATO ESFÉRICO

“Si la gente pudiere comprender la pena que siento por la muerte de un gran artista, la tristeza que, en mi alma por su partida de este plano, entonces comprenderán el significado de mi pena, de mi gran tristeza en este momento…”

Luis Miguel Cobo

1

Estaba descontrolado mentalmente, se sentía muy deprimido y con ganas de llorar, no sabía cómo y de qué forma actuar ante la gente y para consigo mismo en esos momentos, parecía como si todo hubiera terminado para él, deseaba llorar y no podía, lo sentía en la garganta, en los ojos, en el corazón que latía más de prisa y luego parecía detenerse, su mente daba vueltas y no sabía cómo liberarse y para dónde caminar, por dónde proseguir su camino. De repente sintió que la mano le temblaba y en los ojos una lágrima deseaba salir y resbalar por su mejilla, la contenía con mucho trabajo, no aguantaba hasta que mirando hacia un lado vio un rincón donde de inmediato se refugió, se aseguró en segundos que nadie lo viera, volteó hacia la pared y no aguantó más dejando brotar las primeras lágrimas, de pena y tristeza, desaliento y más tristeza, melancolía…

            Elmer no sabía qué hacer, abría los ojos y miraba aquella pared pintada de negro a unos cuantos centímetros de su nariz, oscura como estaba su mente, su corazón y lo que sentía en esos momentos, sabía que lo ocurrido ya había sucedido y lo peor que era una verdad que estaba dicha por todos, una verdad que nadie podría negar, que estaba ahí y lo sentía, lo había leído y estaba publicado, deseaba quitar esos periódicos y romperlos para negarse a sí mismo esa gran verdad que lo enlutaba desde el corazón hasta el alma y la mente hasta sentir que le calaba los huesos, lo sentía así porque sin conocerlo lo quería, lo respetaba y sentía por él la más grande y universal admiración, había sentido que ese ser tan maravilloso mucho mayor que él había sido como su mentor, su guía y maestro en todas las áreas morales de su mente y su vida,  en su mente no existía nada más que aquel deseo que una vez tuvo de poder conocerlo, cuando estuvo en México perdió la oportunidad porque no se enteró hasta después, nadie le informó porque estaba trabajando, ese maldito y despreciable trabajo fue el causante: —te maldigo hijo de puta porque me quitaste esa gran oportunidad, porque no me dejaste ir a solamente verlo y escucharlo aunque fuere de lejos, te voy a mandar directo a la chingada… —Se decía, no había más, había muerto y Elmer lloraba desde su alma, no había nadie que lo escuchara o por lo menos que estuviera con él en esos momentos, volteaba y miraba el puesto de periódicos alcanzando a leer los encabezados, el nombre de aquel hombre en letras grandes anunciando su muerte, el mundo está de luto y Elmer también…

            —Ese hombre fue una gran ayuda y consejo para la humanidad, digan lo que digan, hacer y decir lo que él durante su vida y luego escribirlo todo. —Se repetía Elmer en su mente mientras trataba de contener el llanto. —Fue uno de los más grandes, de los más chingones les guste o no, claro que la gente ignorante no sabe de eso, les importa más cualquier pinche chisme de lavadero de un cantante grupero o cualquier artistilla de telenovela que no dejan nada para la mente más que estupideces incoherentes inventadas por otros ignorantes que tratan de hacer más ignorantes a los que ven sus historietas de a tres pesos en sus televisores modernos mal nombrados pantallas, también los televisores tienen pantalla, esos que valen tantos pesos según el que elijas, a ellos  les vale madres pero a mí no… a muchos tampoco pero es ya una ley y normativa social, mujeres y hombres hacerlos dependientes de tales historietas televisivas, ¿pero dónde estamos…?, si pudiera decirles y gritarles a todos que fuéremos a una plaza en el centro, por aquí cerca quizá en la plaza mayor enfrentito a la catedral, y nos reuniéramos para platicar de él, en un plantón diferente, gritar su nombre para recordarlo sin alboroto alguno, eso le hubiera gustado saberlo, que en México somos así, seguro que se enteró que aquí lo queríamos y admirábamos, se ha de haber dado cuenta que en México también leemos literatura fina de excelentes plumas como la de él, como fue la de él, como seguirá siendo aunque en espíritu, aunque no creo en ellos porque no los veo, dicen que son cuates, me vale madres, con que lo recuerdes basta, con que lo sigas leyendo es suficiente, quién sabe cómo sea eso de la muerte, pero él está mejor que todos nosotros, ha de estar riendo y leyendo, escribiendo en alguna parte, si existe el cielo seguramente que no estará allá, pero no creo en eso, anda viajando por ahí gozando de todo lo que ya había gozado en la tierra, estoy seguro que la única diferencia es que todo sin sufrir, en donde está no se llora ni duele nada, sólo se vuela y se ríe…

            Se había tranquilizado sólo un poco, lo suficiente para irse a su casa y estar ahí más sosegado, buscaba el camino para llegar a la calle indicada y tomar un taxi, caminaba lentamente, tan lento como podía e imaginaba mientras lo hacía: —Cómo hubiera sido si tan sólo le hubiera dado la mano, le hubiera estrechado esa mano con la que tantas ideas pudo escribir sobre papel, la máquina de escribir y ahora la computadora, esa mano que tantos libros ha de haber sostenido, con la que tantas veces señaló a sus amigos y a sus enemigos perdonándolos, esa mima mano que sostuvo lápices, bolígrafos y quizá los modernos bolígrafos con tinta de gel, lo que hubiere dado por tan sólo verlo de cerca y más todavía si hubiere podido hablar con él por lo menos dos minutos, la misma vida entregaría si hubiere conseguido uno de sus libros firmado sólo para mí, ese hubiere sido mi más grande y preciado tesoro… —Continuaba caminando a paso lento, tan lento como le llegaban las ideas y las visualizaba en su mente, tan lento como podía poco a poco asimilar la muerte de aquel hombre, se sentía mal, muy mal, conocía de sobra cada una de sus obras, cada uno de sus títulos y tal vez cómo y por qué lo había escrito, dónde y por qué, sí, lo principal, ¿por qué un escritor escribe una obra, por qué escribió su obra así y con ese estilo y forma por el tema? Se decía en la mente: —Ese hombre hubiere podido ser mi padre, por qué no, me hubiere gustado,  lo hubiere admirado, lo hubiere amado, lo hubiere respetado y sobre todo admirado más, pudo haberlo sido… hoy nada de nada, ya no está y yo estoy aquí, para qué y por qué, sin más de él y sin más de su obra, ya qué, para qué, quién como él, nadie, absolutamente nadie, ya mejor me voy para mi casa, ya qué hago aquí, aquí mero donde me enteré de su muerte, de su tranquila pero trágica muerte, él sabía que moriría, la veía cerca y sucedió, chingada madre, por qué se tienen que ir los buenos, los santos del arte, de las letras, afiliado y casado con sus ideas, fiel a su pensamiento político y fiel al mundo al expresar sus tantísimas ideas sobre el ser humano y sus divisiones, aborreció las religiones porque sólo dividen al hombre, dijo siempre. Ellos los iluminados son los que deberían de vivir por siglos, para siempre, carajo, ¿de qué se trata?, y lo más grave es que nadie puede sacarles de la cabeza las ideas y sus pensamientos completos, todos, absolutamente todos, como si fuera una computadora, de su disco duro y copiarlo, guardarlo en otro para tenerlo siempre vivo, para que ahí se queden siempre no solamente sus libros y escritos sino que todo lo que pensaba, su mente completa para que la podamos consultar siempre, carajo, ya se murió y ahora qué… —Se fue para su casa en un taxi de plataforma y aunque triste continuaba pensando en ese hombre y cómo habrá sido junto con su esposa, en su casa y para con sus millones de amigos en todo el mundo,  les hubiere gustado conocerlo y hablar con él, son los admiradores anónimos que todos los grandes de la literatura tienen en todo el mundo, millones de ellos los admiran y anhelan conocerlos, conocerlos de cerca y sólo poder conseguir un libro firmado por ellos, ¿sería mucho pedir el hablar y platicar de algo, de cualquier cosa inteligente o boba con ellos…?

            Llegó a su casa, serían como las seis de la tarde, sentado en el sillón de la sala miraba al techo, luego al piso y repasaba las paredes, no había nadie, estaba solo y sólo pensaba en él, en ese hombre que tanto habló y escribió, pensaba en toda su obra, cada una, pero al mismo tiempo pasaban por ese mismo camino de la mente más ideas, de otras cosas, de otros tiempos, pasado y futuro chocaban en la clásica guerra sin fin de todo el día y no sabía cómo quedarse en el presente, estaba aún aturdido por esa pésima noticia, las noticias llegan porque vuelan, más hoy que existen tantos medios de comunicación instantánea, como aquel café que por instantáneo se preparaba tan sólo en un minuto, se ahorraban la cafetera aunque el café instantáneo supiera a lodo o garbanzo molido, a fierro oxidado, pero lo bueno era que las noticias no tenían sabor y Elmer pensaba en eso, trataba de recopilar datos pero la tristeza no lo dejaba,  llegaban más lágrimas, más sentimiento y depresión, trataba de llorar a moco tendido, pero ya no podía, lo deseaba y pensaba en picarse la mano con un alfiler o hacerse daño para causarse el llanto atorado, pero tenía miedo a la sangre, se levantó y fue al comedor, no vio nada y regresó a la sala, luego sentado continuaba pensando pero ya no podía, su llanto ahora era interno y se repetía: —¡Carajo, carajo y más carajos, se murió y no pude conocerlo en persona, los mil carajos!,  ¿qué hago y qué haré?, pero bueno, no es para tanto, tampoco se acabó el mundo y yo tendré que seguir, pero ¿y él?, se murió. —La idea no salía de su cabeza, permanecía y decidió encender el televisor, ahí mismo en la sala,  aparecieron las primera imágenes, ya eran las siete de la noche y llegó el noticiero de la hora en el canal exclusivo de noticias, pasaban notas de la política y de los discursos matutinos del presidente que los omitía por higiene mental, esperaba otras cosas más interesantes que lo mismo de siempre: —así es el trabajo del periodista, —decía en voz alta ahí solo: —no se cansarán de siempre escribir las mismas notas, es como preparar la misma ensalada siempre pero con diferente aderezo, ¿qué la política y sociedad ya no dan para otro tipo de noticias…? —Se preguntaba,  se cuestionaba cada vez que miraba y escuchaba las noticias en el televisor, miraba una serie en una plataforma exclusiva, de un estandopero, quería reír pero lloraba en su interior, sabía que no podía dejarse vencer por aquella muerte que tanto le había afectado, miraba la pantalla grande sin escuchar, recordaba algún libro del escritor ya ausente en el mundo, le gustaba toda su obra, la amaba y sonreía por algo que él había escrito, recordaba cómo a veces fue mal criticado pero no le importaba, de pronto apareció frente a él la imagen del escritor en la pantalla y sintió emoción y tristeza revueltos en su mente y estómago, apareció el nudo en la garganta, no podía contenerlo, recordaba cuando era mucho más joven aquella vez, el 9 de diciembre, cuando miró en la tele enterándose que otro santo había muerto, cuando despertaba y la encendía a las siete de la mañana en el programa de Guillermo Ochoa, daba la mala noticia de que John Lennon había sido asesinado en Nueva York en la puerta de su casa la noche anterior por un tal Chapman, el ocho de diciembre por un enfermo mental, un iluminado había sido baleado. Elmer fue su admirador incondicional y sabía todo acerca de él, tampoco nunca lo conoció en persona y eso le dolió y también lloró y lloró mucho, sintió su muerte y lo que el mundo sentía en esos momentos, se unió energéticamente sin saberlo a la pena mundial que esa muerte había causado a jóvenes y viejos de los años ochenta, Elmer no tan joven pero sin dejar de serlo se había unido porque había sentido, esa tarde lo sentía igual, ese día completo sentía y no sabía cómo cesar ese dolor que le venía desde el corazón…

***

Había quedado dormido, sentado en el sillón de sala frente al televisor, no le había importado nada, ni siquiera su trabajo que era lo más importante, ni su compañera a la que decía amar, Vero la mujer más hermosa que había conocido en sus andares por reuniones de la escuela universitaria hacía más de veinte años, aún la soportaba y sólo porque la quería aunque nunca se casaron, ambos no gustaban de los niños y eso valía mucho para él, casarse y adquirir compromisos firmados no valía la pena, era mejor vivir juntos nada más y lo habían logrado… Ambos abogados de regular estatus vivían bien, su espacioso departamento en la Del Valle era su guarida de fin de semana, era su lugar predilecto y lugar donde habían ocurrido cientos de escenas de todo tipo, desde sociales hasta eróticas, vivían felices aunque en pensamientos no eran muy afines, Elmer un ratón de biblioteca y Vero sólo una abogada dedicada a su trabajo, casa y amigas, pero ese era el detalle que los unía, las discusiones y no ponerse de acuerdo en muchos detalles que no tenían nada que ver con las leyes ni trabajo que desempeñaban en bufetes diferentes, él era socio del suyo y ella sólo empleada, aun así discutían y discutían fuerte cuando no se ponían de acuerdo. 

            De pronto escuchó que la puerta se abría y luego cerraba, era su mujer que llegaba. —Hola, querido, ¡dónde estás…! —Somnoliento levantó la cabeza para mirar y asomó detrás del respaldo del sillón mirando hacia la entrada: —Aquí estoy nena, sentado en la sala… —Vero se encaminó hacia donde estaba él dejando sus cosas en el primer lugar que encontró, llegó rápido, caliente, eufórica, con ganas de todo. —Ven acá chaparro, dame un beso y ya… —Elmer la besaba fríamente y sin sentirlo, se dejaba soltando el cuerpo, lo abrazaba y él no respondía. —Abrázame condenado que hoy vengo especial, bésame, vengo viniéndome desde la calle, en el coche ya no aguantaba más. —Pero nena, —le decía tratando de hablar sin dejarlo. —¿Qué te pasa chaparro, que no quieres más de mí o qué…? —La miraba de frente, ella más tranquila esperaba a que hablara. —Nena algo muy grave ha ocurrido, algo que me ha dado en el corazón, en todo lo que pueda yo sentir, me siento muy mal. —No me digas más chaparro, ¿se murió tu abuela? —La sonrisa de ambos se dejó entrever, lo tomó de la mano esperando aún que hablara. —No muñeca, alguien ha muerto, alguien en verdad muy importante para mí, para el mundo entero, alguien a quien ya no veremos más, nunca jamás… —¡Quién es carajo!, ¿quién…? Para que te hayas puesto así, dime enano ¿quién…? —Ay nena hermosa, no me lo vas a creer, alguien que me ha hecho llorar y tú sabes cuánto lo admiraba y hasta lo quería… —Se miraban sin hablar, sólo cruzaron las miradas en silencio, sólo se golpeaban las ideas en su cabeza y las transmitía a su alrededor y ella lo percibía, le tomó sus manos con las de ella y movía la boca mordiendo levemente su labio inferior, cambiando su semblante notando la pena de su hombre, apagando su calentura sexual emergente rápidamente,  sólo mirándolo y tratando de saber lo que sentía y por qué,  empezó a sentirse curiosa y él no sabía cómo decirlo, pensaba que se reiría y burlaría tanto que podría golpearla hasta morir, la conocía por eso se detenía, de todas maneras lo tendría que saber y no importaba cuándo, pero sentía miedo de hablar y ser aún más herido por ella porque no comprendería nada porque no sabía nada, era una abogada más y ya, su intelecto no rebasaba más allá de los códigos, leyes y actas, demandas y acusaciones muchas veces falsas sólo para ganar el pleito, él no era así, sabía de todo un poco y sabía de todo aquello que le interesaba,  pero en ese momento la pena lo embargaba, no aguantaba por lo que sentía muy mal…

***

La muerte para mucha gente es lo peor que pueda suceder en la vida de cualquiera, sienten que la vida se acaba, se les va de volada y nada se puede hacer por lo que desesperan a veces queriendo suicidarse, otros solo sufren por el ser desaparecido, sufren huyendo de la realidad cayendo en una depresión que puede ser crónica, lo que también puede ser peligroso ya que a veces no regresan instalándose deprimidos sin trabajar sin hacer nada, perdiendo el tiempo haciendo nada, perdiendo su vida misma apagándola sin más por una pena que a veces nunca comprenderán, a veces pueden comprender que todos moriremos en algún momento que no conocemos cuándo ni sabemos cómo ni dónde, pero es un hecho que moriremos…

            Elmer estaba cayendo en un hueco que sabía no podía ser, esa muerte le daba coraje, se deprimía sintiendo que el mundo, la vida se terminaban para él, la tristeza se apoderaba de su corazón, de su alma y las lágrimas empezaron a brotar, pero no quería, sabía que eso era completamente falso, estaba consciente que un ser había muerto y lo sentía mucho, deseaba salir del hueco para no caer más al fondo, pero no podía, la tristeza lo azotaba, estaba apoderada de él, aunque Elmer en el fondo quería estar bien, no se dejaba tan fácil, pero estaba muy triste, sabía que nada podía hacer pero la tristeza continuaba en su corazón…

            Se preguntaba en el fondo, ¿cuál era el valor de la vida y cuál era el valor de la muerte? Se preguntaba, ¿cuál valía más? ¿La vida porque la conocemos antes que la muerte porque la vivimos y nos acostumbramos a ella? ¿O podría ser la muerte porque no la conocemos hasta que nos llega? Lo malo, se decía, es que nadie puede platicar sobre la muerte, lo malo es que desde hace miles de años la muerte es algo incomprendida, desconocida por más historias y cuentos que se han conocido durante tantos años, por más vidas de seres santos o elegidos, humanos comunes que dicen todos ellos, que estuvieron muertos y regresaron, eso no lo creí Elmer, para él la muerte era simplemente el viaje de la tierra al universo a quién sabe dónde y de ahí regresabas y encarnabas en otro ser humano que tú eliges para nacer y así volver a completar una vida más… Pero eso era lo de menos para el joven en esos momentos, deseaba que el ser que había muerto resucitara de alguna forma para ir a verlo, pero también en el fondo sabía muy bien que eso era imposible…

***

Continuaba en la sala, sentado, Vero había ido a cambiarse de ropa, tomar un vaso con agua y regresaba a sentarse junto a Elmer, le llevó un vaso para él, lo recibió con gusto agradeciendo en silencio asintió con la cabeza,

            —A ver muñeco, enano ya para por favor, ¿vas a estar así toda la noche? No seas así, por lo menos dime quién se murió, ¿quién? —Lentamente la volteó a ver, sus ojos cristalinos lo decían todo, empezaron a brotar lágrimas cuando deseaba decir algo los labios le temblaban al grado que no podía hablar, al verlo así Vero de volada dejó su vaso en la mesa de centro y rápidamente lo abrazó, fue entonces cuando comprendió sus sentimientos, “Elmer en verdad estaba triste y sentía ese fallecimiento como si hubiera sido su padre o su madre…” pensaba mientras lo abrazaba.

            En silencio durante varios minutos permanecieron sentados, Elmer se aferraba, no la soltaba y ella se acomodaba para estar más cómoda permitiendo el abrazo a todo lo que daba, ella lo abrazaba también, trataba de verlo a la cara, pero no podía, empezaba a sentirse triste, la contagiaba, se resistía, ni siquiera sabía quién era el muerto…

            —Amor ven, vamos a la habitación ¿para qué estamos aquí? Anda ven, vamos ya… —No respondía, lloraba abrazando a su mujer presionando su cabeza en el pecho, lo sentía y le gustaba, lloraba y trataba de comprenderlo, Elmer no hablaba y se empezaba a hartar de eso que no sabía de qué se trataba, pero ahí estaba acompañando en el luto a su hombre, deseando saber de quién se trataba…

            El llanto aumentaba, Vero desconcertada trataba de comprenderlo, pero no podía, sentía el llanto de su pareja, sentía esa muerte que aún no sabía de quién se trataba, sentía no poder estar en la cama con su hombre cogiendo en lugar de estar ahí en silencio apapachando a un hombre que lloraba con un profundo dolor por una muerte desconocida para ella.

            Vero insistía, —amor, Elmer, nene, ven ya, vamos arriba, la camita nos espera, anda ven nene hermoso… —Él no respondía, el llanto continuaba hasta que separándose miró hacia arriba directo a los ojos de Vero, la miró, ella le miró la cara empapada por lágrimas derramadas, después de varios segundos de mirarlas simplemente Elmer movió lentamente la cabeza negando la solicitud de Vero…

            La reacción de la mujer que lo amaba fue repentina, de pronto separándose de él se levantó del sillón y de frente, mirándolo hacia abajo, él hacia arriba, sus brazos cada uno recargado en la cintura en señal de orden, piernas separadas y mal gesto dijo levantando la ceja con penetrante mirada y casi gritando, —¡a ver enano desgraciado, ya estuvo no! ¡Deja de lamentarte, párate y vamos a cenar y a coger, ya me harté…!  ¡Ya basta de llorar por favor niño vamos, levanta el culo y vámonos a otro lado!

            —Nena… —decía con voz entre cortada, moqueando, escurría de su nariz líquido, lágrimas en los ojos, no tenía un pañuelo para limpiar y todo se miraba mal, en voz baja dijo, —por favor, nena, comprende se ha muerto, ya no estará aquí… Por favor ¿puedes, si puedes hacerlo… comprender lo que es una muerte así…?

—Pues no, la verdad no comprendo un carajo nene, pero ya me harté, carajo, por lo menos mi chingón ¡dime quién era el cabrón que se murió! 

—No te enojes, por favor, comprende mi gran pena…

—Pero si no estoy enojada enano, ¡estoy muy encabronada…!

—Pero es que… —Dijo sin terminar la frase, tragando saliva y absorbiendo en su nariz, estaba desorientado mentalmente sin poder ligar una frase completa, pensaba sin pensar, solo en su mente el fallecido. Vero permanecía de pie mirándolo, para ella se había convertido en una auténtica porquería de hombre, no sabía de quién y por qué era tanto dolor por esa muerte, esa reacción no era normal en cualquier persona, podría ser peor siempre y cuando fuera un familiar o algo así, pero no de un completo desconocido para ella.

—Pues ¿sabes qué enano sinvergüenza? —Él solamente la miraba aun en silencio llorando, —yo ya me voy a la habitación, si quieres llega, si no pues quédate aquí, pero si estoy dormida te pido que ni siquiera intentes despertarme, ¿entendido? Adiós… —Y se retiró enojada apresurando el paso para que no le fuera a decir nada o a llamarla.

Elmer se quedó solo sentado en la sala, no le importó en absoluto lo que su mujer dijo, le valió, él solamente estaba dedicado a pensar en el difunto, continuó el llanto durante un buen rato…

Llegó el momento en el paró el llanto y su mente regresó a su normalidad, comenzó entonces a pensar en otras cosas, le llegó lo que Vero le había dicho, pero no le importó, luego pensaba en todos sus amigos vivos, los recordaba en segundos, al final pensó en él y lo que sentía en ese momento.

No se explicaba ¿por qué sentía esa muerte de tan gran artista? Era su máximo y no podía comprender por qué la gente moría, por qué esas personas tan sabias dejaban el plano terrícola pudiendo vivir por siglos, como Dorian Gray, así los quería Elmer, en el fondo sabía que era imposible, su corazón latía rápido, continuaba sintiendo la pena, quería desaparecer, pero al final una chispa de sensatez llegó a su mente y dijo en voz alta para él mismo, —es increíble que mueran los artistas, no deberían morir nunca, escritor, poeta, pintor, escultor, bailarín, actores, fotógrafos, cantantes, todos los artistas deberían vivir para siempre…

Si la gente pudiera comprender la pena que siento por la muerte de un gran artista, la tristeza que en mi alma por su partida de este plano, mi corazón destrozado porque ya no estará más aquí, lo extrañaré por la conexión que hay de su obra conmigo, entonces comprenderán el significado de mi pena, de mi gran tristeza en este momento…

FiN…

UN RELATO ESFÉRICO
UN RELATO ESFÉRICO

 © – ® 2024 – México – Del libro “CRÍTICA DE LA RAZÓN INSENSIBLE” ® – México D.F. 2022 – Todos los derechos reservados. Luis Miguel Cobo / La Voz del Árabe / La Voz del ArteNOTA MUY IMPORTANTE: Todas las historias contenidas en este libro son creación del autor, de su imaginación, por lo que cualquier semejanza con la realidad es responsabilidad única y directa de la imaginación del lector, que conste…

La Voz del Árabe / La Voz del Arte: Autorizan la reproducción de este cuento a condición de que cite la fuente y que no sea modificado en ninguna de sus partes, ortográfica y redacción, no podrá ser utilizado con fines comerciales. Favor de informar dónde y cuándo se publica a: lavozdelarabe.int@gmail.com.

Imagen: LVÁ – Agencias       

La Voz del Árabe (LVÁ) – Vamos a Leer – Cd. de México, octubre 30 del 2024

 

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Luis Miguel Cobo

Luis Miguel Cobo – Escritor y periodista desde hace más de 30 años, ha trabajado en medios informativos mexicanos y como gerente de Prensa & Relaciones Públicas en varias empresas trasnacionales. Fotógrafo profesional. Director General de La Voz del Árabe.

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