MARCHA LGBTI+ CDMX 2024
– ¿Quién sale perdiendo y quién sale ganando?
Mauricio Saraya Ley*
El propósito de una manifestación es mostrar que una parte significativa de la población está a favor o en contra de una determinada política, persona, ley, etc.
Si bien el éxito de una manifestación suele ser considerado mayor cuanta más gente participa, el verdadero éxito para todos los asistentes es que sirva a los intereses personales de quienes atendemos dicha marcha.
El pasado día sábado 29 de junio se celebró a través del imponente Paseo de la Reforma, ubicado en el corazón de la ciudad de México, la marcha LGBTI+ que antes bastaba con llamársele La Marcha del orgullo Gay, y pese al anglicismo utilizado, no precisaba de dar cada vez más especificaciones e inclusiones ad infinitum.
Fue un evento memorable, donde un ambiente de respeto y amabilidad imperó en todo momento. Fiel al significado de la palabra gay, la alegría se desbordó entre millares de personas celebrando la evolución social de pensamiento.
Gente de todos los géneros, jóvenes y mayores, incluso familias completas se solidarizaron con este movimiento. El destino se confabuló con el propósito tradicional de esta marcha, al regalarnos un día soleado con apenas suficientes nubes para hacer el recorrido aún más placentero.
Los organizadores dispusieron a escasos 20 metros detrás del último carro alegórico un pequeño ejército de barrenderos y un bloque de barredoras automáticas que con ahínco limpiaban papelitos y basura generada por las calles, dejando sin rastros y en perfecto estado la avenida antes de que más tarde regresaran las lluvias, las cuales parecían sólo haber pausado su fuerza para enfatizar el éxito del evento.
¡Pero no ha sido fácil aminorar la discriminación ni sus subsecuentes represalias! Hace 45 años un grupo de cerca de mil jóvenes con la terca esperanza de cambiar el mundo y acabar con los abusos a los que se enfrentaban las personas homosexuales, partieron de la columna de la Independencia y caminaron por la calle de Río Lerma, desviados por la Policía para no transitar por el Paseo de la Reforma.
Desafiantes y entre adrenalina, carteles y consignas como: “¡No hay libertad política si no hay libertad sexual!” y “¡Sin libertad sexual no habrá liberación social!”, las y los asistentes avanzaban y, quizá sin saberlo, con sus pasos escribían un nuevo episodio en la vida pública de nuestro país y en la lucha por el reconocimiento de los derechos de todas las personas.
Finalmente, llegaron a la hoy extinta Plaza Carlos Finlay y con su recorrido culminaron la primera Marcha del Orgullo Homosexual de México, la cual tuvo lugar en junio 1979.
Hoy, gracias al coraje de esos valientes, hay muchos que ya no tienen que llevar una vida doble ni una existencia clandestina, donde el temor por el que dirán y las represalias determina la vida de las personas pertenecientes a la comunidad, pues hay una apertura bastante mayor de aceptación como una opción más, tan válida como la tradicionalmente reconocida como única aceptable.
La gente homosexual que siente atracción por su propio sexo cada día precisa menos de ocultar sus preferencias, lo cual hacía con el único objetivo de complacer a quienes, a consecuencia de sus prejuicios, educación y/o creencias, siguen cuestionando la validez de nuestra existencia. Sin embargo, sigue habiendo discriminación y no aceptación en muchos otros lugares, y mientras no se desvirtúen los objetivos de estas marchas estaremos en el camino correcto para erradicarles.
Ahora bien, al estar hablando de valores, consideremos que tener el valor de aceptarse a uno mismo y la valentía de luchar por ello merece como mínimo por parte de los demás un sincero reconocimiento. Bien lo asevera una famosa canción:
No es más hombre el que parece
Ni el que grita más y espanta
Sino el que tiene en su voz
La verdad de su palabra…
Si al lector le gusta el vino, pero detesta la cerveza, no debe traducirse como que el vino es bueno y la cerveza es mala. Son dos cosas distintas y el calificativo que le otorgamos es sólo una perspectiva. De la misma forma, las inclinaciones de cada quien, mientras no afecten a los demás, no deberían ser siquiera cuestionadas, porque nadie posee una verdad universal que dictamine qué es correcto y qué incorrecto. Quizá, si acaso, sólo tenemos puntos de vista y el derecho de expresarlos.
Como miembro de esta comunidad, me alegra que las cosas hayan ido evolucionando tanto a través de los años, con énfasis en las últimas 4 y media décadas, y que el respeto que se profesa por todos lados se siga incrementando.
Mas retomando el tema de no desvirtuar los objetivos por los que esta marcha ha luchado, somos muchos a los que no nos gusta la idea de que intereses de agendas políticas y económicas ocultas ejerzan una ingeniería social de tipo profundo lavado de cerebro, máxime porque lo hacen de manera disfrazada.
Que haya orientación a los adolescentes confundidos es una cosa que aplaudimos, pero que se intente adoctrinar a niñas y niños para influenciarlos a tomar decisiones insensatas, cuando ni siquiera tienen claro de qué se trata la identidad de género, nos resulta muy poco ético e incluso descabellado.
Que los adultos vivan su vida como les plazca, y los jóvenes desorientados tengan acceso a toda la información para que, con mayor conciencia, tomen el camino que más les satisfaga, pero por favor, que no se utilice esta plataforma como si todos en la comunidad apoyáramos influenciar con alevosía a nuestras infancias. Las niñas y niños deberían ser justamente eso, y no estar pensando ni cuestionándose acerca de los aspectos que por su edad biológica no les corresponde estarse cuestionando.
Corporaciones que han tergiversado los valores de los fundadores que originalmente las crearon, se alían por decenas en este mundo que pretende ser completamente globalizado. Para muestra basta un botón y el antes inocente mundo de Disney es un ejemplo muy evidenciado, aunque dicha manipulación adoctrinante también sucede en otras plataformas. Hollywood no pierde oportunidad en cada una de sus producciones para influenciar el pensamiento y la percepción del público incauto, y son tan talentosos y persistentes en la forma de hacerlo que ha ido cambiando al inconsciente colectivo sin que siquiera lo hayamos notado.
Pero si se trata de orientar desde las edades más tempranas, por qué no empezamos por decir que nacemos con dos cromosomas X o uno X y uno Y, lo cual determina nuestro sexo y ningún tratamiento hormonal, mutilación o cirugía reconstructiva ni vestimenta y maquillaje podrán jamás cambiarlo.
Se puede llegar a ser un hombre con pechos y sin pene (incluso con una suerte de vagina simulada), con un cabello, rostro y cuerpo espectaculares, una apariencia en conjunto envidiada por el 90% de las mujeres, pero ese hombre nunca dejará de ser un hombre de cierta forma mutilado. Y lo mismo sucede con las mujeres que quieren ser hombres porque no existe un tratamiento para modificar los cromosomas ni las características biológicas inherentes con las que la naturaleza nos ha dotado.
La realidad es que respaldada por diversos poderes e intereses económicos prevalece una retórica de la “ciencia” que ni es verdadera ciencia, y en todo caso está en pañales, que a través del adoctrinamiento, la ingeniería social y el engaño, pretenden convencer a millones de individuos que es posible lograr ese cambio.
Sé lo que quieras ser, compórtate y vístete como quieras, ten la preferencia que quieras y trata de ser tan feliz como te sea posible, pero no permitas que te mientan, sobre todo, por favor no te engañes ni te enfades por el hecho de que independientemente de tus respetables preferencias, naciste siendo hombre o mujer, y eso te digan lo que te digan no podrá nadie cambiarlo.
Hay quienes quisimos ser superhéroes, o unicornios, o centauros, o negros, o blancos, pero nacemos como nacemos y lo primero que necesitamos para ser algún día feliz es simplemente aceptarnos, y si logramos dar individualmente ese paso, entonces sí tenemos por qué sentir orgullo verdadero y celebrarlo, pero no simplemente por pertenecer a un gueto, sino porque hemos decidido tener los suficientes huevos, o los suficientes ovarios para aceptarlo.
Al final no se trata de pretender ser lo que no somos, sino de ser honestos y enfrentarlo. Los seres humanos tendemos a complicar las cosas y buscamos aprobación por todos lados, pero las respuestas que realmente importan siempre están adentro de nosotros, y somos cada uno, en soledad, los únicos capaces de tal cual somos auto-validarnos.
Muchas felicidades a todos los que nos atrevemos a gritarlo a los cuatro vientos, a quienes con apertura de mente han evolucionado, y todo nuestro apoyo a quienes por su propia decisión o circunstancia prefieren permanecer en el anonimato.
Nota estadista: En 2021, de acuerdo a lo publicado por el INEGI, el total de la población de 15 años y más de edad en México se estimó en 97.2 millones de personas. De estas, 5.0 millones se auto-identificaron LGBTI+, lo que equivale al 5.1 % de la población de 15 años y más en el país. El 81.8 % se asume parte de esta población por su orientación sexual, 7.6 %, por su identidad de género y 10.6 %, por ambas.
Esta sigue siendo una minoría, pero todas las minorías deben gozar de los mismos derechos humanos.
*MAURICIO SARAYA LEY – Ganador de los premios: “EL HERALDO”, “La Letra Impresa”, “Premio Nacional Rincón Gallardo” (otorgado por la Suprema Corte de Justicia y la Comisión de Derechos Humanos). En 2003 publica su primera novela “Efervescencia”. Se han adaptado varios de sus cuentos para cortometrajes. En 2013 escribe “Ruido”, compendio de denuncias con propuesta filosófica. Desde 2018 ha publicado 3 libros más, una controvertida serie titulada Conciencia con Ciencia, y dirige AMORCC (Asociación Civil sin fines de lucro ni conflictos de interés) y colabora con La Voz del Árabe desde su fundación hace más de una década. Activista bien documentado que aplaude al escepticismo y actúa con valentía invitando a sus lectores a la reflexión, aun cuando su reputación se ponga en tela de juicio ante la incomodidad de muchos.

Imagen: Por el autor – LVÁ
La Voz del Árabe (LVÁ) – CULTURA – Cd. de México, julio 8 del 2024
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