martes, marzo 31, 2026
Editorial

NO ES LO MISMO SER IDIOTA A ESTAR IDIOTIZADO

-Con esta décima entrega, el colaborador editorialista Mauricio Saraya ley concluye un extraordinario trabajo de investigación serio y sin cortapisas para decir las cosas que son una realidad que duele pero que se tiene que enfrentar. PARTE 10

Mauricio Saraya Ley*

Según la narrativa oficial, los verdaderos expertos en ciencia y medicina son idiotas y fraudulentos. No importa si fueron ganadores de premios Nobel, como el bioquímico Kary Mullis que descubrió las pruebas PCR (reacción en cadena de la polimerasa) y que él mismo descalificó enfáticamente como útiles para diagnosticar enfermedad alguna; “Cualquier científico y médico comprometido con la verdad tiene la obligación moral de saberlo”.

En estos tiempos modernos tampoco importa si médicos científicos como Robert Malone, responsable de crear nuevas tecnologías mRNA de terapias génicas (erróneamente llamadas vacunas), cuyo origen se ha desvirtuado por completo, gritan a los 4 vientos que no sólo no sirven sino que implican infinidad de riesgos, ni se le da suficiente importancia al testimonio del cardiólogo Peter McCullough, quien ha declarado ante el senado de los Estados Unidos con pruebas irrefutables que las inoculaciones experimentales son una verdadera arma biológica contra los pueblos del mundo.

La propaganda apoya invariablemente al discurso oficial, y NUNCA se utilizó (ni antes ni ahora) para servir a la población en general, para informarla, educarla y orientarla, sino justamente para lo contrario. La usó la Alemania Nazi y la han venido utilizando la inmensa mayoría de los poderes socioeconómicos que tras bambalinas gobiernan a nuestros gobernantes.

Como un pulpo que envenena todo lo que toca, una siniestra cabeza sin escrúpulos extiende sus enormes tentáculos que atrapan y succionan a base de soborno, engaño, amenazas e ingeniería social (lavado de cerebro) la moral y ética de las personas, para convertirlas en seres racionales que no razonan, en humanos sin humanidad, en individuos libres de elegir y discernir sin una verdadera posibilidad de hacerlo.

¿Cuándo fue que perdimos el rumbo? ¿Cuándo se volvió más importante el tener que el ser? ¿Cuándo perdieron su vigencia los valores que nos ayudaron a evolucionar y se empezó a considerar el dinero como el único valor que merecía ser considerado?

La prostitución es tan vieja como la civilización más antigua, pero de cierta manera era un oficio digno donde una persona daba placer a otra a cambio de una remuneración, sin llevarse a un tercero entre las patas e incluso salvando la tensión de tantos matrimonios que quizá no hubieran sobrevivido al confinamiento de una permanente monogamia. No estamos analizando si es o no lo ideal, sino simplemente el hecho.

Sin embargo, la prostitución ha ido involucionando (lo contrario a evolucionar) para dar paso a la perdición de nuestras sociedades a lo largo y ancho de prácticamente todo el planeta.

Las personas venden su dignidad y su lealtad a sí mismas a cambio de que el precio por el que se venden sea lo suficientemente atractivo. El concepto de hermandad ha quedado relegado por completo y en su lugar un “que cada quién se rasque con sus propias uñas” se va instalando en la mente de muchos hermanos a quienes les han secuestrado la conciencia.

Para quien busca la verdad, y yo me considero un buscador de la verdad, este mundo actual globalizado se nos presenta totalmente polarizado. Si bien podemos verlo como nauseabundo, enfermo e irredimible, también podemos apreciarlo como una gigantesca arca de Noe, donde quien así lo desee puede salvarse a si mismo de naufragar en un océano de ignorancia, miedo y esclavitud.

Por desgracia, muchas veces no puede ser salvado quien no quiere ser salvado porque se niega a aceptar que le han engañado, como bien lo aseveró Mark Twain en una de sus más famosas máximas. “Es más fácil engañar a las personas que convencerles de que han vivido engañadas”.

Parafraseando a Miguel Labrador, una vez que asumimos una idea, “depositamos” parte de nuestra identidad en ella, y por ende comprometemos nuestra autoestima y autopercepción. Aceptar que no estamos en lo cierto supone, en cierta medida, una “herida narcisista”. Nuestro ego se convierte en algo frágil y quebradizo como el cristal de una vidriera, que puede verse amenazado y dañado por visiones diferentes.

Es más, si asumimos que lo que pensamos está equivocado, nos arroja muchas veces al conflicto de tener que hacer algo al respecto. Algo que nos saca de nuestra consabida “zona de confort”. De ahí que, si aceptamos como ciertos una conclusión, un ideal, o una opinión, no solemos someterlos a escrutinio o, al menos inconscientemente, evitamos cuestionarlos, buscando contraejemplos de ellos. Esto empobrece mucho nuestro proceso de pensamiento, ya que renunciamos a poder pensar más certeramente, en pos de mantener protegida nuestra autoestima. Buscamos verificación, pero no buscamos falsación.

En la era de la sobreinformación en la que vivimos, la falsación se convierte en un elemento tan importante como la verificación. Verificar y falsar son dos procesos claves del pensamiento científico. La “falsabilidad o refutabilidad es la capacidad de una teoría o hipótesis de ser sometida a potenciales pruebas que la contradigan”. Es uno de los pilares del método científico: toda proposición científica, para que la consideremos como válida, debe ser susceptible de ser falsada o refutada, o solía serlo antes de que los intereses amorales de unos cuantos se encargaran de impulsar el desuso de dichas validaciones, pues se pone en tela de juicio el proceder de diversas industrias como la farmacéutica, la médica, la alimentaria y por supuesto, quienes obtienen enormes beneficios tanto económicos como políticos de tergiversar la inconciencia de un mundo cada día más confundido.

Hoy más que nunca necesitamos alentar ese “pensamiento científico”, pues no sólo corresponde al investigador de bata blanca encerrado en un laboratorio; sino que forma parte de la capacidad “compartida como especie” que tenemos de razonar y dar sentido al mundo que nos rodea. 

Hemos de tratar de dar la vuelta a la tortilla de nuestros propios argumentos, contrastarlos y dudar de ellos. La duda productiva es una excelente herramienta de pensamiento, como bien nos demostró Descartes hace ya cuatro siglos. La certeza es un mal punto de destino, porque una vez que asumimos algo como cierto dejamos de explorar.

La credulidad excesiva y falta de escepticismo son sin duda magníficos aliados de quienes con alevosía y ventaja engañan a las poblaciones del mundo. Como buen ejemplo baste con mirar a millares de médicos por doquier que, incluso con estupenda preparación y buenas intenciones, han sido sistemáticamente adoctrinados por la mafia farmacéutica, que desde sus inicios, liderados por el farmaco-gángster John D. Rockefeller, ha sobornado, manipulado e intimidado a prácticamente todas las instituciones médicas y a las universidades más prominentes en ese campo.

Erradicar tratamientos naturales, prevenir, promover estilos de vida saludables, todo eso debe ser suprimido para que no existan curas reales desde la raíz de las enfermedades y en su lugar puedan crear miles de millones de clientes crónicos, donde NUNCA se cura la enfermedad, sólo se controlan los síntomas.

Por desgracias, precisamente por la prominencia y gran dedicación de muchos médicos, les resulta tan aberrante admitir ante sí mismos que han vivido engañados. Aceptar que quizá han hecho en muchos casos, directa o indirectamente más daño que bien, pondría su autoestima por debajo del subsuelo. Esa falta de valentía para entender que la humildad y el compromiso por sanar al prójimo de sus males (no simplemente paliar con sus síntomas) siempre serán mayores atributos que la vanidad de ser considerado “un buen médico” por seguir protocolos fallidos al pie de la letra, de ser reconocido, aclamado y económicamente incentivado, es algo que las farmacéuticas utilizan a su favor.

Pero no sólo se trata de médicos, sino toda clase de científicos, intelectuales, políticos y agentes de cambio los que secundan el control de los pueblos. El no renunciar al ego personal, el no estar dispuesto a un cambio radical en la forma de pensar ante una evidencia clara, la falta de interés por indagar en profundidad, y el miedo a revelarse contra lo socialmente aceptado, a ser señalado e incluso menospreciado y segregado, todo esto en conjunto es el mejor aliado del control totalitario donde una minoría de cretinos y genocidas que pretende guiarnos como simples rebaños.

De la misma manera, asociaciones por demás corrompidas “muchas de ellas desde que nacieron” como la AMA, FDA, NIH, CDC, EMA, OMS, diarios de divulgación científica y poderes políticos tanto de izquierda como de derecha, han hecho de la hipocresía su lenguaje y de la propaganda su mejor arma.

¿Y qué decir de los poderes tecnocráticos, de la inmensa mayoría de los medios de comunicación y redes sociales? Es como darle crédito a la mayor de las prostitutas presumiendo de castidad.

No somos idiotas (sin ofender a los que por nacimiento sí lo son). Sin embargo, este sistema social se empeña en idiotizarnos y está en nosotros aceptarlo o no.

Dicho lo anterior, la propaganda difunde mentiras, censura verdades, difama a valientes, y tiene el descaro de crear verificadores de hechos que tratan de que parezca que sus embustes son verdaderos. Todos ellos y a quienes protegen representan la mayor vergüenza de nuestra especie. Han y siguen conspirando en contra de la humanidad. Todas las guerras, revoluciones, fraudes, engaños masivos, grandes robos, absolutamente todos a lo largo de la historia han sido resultado de una planeación orquestada, una verdadera conspiración a la que pretenden desestimar y desprestigiar con el peyorativo calificativo de “Teoría de la Conspiración”, y llaman conspiranoicos a quienes se atreven mirar más allá de la punta de su nariz.

Hemos estado publicando durante más de dos años, de hecho incluso antes de que oficialmente se declarara la pretendida plandemia, decenas de artículos basados en las declaraciones de diversos expertos.

El ex vicepresidente y director científico de Pfizer, Dr. Michael Yeadon, conjunto con  el especialista en neumología y parlamentario alemán, Wolfgang Wodarg, presentaron una solicitud urgente ante la Agencia Europea de Medicina pidiendo la suspensión inmediata de todos los estudios de la vacuna contra el SARS-CoV-2, en particular la desarrollada por Pfizer, pero han sido olímpicamente ignorados.

¡Por favor! No le demos la espalda a la evidencia: Aquí hay 4 argumentos falsos, irrefutables y contundentes:

  • La vacunación universal puede erradicar el virus.

La verdad es que la erradicación no es factible.El SARS-COV2 y sus miríadas de mutaciones seguirán con nosotros, de modo semejante al resfriado común o la gripe por siempre. Además, “No existe tal vacuna rigurosamente hablando”.

2-  Los vacunados no enfermaran, ni contagiarán, ni morirán. Inyecciones “Efectivas y   Seguras con más del 90% de efectividad”.

A diferencia de la falsa promesa basada en una verdad precaria (es decir una gran mentira deliberada) las inoculaciones no reducen ni eliminan el riesgo de infección, replicación y transmisión. Hoy se sabe, declarado por los mismos fabricantes ante el Parlamento Europeo, que nunca fueron probadas para eso, sino simplemente para aminorar síntomas de enfermedad leve, NO GRAVE ni hospitalización ni muerte.

        3- Las vacunas no tienen efectos colaterales peligrosos.

La realidad es que ya se han manifestado tras las inoculaciones incontables efectos colaterales que van desde incapacitación de por vida hasta cientos de millares de casos la muerte. En menos de dos años han cobrado más vidas y causado más enfermedad que los efectos colaterales de todas las demás vacunas a nivel mundial “JUNTAS” durante toda la historia desde que existen las vacunas. Ahora existe una correlación entre los países vacunados y el incremento de mortalidad “inexplicable” de dichos países. A mayor taza de vacunación mayor mortalidad, aunque se le cuelgue el milagrito al cambio climático y otros timos insostenibles.

  • Las vacunas existentes garantizan mayor protección que la inmunidad

La protección otorgada de forma natural tras padecer la enfermedad es  infinitamente mayor y mejor que cualquier pretensión presumida por los fármacos sintéticos experimentales que ni siquiera lo investigaron. Documentos desclasificados por orden de un juez sobre Pfizer/FDA (que pretendían hacerse públicos a lo largo de los próximos ¡75 años! es un Hecho comprobado donde se pone en evidencia esto y decenas de aberraciones más.

Quien osa poner en duda el menor punto del cambiante mensaje de las autoridades sobre la pandemia es automáticamente tachado de‘negacionista’ y exiliado fuera de la compañía de la gente civilizada, pese a la evidencia de que la política mundial de lucha contra la plaga tiene mucho de estrategia política.

Sin embargo, la ciencia avanza por contradicción y duda, y lo peor que puede hacerse con ella es convertirla en una fe dogmática, que es precisamente lo que está ocurriendo. De hecho, y obviando los personajes más o menos pintorescos que construyen laboriosas conspiraciones, el campo de los que ponen en duda la versión oficial cuenta con científicos de primerísima línea como el Dr. Zelenco, el epidemiólogo Boush, miles de médicos representados por “Front Line COVID-19 Critical Care Alliance” y todos los ya mencionados, aunque ahora los Fact Checkers, wilkipedia y los prostituidos noticiarios quieran difamarlos. Para ejemplo basta un botón:

Mullis, fallecido el 7 de agosto de 2019, ha sido una figura que generó controversia por sus posturas “negacionistas” de que el virus del VIH, sea el verdadero único causante del SIDA (Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida), pero nunca negó que existiera ni que estuviera presente. También negó la retórica del cambio climático, cosa que los geólogos más prominentes de nuestros días también piensan.

En cuanto a tener una pandemia de falsos positivos por PCR es un hecho crucial simple y sencillamente negado por las voces de la oficialidad, aun cuando incluso John Magufuli, valiente químico matemático ex presidente de Tanzania puso en evidencia, tras ridiculizar a la OMS con el diagnóstico donde hasta una papalla y una cabra padecían de la enfermedad en cuestión. Por su parte, el secretario general del conservador y nacionalista Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), Michael Schnedlitz, criticó en una intervención parlamentaria en el Consejo Nacional el gasto del Gobierno en realizar pruebas masivas de coronavirus y replicó la muestra aplicándolo a una Coca-Cola frente a todos los presentes, obteniendo otro falso positivo.

En síntesis, estamos en un momento crucial para el despertar de la conciencia humana, o en su defecto, para que esta sea aniquilada. La decisión no depende de nuestros gobernantes, médicos ni científicos, sino de todos y cada uno de nosotros, que unidos somos el 99% de la población mundial, la base sobre la que se sostiene por nuestra ignorancia y/o apatía un poderoso 1%. Si despertamos y nos movemos nos volvemos cual base de una pirámide una arena movediza donde ineludiblemente la punta de la pirámide se desplomará para darnos paso a la evolución que tanto precisa nuestra especie.

Por favor DESPIERTA, COMPARTE Y NO DUDES en hacernos llegar tus dudas o comentarios, o solicitar más información si aún lo precisas. Sin lugar a dudas, podemos y debemos ganar esta guerra contra la humanidad, porque lo mejor de la vida está reservado para los valientes.

 Redactado por Mauricio Saraya Ley en exclusiva para LVÁ.

 

*MAURICIO SARAYA LEY – Ganador de los premios: “EL HERALDO”, “La Letra Impresa”, “Premio Nacional Rincón Gallardo”. En 2003 publica su primera novela “Efervescencia”. Se han adaptado sus cuentos para cortometrajes. En 2013 nace “Ruido”, libro de su autoría de denuncias con propuesta filosófica . Desde 2018 es director de AMORCC y colabora con La Voz del Árabe desde su fundación. Activista bien documentado que aplaude el escepticismo y actúa con valentía invitando a sus lectores a la reflexión, aun cuando su reputación s ponga en tela de juicio ante la incomodidad de muchos.

 

Imagen: LVÁ       

La Voz del Árabe (LVÁ) – EDITORIAL – Cd. de México, octubre 26 del 2022

 

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